Excerpt for El Apocalipsis sin velos by , available in its entirety at Smashwords

ÍNDICE

EL APOCALIPSIS: ¿UN LIBRO DE ACTUALIDAD?

CLAVES PARA ENTENDER EL APOCALIPSIS

LA IGLESIA DE DIOS EN LA PROFECÍA

EL APOCALIPSIS HABLA CON AUTORIDAD DIVINA

LOS SELLOS DEL ROLLO PROFÉTICO

POR FIN LLEGA EL DÍA DEL SEÑOR

LA GUERRA DE SATANÁS CONTRA EL PUEBLO DE DIOS

LA DESTRUCCIÓN DEL IMPERIO DE SATANÁS

EL IMPERECEDERO REINO DE DIOS

RECUADROS

BOSQUEJO CRONOLÓGICO DEL APOCALIPSIS

BOSQUEJO TEMÁTICO DEL APOCALIPSIS

¿QUÉ ES LA IGLESIA?

LA DUALIDAD EN LA PROFECÍA BÍBLICA

LA MARCA Y EL NÚMERO DE LA BESTIA

LAS DOS MUJERES DE APOCALIPSIS

"TIEMPO DE ANGUSTIA PARA JACOB"

SATANÁS EL GRAN ENGAÑADOR

¿QUÉ DEBE HACER USTED AHORA?

EL APOCALIPSIS: ¿UN LIBRO DE ACTUALIDAD?

¿Es el Apocalipsis un libro de actualidad? ¿Es posible entenderlo realmente? ¿Podemos saber para quiénes fue escrito y con qué propósito? ¿Cuál es el significado de sus misteriosos símbolos?

Este ha sido uno de los libros más malentendidos y malinterpretados de todos los tiempos. De hecho, después de casi 2.000 años el Apocalipsis sigue dejando perplejos a muchos de los que lo leen. Mas no tiene por qué ser así.

El mensaje fundamental del Apocalipsis es sencillo. Promete que cuando regrese Jesucristo, Dios va a establecer paz, armonía y prosperidad universales. Nos revela cómo va a ser establecido este increíble mundo nuevo y por qué nunca será destruido o reemplazado con otro sistema de vida u orden social.

El Apocalipsis (nombre que significa “revelación”) también nos habla de una alianza increíblemente engañosa de fuerzas religiosas y políticas muy poderosas. Esta coalición tratará de impedir que el reinado de Jesús sea establecido. Esta oposición a él y a sus santos (es decir, sus fieles seguidores) traerá una época de conflicto y de sufrimiento que el mundo jamás ha conocido.

Las horripilantes armas de nuestra época, producto de la tecnología moderna, son un indicio de que ese terrible momento de conflicto tal vez esté mucho más cerca de lo que creemos. Las naciones tienen un arsenal tan grande que sería más que suficiente para borrar todo vestigio de vida de sobre la faz de la tierra, y cada vez es mayor el número de regímenes belicosos que adquieren o fabrican armas de destrucción masiva.

Pero más aterrador aún es el hecho de que grupos terroristas, incapaces de lograr sus objetivos por medio de las armas convencionales o de la diplomacia, tengan acceso ahora a estas mortíferas armas. Cada día aumenta la posibilidad de que alguna nación o algún terrorista recurra al uso del armamento nuclear. Y las armas nucleares son apenas una de las formas de destrucción masiva que están disponibles para los que están empeñados en lograr sus objetivos a cualquier precio, aunque esto implique una matanza sin precedentes.

El Apocalipsis nos da malas y buenas noticias acerca del futuro. Por una parte, nos describe los terroríficos efectos de medios de destrucción cada vez más eficaces, los cuales una humanidad engañada desatará al final de esta era. Pero también nos revela cómo va a intervenir el Dios viviente, el Creador del universo, para impedir que la humanidad se aniquile a sí misma. Nos revela que después de esos espantosos días vendrá un increíble tiempo de paz en un mundo totalmente transformado.

Es sumamente importante que entendamos la descripción que Dios nos da acerca de lo que está por suceder y lo que esto significa para cada uno de nosotros. También necesitamos comprender cómo podemos formar parte de las buenas noticias del futuro que él nos revela. Cuando entendamos claramente el Apocalipsis, veremos que éste contiene el mensaje de esperanza más importante que jamás se haya escrito. El mensaje principal es claro y su conclusión no admite dudas.

CLAVES PARA ENTENDER EL APOCALIPSIS

¿Por qué fue escrito el Apocalipsis? El nombre mismo del libro significa revelación: quitar el velo, descifrar algo que de otra manera no podría entenderse. Y sin embargo, la mayoría de las personas creen que este último libro de la Biblia no se puede entender de ninguna manera, que su lenguaje y sus símbolos son demasiado confusos para tener sentido.

Sin embargo, el Apocalipsis permite poner muchas de las profecías más antiguas en un contexto comprensible, y para las profecías relativas al tiempo del fin forma una estructura que nos ayuda a comprenderlas. Esto se logra, en parte, por el uso de un lenguaje figurado y de símbolos que están relacionados directamente con otros escritos proféticos de la Biblia.

Por ejemplo, el libro de Daniel utiliza un lenguaje y unos símbolos similares. Muchas de sus visiones y figuras retóricas se explican claramente, pero Dios le reveló a Daniel que el significado de otras permanecería sin aclarar hasta el tiempo del fin. Entonces ésas también se podrían entender.

El Apocalipsis contiene varias claves fundamentales para poder entender las profecías de Daniel, y el libro de Daniel nos da elementos para entender el Apocalipsis.

Veamos la explicación que Daniel dio acerca de una de sus visiones: “Yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? Él respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Daniel 12:8-9).

Comparemos esto con el propósito de Dios en el Apocalipsis. Dios el Padre le dio a su Hijo Jesucristo las profecías que están escritas en el Apocalipsis. Pero vemos que el apóstol Juan, quien escribió el libro por inspiración divina, nos dice en el último capítulo que un ángel le ordenó específicamente: “No selles las palabras de la profecía de este libro . . .” (Apocalipsis 22:10).

Juan explica que el Padre le dio la mayor parte de este libro a Jesús en forma de un rollo sellado con siete sellos. Jesús rompió los sellos y abrió el rollo: “Vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono [Dios el Padre] un libro escrito por dentro y por fuera, sellado son siete sellos. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo . . . Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apocalipsis 5:1-5).

