Excerpt for Kambiri- Amores Prohibidos by , available in its entirety at Smashwords

This page may contain adult content. If you are under age 18, or you arrived by accident, please do not read further.



Kambiri



Amores Prohibidos





Louis Alexandre Forestier


Copyright © 2017 por Oscar Luis Rigiroli

Todos los derechos reservados. Ni este libro ni ninguna parte del mismo
pueden ser reproducidos o usados en forma alguna sin el permiso expreso por escrito del editor excepto por el uso de breves citas en una reseña del libro.
Publicado en 2017 en los Estados Unidos de América


  Se trata de una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, lugares, eventos e incidentes son o bien los productos de la imaginación del autor o se utilizan de una manera ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales es pura coincidencia.

Índice



Prólogo

Keisha-Un Romance Swirl

Elenco de personajes

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Epílogo

Valentina

Elenco de personajes

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Epílogo

Nubia- Suspenso Mágicko

Elenco de personajes

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Epílogo

Cristelle

Elenco de personajes

Capítulo 1- Cristelle

Capítulo 2- Interludio pasional

Capítulo 3- La familia

Capítulo 4- Federico

Capítulo 5- Chantal

Capítulo 6- Una tarde en el patio

Capítulo 7- La tribu

Capítulo 8- Noticia inesperada

Capítulo 9- Emanuel

Capítulo 10- El ataque

Capítulo 11- Le pendù (El ahorcado)

Capítulo 12- La Roue de Fortune

Capítulo 13- Cassandra

Epílogo

La Danzarina Tribal

Elenco de Personajes

Glosario

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Epílogo



Del Autor

Sobre el Autor

Obras de L.A.Forestier

Sobre el Editor




Prólogo



Esta antología incluye cuatro nouvelles escritas por Louis Alexandre Forestier es años recientes sobre temas distintos pero con un común denominador: romances entre mujeres afroamericanas y hombres blancos. Son por lo tanto parte del vasto movimiento Swirl. Las historias son las siguientes:


Keisha- Un Romance Swirl

Una hermosa mujer afroamericana conoce en Nueva York a un joven extranjero. Un tórrido romance comienza en un ambiente cuyos valores respecto a la aceptación de parejas interraciales están en transformación. La mujer va experimentando en su vida la liberación de ciertos tabúes y va uniendo los fragmentos sueltos de su vida.

La pareja va construyendo su relación venciendo algunas adversidades procedentes de las circunstancias que les toca vivir.

Una nouvelle de actualidad con sagaces introspecciones de actitudes tan arraigadas como inadvertidas.

Valentina

Esta novela te hará explorar tus fantasías más íntimas e inconfesables, aquellas que tienes clausurados bajo tabúes sociales. Seas hombre o mujer ponerlas a la luz de tu conciencia y de tus deseos tendrá un efecto liberador.

A partir de un noviazgo contemporáneo ingenuo un hombre joven tiene tormentosas relaciones sexuales que involucran episodios eróticos de carácter sadomasoquista. Una muchacha inmigrante afro-colombiana hará lo que haga falta para conquistarlo.

Imposible leer esta novela sin reexaminar tus verdaderas inclinaciones en temas ocultos y profundos.

Nubia

Una red de trata de personas ingresa jóvenes mujeres procedentes de África en Nueva York. Una de ellas escapa y comienza una feroz cacería humana. En la desesperada defensa de su vida la muchacha pone en juego recursos insospechados. La organización de traficantes incluye miembros situados en altas esferas de poder que aprietan el cerco en torno a la joven.

Un vibrante thriller del género noir que te mantendrá en vilo desde su comienzo hasta su dramático final.


Cristelle

Tres inmigrantes negras, una africana y dos haitianas buscan al amor en Buenos Aires, un medio muy distinto al que ellas han conocido. A través de vicisitudes van acercándose a su objetivo con retrocesos y avances. Cristelle es una nouvelle romántica cargada de erotismo, que explora las relaciones amorosas interraciales. Hay dosis de humor y un cierto contenido de episodios paranormales, vinculados con los sistemas de creencias de las muchachas. Una historia agridulce que te encantará.





Keisha



Un Romance Swirl













Elenco de personajes

Keisha Moore: Diseñadora de modas afroamericana nacida en Harlem.

Helen y Ezra Moore: Padres de Keisha.

Alyssa Moore: Hermana menor de Keisha.

Zion Moore: Problemático hermano de Keisha.

Jakob Moore: Hermano de Ezra; ex policía

Adrián Bianchi: Joven argentino, inmigrante ilegal.

Arionna Jackson: Abogada, amiga íntima de Keisha.

Kevin Driscoll: Esposo de Arionna, profesor de historia.

Ivan Stasevich: Joven ruso. Amigo de Alyssa Moore.

Yuri Stasevich: Padre de Ivan.

John Lewis: Pastor de la congregación de Helen y Ezra Moore.

Thomas Williams: Teniente de policía, amigo de Ezra.

Sebastián, Teresa y Federico Bianchi: padres y hermano de Adrián.






Capítulo 1



Al entrar en la que había sido su habitación de niña sintió un nudo en el estómago. Esto le ocurría cada vez que visitaba la casa de sus padres y pasaba a revisar el estado de sus antiguas pertenencias. Todas las muñecas y juguetes de peluche estaban perfectamente alineados sobre su antigua cama como habían estado la última vez que había entrado en el cuarto y como jamás habían estado cuando ella lo ocupaba. Algunos de los posters pegados o clavados en las paredes con sus ídolos musicales de antaño permanecían aun milagrosamente en su sitio, dejando algunos rectángulos más claros en la pared donde habían estado los que se habían caído.

La mujer pasó cariñosamente una mano sobre el lecho perfectamente armado y su memoria evocó mil recuerdos de su infancia y adolescencia. La sobresaltó la voz de su madre que le hablaba desde la planta baja.

-¿Keisha, estás bien?

Luego oyó la voz grave de su padre que regañaba a su mujer.

  • Helen, está en su cuarto, déjala tranquila con sus recuerdos.

Keisha retiró con la punta de sus dedos una lágrima que asomaba en su ojo derecho, compuso la garganta y contestó.

-Ya voy mamá.

Al salir se miró en el largo espejo de su placar, el que estaría seguramente lleno de la ropa que había dejado atrás en su mudanza. Se miró largamente por delante y por detrás con mirada crítica y luego exhaló un gemido que en realidad era de aprobación. Su silueta era un perfecto ejemplo de una mujer negra, con atributos femeninos bien marcados, los que desde la escuela secundaria provocaban comentarios de sus compañeros varones de todas las razas, particularmente de esos italianos. Lo que el espejo le mostró era un busto firme, las caderas generosas, muslos redondos, piernas bien contorneadas y un trasero que siempre había causado envidia de sus compañeras, sobre todo de las blancas. El rostro era sin duda bello y estaba enmarcado por un peinado discreto, lejos de la moda afro o las trenzas y rastas.

-¿Keisha, que es lo que te falta? –suspiró sin saber bien a qué se refería. Cerró la habitación y bajó a hablar con sus padres.

La conversación de sobremesa había girado sobre la vida de Keisha casi exclusivamente. La madre le hacía insistentemente preguntas sobre su vida sentimental sobre la que no tenía mucho que contar lo que preocupaba a Helen, mientras que su padre la interrogaba afectuosamente sobre su vida laboral, tema mucho más satisfactorio para ambos.

Luego de un silencio Helen comenzó a quejarse por el comportamiento de Alyssa, la hija menor de los Moore.

-Ya tiene diecinueve años, y está tonteando con esos muchachos blancos, que ya sabes lo que esperan de ella.- Dijo en tono quejumbroso.

