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Casos Policiales Reales

Historias verídicas de crímenes, asesinatos y casos violentos

Santiago Fierro Escalante



Copyright © 2017 Santiago Fierro Escalante

Copyright © 2017 Editorial Imagen.
Córdoba, Argentina

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Advertencia: El contenido de este libro no es apto para niños y menores de 18 años. La lectura del mismo puede herir su susceptibilidad.

Imágenes de portada por Freepik

CATEGORÍA: Crimen Verídico

ISBN-10: 1-64081-044-7

ISBN-13: 978-1-64081-044-0

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Tabla de contenido

Ladrón sin remedio

El caballo de San Martin

La insólita muerte del Nono Pugliese

Relaciones peligrosas

Dos súper bandas

Fue víctima del alcohol (ajeno)

Un amante de ficción fue asesinado de verdad

De todo un poco

Cadena perpetua

La furia popular

Una medida justísima

¿Negligencia o fatalidad?

Aquel asunto fulero

Colección de hechos curiosos

¿Y si releemos el “Nunca Más”?

Nunca más un golpe militar. Recordando

Pedido de captura doble

El hombre de la bolsa

La mano derecha de la oscuridad

Un libertino de muy larga vida

Matar al abuelito

El Prontuario de lo absurdo

Redimidos del vía crucis de la vida

Zapatero: ¡a tus zapatos!

Una niña plantada

Hablaré en el momento oportuno

El asesinato de la minusválida

Más Libros de Interés

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Ladrón sin remedio

El asesino siempre vuelve al lugar del crimen. El asaltante también suele regresar al lugar donde cometió un atraco exitoso. Eso hizo, según el informe policial, Enrique Alciro Pessacq, de 31 años. En los primeros días de la última semana de junio del año 1993, había asaltado la farmacia Miño, sita en Centenario al 4300, entre Paraguay y Unamuno, de Quilmes Oeste, en Argentina.

Le había salido tan bien, que el 1º de julio regresó con dos compinches a bordo de un automóvil marca Taunus de color gris robado. Pessacq creyó que la farmacia siempre iba a estar "de turno" para él, y se equivocó feo.

Cuando se estacionaron frente a la misma, uno de sus secuaces se ofreció para acompañarlo, pero Pessacq, bastante presumido, le dijo que no hacía falta. Que él solo se bastaba, pese a que el negocio estaba lleno de clientes. "Esta farmacia la desvalijo de taquito", aseguró, mandándose la parte.

Y realmente entró como a su casa, desenfundó su revólver calibre 22 y gritó el consabido "¡Esto es un asalto!", como si hiciera falta aclararlo. Los clientes y el dueño se volvieron aterrorizados hacia él, alzando sus manos.

Como para asustarlos todavía más, Pessacq tomó a un hombre del cuello y le puso el arma en la sien, ordenando al dueño y a los presentes que le entregaran todo el dinero y armas, si las tuvieran. Había uno de los allí presentes que tenía una, pero no se la entregó. Este sabía que no iba a revisarlo. Tenía tanta experiencia como el asaltante en esos menesteres, pero actuando para otro bando: el de la ley.

Sí, como suele sucederles a los asaltantes de colectivos, había un policía de la Federal de civil entre los clientes de la farmacia. Este esperó a que el delincuente saliera del negocio para desenfundar su arma y hacerse conocer como tal.

Pessacq perdió entonces todo el aplomo exhibido hasta ese entonces y empezó a disparar. La réplica del agente no se hizo esperar: le metió un balazo en la pierna al asaltante. Este, renqueando, trató de llegar al viejo Taunus. Sus compinches también abrieron fuego y trataron de llevarse a su compañero. Pero otro certero disparo del policía terminó con él: le atravesó el corazón, derrumbándolo sobre la vereda. Entonces sus secuaces optaron por darse a la fuga a toda velocidad.

