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LOS CINCO DONES PARA EL LIDERAZGO

Manifestando la Plenitud de Cristo en Su Iglesia.

José Reina



Copyright © 2017 José Reina

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Córdoba, Argentina

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CATEGORÍA: Ministerio Cristiano

ISBN-10: 1-64081-032-3

ISBN-13: 978-1-64081-032-7

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Tabla de Contenido

Libros de Regalo

Prólogo

Introducción

1. Desarrollando el Llamado de Dios

2. La Trinidad Operando en la Iglesia

3. La Plenitud de Cristo

4. Los Cinco Dones de Liderazgo.

5. El Apóstol

6. El Profeta

7. El Evangelista

8. El Pastor

9. El Maestro

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Libros de Regalo



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Prólogo

Por muchos años en la historia de la iglesia la teología ha marcado el rumbo hacia “una teología de la incredulidad”. Sí. Reconozco que parece un tanto contradictorio el concepto. Recuerdo que cuando estaba en el seminario un buen día logre darme cuenta que de tanto estudiar materias, la Biblia se había convertido simplemente en uno más de los tantos libros que tenía que consultar para terminar las tareas.

Dios fue bueno al llevarme a comprender que mi estudio me llenaba de mucha información mental, pero había descuidado el guardar la fe como la de un niño. Me refiero a esa fe sencilla pero que cree y espera milagros; y sí, también la que puede mover montañas. Decidí luego de terminado el seminario y las materias del curso final volver a leer la Biblia como al principio. - de rodillas y con un intenso deseo de escuchar nuevamente la voz del Padre hablando a mi corazón.

Creo que lo que me pasó personalmente, es lo que sucede en la iglesia donde podemos estar asistiendo y sirviendo cualquiera de nosotros. Estamos tan acostumbrados a la rutina que oramos pero en el fondo de nuestro corazón “no creemos” que nada vaya a pasar. Es triste pensar que la iglesia haya hecho de la Biblia “el libro de historias para contar los domingos” - simplemente eso.

En estos días asistimos con preocupación a cierta clase de enseñanza que insiste en negar lo sobrenatural, como si Dios estuviera retirado. Si sacamos lo sobrenatural es porque no creemos que el Espíritu Santo está presente. Si esto fuese así mejor sería cerrar la iglesia. Nada tiene sentido si el Espíritu Santo no es el mismo, si Jesucristo no es el mismo, si el Padre no es el mismo, si la Biblia no es vigente hoy, si Sus palabras no son espíritu y vida, si cada ministerio no arde en el fuego del Espíritu Santo.

Esta tendencia es la que también niega los dones que Cristo ha otorgado a la iglesia: los dones ministeriales a través de los cuales la plenitud de Cristo se manifiesta a la iglesia, también llamados los dones gubernamentales de la iglesia.

En este libro les denomino los cinco dones para el liderazgo. Porque claramente cada uno de estos ministerios es llevado a cabo por un líder dentro del cuerpo de Cristo. Es vital su comprensión. De ello depende que la iglesia se mueva en una nueva ola de poder manifestando Su gloria.

Gracias al Señor, a través de los siglos, estas enseñanzas teológicas “contrapuestas” no han podido evitar que la iglesia continué operando en el poder del Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos. Hoy, los que hemos creído, continuamos experimentado la gloria de Dios en la iglesia. Experimentando la realidad que nos describe el apóstol San Pablo:

Toda la plenitud de la divinidad habita en forma corporal en Cristo; 10 y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud.” Colosenses 2: 9, 10.

Siempre me ha llamado la atención semejante misterio. Lo cual no evita que sea una verdadera realidad. Su plenitud habita en nosotros, habita en la iglesia como cuerpo y Él ha querido, además, manifestar esa plenitud en los ministerios que otorga a Su pueblo. ¡Gracias Señor por tu don inefable!

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Introducción

Los dones ministeriales son la provisión de Cristo para Su iglesia.

En cada aspecto de Su plan divino Dios siempre nos sorprende con la generosidad de Su gracia. Tal es el caso con los cinco dones del ministerio que nos ocupa y que se desarrollan en el capítulo 4 de Efesios.

Todo el contexto está relacionado con el verso 11, que viene a ser el texto central de esta enseñanza. A pesar de que muchos enseñan que algunos de estos cinco dones han terminado su vigencia en el siglo I, esta no parece ser la realidad que nos muestra el contenido del Nuevo Testamento.