Aquí está la clave para entender el libro. Solamente Jesús puede descifrar el significado de sus símbolos, visiones y descripciones. El primer versículo de este libro nos dice que es “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio. . .” (Apocalipsis 1:1). Cristo desata los sellos; él revela su significado. Pero ¿cómo lo hace?

Hay dos factores fundamentales. Primero, las claves para entender el contenido del libro deben ser explicadas por Jesucristo mismo, con sus propias palabras.

Segundo, la Biblia nos enseña que “toda la Escritura es inspirada por Dios. . .” (2 Timoteo 3:16). Por lo tanto, podemos estar seguros de que hay otros pasajes de la inspirada Palabra de Dios que nos ayudan a aclarar algunos símbolos del Apocalipsis.

Si confiamos en que la Biblia interpreta sus propios símbolos y lenguaje figurado, podemos estar seguros de que nuestro entendimiento está basado en la inspirada Palabra de Dios y no en nuestras propias opiniones (2 Pedro 1:20). Al fin y al cabo, el Apocalipsis consiste precisamente en conocimiento revelado.

Recordemos que Dios le dijo a Daniel que algunas de las cosas que le fueron reveladas en visión estaban selladas hasta el tiempo del fin. Pero después añadió: “Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán” (Daniel 12:10). Dios se propuso que en el tiempo del fin, aquellos que él llama “entendidos” comprendieran estas profecías.

¿Quiénes son los entendidos?

Aquellos que se mofan del concepto de que la Biblia es inspirada por Dios, dicen que sus símbolos son contradictorios y confusos; no les ven ningún valor. Al burlarse de la idea de la inspiración de Dios, se ciegan al entendimiento profético. Ellos “ignoran voluntariamente” lo que Dios revela acerca del futuro (2 Pedro 3:3-7).

Por otra parte, Dios nos dice que los que realmente tienen entendimiento y sabiduría son aquellos que le temen y guardan sus mandamientos. Las Escrituras afirman: “El principio de la sabiduría es el temor del Eterno; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre” (Salmos 111:10). También leemos: “El testimonio del Eterno es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmos 19:7).

El Apocalipsis nos da muchas claves para entender la profecía porque sigue el principio de que la Biblia se interpreta a sí misma. Por lo tanto, solamente aquellos que creen que la Biblia es inspirada por Dios y confían en lo que dice, podrán entender el significado de lo que está revelado en el Apocalipsis.

En los días de los apóstoles se empezó a entender una parte, pues uno de los propósitos declarados del Apocalipsis era el de revelar a los siervos de Dios “las cosas que deben suceder pronto” (Apocalipsis 1:1). Así que algunos aspectos del libro se aplicaron directamente a los cristianos que vivieron en los días del apóstol Juan.

En el versículo 19 vemos que Cristo le dijo a Juan que escribiera (1) “las cosas que has visto”: sus visiones con sus extraños símbolos; (2) “las que son”: información acerca de la iglesia en aquella época; y (3) “las que han de ser después de estas”: las profecías relativas al futuro.

Antes de examinar las claves acerca del futuro, es necesario que entendamos las circunstancias en que le fue revelado este libro profético al apóstol Juan.

La situación religiosa y política

En los confines del antiguo Imperio Romano, el cristianismo comenzó en medio de una paz relativa. Los emperadores de aquella época generalmente tenían una política de tolerancia religiosa. Esto les permitió a los primeros cristianos evangelizar de una manera poderosa a todo lo largo y ancho del territorio de Roma, y aún más allá.

Pero la situación empezó a cambiar. Los romanos proclamaron e impusieron el culto al emperador en todo el imperio. Súbitamente, los cristianos se encontraron en circunstancias intolerables. Jesús, y no el emperador, era su Señor. Ellos entendían claramente que las Escrituras prohi­bían la adoración de cualquier persona o cosa que no fuera el Dios verdadero y su Hijo Jesucristo. Se les presionó tremendamente para que celebraran las festividades paganas, los juegos y las ceremonias en honor del emperador reinante, como si éste fuera un dios.

Cuando ellos se negaron a participar en el culto al emperador, tuvieron serios conflictos con las autoridades romanas. Ya en la época en que fue escrito el Apocalipsis, algunos cristianos habían sido ejecutados por sus creencias. Antipas es nombrado como un mártir de la época (Apocalipsis 2:13). En todas partes, pero especialmente en el Asia Menor, los cristianos encontraron una fuerte oposición y fueron ridiculizados y perseguidos.

Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, los romanos empezaron a considerar al cristianismo como una religión nueva y distinta del judaísmo, y con frecuencia los cristianos eran vistos como un grupo subversivo que podría volverse peligroso. Roma veía en sus enseñanzas de un futuro reino, con un poderoso rey al frente, una seria amenaza contra la estabilidad del imperio. Para esa época, el emperador Nerón ya había culpado falsamente a los cristianos de provocar el gran incendio de Roma. El futuro parecía bastante sombrío.

El apóstol Juan, prisionero en la isla de Patmos, cerca de la costa del Asia Menor, explicó que él también había sufrido la persecución. Se presentó a los cristianos de su época como “copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo” (Apocalipsis 1:9).

Juan entendía perfectamente la angustia que ellos habían tenido que soportar. Y sin embargo, les recordó su meta: el Reino de Dios. Hizo hincapié en la paciencia y la fe que debían ejercer para soportar la persecución y el abuso hasta el retorno de Jesucristo, quien liberaría para siempre a sus santos de la persecución y les daría la salvación.

En este contexto Jesús le reveló a Juan cuándo y cómo sería detenida esta satánica persecución. También le señaló que la raíz del problema se remontaba al principio de la humanidad, al comienzo mismo de esta era del hombre, llena de pecado y de maldad.

El archiengañador

En el huerto del Edén, el hombre se encontró por primera vez con “la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9; Génesis 3:1). El engaño del maligno ha sido de tal magnitud que muchas personas se burlan de la sola posibilidad de que el diablo exista. Pero los escritores de la Santa Biblia tenían muy presente la existencia y el poder de este ser. Nos revelan que él ha sido el responsable del mal y del sufrimiento.