-No debieras quejarte mujer.- Respondió enojado el padre.- Siempre se ha mantenido al margen de las drogas y el alcohol. Sus notas en la escuela son más que aceptables y tendrá la posibilidad de asistir a la universidad. Nunca nos ha traído problemas como su hermano.

Las palabras fueron seguidas por un silencio. Zión, el segundo hijo de los Moore había salido recientemente de prisión y se hallaba cumpliendo un plan de rehabilitación de su adicción a las drogas. Helen emitió un gemido y prorrumpió en llanto.

-Papá, eso ha sido un golpe bajo.- Repuso Keisha.-Sabes que Zión es una herida abierta para mamá.

El hombre, evidentemente arrepentido de sus palabras se levantó de la silla y corrió a abrazar a su esposa. La reacción sirvió a Keisha para revalorizar una vez más los valores del hogar en que se había criado. Se acercó y abrazó a sus padres mientras también ella enjugaba una lágrima. La tierna escena se prolongó aun unos instantes mientras Helen regularizaba su respiración.

-¿Por qué te tomas tan a pecho los amigos de Alyssa?- Preguntó a su madre-¿Crees que son malas compañías?

-No puede saberlo.-dijo el padre.-Jamás los hemos visto ni hemos hablado con ellos.

-Es que de esta forma se sigue destruyendo a la familia negra.- Contestó Helen ya más repuesta.

-Mamá. No es justo responsabilizar a Alyssa del destino de la familia negra en este país. Bastante responsabilidad tiene ella a su edad con tratar de ser feliz.

Antes de que hiciera oscuro Keisha decidió emprender el viaje de regreso a su casa; se despidió de sus padres y salió de la casa dirigiéndose hacia la estación más cercana del metro. Recordó su infancia en esa zona del Harlem, cuando los habitantes vivían recluidos en sus hogares y no se aventuraban a permanecer en las calles al caer las primeras sombras. Al caminar vio un movimiento entre las penumbras en una esquina en la que no había alumbrado público, sin duda una pareja de jóvenes abrazándose efusivamente sin prestar atención al medio que los rodeaba. Keisha tuvo necesariamente que pasar junto a ellos en su camino sin que los muchachos percibieran su presencia. Al mirarlos discretamente su corazón dio un vuelco. A contraluz pudo divisar el cabello rubio del muchacho mezclado con la piel oscura de la joven. Keisha no supo por un momento a qué atenerse al reconocer los rostros. Alyssa estaba besando apasionadamente a quien le había presentado días atrás como un simple compañero de la universidad nacido en Rusia de nombre Ivan y apellido imposible de recordar.

La mujer tomó el metro en la estación de la calle 125 y a esa hora consiguió viajar sentada. En el largo viaje su mente conectó los episodios recientes con ciertos pensamientos que últimamente retornaban a su mente. A los treinta y tres años Keisha Moore no podía quejarse de sus logros. Luego de sus estudios había conseguido trabajo como diseñadora de modas en una firma textil importante; de sus decisiones dependían negocios que involucraban mucho dinero y se le pagaba muy bien por su trabajo. Había salido del Harlem y finalmente había alquilado un departamento antiguo pero refaccionado a nuevo y muy bien equipado en Brooklyn Heights, una zona tranquila y ubicada a pocos minutos del metro de su trabajo. Cuando tomaba vacaciones podía permitirse elegir las mejores playas de todo el continente, que eran sus destinos turísticos preferidos. Por razones de trabajo debía viajar constantemente por las Américas y Europa. Vestía elegantemente y se podía permitir todos sus caprichos, que de todos modos eran muy discretos. Se expresaba muy bien y era invitada a todo tipo de acontecimientos, en los que su profesión era pródiga. No era poco para una chica de Harlem. Y sin embargo…

De algún celular o Tablet surgían en medio de los ruidos del metro corriendo toda velocidad las notas de una vieja interpretación de The Rose por Bette Midler.

When the night has been too lonely

And the road has been too long

And you think that love is only

For the lucky and the strong…(1)


  1. Cuando la noche ha sido muy solitaria

Y el camino demasiado largo

Y tú piensas que al amor es sólo

Para los afortunados y los fuertes…



Capítulo 2



El fin de semana siguiente Keisha decidió concurrir, luego de tanto tiempo, al servicio dominical matutino en la Iglesia Bautista de Harlem donde solía ir de niña. El pastor la recibió encantada en la puerta junto con el resto de los feligreses y la mujer se sentó aproximadamente donde lo hacía en su infancia.

El contacto con los viejos asientos y el olor peculiar del templo evocaron todo tipo de recuerdos que finalmente hicieron brotar algún suspiro. De los concurrentes solo reconocía algunas caras que le resultaban vagamente familiares, y había una gran presencia de niños. Todos los presentes eran Afro-americanos con distintos tonos de piel. No pensaba pasar esta vez por casa de sus padres pues quería aclarar sus ideas y reflexionar en soledad; por ello había elegido un culto en un horario distinto a aquel en que ellos concurrían.

La predicación estuvo a cargo de un nuevo pastor y su tema fue básicamente la lucha contra las drogas y el apoyo al mantenimiento de la familia negra tradicional frente a todos los peligros nuevos y viejos que la acechaban. La mujer meditó que luego de veinte años los temas eran básicamente los mismos que los de su primera adolescencia, a pesar de las transformaciones evidentes que habían ocurrido en Harlem. Salió de la iglesia luego de la finalización del culto y mientras el magnífico coro cantaba las canciones tradicionales. Keisha sintió que el sermón, que años atrás le hubiera causado satisfacción y paz mental, se estaba oponiendo a algo que ocurría dentro de ella y que no sabía definir. Salió a la calle con un cierto desasosiego.

Tomó el metro para dirigirse a Brooklyn Heights y nuevamente en todo el trayecto estuvo desarrollándose en su interior una lucha que no llegaba a comprender, un desasosiego del que no podía librarse.

Cuando llegó a destino miró el reloj y comprobó que era ya mediodía; como había pocas provisiones en la nevera y no tenía ganas de cocinar decidió entrar en una cafetería donde solía almorzar los fines de semana. Se sentó en una mesa vacía y esperó que se acercara la camarera. Mirando distraídamente los espejos que rodeaban el local vio lo que secretamente sus ojos estaban buscando. Se hallaba a tres mesas de distancia, y sentado enfrentado a ella, de modo que contra su voluntad pudo observarlo a voluntad. Muy joven, de piel blanca, cabellos rojizos y ojos claros, vestido muy sencillamente con una camisa a cuadros y un sweater anudado en el cuello, estaba terminando su plato. Aunque obviamente estaba sentado, Keisha pudo advertir que era alto y delgado. La mujer ya lo había visto fugazmente un par de veces en ese local a la misma hora y tuvo que admitirse a sí misma que la decisión de entrar a almorzar ese domingo había estado en parte motivada por el deseo de volverlo a ver.

De repente el muchacho levantó sus ojos y su mirada se cruzó con la de Keisha, que sorprendida se ruborizó y apartó por un momento sus ojos, pero luego un impulso interno la llevó a volver a mirarlo fijamente; el hecho que el joven le sostuviera la mirada le produjo un placer interno, como si hubiera logrado una pequeña victoria; es que en realidad había comprobado que ella también le interesaba. En ese momento la camarera vino con el plato solicitado.

Keisha terminó de comer y se levantó para ir al baño de damas. Por el espejo constató que el muchacho la seguía con la mirada. Inconscientemente la mujer comenzó a caminar moviendo perceptiblemente las caderas. Se daba perfecta cuenta de que sus glúteos se moverían en forma provocativa de modo que quiso controlar su paso pero finalmente algún aspecto salvaje predominó en ella.