Lo cierto es que no tiene mucho sentido aducir que ministerios como el de evangelista, pastor y maestro, si están vigentes. ¿Por qué no los de apóstoles y maestros? No es bueno hacer retazos válidos y otros inválidos de la verdad de este capítulo que se nos presenta como una tela nueva y de una sola pieza.

Simplemente afirmamos que no hay respaldo bíblico para la enseñanza de que el ministerio de apóstoles y profetas cesara de alguna manera al concluir el primer siglo de la iglesia. Hoy más que nunca es necesario volver a recuperar la vigencia de todos los ministerios novo-testamentarios. Si la iglesia ha de ser viva y poderosa en señales y maravillas esta renovación ministerial es urgente.

El modelo de la iglesia de los Hechos de los Apóstoles sigue vigente. Pablo lo entendió y así lo enseñó. Hoy la iglesia tiene el deber de avanzar con firmeza declarando a cada paso que: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos.” Hebreos 13:8.

Claro que no me refiero aquí a cometer el error de encumbrar a un ministerio sobre otro. O a sumarnos a algunas “modas ministeriales”. Todo ministerio es importante en el cuerpo de Cristo donde la única cabeza es Cristo. Atendiendo a esto leemos:

Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres».” Efesios 4: 7, 8.

El mismo Señor Jesucristo es quien dio los dones del ministerio. ¿Cuándo los dio? El relato nos recuerda que, luego de morir por nuestros pecados en la cruz, nuestro Señor ascendió a lo Alto para sentarse a la diestra del Padre (Hechos 1:9-11). El relato de Pablo es verdaderamente impactante:

Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo, sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia. Esta, que es su cuerpo, es la plenitud de aquel que lo llena todo por completo.” Efesios 1:19b-23.

Allí en medio de toda Su plenitud y Su gloria otorgó dones ministeriales- dones de liderazgo a Su iglesia. El otorgó, como una extensión de Su plenitud misma, los dones a Su cuerpo. Así que estos dones del ministerio vienen directamente de la mano del Cristo exaltado y con plena autoridad.

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros.” Efesios 4:11

Por supuesto que nos plantearemos: ¿para que dio los dones del ministerio? Enseguida Pablo nos responde con su habitual claridad:

“…a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.” Efesios 4:12, 13.

Como podemos apreciar, esto describe una tarea de ajuste y preparación completa que significa un proceso que conduce a la consumación. Es decir, la capacitación de cada miembro. Si uno de los propósitos por los cuales los dones del ministerio fueron dados es para capacitar al pueblo de Dios, ¿podrán ellos alcanzar la madurez sin esos dones? Sin duda que no. Observemos la meta que quiere alcanzar esta capacitación a través de los dones ministeriales:

a) Para la obra de servicio;

b) Para edificar el cuerpo de Cristo. El proceso continúa gradualmente en este orden;

c) Todos llegaremos a la unidad de la fe;

d) Todos llegaremos... al conocimiento del Hijo de Dios.

Ahora viene el resultado final de este proceso llevado a cabo por los cinco ministerios. ¿Cuál es? Una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Dios quiere lograr una comunidad de cristianos plenamente identificados con su Maestro y Señor. Esto sin duda es el mejor impacto que una sociedad incrédula puede tener.

También nos preguntaremos muy a propósito: ¿Hasta cuándo otorgó Jesucristo los dones del ministerio? Tomemos nota de la frase: “De este modo, todos llegaremos a...” Estos dones del ministerio son la provisión propia de Cristo para el continuo crecimiento de Su Iglesia hasta que Él venga.

Notemos aquí que las Escrituras recalcan el futuro “todos nosotros llegaremos” como una meta que está en continuo desarrollo a través del ejercicio de los dones del ministerio. Aún hasta el último día de la era de la iglesia en la tierra. Cuando Jesús venga, algunos bebes espirituales acabarán de nacer en la familia de Dios. Ellos estarán recién iniciados en el proceso de madurez pero no lo habrán alcanzado todavía. Los cinco dones de liderazgo (ministeriales) son el programa de Dios para la madurez de los santos hasta que Cristo venga.

Este proceso de capacitación educativa continua llevado a cabo por los cinco ministerios fundamentales de la iglesia, según el llamado propio de cada uno, nos lleva a la última pregunta:

¿Cuál es el ideal supremo en todo ministerio?

La respuesta está relacionada con la conclusión de este capítulo.

Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro.” Efesios 4: 14-16.

Brevemente enumeremos algunos puntos esenciales que nos ayudarán a responder correctamente:

1- La Iglesia necesita estar en un constante crecimiento espiritual ejerciendo plenamente los dones para llegar a su destinada capacitación en Cristo.

2- Los niños espirituales se trastornan y se dejan conducir fácilmente por enseñanzas falsas.

3- Los cinco dones del ministerio que Cristo puso en la Iglesia nos ayudan a crecer siguiendo el modelo de Cristo.

4- Es imposible alcanzar esta capacitación si en la iglesia no están los dones del ministerio trabajando activamente.

5- También es cierto que en algunas áreas de la cristiandad no se ha madurado completamente porque sólo han reconocido dos o tres dones del ministerio: evangelistas, pastores y algunas veces maestros, lo cual es un despropósito que debilita al cuerpo. De esto es precisamente de lo que se tratará con mayor profundidad en las siguientes páginas.

Por último el ideal supremo de todo ministerio es funcionar obedeciendo el programa de Cristo para Su iglesia. No es el glorificar ni ensalzar a hombre alguno. Sólo se busca que Cristo sea formado en cada miembro. Y esto nunca será posible sin el pleno funcionamiento de los dones ministeriales al completo. De esta manera nada impedirá que el mismo Señor Jesucristo se manifieste en toda la plenitud de Su gloria en medio de la iglesia. Veremos así Su imagen en cada hermano y en cada iglesia como la familia de Dios.

Elevo mi oración para que, al recorrer estas páginas, cada lector y estudiante de las Escrituras encuentre mayor luz y revelación ante este tema tan crucial para la iglesia contemporánea.

José Reina

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1. Desarrollando el Llamado de Dios



Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.” Ef. 4:1-3

Un tema apasionante como este merece mucha atención. Especialmente porque la vida de una persona es transformada por el llamado, y nunca volverá a ser la misma. Su sentido de misión prevalecerá aun en medio de una sociedad atea y secular. Es un tema profundo; al punto que tendremos que desglosar el concepto de “el llamado”, a “los llamados de Dios”, pues abarca por lo menos tres características propias del mismo llamado.

De esta manera comenzaremos diciendo que el primer llamado de Dios para nosotros es que seamos Sus hijos. Este gran privilegio, una vez aceptado, es el que cambia toda nuestra manera de ver la vida y el propósito por el cual vivimos. (Juan 1:12).

De aquí se desprende como consecuencia el segundo llamado. Es decir, vivir una vida de nivel humano y espiritual de tal calidad que el apóstol la define de esta manera: vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido” (v.1).

El tercer llamado lo tenemos en el verso 3. La importancia de la unidad en el cuerpo de Cristo. Lo desarrollaremos junto con el cuarto llamado, pues están íntimamente relacionados. Todos estos llamados gradualmente nos llevan a ver que son piezas fundamentales en el carácter cristiano - un estilo nuevo de vida que toma su forma final en el cuarto llamado: servir a Dios en el ministerio.

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros...” Efesios 4:11.

Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor”. 1 Corintios 12:28.

Cuando hablamos de ministerio, la palabra en el griego “diakonia” significa aquí, servicio. El que sirve al Señor, según el ministerio al que ha sido llamado.

Es muy importante notar aquí que el ministerio son personas que Dios llama. No son instituciones, ni iglesias, asociaciones, etc. organizadas por el hombre. En todo caso estas pueden cumplir la función de medios para desarrollar el ministerio al que una persona ha sido llamada.

En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, los que hacen milagros; después, los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas.” 1 Corintios 12:28.

De manera que los ministerios son personas, y por lo tanto, no son llamados o puestos por los hombres. Tal es el modelo bíblico, tanto en Tel Antiguo como en el Nuevo testamento. Si este patrón fuese más respetado en la actualidad se cometerían menos errores eclesiales, tales como el surgimiento de falsos profetas o ministerios que solo quieren lucrar con la necesidad del pueblo de Dios.

Por ello es de vital importancia reflexionar seriamente. De manera que los futuros ministros del evangelio sepan discernir si realmente son llamados. Equivocarse en esto puede ser un daño tremendo para la persona - y mucho más todavía para la iglesia.

Por ejemplo, es bueno que consideremos que no se entra al ministerio simplemente porque: la persona “siente” el llamado y quiere responder a ese llamado. No podemos, ni debemos pretender convertirnos en un don de ministerio a nosotros mismos.

