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Odres Viejos y Vino Nuevo

El Cumplimiento de la ley del Antiguo Testamento por parte de Cristo y lo que Él Espera Ahora de Nosotros



F. Wayne Mac Leod



Distribuidora de Literatura Light To My Path
Sydney Mines, N.S. CANADA

Odres Viejos y Vino Nuevo

Publicado originalmente en inglés bajo el título Old Wineskins and New Wine

Traducido al español por Esther Pérez Bell y David Gomero Borges, (Traducciones NaKar)

Copyright © 2017 by F. Wayne Mac Leod

Todos los derechos reservados. Ningún fragmento de este libro podrá reproducirse o transmitirse a través de ninguna forma o medio sin la autorización escrita del autor.

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Publicado por la distribuidora de literatura Light To My Path, 153 Atlantic Street, Sydney Mines, NS CANADA B1V 1Y5

Todas las citas de las Escrituras, a menos que se indique lo contrario, fueron tomadas de la Biblia Reina Valera 1960



Índice

Prefacio

Capítulo 1 - La Bondad de la Ley

Capítulo 2 - El Conocimiento de Bien y el Mal

Capítulo 3 - Responsabilidad ante Dios

Capítulo 4 - Una Revelación de Necesidad

Capítulo 5 - Sombra de lo que ha de Venir

Capítulo 6 - Justificados Delante de Dios

Capítulo 7 - Un Nuevo Sacerdocio

Capítulo 8 - Un Nuevo Corazón

Capítulo 9 - Victoriosos Frente al Pecado

Capítulo 10 - Salvación por Gracia

Capítulo 11 - La Muerte de la Ley

Capítulo 12 - La Ley como Guardián Nuestros

Capítulo 13 - Un Nuevo Guía

Capítulo 14 - Caminando en el Espíritu

Capítulo 15 - Los Requisitos del Espíritu

Capítulo 16 - Enfrentando las Diferencias

Capítulo 17 - "Haz con los Demás...

Capítula 18 - Misericordia

Capítulo 19 - La Actitud de Nuestro Corazón

Capítulo 20 - El Amor

Capítulo 21 - Palabras Finales



Prefacio

¿Por qué se interesaría alguien en una serie de meditaciones acerca de la ley de Dios? Debemos admitir que no se trata del tema preferido sobre el cual los grupos y asociaciones cristianos quisieran debatir. Pero antes de desechar la idea de seguir leyendo este libro, quisiera que usted considerara el hecho de que cuando Dios escogió revelarse a nosotros, lo hizo a través de la ley. La ley tiene mucho que enseñarnos sobre Dios, sus propósitos y sus planes. También tiene mucho que enseñarnos sobre la naturaleza humana. Fue la ley de Dios la que instruyó a Su pueblo acerca de cómo relacionarse con él. La ley también nos muestra la necesidad de la obra que hizo el Señor Jesús. No podremos comprender nuestra situación ante Dios hasta que no hayamos comprendido el mensaje de la ley. No podremos tampoco valorar a nuestro Salvador en su totalidad hasta que no nos veamos a la luz de los requisitos de su ley.

Una vez dicho esto, necesitamos tener en cuenta lo que el Señor Jesús les dijo a sus discípulos en Mateo 9:17:

Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.”

Los odres, al envejecer, se endurecían y se volvían quebradizos. El vino nuevo, por su parte, es propenso a dilatarse. Cuando el vino nuevo se ponía en un odre viejo y quebradizo, y se dilataba, el odre se rompía y se derramaba el vino. Jesús usó esta ilustración para mostrarles a sus discípulos que para todos los creyentes las cosas cambiarían tras su venida. Ya no vivirían cumpliendo con las tradiciones antiguas, ni tampoco debían tratar de aplicar las leyes del Antiguo Testamento a la nueva forma de vida que él les mostraría. El intentar vivir según la ley del Antiguo Testamento, tras la venida de Cristo, sería como tratar de poner vino nuevo en odres viejos; no funcionaría.

Aunque queda claro que la ley del Antiguo Testamento jugó un papel clave, Jesucristo introdujo un cambio radical a través de su obra en la cruz. Los creyentes del Nuevo Testamento ahora están bajo una nueva ley. En este libro analizaremos el propósito de la ley en el Antiguo Testamento y cómo ésta enfatizó en el Señor Jesús y su obra. También examinaremos cómo Jesús cumplió con la ley del Antiguo Testamento y lo que Dios espera ahora de nosotros. Mi oración es que este breve y sencillo estudio le proporcione una mayor comprensión del propósito de la ley de Dios en el Antiguo Testamento y que llegue a valorar más profundamente la obra que Cristo llevó a cabo por nosotros, los que vivimos en estos tiempos.