-¡Al diablo!- Se dijo, mientras el espejo le confirmaba que la mirada de él estaba posada en su trasero.

Al entrar en el baño se arrojó sobre una pared y se dijo en voz alta.

-¿Pero qué estás haciendo? ¡Jamás te has comportado así!-Sin embargo otro sector de su consciencia contestó- Y por eso te sientes de la manera en que te sientes. ¡Haz lo que debas hacer para conseguir lo que quieres!

Luego de debatir consigo misma por unos instantes y sentirse tonta por ello salió del baño de damas y regresó al salón. El estómago se le estrujó al ver la mesa que ocupaba el muchacho vacía. Una mitad de su fuero interno le decía.

-¿Te rindes ahora? Ni siquiera esperó tu salida.

Un tanto compungida regresó a su mesa y llamó a la camarera para pagarle. Al recibirle la tarjeta de débito la mesera le indicó un pequeño papel doblado por la mitad colocado sobre la mesa.

-¿Eso le pertenece?

Keisha abrió el papel, y el corazón le dio un brinco de alegría al leer el contenido.

Espero tu llamado

Swirl

Adrián

Y abajo había un número de teléfono.



Capítulo 3



Keisha jamás había estado tan confundida en su vida. Había tenido varias relaciones pasajeras con hombres antes, inclusive con algunos blancos, pero eran vínculos efímeros que raramente superaban las dos noches, y jamás los había considerado seriamente. Lo que estaba atravesando ahora era territorio desconocido, por ello resolvió hacer lo que hacía en esos raros casos, conversar sobre el tema con su amiga y confidente Arionna Jackson, única persona con quien se permitía tratar temas íntimos.

Arionna era también Afroamericana, había nacido en Texas y tenía treinta y siete años. Ejercía su profesión de abogada encargándose de temas familiares y derechos humanos en el Bronx. Era una mujer muy inteligente e informada, razón por la cual su opinión era muy tenida en cuenta por Keisha. Un motivo adicional para buscar su consejo era que se había casado un par de años antes con Kevin Driscoll, un profesor de literatura blanco de origen irlandés con el que se hallaban enamorados en forma muy ostensible. En el razonamiento de Keisha esto garantizaba una rápida comprensión del tema que le preocupaba, ya que Arionna se habría encontrado en la misma situación en su momento.

Se habían conocido años antes cuando Keisha se mudó a Brooklyn Heights y se hallaba un tanto perdida en el nuevo medio, con poca gente de color alrededor, luego de vivir toda su vida previa en Harlem. Keisha consideraba que esa decisión tomada al marcharse de casa de sus padres había sido correcta y representaba un gran paso en su proceso de maduración.

Había llamado a Arionna el día anterior y se había enterado que Kevin había ido a dar unas conferencias en California, lo que les aseguraba a las mujeres la posibilidad de hablar con absoluta libertad. Aunque no le había contado de qué tema quería hablar Arionna se percató de que había una cierta desorientación en su íntima amiga.

Keisha pulsó el timbre de la casa y a los pocos segundos se abrió la puerta. Arionna se hallaba aun vestida con su atuendo profesional pues recién llegaba de su estudio. Se trataba de una mujer de piel muy oscura, rostro alegre y un poco de sobrepeso, con unos glúteos prominentes que según ella comentaba bromeando eran lo que habían terminado de seducir a Kevin. Al ver a Keisha aparecer en su puerta con una botella de whisky medio llena la anfitriona exclamó en tono de broma.

-Bueno, esto debe ser algo grave.


Luego de la confusa explicación de Keisha, su amiga estuvo un momento meditando en busca de la punta del ovillo.

-Bien, por lo que entiendo has llegado a un momento de tu vida en que has decidido que necesitas meter un hombre dentro de ella.

Un tanto sorprendida por la forma de exponerlo, Keisha tuvo sin embargo que admitir que de eso se trataba.

-Eso no me sorprende en lo absoluto.- Prosiguió Arionna.- De hecho creo que debería haber ocurrido hace tiempo, y te lo he dicho con claridad repetidas veces. Pero por supuesto este es tu proceso de maduración y lo que importan son tus tiempos y no mi opinión.

Keisha volvió a servir whisky, y ambas tenían la precepción de que terminarían embriagándose moderadamente, lo que no importaba porque era un viernes.

-Lo que me cuentas sobre el show que le diste a ese joven en la cafetería me resulta asombroso, ya que no te imagino meneando las caderas para seducir a un hombre, y menos en un lugar público. Te aseguro que si el muchacho se fijó en ti no es por ese show sino por tu belleza fuera de lo ordinario.

-Me vuelves a hacer sonrojar.

-Sólo digo lo justo. Ahora bien.- Arionna manejaba el tema con un cierto profesionalismo, como si estuviera frente a un cliente de su estudio de abogada.- Lo que no llego a entender es cuál es la razón de tu conflicto. Has encontrado un hombre que te gusta, aunque no quieras reconocerlo, y aparentemente tú le gustas también, sin duda por el motivo que dije antes.

La mujer se quedó contemplando a su amiga en forma interrogativa, pero Keisha no contestó nada.

-De modo que tengo el derecho a suponer que lo

que he llamado tu conflicto obedece a que es blanco y más joven que tú. ¿Estoy en lo cierto?

Al oír estas palabras Keisha tuvo un ligero temblor de origen anímico; su amiga había dado en el blanco y había manifestado algo que ella sabía pero no quería reconocer.

-Entonces.- Prosiguió Arionna- Te has dicho a ti misma, vamos a hablar con mi amiga que debe haber pasado por esta misma situación antes que yo.

Keisha asintió. Se felicitaba de haber acudido a su amiga, que había captado y expresado con tanta claridad un tema que a ella le costaba tanto esfuerzo reconocer.

-Pues bien.-Prosiguió la amiga.- Te has equivocado completamente.- Sonrió ante el gesto de sorpresa de Keisha.- Ni por un momento el hecho de que Kevin fuera blanco me ha preocupado en absoluto. En realidad tengo que confesar que siempre me gustaron los blanquitos y salía con ellos en mis tiempos en la Universidad. Jamás hice caso de todas esas telarañas raciales que te hacen sentir una traidora por buscar a un hombre con otro color de piel. De verdad son sólo racismo al revés, que sólo buscan dividir a los humanos sólo que con otro criterio. El primer motivo para buscar un hombre es que te guste. Para el mejoramiento de la especie es la mujer la que debe ser selectiva, ya que el macho es seducido y arrastrado por las armas que toda mujer debe saber manejar. Tú tienes todos los recursos a tu favor para seducir a cualquier hombre negro, blanco o verde, puedes elegir a quien quieras.

Arionna sorbió el resto de whisky de modo que su amiga llenó nuevamente los vasos.

-Debes hacerte cargo de tu potencial, que en materia de selección de tu hombre es enorme y dejar de lado las patrañas que te metieron en la cabeza en tu familia, en Harlem y en tu iglesia. Lo único que aseguran esas fabulaciones es que las mujeres negras queden como un inmenso coto de caza reservado a los hombres negros, y sin posibilidad de elegir. Si quieres estar en paz con tu consciencia puedes venir a la iglesia donde yo voy cada tanto, que aceptan no solo las relaciones interraciales sino también las homosexuales.

La botella de scotch ya estaba llegando a su final. Arionna preguntó.

-¿Y bien, que sabes en concreto de él?

Keisha buscó en su cartera y extrajo el papel doblado, luego se lo extendió a su amiga.