También podría creerse suficiente que otros le digan al candidato que está “capacitado”. ¿Por qué esto no es suficiente? Sencillamente porque el llamado no es de los hombres. Nace en el corazón de Dios para sus escogidos. Él es el único que puede llamar, capacitar y enviar.

Eso nos lleva hacia una pregunta bien objetiva. ¿Cómo se reconoce entonces el llamado divino? En primer lugar, hay una convicción en el espíritu de la persona, un testimonio profundo en su propio corazón. Todo esto nace de una motivación creada por la entrega y consagración a buscar el rostro de Dios con santa desesperación - un hambre santa e insaciable. El salmista lo expresa de esta manera:

Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?” Salmo 42:1,2.

En segundo lugar, Dios trata con el espíritu humano del hombre. Es allí donde se siente la santa convicción de Su presencia y de Su llamado. Debemos escuchar la voz del Espíritu Santo en nosotros - el impulso interior que nos lleva a agradar al Padre. El Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu. Se desarrolla esa comunión propia de seres espirituales. Dios es Espíritu. Nosotros tenemos espíritu. Así lo espiritual con lo espiritual trabaja conjuntamente, nos enseña San Pablo. El origen del llamado es el corazón de Dios por lo tanto, desde el llamado hasta la misión, se hace en un ambiente sobrenatural. Por eso es que en las cosas del reino de Dios los métodos humanos no son importantes.

Te preguntarás, quien lee estas líneas: “Entonces, ¿qué es lo verdaderamente importante? La respuesta es clara en todo el mensaje apostólico: “La obediencia a Dios es lo importante”. Y esto es lo que no debemos olvidar si queremos progresar en el camino de un servicio verdaderamente efectivo.

Por otra parte, es cierto que a veces Dios llama a determinados hombres de manera extraordinaria pero aprenda esto, precisamente por ello, esto no es la regla, sino la excepción.

Claro que Dios habla y se manifiesta de diferentes maneras también en este tiempo. A veces las personas tienen visiones, en otros casos sueños. Pero la enseñanza bíblica nos muestras que dichas manifestaciones no son la regla para el llamado. La seguridad o el testimonio interior sí lo son. Dios es un Padre personal. Él habla a nuestro corazón y nos da un testimonio cierto a través del Espíritu Santo que mora en nosotros.

En otros casos hay buenas profecías. Sin embargo, los dones del ministerio no son puestos por profecías, sino que en todo caso ellas son el medio por el cual Dios confirma lo que ya nos ha hablado.

En la iglesia de Antioquía eran profetas y maestros Bernabé; Simeón, apodado el Negro; Lucio de Cirene; Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca; y Saulo. Mientras ayunaban y participaban en el culto al Señor, el Espíritu Santo dijo: «Apártenme ahora a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado».” Hechos 13:1,2.

Como vemos, Bernabé y Saulo ya habían recibido el llamado, y el Espíritu habló proféticamente sobre ellos, confirmando ese llamado. Si recibes palabra profética, si no es de confirmación, mejor ¡olvídalo!

Otro aspecto para tener en cuenta y que puede confundirnos. El hecho de que haya una necesidad, no significa que sea un llamado al ministerio. Eso no constituye necesariamente un ministerio. El llamado es de Dios, no es por necesidades.



¿Qué es lo que Evidencia a un Verdadero Llamado?

Cuando miramos el vasto ámbito del ministerio cristiano encontramos diferentes capacidades trabajando en el cuerpo de Cristo. Muchos son buenos oradores, y también, servidores eficientes. Todos ellos están capacitados de diferentes formas. Aun así, esto no quiere decir que han sido llamados al ministerio. Son personas que pueden servir en las diferentes áreas a Dios en la iglesia, pero esto no constituye un llamado de Dios al ministerio.

Por ello es tan importante que aprendamos a escuchar la voz del Espíritu Santo a través de nuestro propio espíritu. Debemos clamar a Dios por esta necesidad de ser sensibles a Su voz. Era la experiencia del salmista cuando decía: En lo íntimo me has hecho entender sabiduría”. Dios se revela en lo íntimo y profundo de nuestro espíritu.