El Apocalipsis nos resume la labor de Satanás, su influencia tanto en los cristianos como en toda la humanidad, desde la época de Juan hasta el regreso de Jesucristo. Nos revela que finalmente se resolverá el antiguo conflicto entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

Como dijimos al principio de este capítulo, Juan les dijo a los primeros cristianos que había escrito acerca de “las [cosas] que son, y las que han de ser después de estas” (Apocalipsis 1:19). El cumplimiento profético comenzó en los días de los apóstoles y se extiende hasta nuestra época y más allá de ella.

El Día del Señor en la profecía

La mayoría de las visiones de Juan están relacionadas con una época que los profetas de Dios mencionan como “el día del Eterno” o “del Señor”, también conocido como “el día de nuestro Señor Jesucristo”, y aquí en el Apocalipsis como “el día del Señor” (Apocalipsis 1:10; comparar con Isaías 13:6; Joel 2:31; Sofonías 1:14; Hechos 2:20; 1 Corintios 1:8; 2 Tesalonicenses 2:2).

El apóstol Pablo habló claramente acerca de este tiempo profetizado: “Vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:2-3).

Algunas personas creen que cuando Juan utilizó en Apocalipsis 1:10 la frase “el día del Señor”, se estaba refiriendo al domingo. Pero el contexto nos muestra claramente que no se estaba refiriendo a ningún día de la semana, sino al tiempo profético del Día del Señor, el cual se menciona directa o indirectamente en más de 50 pasajes de las Escrituras.

“La revelación de Juan ocurrió estando él en el espíritu, en el día del Señor. Algunos han dicho que el ‘día del Señor’ se refiere al primer día de la semana. Sin embargo, la expresión ‘del Señor’ es la traducción de un adjetivo y nunca se utiliza en la Biblia para referirse al primer día de la semana. Es probable que Juan se estaba refiriendo al período llamado el Día del Señor, una expresión muy conocida en ambos testamentos . . . Él tuvo una visión . . . no fue transportado en su cuerpo sino en su mente hacia el futuro Día del Señor, cuando Dios va a derramar sus juicios sobre la tierra” (John Walvoord y Roy Zuck, The Bible Knowledge Commentary [“Comentario del conocimiento bíblico”], 1983, 1985).

La suposición errónea de que Juan se estaba refiriendo al primer día de la semana, no tiene ninguna base. El único día de la semana, desde el punto de vista bíblico, que puede llamarse “el día del Señor” es el sábado o séptimo día de la semana, observado por Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva como día de reposo. Jesús dijo específicamente que él era “Señor . . . del día de reposo [sábado]” (Marcos 2:28). Y por medio del profeta Isaías, Dios se refiere al sábado como “mi día santo” (Isaías 58:13).

Juan no se estaba refiriendo a ningún día de la semana sino al momento profético que es el tema principal del Apocalipsis. Juan nos dice específicamente que lo que él escribió era profecía (Apocalipsis 1:3; 22:7, 10, 18-19). Sin embargo, utiliza la expresión “en el Espíritu” —refiriéndose a las visiones inspiradas por Dios— para indicar que él era transportado mentalmente al venidero Día del Señor.

El Día del Señor se describe en numerosos pasajes bíblicos como la época en que Dios va a intervenir directamente en los asuntos humanos. Es un tiempo de juicio a sus adversarios, aquellos que rechazan su corrección y se niegan a obedecer sus mandamientos. Jesús reprendió duramente a las ciudades de Galilea que no quisieron escuchar su mensaje, aunque habían visto varios milagros: “Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras” (Mateo 11:22).

Isaías resumió de una manera concisa el significado del Día del Señor: “Aullad, porque cerca está el día del Eterno; vendrá como asolamiento del Todopoderoso” (Isaías 13:6).

¿Qué o quiénes serán asolados? “He aquí el día del Eterno viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores” (v. 9). Como explicó Jeremías: “Ese día será para el Eterno Dios de los ejércitos día de retribución, para vengarse de sus enemigos. . .” (Jeremías 46:10).

Leamos lo que escribió el profeta Sofonías acerca de la época de la intervención de Dios: “Cercano está el día grande del Eterno, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día del Eterno; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra el Eterno; y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol” (Sofonías 1:14-17).

Tenemos también la descripción que el apóstol Juan hace de algunos acontecimientos que ocurrirán cuando se abra el sexto sello del libro. La gente se estremecerá y clamará: “El gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:12-17). Poco antes de esto, los siervos mártires de Dios son representados clamando simbólicamente desde sus tumbas: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (v. 10). Más adelante en este libro de profecía, un ángel es enviado con este mensaje: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. . .” (Apocalipsis 14:6-7).

Casi al final de este libro, Juan nos da más detalles acerca de la segunda venida de Cristo: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea” (Apocalipsis 19:11).

Muchos años antes de que Juan escribiera el Apocalipsis, el profeta Zacarías también describió el regreso de Cristo: “Viene el día del Eterno . . . yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén . . . La mitad de la ciudad irá al cautiverio, pero el resto del pueblo no será sacado de la ciudad. Después saldrá el Eterno y peleará contra aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. En aquel día se afirmarán sus pies sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente. El monte de los Olivos se partirá por la mitad, de este a oeste, formando un valle muy grande; la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur” (Zacarías 14:1-4, Reina-Valera 1995). Al final de esta batalla, “el Eterno será rey sobre toda la tierra” (v. 9).

Cuando leemos estos pasajes el tema central del Apocalipsis queda muy claro. Nos describe, con símbolos muy vívidos, el juicio de Dios en los últimos días, el tiempo que culminará con el regreso de Jesucristo. Él se encargará de destruir finalmente el sistema satánico que en el Apocalipsis se conoce como “Babilonia la grande” (Apocalipsis 17:5).

El quid del asunto: ¿A quién debemos adorar?

El meollo del conflicto del tiempo del fin es un interrogante crucial: ¿A quién va a adorar la humanidad, a Satanás o a Dios? Veamos lo que hará la mayoría: “. . .se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Apocalipsis 13:3-4).

¿Quiénes van a participar en esto? “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida. . .” (v. 8). Aun en la actualidad casi todas las personas del mundo están “bajo el maligno”, “el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero. . .” (1 Juan 5:19; Apocalipsis 12:9). La influencia que Satanás ejerce sobre la humanidad se incrementará dramáticamente en el tiempo del fin.

Sin embargo, el hombre será advertido. Juan nos habla acerca de la visión de un ángel “que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7).