F. Wayne Mac Leod

Capítulo 1 - La Bondad de la Ley

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.” (Mt. 5:1718)

¿Cuál es su primera reacción cuando piensa en la ley? ¿No es cierto que en nuestros tiempos la palabra ley se ha convertido en sinónimo de severidad y está llena de connotaciones negativas? Para muchos la ley es un mal necesario en una sociedad ebria de pecado. El concepto de ley suele ir en contra de nuestro sentido de la libertad. La ley impide que lleguemos a tiempo al trabajo cuando hemos dormido demasiado por la mañana, pues regula la velocidad a la que debemos conducir nuestros vehículos. La ley nos quita de nuestros ingresos, obtenidos con sacrificio, a través de los impuestos. Pareciera como si la burocracia gubernamental y los trámites burocráticos que la ley nos impone fuesen más un estorbo que un beneficio.

En muchísimas ocasiones me he visto delante de la luz roja peatonal, sin vehículos provenientes de ninguna dirección, y me he quedado observando cómo los demás ignoran la luz roja; y me he preguntado por qué me molesto en obedecer la ley. Los seres humanos buscan libertad, y no restricciones. Las reglas y regulaciones solo parecen abrumarnos. Incluso en nuestra vida cristiana preferimos vernos libres de las ataduras legalistas que nos han sido impuestas. Disfrutamos el concepto de ser guiados por el Espíritu, aunque a menudo no comprendemos lo que eso significa.

Cualquiera que haya leído el Antiguo Testamento sabe algo sobre las leyes y requisitos que Dios estableció para su pueblo. El judío promedio parecía estar inundado de reglas y regulaciones. Estas reglas indicaban con quién se podía casar, lo que debía comer, cómo debía adorar, y la gente con la que debía codearse. Parecía como si hubiese una ley para casi todo lo que el judío hacía.

Pero ¿era la ley solamente un mal necesario? El texto de Mateo 5:17-18 es un buen fragmento para comenzar nuestro estudio. En estos dos versículos vemos lo que Jesús enseñaba y pensaba sobre la ley de Dios que había sido dada a los israelitas. Jesús dijo dos cosas importantes sobre la ley en estos versículos.

En primer lugar, Jesús nos dice que él no vino para abrogar la ley. Esto nos muestra algo sobre la actitud de Cristo hacia la ley del Antiguo Testamento. Si la ley no hubiese tenido valor, Cristo no habría dudado en suprimirla cual vestimenta gastada. Pero ése no era el caso. Aquí Jesús nos dice que su propósito no era abrogar la ley sino cumplirla. Con esta afirmación Jesús resumió su ministerio. Dediquemos un tiempo a considerar la diferencia entre la palabra “abrogar” y la palabra “cumplir”.

Abrogamos algo que es dañino o maligno. La esclavitud, por ejemplo, fue abrogada en América del Norte en el siglo diecinueve porque las personas reconocieron que era una práctica maligna que menospreciaba la vida humana.

Por otra parte, decimos que hemos cumplido con algo cuando hemos satisfecho todos los requisitos de un proyecto que hemos comenzado. Un estudiante debe, por ejemplo, reunir o satisfacer todos los requisitos que establece una escuela para poder graduarse.

Abrogar significa acabar con algo que se considera malo. Cumplir significa reunir todos los requisitos y hacer que algo bueno alcance un final deseado.

Jesús tenía en alta estima la ley que Dios le había dado a la nación judía. Su propósito al venir a la tierra no era abrogarla como algo malo, sino cumplir, de una vez y por todas, todos los requisitos de una ley buena.

Lo segundo que debemos analizar es lo que Jesús dijo en Mateo 5:18:

Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.”

Aquí Jesús fue muy específico. Dejó bien en claro que no había nada en la ley de Dios que él no cumpliría. Estaba comprometido a cumplir cada uno de los requisitos de la ley hasta el más mínimo detalle. No habría nada que él no cumpliera de forma perfecta para la completa satisfacción de su Padre. Él cumpliría cada requisito. Cada detalle sería atendido. No quedarían cabos sueltos. El Padre quedaría cien por ciento satisfecho.