No olvidemos que el mundo espiritual es más real que el mundo natural. Nuestro espíritu está más consciente de la voz de Dios que nuestras facultades mentales. Éstas tienen que ver con nuestros cinco sentidos. Más allá de eso, debemos repetirnos constantemente: “Yo no me muevo por lo que siento”; “Yo no me muevo por lo que veo”; “Yo no me muevo por lo que escucho”; “¡Me muevo por lo que sé en mi espíritu!”.

Ahora, será bueno analizar también los versos 2 y 3, en este orden, del texto principal estudiado en este capítulo.

Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor.” Efesios 4:2.

Antes que nada debemos tener claro que todo principio de un ministerio, es el establecimiento de relaciones sanas en el cuerpo de Cristo. Este verso refleja claramente el espíritu de Cristo como nuestro Señor y maestro. Él les dijo a sus discípulos:

Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.” Mateo 11:29.

Es en este ambiente, donde un espíritu de mansedumbre y humildad refleja el Espíritu de Cristo, lo que será un claro testimonio para los que llegan de afuera.

Por ello, es que no hay lugar para rebeldes o independientes en el ministerio, sino que estas personas tienen que estar sujetas a autoridades espirituales y sobre todo a la iglesia, que en su conjunto es el mismo cuerpo de Cristo.

Ahora continuamos con el verso siguiente en este contexto:

Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.” Efesios 4:3.

Recordemos lo que dijimos más arriba, este es el tercer llamado de Dios a todo creyente y ministerio. Trabajar para la unidad del cuerpo de Cristo. Aquí debemos morir a nuestros propios deseos. Lo importantes es esforzarnos para ... mantener la unidad del Espíritu...”. Esto hace a la iglesia invencible. Por ello es tan importante la motivación correcta. Como alguien dijo: “El propósito de todo ministerio es de edificar y traer sanidad a la iglesia. El ministerio no establece su propio reino a expensas de los demás”.



2. La Trinidad Operando en la Iglesia



Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos.” Efesios 4:4-6.

Es algo realmente impactante poder visualizar en el espíritu esta revelación acerca de la gloria de Dios revelada a la iglesia, y por medio de la iglesia. La presencia de Dios en Su plenitud es atesorada en la iglesia como el cuerpo de Cristo.

No creo que seamos capaces de entender plenamente un misterio tan profundo. Pero a Dios en Su gran amor le place bendecirnos con lo mejor de Él. La iglesia es la encargada de saber rendirse al Espíritu Santo para que éste derrame dones ministeriales. Y así, impactar el mundo.

Lo primero que notamos es el énfasis acerca de la iglesia como un solo cuerpo”. Además, si recordamos que el término “eklesia” en el griego significa “apartados”, nos aclara que la iglesia está compuesta por aquellos que han sido apartados para el Señor.

Así que no puede haber más de un cuerpo, solo hay uno, el conformado por los lavados por la sangre de Cristo. En este cuerpo, todos somos miembros los unos de los otros.

Enseguida entra en escena la presencia del Espíritu Santo. Jesús manifestó claramente antes de Su partida que sería Él quien acompañaría a los discípulos para no dejarlos solos y para enseñarles, recordarles Sus enseñanzas y también guiarles (Juan 16:12-15).

Es por eso que este resulta ser un pasaje esencial para el fundamento de la fe cristiana. Es Pablo, inspirado por el mismo Espíritu Santo, él que está sentando la que sería la teología definitiva para la iglesia hasta nuestros días.

Por eso otra vez el énfasis: un solo Espíritu”. En una época de tanta actividad demoníaca debe quedar claro que no se trata de “espíritus”, los cuales son innumerables, sino de uno solo, el Espíritu de Dios. Se trata del Espíritu Santo quien es Dios mismo, derramando Sus Dones sobre el cuerpo. Y para que no haya dudas Pablo lo deja bien claro con estas palabras:

Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu.” 1 Corintios 12:5.

La fuente de los diversos dones es el mismo Dios Padre, de allí procede el Espíritu Santo que los derrama y concede. Aunque nos enfocaremos en estas páginas en los cinco dones ministeriales de Efesios 4:11 y en su contexto, no debemos olvidar que hay una lista extensa de otros dones para el crecimiento del cuerpo de Cristo. Los cuales son herramientas indispensables para el discipulado.