Por medio del Apocalipsis, Dios nos envía un mensaje claro: Se acerca el momento en el que ya no tolerará más que los seres humanos lo rechacen y adoren al maligno. El sistema idolátrico de Satanás será borrado de la tierra antes de que Cristo comience su reinado como Rey de reyes y Señor de señores.

Dios responde a los ruegos de su pueblo

El templo en Jerusalén fue el centro del culto de Israel al Dios verdadero. La presencia de Dios se manifestaba allí (2 Crónicas 5:13-14).

En el Apocalipsis, Dios aparece con frecuencia sentado en su trono en los cielos, en su templo celestial. (Antiguamente, este trono estaba representado por el propiciatorio que estaba encima del arca del testimonio, en el lugar santísimo del templo; Éxodo 25:10-22.) Cuando el apóstol Juan vio cómo los ángeles derramaban el castigo final, oyó “una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está” (Apocalipsis 16:17).

En otra ocasión un ángel le dijo a Juan: “Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él” (Apocalipsis 11:1). Se nos enseña que Dios está en su templo y que recibe las oraciones de sus siervos. “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono” (Apocalipsis 8:3).

¿Cuál era la plegaria que Dios escuchaba una y otra vez de sus verdaderos siervos? “Clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:10). El Apocalipsis nos revela las circunstancias en que serán respondidas plenamente las oraciones de todos aquellos que adoran verdaderamente a Dios y le claman por justicia.

Juan cita las palabras de Jesús, quien les promete a sus siervos: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios . . . y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén. . .” (Apocalipsis 3:12). Finalmente, se volverán las tornas y los servidores fieles de Dios serán los ganadores. Dios los recompensará por su paciencia y perseverancia al esperar que él cumpliera sus promesas y respondiera a sus oraciones.

A medida que Dios interviene en los asuntos del mundo y manifiesta su gran poder a todas las naciones, sus verdaderos adoradores lo celebran con júbilo: “Cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado” (Apocalipsis 15:3-4).

El patrón del siete

Otra característica sobresaliente del Apocalipsis es que está organizado por grupos de siete. Por ejemplo, el primer capítulo nos menciona siete iglesias, siete candeleros, siete espíritus, siete estrellas y siete ángeles.

Los acontecimientos principales del libro están agrupados en siete sellos, siete trompetas, siete truenos y siete copas que contienen las siete plagas postreras. También encontramos siete lámparas de fuego y un cordero con siete cuernos y siete ojos.

Hay un dragón que domina la bestia y tiene siete cabezas y 10 cuernos. Siete montes y siete reyes están relacionados con las cabezas de la bestia. ¿Qué quieren transmitir estos mensajes al utilizar repetidamente el número siete?

En la Biblia, el número siete simboliza la idea de totalidad. Por ejemplo, siete días representan una semana completa. Dios introdujo este concepto inmediatamente después de crear a nuestros primeros padres: “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:2-3).

El Apocalipsis nos explica la forma en que Dios va a llevar a cabo —completamente— su plan maestro de salvación. Nos da un bosquejo que nos ayuda a entender cómo se cumplirán los aspectos proféticos del plan de Dios, especialmente en los últimos días.

Esta representación de totalidad es un elemento importante para poder entender el mensaje a las siete iglesias que se encuentra en los tres primeros capítulos del libro. Cuando comparamos este lenguaje simbólico con los símbolos e imágenes de otras partes de la Biblia, podemos ver un cuadro claro.

En el Apocalipsis Dios les revela a sus siervos un resumen concreto de los factores que tendrán el mayor impacto en sus vidas —entre éstos sus pruebas y recompensas— hasta que esté terminado su plan para la humanidad. En los capítulos finales (21-22) les da a los justos un breve anticipo de la naturaleza de la relación que van a disfrutar todos con él eternamente. Al presentar los acontecimientos más importantes, Dios utiliza un patrón de siete para hacer hincapié en la plenitud del resumen profético que él revela.

A pesar de que los modelos bíblicos de siete son simbólicos en cuanto a que transmiten la idea de que algo está completo, suelen tener también un cumplimiento real y literal. Por ejemplo, Dios le dio un sueño al faraón del antiguo Egipto en el cual siete vacas flacas se comían siete vacas gordas. Luego, Dios hizo que José le explicara al faraón que el sueño significaba siete años de abundancia y prosperidad agrícola, que serían seguidos por siete años de hambre devastadora.

Al revelarle esta información al faraón por medio de un sueño, Dios hizo que pusiera a José en una posición muy importante en Egipto. Así, en los terribles años del hambre José pudo proteger y alimentar a su familia, un grupo muy pequeño que estaba destinado a convertirse en la nación de Israel. Dios tenía control del sueño y de su cumplimiento.

De la misma forma, Dios puede predecir el resultado de cualquier aspecto de la historia (Isaías 46:9-10). Puede, además, controlar todo y hacer que se cumpla según su voluntad (v. 10). Él puede revelar el futuro con toda clase de detalles asombrosamente precisos y acertados. No debemos suponer, como algunos lo hacen, que los grupos de siete que hay en el Apocalipsis tienen únicamente un valor simbólico. Por lo general, anuncian sucesos reales y debemos tomarlos en serio.

El papel que desempeñan los santos

Cuando Juan escribió el Apocalipsis, los cristianos estaban siendo perseguidos y en algunas ocasiones martirizados, todo ello con la aprobación de los emperadores romanos. Con frecuencia el Apocalipsis hace un contraste entre la injusticia de la época y el futuro gobierno de Jesucristo y sus santos.

Este es otro aspecto muy importante del Apocalipsis. Uno de los temas centrales de sus profecías es la identidad de aquellos que van a regir el mundo en el futuro: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6). En el capítulo final leemos cómo los fieles siervos de Dios recibirán vida eterna en la resurrección y “reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:5).

Otro detalle importante es dónde van a servir inicialmente con Jesús en su gobierno: “Nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10).

Aun al comienzo del Apocalipsis, Juan habla acerca de “Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Apocalipsis 1:5). Después, Juan les dice a los cristianos que Jesús “nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos” (v. 6).

¿En verdad recibirán autoridad bajo Cristo en el Reino de Dios aquellos fieles cristianos que perseveren en las tribulaciones y persecuciones? Claro que sí. El apóstol Pablo les recordó a los corintios: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Corintios 6:2).