-¿Adrián? ¿Es estadounidense?

-No lo sé.

-¿No lo sabes? ¿Es que aún no lo has llamado?

-No. Estaba esperando a reunirme contigo.

-¡Estás loca! Encuentras al hombre que quieres, meneas el trasero para él, lo seduces, te deja un mensaje y no lo llamas. Mujer. En estas cosas hay que machacar en caliente. Va a creer que no te interesa o va a encontrar otro trasero negro meneándose delante de él.

-Si es así, ¡Que lo encuentre y me deje en paz!

-No lo estás diciendo en serio. Esta noche estás muy borracha, pero mañana sábado lo llamas sin falta. ¿Lo prometes?

-Lo prometo. Dime una cosa más ¿Qué representa para ti esta palabra Swirl? La verdad es que me tiene intrigada.

-Es el nombre de una organización de base que busca ayudar a las comunidades de sangre mezclada a honrar su herencia. Están aquí en Nueva York y en otros lados. Pero sé que se utiliza en un sentido más restringido.

-¿Cuál?

-El de muchachos blancos que quieren salir con chicas negras y de chicas negras que quieren salir con blancos.

-¿Y que puede significar en este pedazo de papel?

- Como mínimo que el tal Adrián quiere acostarse contigo y como máximo que quiere asegurarse que menees el trasero sólo para él.

-Esto sería bastante halagüeño.- Reflexionó Keisha.

-Piénsalo bien antes de dar exclusividad.

-Estás hablando de mi trasero.

-Precisamente.

Tomaron el último trago. De repente Keisha preguntó.

-¿Dime, como es la vida con un hombre blanco? Me refiero a la vida sexual.- Keisha no podía creer haber preguntado eso.

-Según recuerdo, tú ya has tenido alguna experiencia propia.

-Esos son episodios aislados. ¿Cómo es en el día a día?

-En el día a día es… día por medio.

-¿Hacerlo? ¿Eso es sostenible?

-Con un Viagra cada tanto. Mejor que Kevin lo sostenga, sino buscaré quien lo haga.

Ante la cara alarmada de Keisha su amiga prorrumpió nuevamente en una carcajada que logró tranquilizarla.

-Lo que ocurre es que deseamos tener un hijo este año, para cumplir con nuestro plan.

-¿Qué plan es ese?

-Queremos tener al menos tres hijos mientras tengamos edad para hacerlo.

-¿Ese es el plan de ambos o el tuyo?

-En estas cosas la mujer tiene un papel determinante.

-Es el plan de una mujer negra.

-Que me haya casado con un blanquito no me hace cambiar de raza.

-Bien, son las dos de la mañana. Creo que me iré a casa ahora.

-De ninguna manera. No estás en condiciones de caminar tres cuadras sola, menos de noche. Te quedas aquí.

-Pero sólo tienes una cama.

-La compartiremos. No estando Kevin siento frío de noche. Espero que no sueñes que estás durmiendo con ese Adrián y te pongas romántica conmigo…Aunque pensándolo de nuevo, quizás sería una experiencia.

Al ver la alarma en la cara de su amiga Arionna volvió a reír estrepitosamente.

-Eres demasiado fácil de escandalizar. Vamos, te dejo el primer turno en el baño.



Capítulo 4



El teléfono sonó tres veces, al cabo de las cuales una voz de hombre respondió. Keisha tuvo un momento de vacilación, pero enfrente de ella Arionna la azuzaba con sus gestos.

-¿Adrián? Soy Keisha, la mujer de la cafetería.

-La bella chica de la cafetería.- Corrigió el hombre.

-Bien, al menos sabes quién te habla.

-No hay muchas mujeres en esta ciudad que tengan mi número. La voz de él trasuntaba calma, lo cual era justamente lo que Keisha necesitaba.

-Hablas de “esta ciudad”. De dónde eres?

-De Buenos Aires.

-¿De Buenos Aires, Argentina?

-Sí.

-¿Y vives en Nueva York en forma permanente?

-Ya te contaré.

Keisha temió mostrar su ansiedad con su interrogatorio. Una vez que estuvo convencida que la conversación estaba encaminada Arionna se levantó del sofá y se fue a la cocina a preparar el desayuno. Había insistido que tan pronto se levantaran al día siguiente su amiga llamara al muchacho antes de irse a su casa, de modo de asegurarse que el contacto no se pospusiera.

Al rato entró Keisha en la cocina. Lucía radiante.

-¿Bien, en que quedaron?

-Vamos a reunirnos hoy a las siete de la tarde.- Exclamó gozosa.

-Nada menos que un sábado a la noche, nada mal para comenzar.

Keisha abrazó a su amiga.

-Sabes, estoy tan contenta de haberte confiado todo esto.

-Has hecho bien. Si no te hubiera empujado a los empellones todavía estarías dando vueltas sin saber qué hacer. No puedo creer que hayas llegado a los treinta y tres años tan indecisa en materia de relaciones. Ahora vete a tu casa. Ya me llamó Kevin y está en camino desde el aeropuerto. Tengo que arreglar la cama para que no sospeche que he estado acompañada por un hombre.

-Kevin nunca pensaría eso.

-Es cierto. La verdad es que debemos recuperar el ritmo del día por medio tan pronto llegue. De modo que voy a tener sexo antes que tú y con mayor certeza.

-Vendrá cansado.

-Problema de él. Suerte con tu blanquito Ariel.

-Adrián.

-Lo que sea.

Keisha estaba recogiendo sus cosas. Arionna apareció de repente se palmeó la frente y le dijo.

-Una última cosa. Antes de darle lo que quiera exígele que te haga el sexo oral. Tienes que adoptarlo como práctica frecuente.

Keisha sintió que su rostro se llenaba de sangre por la vergüenza.

-Pero yo nunca…

-Exactamente a eso me refiero. Que se constituya en una práctica desde el comienzo. Una chica hermosa como tú tiene el derecho a exigirlo.

-Es que no sé cómo…

-Ya encontrarán la forma. Mañana domingo quiero un informe detallado de cómo fueron las cosas.

-Pero mañana estará Kevin en casa.

-Lo enviaré al Promenade a pasear al perro.

-Uds. no tienen perro.

-Ya pensaré en algo.

Keisha se retiró a su casa. Hizo un breve repaso de lo ocurrido y una vez más se felicitó de haber ido a hablar con su amiga. Arionna tenía el carácter firme y podía sacudirle la cabeza cuando hiciera falta; “sacudirle la pajarera” según sus propios términos. No sólo estaba contenta por haber concretado una cita sino que se sentía liberada, liberada de un cúmulo de trabas e impedimentos para realizar su vida. Esos obstáculos le habían sido inculcados en su casa y su ambiente junto con tantos buenos principios, y ya era hora de separar la paja del trigo.


Keisha entró en la cafetería e inmediatamente todas las miradas se dirigieron a ellas, los hombres con admiración y las mujeres, particularmente las blancas con envidia. Lo vio sentado al fondo mirándola con la boca abierta. Se dirigió a la mesa y el joven se levantó en un gesto gentil. Le tomó la mano y le dijo.

-Estás deslumbrante. ¿Me permites? En mi país besamos a las mujeres en la mejilla.

-¿Aún a las que aún no conocen?

-Sí. No se considera abusivo. ¿Puedo hacerlo contigo?

Como respuesta Keisha colocó su mejilla y el joven plantó en ella un beso casto. Le apartó una silla para que ella se sentara, y una vez que lo hubo hecho lo hizo él.

-Veo que en Buenos Aires conservan modales.

-Lamentablemente no todos lo hacen. Pero sí, creo que en comparación con Nueva York podrías decir eso.