Tomó intervención la comisaría 3ª de Quilmes Oeste, cuyo titular es el comisario Loayza, y el juez en lo criminal quilmeño Rubén Darío Sánchez. ¿Moraleja? La confianza no sólo mata al gato, también al ladrón.

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El caballo de San Martin

La motocicleta es un vehículo peligroso por la velocidad que puede desarrollar sobre apenas dos ruedas, lo que le da muy poca estabilidad. Y los que la adquieren suelen buscar justamente eso: altas velocidades. Pero también es peligrosa porque está a merced de vehículos de mayor porte, no ofrece a su conductor la protección que da un automóvil. Esto último fue lo que provocó la muerte de un motociclista más la noche del 7 de julio del año 1993.

San Martín venía en su caballo de acero por la calle Carlos Pellegrini de Quilmes Oeste, cuando al llegar a la esquina con la avenida Vicente López se topó con un rinoceronte también metálico, pero mucho más grande que su corcel. Metáforas aparte, la moto de cross tripulada por José Fabián San Martín, de 22 años, fue embestida, según testigos, por una combi Volkswagen verde, ocupada por tres jóvenes.

Que estos últimos venían a gran velocidad por la avenida lo testimonia el hecho de que su vehículo, luego de llevarse por delante la moto, ¡se trepó a un árbol! También que los tres muchachos intentaran escapar luego del accidente. Fueron detenidos por vecinos y conducidos a la comisaría 3ª de Quilmes Oeste. Para bajar su combi del árbol tuvieron que intervenir los Bomberos Voluntarios de la zona.

Dicen que en la Batalla de San Lorenzo, San Martín cayó bajo su caballo y el sargento Cabral dio su vida por ayudarlo. Este joven homónimo no tuvo esa suerte: murió pocas horas después en el hospital local, víctima de las heridas sufridas en el accidente ocurrido en la esquina de dos calles que también tenían nombres de próceres: Carlos Pellegrini y Vicente López.

Si en la batalla de San Lorenzo los granaderos hubieran usado motos en lugar de caballos seguramente el general San Martín tampoco hubiera sobrevivido. ¿A quién se le habrá ocurrido inventar un rodado tan atractivo y peligroso al mismo tiempo?

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La insólita muerte del Nono Pugliese

Insólita y absurda. Porque habiendo enfrentado las lentes de tantas cámaras toda su vida le dio pánico un fotógrafo. Y porque sufriendo vértigo y miedo a las alturas, siendo prudente, trepó por unos cajones hasta llegar a los techos. Cayó en un taller desde más de 5 metros, y allí se terminó todo.

Labró su popularidad, y su fortuna, por su fotogenia al enfrentarse con las lentes de las cámaras filmadoras, y murió escapando de una fotografía. Murió al pisar una chapa de fibrocemento en mal estado, tratando de preservar su intimidad, pero su muerte no hizo más que develar aspectos de su vida privada. Triste, paradójico destino el del exitoso Alberto Francisco Pugliese, el “Nono” Pugliese, de 56 años, empresario de publicidad, compositor de jingles, político y marido de la modelo Claudia Sánchez.

En la noche del viernes 9 de julio del año 1993 se encontraba cenando en un restaurante no de las afueras, ignoto para los fotógrafos que “hacen la noche” para revistas de actualidad, sino en un restaurante del bajo Palermo, cerca de Plaza Italia, donde suelen acudir ricos y famosos. La cuestión es que esa zona era conocida por ser una zona donde suelen merodear fotógrafos.

Son las leyes del juego, un juego que no hay que confundir con las cacerías de los “paparazzis” yanquis o europeos, que si obtienen la imagen de una princesa en cueros o en actitudes dudosas se paran para el resto de la cosecha. Aquí, a lo sumo, se pueden dar casos como el de los fotógrafos, no cuentapropistas, sino empleados de Editorial Perfil que montaban guardia frente a la casa de la polifuncionaria María Julia Alsogaray, que aceptó las leyes del juego desde el momento en que salió en tapa de la revista “Noticias” en una actitud sexy: tapado de piel e insinuante hombro desnudo.