Veamos lo que Cristo le reveló a Juan: “Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4).

Esto es parte del asombroso futuro que Jesucristo tiene planeado para sus fieles seguidores: ¡vivir y reinar con él para siempre! Estudiemos ahora lo que está profetizado acerca de los verdaderos seguidores de Cristo a lo largo de los siglos hasta el momento de su regreso.

BOSQUEJO CRONOLÓGICO DEL APOCALIPSIS

Utilice este recuadro para entender la cronología del Apocalipsis.

Los siete sellos

1.- Engaño religioso (Apocalipsis 6:1-2; comparar con Mateo 24:4-5, 11, 23-25)

2.- Guerras (Apocalipsis 6:3-4; comparar con Mateo 24:6-7)

3.- Hambres (Apocalipsis 6:5-6; comparar con Mateo 24:7)

4.- Epidemias (Apocalipsis 6:7-8; comparar con Mateo 24:7)

5.- Tribulación y persecución (Apocalipsis 6:9-11; comparar con Mateo 24:8-12, 21-22)

6.- Señales cósmicas (Apocalipsis 6:12-17; comparar con Mateo 24:29)

7.- Las siete trompetas

1) Destrucción de la vegetación (Apocalipsis 8:7)

2) Devastación de los océanos y la vida marina (Apocalipsis 8:8-9)

3) Devastación de los ríos y el agua potable (Apocalipsis 8:10-11)

4) Se oscurecen el sol, la luna y las estrellas (Apocalipsis 8:12)

5) Grave aflicción de los hombres (Apocalipsis 9:1-12)

6) Destrucción militar masiva (Apocalipsis 9:13-19)

7) Las siete plagas postreras (Apocalipsis 15:1; 16:1-21)

La batalla final y el regreso de Jesucristo

BOSQUEJO TEMÁTICO DEL APOCALIPSIS

Se presenta de la siguiente forma: Capitulo (número) - TEMA - INTERCALACIONES

1 - Introducción - Sin intercalación

2-3 - No hay tema particular - Mensaje a las siete iglesias

4-5 - Preludio-escenario - Sin Intercalación

6 - Los primeros seis sellos - Sin Intercalación

7 - Los 144,000 y la gran multitud - Sin Intercalación

8-10 - La plaga de las trompetas - Sin Intercalación

11 - Los dos testigos - Sin Intercalación

12 - No hay tema particular - La iglesia verdadera

13 - No hay tema particular - Las dos bestias

14 - No hay tema particular - Los tres mensajes

15-16 - Las siete plagas postreras - Sin Intercalación

17-18 - No hay tema particular - La iglesia falsa

19 - El regreso de Jesucristo - Sin Intercalación

20 - El Milenio - Sin Intercalación

21-22 - El cielo nuevo y la Tierra nueva - Sin Intercalación

LA IGLESIA DE DIOS EN LA PROFECÍA

¿Para quiénes fue escrito el Apocalipsis? El primer versículo nos lo dice: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (Apocalipsis 1:1).

El libro fue escrito para los siervos de Dios, la Iglesia de Dios. No debe sorprendernos entonces que la iglesia sea el elemento más sobresaliente en los tres primeros capítulos. (Al respecto, puede leer el recuadro “¿Qué es la iglesia?”, que se encuentra en la página 18.)

Jesús quiere que su iglesia sea “la luz del mundo” (Mateo 5:14-16) y en el Apocalipsis nos presenta siete congregaciones específicas como siete candeleros simbólicos (Apocalipsis 1:12, 20). Esta imagen nos recuerda el candelabro con los siete brazos del antiguo tabernáculo y, más tarde, del templo de Dios (Éxodo 25:31-37; Zacarías 4:2). Sin embargo, ahora Dios ve a la iglesia como su templo espiritual (Efesios 2:19-22).

Dado que el número siete representa algo completo, estos siete candeleros parecen representar toda la Iglesia de Dios, la luz del mundo. El apóstol Pablo explica que la iglesia es un solo cuerpo (1 Corintios 12:12-13; Efesios 4:4); no obstante, tiene muchas congregaciones y miembros dispersos en todas las naciones. Por lo tanto, esas siete congregaciones específicas de creyentes parecen representar la totalidad de la iglesia.

Es posible que las profecías acerca de la iglesia en Apocalipsis 2 y 3 tengan múltiples significados y aplicaciones. Un estudioso del tema explica lo siguiente: “Ha existido un debate acerca del significado teológico de las siete iglesias. Dado que existían muchas iglesias que estaban localizadas en la misma zona donde estaban estas congregaciones, es obvio que Dios escogió especialmente a siete, y únicamente a siete, y no les envió mensajes a otras iglesias que incluso podían ser más importantes. . .

”En el primer siglo existieron entre 500 y 1.000 poblaciones en la provincia de Asia, algunas de las cuales eran mucho más grandes que las ciudades de Tiatira y Filadelfia; y sin lugar a dudas, en algunas de ellas había iglesias cristianas . . . Es comprensible que el número de iglesias se haya limitado a siete, ya que en las Escrituras siete es el número completo o universal, pero indudablemente también hubo otros principios que tuvieron que haber influido en la elección.

”Primero que todo, cada iglesia necesitaba un mensaje específico, y el estado espiritual de cada iglesia correspondía exactamente a la exhortación que se le dio. La selección de las iglesias estaba definida también por el hecho de que cada iglesia era de alguna forma típica y tenía condiciones comunes a otras congregaciones locales tanto de aquella época como más adelante en la historia. Por tanto, los mensajes a las siete iglesias contienen una advertencia que se les aplica a otras iglesias en muchas formas de necesidad espiritual.

”Junto con los mensajes a las iglesias había exhortaciones de tipo personal, con instrucciones y advertencias a los cristianos individuales. Cada uno de los mensajes termina con una exhortación que comienza con la frase: ‘El que tiene oído, oiga’.

”Muchos eruditos creen que además de las implicaciones obvias de estos mensajes, las siete iglesias representan la historia del desarrollo de la iglesia desde el punto de vista espiritual. Creen que la iglesia de Éfeso parece ser característica del período apostólico en general y que la progresión hacia el clímax de maldad en Laodicea parece indicar el estado final de apostasía en la iglesia . . . El orden de los mensajes a las iglesias parece haber sido seleccionado divinamente con el fin de describir en forma profética el curso de la historia de la iglesia” (John Walvoord, The Revelation of Jesus Christ [“La revelación de Jesucristo”], 1989, pp. 51-52).