Su diferencia con los que tratamos aquí es que no son dones de liderazgo, sino sólo de servicio. Mencionamos también las otras dos listas de funciones presentadas por Pablo en Romanos 12 y 1 Corintios 12. Sin embargo, en estos dos pasajes, Pablo no está identificando dones ministeriales, sino otros servicios esenciales para la vida general de la iglesia. Estos son factores que pueden suceder en los que son establecidos como “dones ministeriales”, pero que también pueden ocurrir en todo el resto del cuerpo de Cristo. De manera que cualquier laico en condiciones puede ejercitarlos. Pero eso no quiere decir que forme parte de alguno de los cinco dones ministeriales. Tampoco que deba ser un ministro ordenado para ser usado por Dios en algunos de esos dones. Esta es la maravillosa libertad en Cristo que cada miembro en la iglesia puede fluir en el ejercicio de los dones espirituales si el Señor los necesita.

Aunque no desarrollaremos este tema es bueno dejar aclarado que hay una clara diferenciación entre ejercer un don y tener un llamado ministerial. Ocasionalmente cualquier miembro que está lleno del Espíritu Santo puede moverse en estos dones.

Hecha esta salvedad volvemos al Apóstol Juan que habla de la realidad de la obra del Espíritu Santo, escribiendo las palabras que había escuchado de la boca del mismo Señor Jesucristo.

Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar. Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. Tenemos que considerar que los dones espirituales son herramientas que Él nos da para que disfrutemos de esa “esperanza” producida por esa “vocación” a la que hemos sido llamados de una forma plena.” Juan 16:12-15.

Aquí podemos ver al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en un trabajo realmente maravilloso. No podemos saber en qué momento deja de ser uno para convertirse en el otro. Claro que este es el misterio de la trinidad.

Demasiado profundo para sugerir hipótesis alguna tratando de entenderlo científicamente. Ello escapa al entendimiento finito y humano. (Ver 1 Timoteo 3:16). Si continuamos por el camino de la fe veremos la trinidad siempre trabajando junta, ya desde el capítulo uno de Génesis (Génesis 1:26). ¿Es extraño, entonces, que siga trabajando de la misma manera hasta nuestros días? Seguramente que no. Sólo que en esta etapa de la gracia en que vivimos el rol más llamativo es ahora el ministerio del Espíritu Santo - de allí los dones, milagros, maravillas y señales con las cuales el Señor sigue respaldando a Su iglesia cuando se mueve de acuerdo a Su programa divino.

Los dones son herramientas poderosas que nos ayudan a madurar espiritualmente. Nos capacitan para un mejor servicio. Nos dan mayor discernimiento para situaciones en las que de otra manera seríamos fácilmente confundidos por el enemigo de nuestras almas. Son armas espirituales para una obra espiritual. Si observamos con atención veremos que la iglesia del primer siglo se movía haciendo una costumbre diaria ejercer los dones espirituales. Aunque hay muchas referencias en el Nuevo Testamento, solo con una leída de corrido al libro de los Hechos de los Apóstoles nos meterán de lleno en esa atmósfera espiritual y casi podremos respirar Su presencia. Ha causa de que el Espíritu Santo no es correctamente bienvenido en algunas iglesias se desconoce totalmente esa atmósfera de poder que debiera ser normal para la iglesia de nuestros días y no una excepción.

Si vemos con atención, podemos notar que el verso 5, recalca la realidad de que en medio de la iglesia hay un solo Señor”. Y me imagino, en mi espíritu, la Persona gloriosa del Señor Jesucristo, paseándose en medio de la congregación, reinando en cada corazón “como Señor”. Otra vez Pablo nos aclara el concepto:

Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor.” 1 Corintios 12:5.

No importa cuán grande sea la iglesia, la diversidad y maneras de servir, Él es el Señor – sea en medio de una multitud de ministros o en una humilde congregación. La manera de servir no es tan importante, sino a Quién servimos - si realmente lo honramos como Señor. Si es así, querremos imitar Sus modales y seguir Su ejemplo (San Juan capítulo 13). Rey. Dueño. Amo. Jefe. Todo esto y más, significa la palabra Señor. ¿Querrás entrar al ministerio para servirle como Señor de tu vida? Pablo definió así el Señorío de Cristo sobre su vida:

He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” Gálatas 2:20.

Por otra parte, cuando una iglesia tiene un enfoque Cristo céntrico, su ministerio dará como resultado hombres y mujeres de una fe en constante crecimiento. Por eso, notemos que ahora Pablo nos habla de “una sola fe”. No debe haber confusión.