Generalmente, aunque hay personajes que del anonimato saltan al jet-set, fotógrafos especializados e integrantes de los esplendores de la noche llegan a conocerse y a negociar, a veces diciendo algo como: “Mirá, flaco, no me escrachés con esta pendeja…” Y el tipo queda en deuda. O la situación se arregla con una salutífera trompada. Pero que sepamos, en cuestiones de famosos y fotógrafos, el canibalismo del libre mercado aún no tiene canilla libre. Lo cierto es que el juez de instrucción de esa época Alfredo Barbarosh caratuló la causa como “Accidente fatal”.

Eso parece que fue. Dos fotógrafos de la revista “Gente”, que montaban guardia en un automóvil marca Taunus de color marrón, medio magullado, a la puerta del restaurante Puerto Marisko, estaban ubicados en calle Demaría al 4600, precisamente donde el famoso Nono Pugliese tenía enfrente su agencia de publicidad, Tim Records.

Esa noche, la actitud del Nono Pugliese fue muy imprevisible, primero porque le encomienda al dueño del restaurante, Juan José Aberikián, que es su amigo, que salga a la calle con la dama con la cual había terminado de cenar (incluso casi habían terminado el café), a fin de despistar a los fotógrafos, para después encontrarse los tres. Pugliese se quedó esperando unos minutos en la cocina. Luego decidió subir por unos cajones y trepar por los techos, haciendo un exitoso equilibrio, terreno que explora por primera vez y siguió escapando por los techos en dirección a la calle Sinclair.

Quizá deseaba llegar y descender en otro restaurante vecino. Un operativo entre suicida e insensato, ya que el mismo general José de San Martín estudió tres años la cordillera de Los Andes antes de cruzarla en 24 días.

Nono Pugliese habrá recorrido todo el mundo, pero no sabía andar por los techos. O tendría el recuerdo de los techos de chapas de zinc de su infancia. Ese techo que se le abrió en la noche tenía algunos tramos de chapas de lana de vidrio, para que se filtre la luz solar.

Era de noche. No había suficiente visibilidad para seguir la línea de clavos. El Nono Pugliese andaba en el techo a oscuras. Cuesta creer que este hombre de la noche solucione una circunstancia dentro de su rutina normal, huyendo a la deriva. Sus amigos dirán que “no estaba bien”. ¿Estaría medicado? ¿Qué medicamento tomó, si es que lo hizo?

De pronto apoyó un pie en una chapa que cedió, que se aflojó como una trampa de fatalidad que ya lo estaba esperando, y allí se terminó su carrera, se acabarían sus días en esta tierra. Cayó desde más de cinco metros de altura, en el taller mecánico Rivadavia. Antes de estrellarse, boca abajo, rozó un Fiat 147 en reparaciones.

El propietario del taller, Roque Berardi, esa misma noche habrá creído estar soñando al ver, sobre un charco de sangre, al ganador muchacho dorado de los años sesenta, al vital Nono Pugliese, quien fue internado con traumatismo de cráneo y tórax en el Hospital Fernández, donde finalmente expiró.

La foto que hubiera obtenido el fotógrafo de la revista “Gente” habría sido la imagen de una pareja revolviendo sendos pocillos de café. Ahora, en cambio, se sabe de sobra quién era quién, cuáles eran los vínculos y cuáles las tensiones. No se trataba de una cana al aire.

Quien acompañaba al Nono Pugliese era Dolores Rodríguez Cañedo, 27 años, madre de dos hijos, una mujer independiente y vital con la que el Nono salía desde hacía un año y medio. Estaban por comprar el departamento donde vivirían juntos. El Nono tenía el estudio de filmación cerca del restaurante y, como se dijo, era amigo del dueño, que a su vez conocía a Dolores.