-Cuéntame quien eres, a que te dedicas… en fin tú sabes.

-Bien, soy Adrián Bianchi, y en realidad no nací en Buenos Aires sino en un pueblo de la Provincia de Santa Fe llamado Hughes, mis padres son agricultores como todos en la zona, Uds. los llamarían granjeros. Fui a vivir a Buenos Aires para estudiar en la Universidad.

-¿Que has estudiado?

-Diseño industrial.

-¿Cuánto hace que estás en Nueva York?

-Unos seis meses.

-Hablas muy bien inglés, y tu acento me resulta desconocido, no suena a latino.

-Nosotros tenemos nuestro propio acento, aún en español.

-¿Cómo dijiste que es tu apellido?

-Bianchi.

-Suena italiano.

-Lo es.

-No pareces italiano.

-Mis abuelos eran italianos del Norte. Lombardos y piamonteses como la mayoría de los que viven en mi pueblo.

-¿Y los lombardos son rubios y de ojos claros?

-A veces.

Keisha se sintió muy a su gusto con el curso que había tomado la charla. Se acercó al muchacho y le dijo en tono dulce.

-Tus ojos son verdes, no azules como creía. Una pregunta más. ¿Qué haces en Nueva York?

-Conseguí un trabajo en un periódico en español en el barrio portorriqueño de Harlem. Es un trabajo…ilegal. Mi visa es como turista y está por expirar.

-Ya veo. ¿Y qué haces allí?

-Diseño gráfico.

-No es tu especialidad.

-No, pero tengo bastantes conocimientos, me va bien.

-¿Cuántos años tienes?

-Veinticuatro.

La respuesta, aunque esperada, produjo una íntima complacencia a Keisha. Tener una cita con un muchacho bien parecido y joven la llenaba de un placer a la vez que un sentimiento de culpa.

-Tu turno.-Dijo él.

-¿Mi turno de qué?

-De contarme sobre ti.

- Bien, soy Keisha Moore, nacida en Harlem, a pocos pasos de la calle 125. Soy diseñadora de modas y trabajo en mi profesión.

-Parece irte bien.

-No puedo quejarme. ¡Ah! Tengo treinta y tres años.

El muchacho no hizo comentarios, en vez de eso la miró con una sonrisa y puso su mano sobre la de ella.

-Keisha. Eres una mujer muy bella.

-Quieres decir muy bella para una negra.

-¡Nooo! Quiero decir espectacularmente bella.

El halago, aunque esperado y hasta provocado, agradó a Keisha sobre todo por venir de ese muchacho.

La conversación giró sobre otros temas, en particular actividades deportivas y recreativas. Finalmente Adrián preguntó.

-¿Cuál es tu idea para un sábado a la noche?

-¿Qué quieres decir?

-¿Dónde te gustaría ir?

-Quizás a bailar. ¿Qué te parece?

-Bien, aunque soy malísimo bailando.

-Podemos pensar en otra cosa, no quiero que te sientas a disgusto.

-¿Tú bailas bien?

-Sabes que los negros tenemos una facilidad natural para el baile.

- Entonces puedes enseñarme.


La música movida había sido reemplazada por melodías lentas. Adrián tomó a Keisha por la cintura y aproximó ambos cuerpos. Como el muchacho era bastante más alto que ella inclinó su cabeza y sus frentes se tocaron. El busto de la mujer se apoyaba en el pecho de él. Adrián giró su cabeza un poco y aproximó sus labios a los de la mujer. Ella entreabrió los suyos. El beso fue prolongado y se fue haciendo ardiente progresivamente. El hombre introdujo su lengua en la boca de ella y la sacó.

-Tienes unos labios muy hermosos.

-También signo de mi raza.

Las lenguas se volvieron a unir y la mano izquierda de Adrián se posó sobre los glúteos de la mujer, y comenzó a acariciarlos.

-No pierdes el tiempo.- Susurró Keisha.

-¿Quieres que saque la mano?

-No.- Respondió sonrojándose.- De todos modos el local está oscuro.

-¿Quieres que sigamos aquí o hacer otra cosa?

Keisha gruñó contrariada. Como el muchacho le interesaba realmente y creía interesarle se había propuesto a sí misma no ir a la cama en la primera cita pero las hormonas de ambos estaban en ebullición.

-¿Dónde vives?-Preguntó al muchacho.

-En Flushing, Queens.

-Está lejos. ¿Quieres venir a mi casa? Es muy cerca del lugar en que nos conocimos.



Capítulo 5



Ni bien traspusieron la puerta del departamento los instintos reprimidos durante toda la noche se desataron en forma arrolladora. Adrián apretó a Keisha sobre la pared cercana a la puerta y ambos se unieron en un beso y un abrazo apasionado. Las manos de él levantaron la falda con la que cuidadosamente se había vestido la mujer y recorrieron sus muslos y acariciaron los glúteos. Keisha desabrochó la camisa de él y besó el pecho cubierto de vello rojizo. Adrián tomó a la mujer en sus brazos mientras Keisha le indicaba la dirección del dormitorio. Allí el muchacho la arrojó con una cierta rudeza sobre la cama, levantó su vestido y retiró sus bragas. Sin mediar una palabra introdujo su rostro en los genitales de ella y practicó el sexo oral hasta que la mujer comenzó a gemir y agitarse violentamente, mientras se hamacaba cabalgando la cara de él. Sus fluidos se mezclaron cuando Keisha tuvo su primer orgasmo. Cuando la labor de él ya había recomenzado a excitar a la mujer nuevamente bajó sus pantalones y se introdujo profundamente en su sexo en forma convulsa hasta llegar a un orgasmo sincrónico. Una vez que el frenesí hubo pasado Adrián cayó con su peso sobre ella y ambos quedaron exhaustos, sudorosos y saciados.

Las uniones se repitieron varias veces separadas por breves períodos, y cuando el vigor se acabó el joven volvió a recurrir al sexo oral, que resultó más placentero para la mujer por la sensación de paz y plenitud que lograba, calmadas ya sus ansias.

Keisha observó a su compañero de lecho y se preguntó si estaba dormido; como alertado por algún sentido oculto él abrió un ojo y le sonrió. La mujer sentía ganas de hablar, pero sabía que no podría recomenzar con el interrogatorio del comienzo pues podría indisponer al muchacho. Sin embargo deseaba conocer más de él. Decidió permitir que la conversación siguiera su curso sin intentar dirigirla como había hecho antes.

-¡Hola!- Dijo por todo comienzo.

-¡Hola!-Contestó Adrián.

-¿La cama te resulta corta?

-No, está bien, y es muy mullida.

La conversación insustancial prosiguió fluyendo y era obvio que ambos se sentían cómodos con la misma.

-… ¿Qué pasa? ¿Dije algo inconveniente?-Preguntó Keisha en un momento ante la falta de respuesta de él.

-Todo lo contrario. Callo porque me gusta oír tu voz.

Guiada por un impulso Keisha, que se había sentado en el lecho, se reclinó y besó los labios del hombre, pero esta vez no fue un beso ardiente de pasión, sino un beso dulce y suave.

-Me gustó eso.- Dijo él en voz queda.

-Debes afeitarte, tu barbilla pincha.- Contestó Keisha desviando el tema para dominar sus propios sentimientos. El joven la tomó por la cintura y la acostó gentilmente a su lado. Quedaron en silencio con sus cabezas unidas. Keisha sintió que se estaba enamorando por primera vez en su vida.