¿Qué nos dice esto de la opinión que Cristo tenía de la ley? Nos dice que para Cristo cada detalle de la ley de Dios era importante y esencial. La ley de Dios era mucho más que un mal necesario en una sociedad corrupta. Era parte integral del plan de Dios para la humanidad, celosamente guardado y honrado por Cristo hasta el punto de cumplir con cada detalle a través de su vida y muerte, para total satisfacción del Padre por toda la eternidad.

La ley de Dios tal y como fue dada al pueblo judío, era buena. Cristo supo valorarla en toda su extensión. Ésta tenía un propósito muy específico en el plan de Dios para la humanidad. En el curso de los próximos capítulos examinaremos ese propósito.

Capítulo 2 - El Conocimiento de Bien y el Mal

“…por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Ro. 3:20).

Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Ro. 4:14-15).

“…ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:56-57)

¿Ha pensado usted cómo sería la vida si no existiesen leyes? Sin ley las personas harían lo que mejor les pareciera. Piense por un momento cómo serían nuestras calles si los hombres y las mujeres no estuviesen restringidos por las reglas del tránsito. ¿Ha llegado usted alguna vez a una intersección de calles en el momento en el que el semáforo se ha apagado? Como podrá imaginarse el resultado sería alarmante. Las personas pierden los estribos; la gente se abre paso a través de la intersección mostrando poco o ningún interés por los demás. En la época de los jueces, cuando no había rey en Israel (el rey representaba la ley), la Biblia dice que la gente actuaba de forma muy parecida:

En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.” (Jue. 21:25)

Sin la presencia de leyes no hay definición de lo que es bueno y lo que es malo. Solo existen el caos y el desorden. De hecho, las fuerzas policiales del mundo serían insuficientes para lidiar con aquellos que sencillamente escogiesen ignorar las leyes existentes. ¿Qué sucedería si no hubiese leyes que definieran lo bueno y lo malo?

En el ámbito de la moralidad hemos visto en años recientes que las leyes se han relajado con respecto a la homosexualidad, el aborto, la pornografía, y por ende su influencia se ha incrementado en nuestra sociedad. Esto demuestra que las leyes sí ejercen influencia en las personas. La ley infunde en nosotros un sentido de lo que es bueno y lo que es malo. Sabemos que algo es incorrecto porque existe una ley contra eso.

Eso es lo que el apóstol Pablo les dijo a los romanos cuando escribió en Romanos 3:20, “por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Uno de los propósitos de la ley de Dios en el Antiguo Testamento era enseñarle al pueblo de Dios acerca del pecado. La ley de Dios les mostraba lo que Dios esperaba y lo que él consideraba como conducta correcta o incorrecta.

En Romanos 4:15 Pablo les dice a los romanos: “…donde no hay ley, tampoco hay transgresión.” En otras palabras, si no existe ley tenemos libertad de hacer lo que queramos. Sin embargo la ley de Dios estableció un estándar según el cual él esperaba que su pueblo viviera.

En 1 Corintios 15:56 Pablo continuó diciendo que “el poder del pecado, [es] la ley.” Cuando existe una ley, el pecado se vuelve evidente. En Norteamérica, en donde vivo en la actualidad, hace unos 50 años las relaciones sexuales fuera del matrimonio eran vistas como una conducta inapropiada y pecaminosa. Pero como nuestra sociedad se ha alejado de las enseñanzas de la Biblia, hoy en día ya no se considera que el sexo fuera del matrimonio sea algo malo. Ya no nos horrorizamos con las cosas que vemos en la televisión o escuchamos en las noticias. Hoy en día alardeamos de nuestras ebrias aventuras y hablamos desvergonzadamente de nuestras inmoralidades. Esto se debe a que ya no vemos el pecado a través del lente de la ley de Dios. Hemos establecido nuestros propios estándares.

Cuando vemos nuestra sociedad a través del lente de la ley de Dios, vemos lo que realmente existe. Vemos el pecado en toda su fealdad. La ley de Dios nos brinda un ancla o punto de referencia por el cual podemos determinar si una conducta es buena o es mala. El primer propósito de la ley de Dios en el Antiguo Testamento era darle a su pueblo conciencia de lo bueno y lo malo, y mostrarle lo que Dios esperaba de ellos como su pueblo.