El Nono estaba separado de Claudia Sánchez, quien fuera su pareja durante 28 años, habiendo logrado conformar una sólida pareja muy querida en el ambiente. Tenían un hijo de un poco más de veinte años, y con la hija del anterior matrimonio de Claudia Sánchez era un cuarteto aparentemente inseparable. No hace mucho la ex modelo - que llegó a las exequias vestida de negro, con minifalda y medias negras, y una capa de terciopelo negro, como corresponde a una viuda - había declarado que a Nono le dio el “viejazo”.

Dijo la modelo que últimamente el Nono estaba en crisis, como asustado por la edad, que por eso vestía pantalones vaqueros.

“Cuando él estuvo en Miami con nuestro hijo Francisco, que es un chico talentoso, director de publicidad, se sintió envidioso de la juventud de nuestro hijo, se le dio por hacerse el jovencito”, dijo la modelo.

En tren de explicar la reacción del Nono: ¿habrá formado parte del “viejazo” el hecho de trepar por los techos, como si la cintura y los reflejos hubieran sido propios de un jovencito?

No lo sabremos nunca. Como fuese, en los años sesenta, tiempos en que Nacha Guevara era más bien fea, cuando estaban de moda Chunchuna ly Karim Pistarini, la pareja Claudia Sánchez-Nono Pugliese se había hecho célebre por la publicidad de los cigarrillos L&M, marca de su nivel por esos días.

Claudia y el Nono habían recorrido los mejores escenarios que turísticamente le brindaron cuarenta países. Desde la Torre Eiffel hasta el cambio de guardia del Vaticano fueron los marcos donde era filmada esta pareja, paradigma de la “gente linda”. Y Nono no era un tipo apuesto y nada más. Dirigía las filmaciones, componía la música - últimamente cantaba tangos - y hasta era autor de éxitos como “Tiritando”, cuya estética (el viento y la arena) es la misma de los cortos publicitarios (con el seudónimo de Charlie Tonto).

Y no era todo: en 1983 Nono Pugliese fue vocero de prensa del MID (los desarrollistas), y en 1985, candidato a diputado.

Pero volviendo al impulso de este hombre curtido en cámaras, se dice que en el verano del ‘93, cuando vivía a 15 kilómetros del centro de Punta del Este, Uruguay, con Dolores, cuando evitaba los centros claves donde fotografiaban a ricos y famosos, una noche, mientras cenaba con Dolores, tuvo un altercado con el mismo fotógrafo.

¿Qué pasó allí? ¿No había techos? Parece que esa foto salió publicada. Ahora se baraja como posibilidad que una fotografía con Dolores podría usarse en el juicio -lo cual es improbable- como prueba de infidelidad.

¿Nono Pugliese tenía una fobia con ese fotógrafo en particular? ¿Es posible que tantos contactos con las cámaras hubieran derivado en una fobia? Dicho de otro modo, ¿qué sabemos del estado psíquico del Nono Pugliese de los últimos días? Los amigos coinciden que era un hombre que derrochaba vida. Y algunos, como el dueño del restaurante, que esperaba encontrarlo en la cocina, y a quien le sorprendió el desenlace, aseguró que Nono sufría vértigo.

¿Entonces?

El matrimonio Pugliese estaba tramitando la división de bienes. Y había mucho dinero de por medio. ¿Acaso pensó Nono que la foto perjudicaría su patrimonio? Los bienes gananciales de la pareja -que ahora probablemente heredará Claudia Sánchez- incluían desde la mansión que perteneció a Victoria Ocampo -quizás no menos de dos millones de dólares- hasta campos en la provincia de Buenos Aires y cabañas en Saint-Thomas, en el Caribe.