Luego de dormir hasta las 3 p.m. almorzaron la comida que Keisha había preparado para sí misma para los días subsiguientes al llegar del trabajo. Comieron en silencio sabiendo que se acercaba el momento en que Adrián tuviera que partir para su casa en Queens con el fin de prepararse para ir a trabajar el día siguiente. Keisha por un lado deseaba postergar ese momento todo lo posible pero por otro reconocía en su fuero interno la necesidad de estar un tiempo a solas para procesar todo lo ocurrido en las 24 horas anteriores.

Al retirarse el hombre dio un beso a la dueña de casa, mientras le decía.

-Todo lo que dicen sobre las mujeres negras es cierto. Hoy he cumplido todas mis fantasías eróticas.

-Espero que no sólo eso.

-El tiempo demostrará que no es sólo eso. Tú sabes lo que también dicen.

-¿Qué dicen?

-Que estar por primera vez con una mujer negra es un camino sin retorno.

-Me aseguraré de que no retornes a ningún lado sin mí.


Arionna abrió grandes sus ojos.

-¡Cuatro veces en una noche! Como habrás quedado.

Keisha no pudo evitar ruborizarse. Esperaba un comentario semejante de su amiga aunque ya sabía que sus sarcasmos eran bien intencionados.

-Esto excede mi experiencia con Kevin. ¿No habrá algo más fuerte que el Viagra?

Keisha no pudo evitar soltar una carcajada y Arionna se le unió mientras le tomaba de la mano.

-No sabe lo feliz que me hace esto, sobre todo por haber participado en apurar tu decisión. Dime, tuviste en cuenta mi consejo de exigir sexo oral antes.

Keisha se apresuró a contestar.

-No hizo falta, ni bien entramos en mi apartamento se abalanzó sobre mi y…

La mujer se frenó al ver que la lengua se había escapado fuera de su control; su rostro se ruborizó una vez más.

-¡Arionna, mira las cosas que me haces decir!

- Vamos mujer, suelta todo que te hace bien. Estás narrando a tu mejor amiga tu gran momento. Veo que el tal Adrián conoce sus deberes para con una mujer. Quiero todos los detalles.

Una vez que Keisha hubo contestado las preguntas exhaustivas de su amiga, ésta meditó un instante y agregó.

-La próxima vez no tienes que permitir algo tan apresurado. Debes hacer que adore todo tu cuerpo antes, y cuando digo todo quiero decir cada parte de él. Ahora escucha, necesito conocer a este muchacho. Invítalo a cenar junto con mi marido y yo. Me importa mucho la opinión de Kevin; por su condición de profesor está muy habituado a evaluar a gente joven. Mientras tanto, tú te vienes a cenar con nosotros esta noche. Quiero que también tú oigas su opinión.


Tan pronto tocó el timbre de la casa Arionna abrió la puerta. Era obvio que la estaba esperando. Las dos mujeres respiraron tranquilas, ambas habían decidido concurrir bien vestidas.

-Toma, ponlo pronto en la nevera, es un postre helado.-Dijo Keisha.

-Bien, pasa. Kevin está en la sala.

La visitante, evidentemente familiarizada con la casa dejó su cartera en un estante, colgó su abrigo en un gancho, atravesó el vestíbulo e ingresó en la sala. Kevin se levantó del sillón y se acercó a darle un beso en la mejilla. Era un hombre corpulento, de unos cuarenta y cinco años, de escasos cabellos y barba rojos. Si Keisha y Arionna habían coincidido en reunirse elegantemente ataviadas, obviamente Kevin no había sido avisado. Se hallaba vestido con un jean ajado, sandalias y una camisa que había conocido mejores tiempos. Pero en realidad no importaba, ya que el certamen de atuendos era puramente femenino y no lo involucraba, de modo que no se dio por aludido.

A los postres Arionna, con su habitual modo frontal decidió ir al grano.

-Keisha ha conocido a un muchacho que le agrada y que aparentemente gusta de ella. Han tenido una primer cita tórrida, para llamarla de alguna manera. Sin embargo está luchando con sus demonios internos por acostarse con un hombre blanco, bastante más joven y además inmigrante ilegal. En resumen, ha decidido agregar leche a su café y se siente mal por ello.

Al escuchar tan crudamente la descripción exacta de su problema Keisha deseó que la tierra la tragara; sin embargo sabía que de esa reunión saldría con sus conflictos aclarados al menos en parte, ya que tendría una opinión de dos personas que la amaban y que no estaría oscurecida por el bloqueo emocional que el tema le ocasionaba.

Kevin meditó unos instantes buscando la punta del ovillo del problema, y luego expresó en una forma hilvanada su opinión.

-Aunque aún permanecen bolsones de racismo, la situación de las minorías étnicas en el país y en la mayor parte del mundo es objetivamente mejor. Incluso hay un despertar del concepto de África como una unidad, lamentablemente oscurecido por las luchas intertribales que aún subsisten.

Hizo una pausa y bebió un sorbo de té.

-Sin embargo a nivel de comportamientos individuales y colectivos quedan en nuestros país muchos resabios no superados, más propios de guetos que de una sociedad abierta y plural, y muchas personas se han quedado en la protesta y el reclamo pero no han cambiado sus mentes. Esto se ve en las generaciones pasadas, que en estos momentos tienen problemas para entender lo que pasa por la cabeza de sus hijos y nietos.

Kevin miró fijamente a Keisha en los ojos.

-En lo que te atañe a ti, lo cierto es que no podrás eludir este conflicto, sobre todo viniendo de una familia tradicional de Harlem. –Hizo un alto para buscar cómo seguir su razonamiento, que sin duda entraba en una nueva fase.

-Sólo tú eres responsable por tu felicidad y para lograrla deberás contrariar algunas opiniones muy fuertes de seres queridos. Será un camino que tendrás que recorrer sola, aunque por supuesto tus amigos estamos aquí para apoyarte. Las barreras entre grupos étnicos que existieron siempre se están desmoronando y es a esta generación que le toca llevar el peso del cambio, y el sufrimiento correspondiente, pero es el precio de la liberación a gran escala que está ocurriendo.

-¿Por qué no le hablas del caso concreto que le atañe a ella, que es el de las relaciones entre mujeres negras y hombres blancos?- Preguntó Arionna, que estaba tan pendiente de las palabras de Kevin como Keisha. Ésta asintió con la cabeza demostrando su interés.

-Por siglos, desde que ambas razas entraron en contacto el hombre blanco fue dueño del cuerpo y el destino de las negras, y en tiempos del esclavismo los usó a su voluntad. Pero esa época ha terminado y los jóvenes se ven ahora frente a frente y no se juzgan a través de esa carga histórica tan desgraciada. Hay más atracción física y mayor proximidad emocional entre una parte de las mujeres negras y de los hombres blancos que con sus contrapartidas de sus propios grupos raciales. Esto que digo yo lo he experimentado en primera persona. Lo que está ocurriendo es que las chicas y los muchachos se están abriendo a la nueva realidad, y es una realidad emancipadora porque les otorga una libertad de elección muy grande.

-Los jóvenes blancos están listos para abrirse en la medida en que vean que las muchachas negras se abran también hacia ellos.-Intervino Arionna- La pelota está ahora en el campo de las chicas, y se está poniendo en acción como lo demuestran las redes sociales, llenas de grupos que propugnan estas relaciones.

-¿Y qué pasa con las chicas asiáticas?- Preguntó Keisha.- Ellas también vinieron como inmigrantes pobres, a veces no hablan el idioma y sin embargo se casan con los hombres de aquí con gran frecuencia.

-Es cierto.- Reconoció Arionna.- Una de las quejas de las mujeres negras es debido a que los hombres van a buscar esposas al Asia y no en el vecindario de al lado.