Capítulo 3 - Responsabilidad ante Dios

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Ro. 3:19).

Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.” (Ro. 5:13)

Cuando no existen leyes las personas tienen libertad de hacer lo que les plazca. No existen límites. La ley por su parte, conlleva obligaciones, responsabilidad y rendición de cuentas.

Por causa de la ley los negocios deben administrarse de forma ordenada. Los que tienen la responsabilidad de estos negocios deben rendir cuentas ante la ley con respecto a cómo cumplen con sus deberes. Las reglas del tránsito nos responsabilizan por nuestra forma de conducir nuestros vehículos. La ley nos obliga a responder ante alguien por nuestras acciones. Cualquier violación de la ley exige que rindamos cuentas ante las autoridades y suframos las consecuencias de nuestra desobediencia.

Las leyes de nuestro país exigen que seamos responsables de la forma en la que tratamos a nuestros vecinos, de cómo conducimos nuestros autos o de respetar las pertenencias de los demás. Hacen que seamos responsables de la manera en la que administramos nuestras finanzas, de cómo tratamos a nuestros hijos y cónyuges. Nos obligan a aceptar un patrón específico de conducta que a la larga es beneficioso para la sociedad en general.

En Romanos 3:19 (versión La Biblia de las Américas, LBLA) Pablo nos dice que la ley de Dios fue dada para que el mundo fuese responsable ante Dios. El vocablo griego que se traduce como “responsable” puede significar “deudor” o “deberle a alguien una satisfacción”. La ley que Dios le dio a su pueblo lo hizo su deudor. En el último capítulo vimos que la ley nos brindó conciencia del bien y el mal. Pero la ley hizo más que eso, también le creó al pueblo de Dios una obligación ante él. La ley hizo que Israel fuese responsable ante Dios por su forma de vida. Estableció el estándar de Dios ante ellos y exigió una rendición de cuentas personal por cualquier violación de ese estándar. La ley de Dios impuso una obligación a Su pueblo.

No es necesario que una ley nos agrade o que estemos de acuerdo con ella. Existen muchas leyes que no nos agradan pero estamos obligados a cumplirlas de todas formas. Dios, como creador, ha establecido estándares por los cuales el mundo debe guiarse. Él nos pedirá cuentas por el cumplimiento de sus leyes, y nos hará responder por cualquier desobediencia a ellas. El problema en nuestra sociedad es que el gobierno humano no siempre concuerda con las leyes de Dios. Se están redactando leyes en nuestra nación que van en contra de los principios establecidos por Dios en Su Palabra. Dios, por ser Dios, tiene la última palabra en materia de lo que es bueno y lo que es malo y seremos responsables ante él de nuestras acciones, aun cuando lo que hagamos esté permitido en nuestra sociedad.

Francamente hay veces que no comprendo totalmente por qué Dios ha determinado que ciertas prácticas son incorrectas. Pero la realidad del asunto es que el ser humano no es quien tiene la facultad de determinar lo que es correcto o incorrecto. Dios ha establecido un estándar por el cual él desea que este universo opere. Yo soy responsable ante él de seguir ese estándar, ya sea que lo comprenda o no.

El apóstol Pablo les dice a sus lectores en Romanos 5:13 que, antes de existir la ley el pecado no se tenía en cuenta. Me parece que la mejor forma de comprender este versículo es la siguiente: antes de ser dada la ley las personas no tenían conocimiento de su responsabilidad ante Dios. Vivían sus vidas como mejor les parecía sin preocuparse por Dios o sus caminos. No tenían en cuenta sus pecados y no se percataban de que tendrían que responder por sus acciones.

Al introducirse la ley de Dios las personas comenzaron a reconocer que tenían la obligación de vivir de una manera determinada delante de su Creador. La ley les mostró, por primera vez, que responderían ante Dios por su forma de vida.

La ley de Dios en el Antiguo Testamento fue dada para mostrarnos que, como criaturas de Dios, somos responsables ante él por la forma en la que vivimos. La ley de Dios puso a su pueblo bajo su autoridad y exigió una rendición de cuentas por sus acciones a la luz de Sus propósitos.



Capítulo 4 - Una Revelación de Necesidad

mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó” (Ro. 9:31).

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg. 2:10).

He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5).