Por supuesto, el mensaje principal que Cristo revela tiene que ver con las fortalezas y debilidades más sobresalientes de la iglesia, tanto en la época de Juan como en todos los tiempos. Claramente le dice a cada congregación: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). Revela lo que parece ser el cuadro completo del futuro de su iglesia. En medio de los siete candeleros —que simbolizan la iglesia a todo lo largo de la historia hasta el fin de los tiempos— Jesucristo aparece en toda su gloria como su Cabeza y Sumo Sacerdote (Apocalipsis 1:13; Efesios 4:15; Hebreos 8:1-2).

Ante la intensa persecución de la iglesia en aquella época, Jesús les asegura a sus fieles siervos que su sufrimiento no es en vano. Él también había sufrido persecución y muerte, así que les recuerda: “. . .estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades [el sepulcro]” (Apocalipsis 1:18).

Después, a la iglesia de Esmirna le exhorta: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10).

En ese tiempo los verdaderos seguidores de Cristo eran un cuerpo perseguido y desanimado. Tenían el fuerte anhelo de que Jesús regresara pronto en todo su poder y gloria para juzgar a sus adversarios y establecer el Reino de Dios. Necesitaban desesperadamente ánimo y deseaban un mejor entendimiento de lo que el futuro les deparaba.

También necesitaban recuperar la perspectiva espiritual correcta, y Jesús les ayudó a hacer precisamente eso por medio de este libro. En un tiempo de extrema adversidad, directamente fomentada por Satanás, Cristo le reveló a Juan lo que el futuro les deparaba a sus fieles seguidores y lo que él esperaba de ellos.

¿QUÉ ES LA IGLESIA?

Muchas personas tienen ideas erróneas acerca de lo que significa la palabra iglesia. Para algunos, es un sinónimo de edificio. Pero en las Sagradas Escrituras, iglesia y congregación se refieren exclusivamente a personas, nunca a un edificio. La iglesia está compuesta por personas que han sido llamadas y elegidas por Dios para seguir a Jesucristo. Colectivamente, a este grupo de personas se le llama “el cuerpo de Cristo” (1 Corintios 12:27; Efesios 4:12). Es un cuerpo de creyentes espiritualmente transformados, sin importar el lugar de su residencia o la organización o grupo religioso a que pertenecen.

El Diccionario bíblico de Holman explica lo siguiente acerca de este término: “Iglesia es la traducción de la palabra griega ekklesía. El uso del término griego antes del surgimiento de la iglesia cristiana es muy importante porque nos muestra por lo menos dos aplicaciones que se le habían dado en la historia a este vocablo y cómo se utiliza en el Nuevo Testamento el concepto de iglesia.

“Primero, el término griego significa básicamente ‘los llamados’; comúnmente se utilizaba para designar una asamblea de ciudadanos en una ciudad griega, y así se emplea en Hechos 19:32, 39. Los ciudadanos, conscientes de la posición de privilegio que tenían por encima de los esclavos y los que no eran ciudadanos, eran llamados a una asamblea por un heraldo y discutían . . . asuntos de mutuo interés. Cuando los cristianos primitivos entendieron que ellos eran una iglesia, sin lugar a dudas se vieron a sí mismos como los llamados por Dios en Jesucristo con un propósito especial y que tenían una posición privilegiada en Jesucristo (Efesios 2:19).

“Segundo, el término griego también aparece más de cien veces en la traducción griega del Antiguo Testamento que era muy común en la época de Jesús. La palabra hebrea (qahal) simplemente significa ‘asamblea’ y puede utilizarse de muchas formas; por ejemplo, para referirse a una asamblea de profetas (1 Samuel 19:20) . . . o al pueblo de Dios (Deuteronomio 9:10). El uso de esta palabra en el Antiguo Testamento para referirse al pueblo de Dios nos ayuda a entender el término iglesia en el Nuevo Testamento.

“Los primeros cristianos eran judíos que estaban acostumbrados a la versión griega del Antiguo Testamento. El hecho de que ellos utilizaran una palabra que en el Antiguo Testamento se empleaba para designar al pueblo de Dios, nos demuestra que entendían la continuidad que existe entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Los cristianos primitivos, tanto judíos como gentiles, se veían a sí mismos como el pueblo del Dios que se había revelado en el Antiguo Testamento (Hebreos 1:1-2), como los verdaderos hijos de Israel (Romanos 2:28-29) con Abraham como padre (Romanos 4:1-25), y como el pueblo del nuevo pacto que había sido profetizado en el Antiguo Testamento (Hebreos 8:1-13).

“Como consecuencia de la gran amplitud de significado, tanto en el mundo griego como en el del Antiguo Testamento, el término iglesia se utiliza en el Nuevo Testamento para designar una congregación local de cristianos, tal como sucede en ‘la iglesia de Dios que está en Corinto’ (1 Corintios 1:2), y también para referirse a la totalidad del pueblo de Dios, como por ejemplo en Efesios 1:22-23, en donde se dice que él ha dado a Cristo ‘por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo’ (Efesios 1:22-23)”.

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Las obras y la fidelidad son evaluadas

Cada congregación tiene sus características particulares. Pero en estas siete iglesias había virtudes y defectos que son comunes a los cristianos de todas las épocas y que deben ser emuladas o evitados, según el caso. En estos mensajes es claro que a algunas congregaciones y a algunos cristianos les estaban afectando serios problemas espirituales, y algunos incluso estaban permitiendo que Satanás los desviara del llamamiento que habían recibido de Dios. Es evidente que Cristo hace una distinción entre las obras de aquellos que eran espiritualmente aceptables para él y las obras de aquellos que estaban coqueteando con “las profundidades de Satanás” (Apocalipsis 2:24).

Comenzando con la congregación de la ciudad de Éfeso, le dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia. . .” (v. 2). En los versículos siguientes Jesús hace una evaluación de las obras y la fidelidad de cada congregación. Elogia a los cristianos por sus fortalezas, pero también hay expresiones tales como: “Pero tengo contra ti. . .” (vv. 4, 14, 20). Alterna sus alabanzas con palabras de advertencia.