-Lo que pasa es que aunque vinieron como inmigrantes pobres hace relativamente poco tiempo y que el abismo cultural es mayor que en el caso de las Afroamericanas, las asiáticas nunca estuvieron sujetas al estigma de la esclavitud.- Contestó Kevin.- Eso demuestra el peso de las relaciones y de los tabúes sociales en la búsqueda de la pareja, que puede predominar sobre la atracción física. Es algo bastante loco.

La conversación duró un tiempo más. Keisha sintió que las explicaciones de sus amigos eran convincentes y que ciertos nudos en su interior se estaban comenzando a aflojar. De pronto, y sin ninguna razón aparente comenzó a llorar. Arionna se acercó solícita para calmarla pero su marido la contuvo con la mano.

-Déjala desahogarse. Se ve que toda esta situación con su familia y su pasado le había producido una tensión interna muy grande y ahora comienza a relajarse. Es un llanto liberador.



Capítulo 6



Keisha se apresuró a abrir la puerta de la vivienda pues afuera diluviaba y era consciente de que Adrián se estaba empapando. Lo hizo pasar al vestíbulo donde el joven se sacó su chaqueta mojada.

-Sácate también los zapatos.- Dijo la mujer. Están empapados y si mantienes los pies mojados te vas a enfermar.

-Pero no voy a andar descalzo por la sala.

-Te traeré algunas pantuflas mías. Aunque te queden chicas vas a poder caminar.


Sentados frente a sendas tazas de café los dos jóvenes estuvieron un rato en silencio. Finalmente Keisha, que estaba vestida para salir juntos ese sábado dijo.

-La lluvia no va a cesar. No vamos a poder salir hoy.

La salida planeada de ir al teatro efectivamente implicaba caminar muchas cuadras bajo el agua para tomar medios públicos de transporte y por otra parte conseguir taxi en Brooklyn Heights con ese clima no sería tarea sencilla, ni aún con los radio taxis.

-Si tenemos que estar juntos aquí yo no me quejo.-Dijo Adrián con gesto pícaro. Ven, siéntate conmigo en el sillón.

-Espera. Voy a cambiarme de ropa y ponerme algo más adecuado.

Keisha fue a su dormitorio mientras el hombre recorría con la vista el contenido de la sala. Regresó unos minutos después de haber cambiado completamente su atuendo. Lucía unos pantalones muy cortos y ajustados, que dejaban ver sus muslos carnosos y hermosas rodillas, y permitían adivinar su trasero prominente. Una camisa de tela tenue tenía sólo abrochados tres botones y los faldones anudados en la cintura; en los pies sólo llevaba unas ojotas. Se sentó en el sillón de tres plazas en el extremo opuesto al que estaba Adrián, de modo que los separaba una cierta distancia.

-¡Dios santo! Estás hermosa.- Exclamó el muchacho mientras intentaba arrastrarse por el sillón para aproximarse a ella. Keisha giró su cuerpo enfrentándolo y levantó una pierna, colocando el pie sobre el rostro de él frenando su impulso.

-¡Nada de eso! No voy a sufrir otra vez un huracán de testosterona. Yo soy quien tiene el tesoro a conquistar y pondré las reglas del juego.

-¿Qué quieres decir?

-Soy una mujer hermosa y deseable. De ahora en adelante controlaré las situaciones y marcaré los tiempos. Quiero ser conquistada milímetro a milímetro e indicaré que me gusta que me hagas y que cosa no me agrada. ¿Aceptas las reglas?

-Sí, por supuesto.-En el rostro del muchacho había sin embargo una cierta desconfianza.

Ella comenzó a recorrer la cara del hombre con los dedos de sus pies, posándolos sobre su frente, sus ojos, nariz y al llegar a la boca forzó su apertura e introdujo su pie adentro. Adrián entendió el juego y lo siguió. Besó la planta del pie y luego chupó los dedos. Cuando la mujer sacó el pie de su boca prosiguió besando sus tobillos y prosiguió su marcha ascendente.

Keisha estaba en medio de un sopor producido por el placer; tenía el hombre que había elegido, ya había copulado rabiosamente con él la semana anterior y ahora estaba dando rienda suelta a todas sus fantasías sexuales, que durante algunas noches le dificultaban el sueño. Adrián recorrió ese cuerpo perfecto con parsimonia, y luego de llegar a los senos retrocedió colocándose frente al short. Miró a los ojos a Keisha y ella asintió con su cabeza. El muchacho retiró el short y las bragas y aproximó su rostro al Monte de Venus.

-Te advierto que no me he higienizado adrede y que me siento húmeda por la excitación.

-No te preocupes. Yo me haré cargo.


La mujer se hallaba cabalgando la cara de su hombre y lo hacía con lentitud, prolongando los tiempos mientras almacenaba en su memoria todas las sensaciones que estaba experimentando. Finalmente, de muy lejos y muy adentro se gestó el orgasmo que sin embargo se convirtió inmediatamente en un vendaval.


-Cuéntame algo sobre ti. Yo ya te he narrado mi vida de niña y adolescente en Harlem, mi paso por el secundario y la universidad, los romances fugaces que he tenido y los problemas en mi familia, pero no se casi nada de ti. Podrías ser un narcotraficante o terrorista o algo así.

-Pues no lo soy.

-Cuéntame entonces que eres.

-Mi infancia en el pueblo fue bastante aburrida, como suelen ser en los pequeños pueblos. Allí hice la escuela primaria y la secundaria, y luego me trasladé a Buenos Aires para cursar mis estudios en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño.

-Allí habrás conocido muchas chicas.

-Unas cuantas futuras arquitectas. Cuando me gradué, hace de esto un año, decidí que ya había pasado bastante tiempo encerrado estudiando y me propuse recorrer un poco de mundo hasta tener que volver y sentar cabeza. Estuve primero en Río de Janeiro hasta que en forma algo repentina decidir venir a Nueva York.

-¿Viviste en Río de Janeiro?

-Sí, si encontrara un buen trabajo allí sería mi lugar en el mundo. Me encanta el ambiente descontracturado y la vida amable.

-¿Y qué me dices de las mujeres de Río?

-Que fue en Río donde adquirí la preferencia por las mujeres negras.

-Sin embargo has dicho que tenías el propósito de regresar a tu país.

-Pero luego se cruzó Nueva York en mi camino.

-¿Sólo te retiene Nueva York?

-Nueva York y una neoyorkina.

Keisha volvió a pasar su bello pie por la cara de él.

-Sigue halagándome que me gusta.

-¿Te gusta o te excita?

-¿Qué diferencia hay?


Keisha estaba en la oficina cuando sonó su celular. En la pantalla apareció una foto familiar.

-¡Hola Arionna! ¿Cómo estás?

- Bien, y cómo ha ido tu segunda cita con tu héroe.

Keisha se retorció en su silla complacida.

-Mejor que la primera, si eso fuera posible.

-Tomaste el control como te aconsejé.

-No esperarás que te cuente ahora lo ocurrido. Estoy trabajando.

-Bien, escucha, Kevin y yo hemos decidido invitarlos a ti y a tu amigo/amante o lo que sea a cenar.

-Veo que sienten curiosidad por él.- Keisha estaba obviamente halagada.

-No puedo esperar el momento de verlo. ¿Está bien el jueves a la 9 p.m.?

-Voy a invitarlo, supongo que estará todo bien.


Adrián pasó a recoger a Keisha por su apartamento para ir juntos caminando a casa de Arionna y su marido, distante unas pocas cuadras. Iban juntos tomados del brazo y conversando de muy buen ánimo. Al llegar a una esquina una mujer muy anciana, elegantemente vestida, muy delgada y de grandes ojos azules se dirigió al muchacho en tono severo.