Fueron tensas las exequias; se pudo ver unos 50 automóviles, casi todos importados, los cuales formaron el cortejo hasta la Chacarita. Dolores lloraba a prudente distancia, en un auto, acompañada de amigas. Después que se hubo retirado Claudia Sánchez, a los diez minutos, ahí sí se abrazó al féretro y rompió en llanto. Las últimas palabras que le había escuchado al difunto fueron “esperame en la esquina”.



De farándula, fotos y ciertos intereses...

La muerte del Nono Pugliese admite dudas no sólo sobre su muerte. También pone en el tapete algunos aspectos de la prensa. Así, si se patetiza el caso, debe haber interesados en asignarle al fotógrafo el rol del malo de la película, y sintetizar una constelación de circunstancias, de las cuales al fin y al cabo conocemos unas pocas, y superficialmente, con un esquema al estilo de si no te dejas fotografiar te arranco la vida.

Este aspecto se puede destacar hasta niveles coercitivos, paralizantes, manipulables por quienes están interesados que el periodismo no explore, no indague, no se entrometa en la vida de los ricos y famosos. Al respecto, nunca como hoy la política se mesturó tanto con la farándula. Es más, se entrelazan, se confunden. Si Ramón Ortega pudo ser gobernador de Tucumán y Carlos Alberto Reutemann gobernador de Santa Fe en Argentina, se abren las compuertas para que un día Claudia Bello protagonice un teleteatro o para que Alberto Pierri dirija una película. Después de todo, Pino Solanas, ahora político, empezó como cineasta, y Rico también, si se quiere, fue catapultado a la popularidad por televisión, al aparecer como el indómito protagonista de "una de guerra", metralleta al hombro y la Constitución Nacional fuera del libreto.

Así las cosas, quienes estudian en la universidad la carrera de Ciencias Políticas, aunque se quemen las pestañas tienen menos perspectivas de actuar en política que los que estudian canto o arte dramático. Puesto bajo la lupa este entretejido, la conclusión sería la que sigue: de la misma manera que un fotógrafo lo "persiguió" al Nono Pugliese -que para ilustrar lo que se venía diciendo, fue candidato a diputado- no de otro modo cualquier arriesgado cazador de imágenes podría "matar", por ejemplo, a Manzano. Y desde luego, debe haber políticos, de los que asumieron con una mano atrás y otra delante y que en tiempo récord lograron amasar fortunas como para codearse en Las Leñas, en Punta del Este o en donde sea, con otros ricos y famosos. Esta especie, en tiempos en que todo se politiza, será la primera en adherir a la idea de que al Nono Pugliese "lo asesinó un fotógrafo".

Por lo demás, durante algún tiempo se podrá rumiar cómo el Nono, que le pedía a Daniel Scioli que por favor no corriera, y que sufría vértigo, ganó los techos. Nos abstenemos de interpretar su acto. Lo haría mejor, quizá, Dolores Rodríguez Cañedo, que es psicóloga. Como quiera que fuese, el Nono Pugliese se llevó a la tumba el secreto de su determinación y de esa intimidad que ninguna imagen y ninguna fotografía sería capaz de develar.

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Relaciones peligrosas

¿Por qué al sobrino del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria no lo dejaron entrar y tampoco radicarse en Argentina, si en su país, Colombia, no está perseguido penalmente? ¿Acaso el Cartel contrario, el de Cali, movió sus influencias en esa región, donde tiene más peso?

El sobrino del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, Nicanor Escobar Urquijo, pretendió radicarse o asilarse en Chile, luego de tener la certeza de que su vida y la de su familia ya no valían un céntimo en su país. Desde luego que él no reconoce que su tío sea el pope del cartel de Medellín, sino que asegura que una conjura del estado colombiano se puso en marcha para perseguirlo políticamente.

No es extraño que haya elegido a la República de Chile para asilarse, y aislarse. Hoy por hoy es la democracia en la que mayor presencia en el poder tienen los militares. Dijo públicamente que el general Augusto Pinochet Ugarte es tan buena persona como su tío, y que sus situaciones personales son comparables porque ambos son repudiados por la opinión pública internacional pero amados por su pueblo.