Jesús elogia muy especialmente a la congregación de Éfeso diciendo: “Has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado” (v. 3). Luego dice: “Todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras” (v. 23). Para él son muy importantes todos aquellos que no pueden “soportar a los malos” y han “probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son” (v. 2).

Veamos las promesas que Cristo hace al que le sea fiel: (1) “Le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”. (2) “No sufrirá daño de la segunda muerte”. (3) Recibirá “un nombre nuevo”. (4) “Le daré autoridad sobre las naciones”. (5) “Será vestido de vestiduras blancas”. (6) “Lo haré columna en el templo de mi Dios”. (7) “Le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21).

Estas promesas, junto con las demás aseveraciones que encontramos en el Apocalipsis, debieron haber fortalecido y animado tremendamente a los cristianos de aquella época.

El historiador Will Durant escribió: “La influencia del Apocalipsis fue inmediata, profunda e imperecedera. Sus profecías de salvación para los creyentes fieles, y el castigo de sus enemigos, se convirtieron en el baluarte de la iglesia perseguida. Su [promesa] del milenio les dio un respiro a aquellos que se lamentaban porque la segunda venida de Cristo se estaba demorando. Sus vívidas imágenes y sus frases brillantes entraron a formar parte tanto del lenguaje literario como del lenguaje popular del cristianismo” (The Story of Civilization: Part III, Caesar and Christ [“Historia de la civilización: Parte III, César y Cristo”], 1972, p. 594).

La iglesia lucha contra Satanás

En la evaluación que Cristo hace de su iglesia, hay un aspecto siniestro. Es el que se refiere a la gran influencia que ejerce Satanás, quien no escatima esfuerzos tratando de lograr que los cristianos vuelvan a la sociedad idolátrica y pecadora de la que se han escapado. A “la iglesia en Pérgamo” le dice: “Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás” (Apocalipsis 2:12-13). También revela que algunos en Tiatira se habían desviado en “las profundidades de Satanás” (v. 24).

Los falsos maestros representaban otra complicación. A la congregación de Tiatira se le censura por permitir que “esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” (v. 20). La congregación de Éfeso también se ha visto asediada por aquellos “que se dicen ser apóstoles, y no lo son”, sino que son “mentirosos” (v. 2).

La iglesia de Esmirna tiene problemas con “los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás” (v. 9). En Pérgamo están aquellos que “retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”. Además, Cristo agrega: “También tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco” (vv. 14-15).

A la mayor parte del grupo en Sardis, Cristo le dice: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto” (Apocalipsis 3:1). También le dice: “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas” (v. 4). La mayoría de los cristianos en esta congregación están espiritualmente muertos.

Los de Filadelfia tienen “poca fuerza”, pero permanecen fieles (v. 8). El grupo de Laodicea es descrito como “tibio, y no frío ni caliente” (v. 16). Cristo le dice a Laodicea: “Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (v. 17).

Todas estas alusiones y advertencias nos hacen ver que tanto por fuerzas externas como por factores internos de la misma iglesia, se había ido desarrollando una forma corrupta de cristianismo debido a la influencia del diablo y de algunos que él había logrado engañar.

Algunos años antes, el apóstol Pedro había advertido acerca de este peligro: “Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pedro 2:1-2).

Satanás controla y manipula la religión apóstata que comenzó a suplantar el cristianismo desde los días de los apóstoles. Los mensajes a las siete congregaciones del Asia Menor parecen implicar que, en los últimos días, el falso cristianismo está destinado a ser uno de los principales instrumentos de engaño de Satanás.

LA DUALIDAD EN LA PROFECÍA BÍBLICA

A menudo los pronunciamientos proféticos se cumplen en varias etapas; esto es algo conocido como “dualidad”. Uno de los ejemplos clásicos del principio de la dualidad es la primera venida de Jesucristo para expiación por nuestros pecados, y su segunda venida para gobernar como Rey de reyes.

La dualidad es muy común en la profecía bíblica. Jesús hizo alusión al tema en Mateo 17:11-12. Los discípulos le habían preguntado acerca de la profecía de Malaquías 4:5: “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día del Eterno, grande y terrible”. Jesús les respondió: “A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas yo os digo que Elías ya vino. . .” (Mateo 17:11-12).

Los discípulos entendieron que el “Elías” que había de venir era Juan el Bautista (v. 13). El mismo Jesús explicó que Juan, quien cuando Jesús dijo estas palabras ya estaba muerto, era el primer cumplimiento de la profecía de Malaquías.

Pero la clara implicación de las palabras de Jesús es que además habrá otro Elías que precederá a su segunda venida y anunciará su regreso de la misma forma en que Juan el Bautista precedió a la primera venida de Cristo. Juan ya había muerto, de manera que no podría hacer nada más en el futuro. Juan mismo entendía que él no era el cumplimiento total de la profecía (Juan 1:21). Pero como precursor, él había cumplido, al menos parcialmente, la profecía de Malaquías.

Otra profecía con un cumplimiento dual es la que Jesús pronunció en el monte de los Olivos (Mateo 24-25; Marcos 13; Lucas 21). Muchas condiciones descritas en esta profecía se cumplieron en la época en que los romanos sitiaron y destruyeron a Jerusalén, en el año 70 d.C. Pero Jesús dijo claramente que existirían condiciones similares poco antes de su segunda venida.

Podemos encontrar otro ejemplo de cumplimiento dual en las referencias al Día del Señor, como en el caso de Isaías 13:6: “Aullad, porque cerca está el día del Eterno; vendrá como asolamiento del Todopoderoso”.

El versículo 1 de este capítulo nos permite identificar la época en que el Imperio Babilónico amenazaba al reino de Judá (Babilonia invadió a Judá y tomó a Jerusalén en el año 587 a.C.). Dentro de este contexto Isaías escribió: “cerca está el día del Eterno”.

Sin embargo, en el versículo 9 él vuelve a mencionar el Día del Eterno: “He aquí el día del Eterno viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores”. Lo que dice después nos da a entender que se está refiriendo al tiempo del fin: “Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación del Eterno de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira” (vv. 10-13).

Debemos examinar el contexto de las profecías para poder entender su significado y discernir si el primer cumplimiento fue completo. También es muy importante que evitemos ver dualidad en pasajes que no admiten tal interpretación. Debemos ser muy cuidadosos para discernir si en cierta profecía hay cabida para el principio de dualidad.