Ya hemos visto que la ley de Dios nos conduce a tener conciencia de lo que es bueno y lo que es malo y nos muestra que somos responsables delante de Dios por nuestras acciones. En este capítulo también veremos que otro propósito importante de la ley de Dios en el Antiguo Testamento era revelarnos nuestra necesidad.

Los que vivieron bajo la ley de Dios en tiempos del Antiguo Testamento se percataron de que era imposible agradar a Dios. Esto se debe a dos razones fundamentales.

En primer lugar, para poder agradar a Dios de una manera perfecta necesitaríamos cumplir con toda la ley de forma perfecta. En Santiago 2:10 el apóstol escribió:

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”

Esta declaración es muy importante. Nos dice que si violamos el más mínimo aspecto de la ley de Dios somos culpables ante él. Imagínese que usted siempre ha sido una persona fuerte y saludable. Pero un día contrae una enfermedad grave. El hecho de haber sido saludable toda la vida ya no importa. Lo único que importa es que ahora usted se está muriendo por causa de esa enfermedad terrible. El virus que provocó su enfermedad tal vez sea tan minúsculo que habría que examinarlo con un potente microscopio para detectarlo, pero ahora será el causante de su muerte. Así mismo ocurre con el pecado. Un solo pecado es suficiente para hacernos culpables ante Dios.

Lo que se nos dice en Santiago 2:10 es que, para ser pecador, solo hace falta violar el aspecto más pequeño de la ley de Dios. No importa cuán pequeña sea esa ley; si usted la ha violado, aunque sea en el más mínimo nivel, usted se constituye en pecador y quedará bajo el juicio de Dios. ¿Quién de entre nosotros puede decir que ha observado la ley de Dios de forma perfecta?

Hay un segundo motivo por el cual los que vivieron bajo la ley del Antiguo Testamento hallaron que era imposible agradar a Dios. Se trata de que todos habían nacido con una naturaleza pecaminosa. Veamos lo que el salmista dice en el Salmo 51:5:

He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre”

¿Se ha percatado usted alguna vez de que no es necesario enseñarle a un niño a pecar, pues es algo que éste hace de forma natural? No hay que enseñarle a un niño a ser egoísta o mentiroso. Sin embargo, tenemos que enseñarle a hacer el bien, porque lo malo viene de forma bastante natural. ¿Cuántas leyes de Dios no violamos aun antes de ser conscientes de la ley de Dios?

Todo esto es importante, pues nos muestra que nadie jamás ha podido guardar la ley de Dios de forma perfecta. Todos la hemos violado en un momento u otro. Todos somos culpables ante Dios. Aun antes de conocer la diferencia entre el bien y el mal, ya éramos culpables ante Dios y estábamos bajo su juicio.

Lo interesante de la ley es que realmente no nos ayuda a hacer lo correcto; sino que solamente nos muestra lo que es correcto. Las leyes de nuestro país pueden decirle a un joven que es ilegal beber y conducir, pero no pueden ayudarle a vencer la tentación si ésta está en su corazón. La ley de Dios les indicó a los hombres y mujeres que no debían cometer adulterio, pero era impotente para ayudarles a vencer la tentación que pudiese surgir.

La ley de Dios fue diseñada para mostrarnos cuál es el estándar de Dios. Nos coloca a todos bajo la obligación de seguir su propósito, y sentencia a todos los que no cumplan con ella. Nadie ha podido jamás guardar los requisitos de Dios de forma perfecta y todos han caído bajo su juicio. Romanos 3:10-12 lo describe de esta manera:

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

Los requisitos de Dios estaban más allá de nuestro alcance. ¿Qué hacemos cuando algo no está a nuestro alcance? Existen tres posibles respuestas. O perseveramos en nuestra terquedad, o nos rendimos, o buscamos otros medios para alcanzar nuestro objetivo.

Los judíos quedaban bajo la primera de las tres categorías. Pablo nos dice en Romanos 10:2 que los judíos como pueblo eran muy celosos en su relación con Dios. El problema era que ellos buscaban agradar a Dios obedeciendo la ley, sin darse cuenta de que esto era imposible. Imagínense a un asesino que intenta escapar de su juicio sólo por haber ayudado a su vecino en una ocasión cuando éste lo necesitó. No por haber ayudado a su vecino desaparecerá el delito por el cual está siendo juzgado ahora. Pues era así cómo los judíos del Antiguo Testamento intentaban escapar del juicio de Dios. Pensaban que haciendo suficientes cosas buenas Dios perdonaría lo malo que habían hecho. Pero esto no funciona así. Como dice Santiago, al violar un solo aspecto de la ley nos convertimos en pecadores y quedamos bajo el juicio de Dios.