El Señor, mediante los ministerios, establece a los cristianos en una experiencia de fe, es decir, una vida de confianza en el Señor. Esto y no otra cosa, es una vida de fe. La fe agrada a Dios. Y esto no es tan místico como parece. Simplemente cuando los dones son enseñados y activados en la iglesia, entonces los miembros se fortalecen y comienzan a hacer la obra de Dios con la unción del Espíritu Santo. A menos que descubramos este poder (Hechos 1:8), esta unción, este fuego de parte de Dios - que es la plenitud de Su Espíritu en nosotros - nuestro cristianismo será sin fruto, también sin expectativa.

Se necesita esta clase de fe para compartir el evangelio con tu compañero de trabajo. Se necesita fe para orar por tu vecino enfermo. Se necesita fe, para no dejar de congregarnos y vencer la apatía, o la vida cómoda de nuestros días. Una clara comprensión de los dones del Espíritu hará una iglesia con miembros fuertes y fervorosos en el espíritu para servir al Señor. Cristo debe convertirse en alguien real, no simplemente el Cristo histórico. Necesitamos al Cristo vivo y vencedor.

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.” Hebreos 11:6.

Es importante también recordar, nos dice Pablo, que hay un solo bautismo”. La diversidad de ministerios que el Señor ha concedido a la iglesia, también, nos hacen conscientes de los beneficios, privilegios, y responsabilidades que nuestra “redención” nos otorga. Y sin duda alguna, ¡el bautismo es un testimonio de esto!

En esta magistral enseñanza de San Pablo, nos toca detenernos en otro énfasis: un solo Dios”. Aquí también ampliaremos esta verdad con palabras del apóstol:

Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.” 1 Corintios 12:6.

Que maravillosa es esta obra trinitaria que hemos venido desarrollando hasta aquí. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajando de una manera mancomunada para edificar la iglesia que Jesús ganó con Su sangre. Vamos a concluir este apartado con la obra de Dios.

Podemos ver cómo Dios Padre tiene Su función clara en la iglesia. Él es el Arquitecto de la redención. Él quiso redimirnos desde el primer día de la caída en el Edén, y envió a Jesucristo como ejecutor de ese plan. Pero, ahora Dios también opera y lleva a cabo Sus planes en las vidas de los creyentes como Sus hijos. Él está sobre todos, y por todos, y en todos. Una magnífica conclusión, propia del estilo paulino, para demostrarnos que en lo relacionado con la obra redentora en nosotros, Su trabajo es perfecto y detallista.

A Dios no se le escapa ningún detalle ni situación en nuestra vida, de manera que podemos estar seguros que el que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta el fin.” ¡Cuánta gratitud debe haber, entonces, en nuestros corazones! Él ya nos conocía de antemano, sin embargo nos escogió para ser Sus hijos y nos permite servirle para que el evangelio se extienda. Hay muchas cosas que no entiendo. Pero estoy seguro de una. Él nos ama y no se equivoca nunca. ¡Gloria a Su Nombre!



3. La Plenitud de Cristo



Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres». (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra? El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo).” Ef. 4:7-10.

El versículo 7 afirma que a cada uno de nosotros, se nos ha dado gracia.

La gracia, cuyo término significa “favor inmerecido”, destaca el gran amor y misericordia de Dios hacia su pueblo. La gracia no es otra cosa que la misma persona de Jesucristo, dado en medida a cada creyente. De esta manera Su plenitud se manifiesta de una manera sobrenatural en el cuerpo de Cristo, que es la iglesia.

Como podemos ver en el contexto de este maravilloso pasaje, “Su plenitud manifiesta” en la iglesia es a través de ministerios de autoridad y gobierno, como lo son por ejemplo, apóstoles, profetas, evangelistas y maestros (ver v.11).

Cada miembro recibe de Su plenitud. Los dones son la plenitud manifiesta del Espíritu Santo; las operaciones de Dios son la plenitud manifiesta del Padre. El término gracia tiene un segundo significado que es “poder capacitador”. Es por la gracia que el hombre de Dios es capacitado sobrenaturalmente. Ella es la fuente de poder para una iglesia victoriosa.

Siempre llama la atención cómo la iglesia primitiva en los Hechos de los Apóstoles, era poderosa y eficaz en su ministerio. Conversiones, prodigios y señales nos dejan boquiabiertos. ¿Es posible que nuestra iglesia contemporánea tenga el mismo éxito? El relato nos da la respuesta del porqué de la unción y poder con la que ellos se movían:


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