-Jovencito. Ud. está dando un espectáculo deplorable exhibiéndose públicamente con esta mujer… de distinta etnicidad. Van a seguir llenando esta nación de niños mestizos.

El rostro de Adrián se tiñó de rojo. Mientras Keisha tironeaba de su brazo para alejarlo del sitio el hombre tragó saliva, buscó componer su actitud y contestó en voz baja y controlada.

-Con todos respeto señora. Mi etnicidad y el color de mis críos no son asunto suyo.

La dama lo miró fijamente y siguió su rumbo.

-Esto es increíble. Como se atreve esa vieja en meterse en mis asuntos e increparme en plena calle y a la luz del día.

-Ven. Esto te da la pauta de lo que hemos sufrido por generaciones en este país.- Keisha volvió a tirar del brazo y acarició la cabeza del muchacho en un gesto de consuelo.

-Mira, ya llegamos; esta es la casa.


-De modo que este es el famoso Adrián. Pasen adelante.

El joven besó la mejilla de la mujer, la que quedó un poco sorprendida y exclamó riendo.

-Bueno, si Keisha no tiene nada que decir.

-En su país tienen la costumbre de besar a las mujeres apenas se conocen.- Contestó Keisha también riendo.- Al menos así cuenta él.

-Perdón…fue un gesto involuntario.-Dijo Adrián un poco turbado.-Es cierto, he perdido la costumbre de darle la mano a una mujer.

-Bueno, es un gesto amable que quizás debiéramos imitar en este país.- Dijo la anfitriona. Denme los abrigos.

Arionna los condujo a la sala, donde se encontraba Kevin quien se levantó a saludar a los recién llegados.

-¿Y tu nombre es…?-Inquirió Arionna.

-¡Ah!Si… perdón. Soy Adrián Bianchi.

-Lo que ocurre es que acabamos de tener un episodio desagradable, que ha afectado a Adrián más de la cuenta.- Explicó Keisha, y a continuación narró lo ocurrido con la anciana en la calle.

-Lo lamento y me avergüenza que en América sucedan aún estas cosas.-Dijo Kevin poniendo una mano familiarmente en el brazo del joven- Al comienzo tuvimos un par de episodios similares con Arionna, pero ya son cada vez más escasos. Tengo que agregar que en nuestro caso las que criticaron también fueron siempre mujeres blancas.

-Odian la competencia de las negras.- Agregó Arionna con su habitual tono jovial.-Esas viejas desdeñosas y desgarbadas no saben cuidar a sus hombres y buscan culpables afuera.

-Vengan, pasen y siéntense.- Kevin señaló el camino hacia los sillones.

-Tú ven conmigo a la cocina a buscar las cosas.- Dijo Arionna dirigiéndose a su amiga.

- Es espléndido.- Le dijo una vez en la cocina.-Y muy joven. Me alegro por ti querida, no mereces menos. ¿Cómo dijo que era su apellido?

-Bianchi. Adrián Bianchi.

-O sea que en definitiva este es otro caso de romance mujer negra con hombre italiano. Chocolate con vino tinto. Es una mezcla comprobada y exitosa.

-¿No puedes hablar en serio por una vez?- Dijo Keisha con cólera fingida.


Al cabo de poco tiempo la conversación derivó hacia la Argentina que lógicamente constituía un tema de interés para los anfitriones, por lo novedoso y por el hecho de que Kevin fuera profesor de historia.

-¿Es cierto que en Argentina no hay negros?-Preguntó la dueña de casa.

-En realidad por la calle se ven muy pocos y en general son extranjeros. Hay muchos más orientales que Afro descendientes.

-Sé que Argentina es un país de inmigración, como los Estados Unidos o Canadá.- Expresó Kevin.- Es raro que no haya población de origen africano. ¿No llevaron esclavos en la época de la colonia española, como los portugueses a Brasil?

-Quizás las cantidades fueron mucho menores porque por razones climáticas en lo que es ahora Argentina no había cultivos de algodón, café u otros similares. Sin embargo la historia dice que en los tiempos de la colonia buena parte de la población de Buenos Aires eran esclavos africanos, quizás hasta un treinta por ciento.

-Interesante.- Dijo Kevin moviéndose en su sillón en una posición corporal de atención.- ¿Y qué pasó con ellos?

-Fueron parte de las guerras de la independencia a partir de 1810. En la Asamblea de 1813, uno de los llamados pactos preexistentes de la Constitución Nacional, se declaró la libertad de vientres.

-¿Qué quiere decir eso?- Inquirió Arionna.- ¿El fin de la esclavitud?

-No realmente. El significado era que toda persona que naciera en el territorio nacional era libre, aunque naciera de vientre esclavo. La libertad ocurría al casarse o cumplir 16 años.

-¿O sea que los hijos de las negras nacían libres, aunque sus madres siguieran esclavas?- Preguntó nuevamente la dueña de casa.- ¿Sería que los padres eran los amos blancos que liberaban a sus propios hijos?

-En algunos casos puede ser.- Respondió Adrián.-Pero el resultado fue que cuando la Constitución fue promulgada en 1853 incluyendo el fin de la esclavitud quedaban en realidad muy pocos esclavos.

-En realidad tanto 1813 como 1852 fueron fechas anteriores a la proclamación de la emancipación en 1863 en nuestro país por el presidente Abraham Lincoln, luego de la Guerra Civil. Ya el tráfico de esclavos había sido declarado ilegal en el Imperio Británico a partir de 1807. Argentina fue entonces uno de los países pioneros en ese aspecto.- Meditó Kevin.- Quizás el hecho de que no hubiera grandes plantaciones o minas en el territorio hizo que no hubiera grandes intereses económicos ligados a la existencia de esclavos. Y dime entonces Adrián ¿Cómo es que Argentina se convierte en una potencia agrícola y ganadera?

-La ganadería a campo abierto existía desde los tiempos de la colonia. La agricultura extensiva aparece con la gran inmigración europea a partir de 1870.

-¿Y qué pasó con los negros que ya existían en el país?-Preguntó Arionna.

-Hubo grandes pestes en el siglo XIX en Buenos Aires: La fiebre amarilla devastó la ciudad, sobre todo los barrios pobres habitados por la gente de color. Las guerras civiles y sobre todo la sangrienta Guerra con el Paraguay produjeron muchas bajas.

-Y con seguridad los negros iban al frente.-Argumentó Arionna.

-Sé que participaron de la guerra precisamente porque eran hombres libres.-Contestó el joven.

-La libertad tiene su precio.- Reflexionó Kevin.

-¿Y luego que pasó?-Insistió evidentemente interesada su mujer.

-El comienzo de la gran oleada inmigratoria a partir de 1853 y durante todo el resto del siglo XIX consistía mayormente de varones solos por lo que se produjo un gran mestizaje. Los inmigrantes eran muchos más que los nativos.

Kevin había abierto su notebook y estaba realizando una búsqueda en Google bajo los términos “mestizaje en Argentina”.

-Vean esto. De acuerdo con estudios genéticos realizados por género, el aporte genético por vía paterna de la población argentina revela aproximadamente un 94% de componente europeo, 5%indígena y 1% africano. En cambio por vía materna los aportes son 44% europeo, 54% indígena y 2% africano. Esto produjo que los rasgos étnicos indígenas y africanos se diluyeron en la marea europea.

-Es decir que los europeos se cruzaron con las indias y con las negras.- Resumió escuetamente Arionna.-Me pregunto si habrá sido voluntariamente.-Agregó con su habitual actitud reivindicatoria.


Continue reading this ebook at Smashwords.
Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-49 show above.)