Imagínese por un momento a un niño pequeño y hambriento observando un pomo lleno de caramelos que está fuera de su alcance. Él intenta todo lo imaginable para alcanzar el pomo, pero éste le queda demasiado alto. Aun parándose en la silla más alta no puede alcanzar el pomo. Ninguno de sus esfuerzos le sirve para coger los caramelos que están en el pomo. Asimismo sucede con la ley de Dios. Siempre estuvo fuera del alcance del pueblo de Dios.

A través de la historia de la iglesia hemos visto lo que las personas han hecho en su intento por alcanzar los estándares que Dios ha establecido en su ley. Algunos han vivido en aislamiento, en cuevas, montañas o monasterios. Otros han recurrido a la autoflagelación, a una vida de pobreza e incluso a morir por su fe. En muchos casos no se trata de falta de empeño. Al niño que anhela alcanzar el pomo de caramelos no le falta empeño. No se puede decir que al pueblo de Dios en el Antiguo Testamento le faltaban deseos de hallar a Dios. Sin embargo, su celo no los aproximaba a Dios ni siquiera un poco. La naturaleza humana, por muy disciplinada que sea, nunca podrá alcanzar el estándar que Dios exige. Ninguno de nosotros podrá jamás vivir una vida perfecta.

Los judíos persistieron tercamente en sus intentos de alcanzar los estándares de Dios pero no lo consiguieron. Otros, en el transcurso de la historia, sencillamente se han rendido y se han alejado, creyendo que una relación con Dios es imposible. Estas dos alternativas no son las únicas. Como ya hemos dicho hay una tercera alternativa.

¿Qué hace un niño al no poder alcanzar el pomo de caramelos? ¿No le pide acaso a alguien más grande que se lo alcance? Esto era lo que la ley de Dios se proponía. Obligar a las personas a reconocer su incapacidad y desafiarlas a buscar ayuda exterior. La ley fue diseñada para mostrarnos nuestra necesidad.

Capítulo 5 - Sombra de lo que ha de Venir

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados” (He. 10:1-3)

Hasta ahora hemos visto cómo la ley de Dios en el Antiguo Testamento le enseñaba al pueblo de Dios la diferencia entre el bien y el mal, lo hacía responsable ante Dios y le mostraba su necesidad. Ahora veremos que la ley de Dios no solamente le mostraba al pueblo de Dios su necesidad sino que también le señalaba directamente la solución de esa necesidad.

El libro de Hebreos es muy útil, pues nos muestra cómo la ley de Dios le indicaba al pueblo de Dios la solución de sus problemas. En Hebreos 10:2 se nos dice que la ley de Dios era una sombra de lo que había de venir. Una sombra no es algo real. Sin embargo nos muestra que lo real está muy cerca. También nos da una idea del aspecto que tendrá lo real. Esto era lo que hacía la ley de Dios.

En la ley de Dios había toda clase de ejemplos ocultos de lo que Dios haría para solucionar el problema del pecado. Analicemos muy brevemente lo que el autor de Hebreos nos revela acerca de cómo la ley le mostraba al pueblo a Jesucristo como la solución para los pecados y el juicio.

En Hebreos 3:5-6 se dice:

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

El papel de Moisés al dar las leyes era, según Hebreos 3:5, “para testimonio de lo que se iba a decir.” En otras palabras, Moisés como legislador debía indicarles a las personas lo que sucedería en el futuro. La ley que Moisés le dio al pueblo esperaba la llegada de una obra mayor que sería cumplida.

Si avanzamos hasta el capítulo 4 del libro de Hebreos, vemos que el autor habla de la ley judía del sábado. La ley del sábado llamaba a todos los judíos a cesar su trabajo y a pasar el día en reflexión, adoración y descanso. Era una ocasión para que el pueblo de Dios pasara un tiempo en la quietud de Su presencia.

En Hebreos 4:1-2 se nos dice que los judíos no comprendieron el verdadero significado del Sábado pues no combinaron la práctica de éste con la fe en cuanto a lo que representaba el sábado. Según Hebreos 4:12 el sábado era una proclamación del evangelio.


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