La relación del narcotráfico con algunos regímenes militares latinoamericanos no es nueva. Basta recordar a los bolivianos Arce Gómez y García Meza, en su momento admirados por los militares de la última dictadura argentina; al panameño Noriega y otros tantos casos.

Más allá de los negocios que algunos jerarcas de uniforme hayan podido realizar, los narcotraficantes y algunos sectores militares de la región se ayudaron mutuamente. Así pudieron desarrollar sus actividades ilícitas casi con absoluta libertad a cambio de ayudar a la persecución y delación ideológica de algunos componentes de la sociedad; también los narcotraficantes disponen siempre de dinero fresco como para ayudar, mediante préstamos triangulados de dinero, a la compra de armas cuando se cierran las puertas de los mercados internacionales legales. Y todos los militares latinoamericanos de la década del 70 tuvieron como denominador común el lanzarse a una carrera armamentista para vanagloria de su ego uniformado y atemorizar a connacionales y vecinos con ostentaciones y alardes de fuerza.

La década del 80 marcó el inicio de la etapa democrática que vivió la subregión sudamericana, luego extendida a Centroamérica, aunque allí de momento la situación fue más endeble. Y como todo "negocio" internacional que se precie, los narcos encontraron maneras de insertarse en el poder de las democracias.

En Argentina, para no ir demasiado lejos, la Justicia consideró que Mario Caserta, Ramón Puentes y Mario Anello fueron cabezas de una asociación ilícita destinada al lavado del dinero proveniente de la comercialización de estupefacientes ilegales. En esa misma organización, pero con diferentes grados de participación, han tenido actuación Amira Yoma e Ibrahim Al Ibrahim, ciudadano sirio ex militar de inteligencia de su país venido a menos. No hace falta aclarar la inserción en el poder de algunos de estos personajes.

Pero esa inserción no es un hecho aislado, sino que se trata de la estrategia perfectamente organizada de una asociación formada para comerciar con drogas ilícitas. Eso quedó absolutamente claro cuando en mayo del año 1992 Ramón Puentes fue sometido a juicio en una corte federal de la ciudad de Miami, en los Estados Unidos de América. Durante casi dos semanas se escucharon los testimonios de narcos arrepentidos, policías de Estados Unidos y España, y de otras personas que, sin tener conocimiento directo de las actividades de la organización, pudieron dar cuenta de actos conducentes todos a un mismo fin. Se trata de una organización internacional con fines oscuros, armada especialmente para ello.

Uno de los datos advertidos en esas audiencias, y que a muchos llamó poderosamente la atención, es que la mayoría de los integrantes de esa banda, como Puentes y Anello (cuya verdadera identidad es Noel Méndez) sean cubanos exiliados a Miami por chocar ideológicamente con el régimen de Fidel Castro; y que una vez llegados a los Estados Unidos se hayan dedicado al narcotráfico y volcado parte de sus exorbitantes ganancias en financiar actividades de grupos que desde la península de la Florida pretenden el derrocamiento del líder caribeño.

Todos los caminos se cierran. Y ese matiz ideológico fue fundamental a la hora de que los militares latinoamericanos, y luego algunas democracias, decidieran a cambio de dinero y otros beneficios hacer la vista gorda respecto de sus actividades. "Drogas sí, ¡pero comunistas no!", parece haber sido una de las consignas.

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Dos súper bandas

En el negocio internacional de la droga existieron dos grandes grupos que manejaban el comercio mundial en los años 90. Por un lado la mafia del Medio Oriente, que extiende sus tentáculos hasta Europa vía el mar Mediterráneo; y la de la parte norte de América del Sur, por su cercanía con el canal de Panamá. Solo que en esta parte del mundo aún hay una encendida y cruel lucha sobre qué subgrupos se quedan con ese territorio.


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