También debemos estar conscientes de que prácticamente todas las interpretaciones que hagamos acerca de cómo se cumplirán las profecías tienen cierto grado de especulación. A menudo no podemos identificar el cumplimiento de una profecía hasta después que ha ocurrido o empezado a cumplirse.

Un falso cristianismo

La idea de una religión apóstata disfrazada de cristianismo tal vez pueda sorprender a muchos, pero Jesús mismo les dijo a sus discípulos que esto iba a suceder. Cuando ellos le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”, él les respondió diciendo que vendrían muchos engañadores en su nombre. Les advirtió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:3-5).

Está profecía de Jesús se ha cumplido y seguirá cumpliéndose en dos formas. Primero, habrá dirigentes religiosos que vendrán afirmando que son el Cristo, el Mesías profetizado, y tendrán seguidores. Segundo, y esta forma es más común, están aquellos que vienen en el nombre de Cristo, proclamándose a sí mismos sus representantes espirituales, pero con enseñanzas absolutamente contrarias a lo que él enseñó. Por lo tanto, las personas que los sigan serán desviadas.

Según Cristo, ¿cuáles serán las consecuencias de este engaño? “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (vv. 9-11).

Está profetizado que los cristianos fieles definitivamente serán una minoría, y que en el tiempo del fin serán intensamente perseguidos por una religión falsa, muchísimo más grande y poderosa, que afirmará adorar a Cristo.

A lo largo del Apocalipsis esta falsa religión, que se hace pasar por la verdadera, se presenta como algo sumamente poderoso que va a tener gran influencia en el tiempo del fin. El poder casi increíble que va a demostrar el gran “falso profeta” del Apocalipsis, será una de las señales más evidentes de que el fin del siglo es inminente.

Jesús explicó que en el tiempo del fin “habrá . . . gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá . . . Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:21, 23-24).

Cristo les reveló a sus siervos que aun durante la vida del apóstol Juan, Satanás estaba introduciendo un falso cristianismo. En ese tiempo ya estaba reclutando seguidores dentro de la misma iglesia que Jesús había fundado. (Usted puede enterarse de las dos formas diferentes de cristianismo, una fiel a Cristo y la otra engañada por Satanás, leyendo nuestro folleto La iglesia que edificó Jesucristo.)

Las profecías de Jesús y sus apóstoles acerca del surgimiento de un cristianismo falso, se cumplieron tal como fueron anunciadas. Esta falsificación todavía ocupa un lugar predominante entre las religiones del mundo, pero lo que vemos ahora nunca podrá compararse con el poder que va a alcanzar en los años venideros.

Veamos ahora por qué debemos confiar en las otras profecías que están consignadas en el Apocalipsis.

EL APOCALIPSIS HABLA CON AUTORIDAD DIVINA

Durante muchos años los eruditos han puesto en tela de juicio la inspiración del Apocalipsis porque su estilo literario se asemeja al de los escritos conocidos como “literatura apocalíptica”. Esta clase de escritos fue relativamente común entre los años 200 a.C. y 100 d.C., período que abarca la era apostólica. Autores bien intencionados se preocuparon por las condiciones que imperaban en aquella época, y con frecuencia emplearon un estilo dramático para expresar sus opiniones acerca de cómo se resolvería el conflicto inmemorial entre el bien y el mal.

Los escritores apocalípticos empleaban con frecuencia los símbolos e imágenes de los profetas del Antiguo Testamento, pero muchas veces se valieron del material bíblico simplemente para respaldar sus propias fantasías exageradas. Con el deseo de que sus teorías tuvieran el respaldo de una autoridad más importante, atribuían falsamente sus escritos a los profetas sobresalientes u otras personas importantes del pasado. Al utilizar seudónimos engañosos, sus obras parecían haber sido escritas por profetas muy conocidos de épocas remotas y ocultaban la verdadera identidad del escritor.

Como resultado de esto, los escritos que pertenecen a este género literario generalmente se consideran inciertos, faltos de credibilidad y sin derecho de invocar la autoridad divina. Desgraciadamente, no son pocos los eruditos que consideran que el libro bíblico del Apocalipsis también forma parte de esta corriente literaria.

Ellos no creen que el Apocalipsis bíblico sea realmente de origen divino, pero sus dramáticos símbolos provienen del divino autor de todos los libros de la Biblia, no de la imaginación del hombre mortal que lo puso por escrito. El apóstol Juan escribió simplemente lo que Jesucristo le reveló.

Los escritos de Juan pertenecen al mismo género de las profecías del Antiguo Testamento. Él mismo era un fiel discípulo de Jesucristo, y claramente dice que recibió esas visiones proféticas directamente de Cristo, lo que lo convertía en profeta. Contrario a lo que hacían los escritores apocalípticos de su época, quienes se escudaban tras seudónimos, Juan se identifica claramente y explica con lujo de detalles cómo recibió las visiones y mensajes incluidos en el Apocalipsis.

La visión del trono de Dios

En los capítulos 4 y 5, Juan describe cómo fue transportado en visión hasta el trono mismo de Dios en los cielos. En la visión, él ve cómo Dios el Padre tiene en la mano un rollo sellado que contiene el mensaje profético que quiere revelar a su pueblo, la Iglesia de Dios.

A Juan se le invita a estar en la presencia de Dios cuando una voz le dice: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas” (Apocalipsis 4:1). En los capítulos 1-3, él registra principalmente las revelaciones que se refieren a las cosas “que son” (Apocalipsis 1:19), es decir, las condiciones que amenazaban a la iglesia en esa época y que la seguirían amenazando. Pero ahora el apóstol estaba recibiendo las visiones de “las cosas que sucederán después de estas” (Apocalipsis 4:1), a saber, profecías relativas al futuro.

Pero antes de relatar las profecías, Juan identifica la fuente y autenticidad de sus visiones: “Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (v. 2). Luego cuenta cómo fue llevado en visión hasta el trono de Dios para presenciar una ceremonia muy especial.

Los profetas Isaías, Ezequiel y Daniel habían tenido experiencias similares; habían tenido visiones de Dios, a quien veían en su trono. Isaías escribió: “En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo” (Isaías 6:1). Veamos la reacción del profeta: “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, el Eterno de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo. . .” (vv. 5-9; comparar con Ezequiel 1:26-28; 2:1-5; 10:1, 4; Daniel 7:9-10, 13-14).


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