Excerpt for Proyecto Habitat El Vellocino de Oro by , available in its entirety at Smashwords

Proyecto Habitat

El Vellocino de Oro





Enrique Castellanos Rodrigo
















Derechos de Autor


Autor: Enrique Castellanos Rodrigo

ISBN: 9781370854561

Código de registro: 1608259004399

Fecha de registro: 25-ago-2016 17:01 UTC


Información Todos los derechos reservados




Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia sin permiso previo del autor. Queda rigurosamente prohibida la distribución de ejemplares de esta obra mediante alquiler o préstamo público. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).









Índice


Derechos de Autor

Dedicatorias

Palabras Inspiradoras

Prólogo del autor

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Glosario

La Agenda 31 del año 2.054

Bibliografía

Otros Títulos del Autor

Datos del Autor








Dedicatorias



A mi niña de melena larga y negra, quien siempre, en cada momento de inseguridad, me ha dado las fuerzas para seguir adelante.

A mi niño, el pequeño mochuelo desorejado, quien siempre, cada mañana, me hace reír.




















Palabras Inspiradoras


Una obra de referencia define Habitat como el medioambiente físico, químico, biológico, material y espiritual en el que un organismo vive naturalmente.


Según cierto informe para el año 2015 el 90% de la población mundial vivirá en ciudades urbanas.


En el otoño del año 2011 la población mundial en el planeta Tierra alcanzó los 7.000 millones de habitantes.


“Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo”.

Robert Browning (poeta y dramaturgo inglés, Camberwell, Surrey, 7 de mayo de 1812 - Venecia, 12 de diciembre de 1889).


“”Okahei” es una expresión Sioux que viene a decir "Hoy es un hermoso día para morir". Es un alegato al no-miedo. Es una llamada a la valentía para enfrentarte a todo lo "nefasto" que nos pueda traer la Vida cuando menos lo esperamos. Hoy grito y deseo que compartas conmigo...

¡¡¡¡O K A H E I!!!!”

(Palabras de "Cuervo de mirada triste", científico autodidacta, Madrid, España, 26 de Abril de 2006)






Prólogo del Autor


Nunca el hombre se ha visto ante la posibilidad real y tangible de un destino global fatal. Si acaso se hallase alguna vez ante esta situación, entonces, y solo entonces, podríamos llegar a pensar que algo parecido al Proyecto Habitat pudiera ser una alternativa posible desde el punto de vista humano. Otra cosa es que fuese la solución definitiva…

Por último, añadir que la vida de un hombre, por lo general, se compone de dos o tres etapas fundamentales. Dichas etapas comienzan y terminan ante el sufrimiento o regocijo de un cambio drástico acaecido. En la mayoría de las ocasiones el control sobre esos cambios se antoja improbable.

Y sobre el título… Robert Pilman, uno de los originadores del Proyecto Habitat, hizo una corrección ortográfica a la palabra “Hábitat” y que acuñó en el diccionario del lenguaje Hutatmano. Le quitó la tilde a la palabra “Hábitat” de tal forma que dejó la palabra con una entonación distinta: “Habitat”. Para Pilman, la singularidad del Proyecto Habitat estaba basada hasta en los pequeños detalles. Todo debía ser diferente del antiguo Orden Mundial. Y si hubiese podido cambiar el color del sol tal y como lo percibe el ojo humano, Robert Pilman en su injerencia, lo hubiese hecho, para que cada amanecer en la Nueva Sociedad Habitat Mundial fuese diferente de sus predecesores.









Parte 2 - El Vellocino de Oro
























Capítulo 1



A primera hora de aquel soleado día y, después de despedir a Zoe con un beso deseándola suerte, Lucas sostuvo sobre sus dedos la misiva que le convocaba a tener una entrevista con el Comité Rector Principal. Aquella invitación le resultaba sorprendente. No era el procedimiento habitual el hecho de que cuando una persona de la Sociedad Habitat Mundial recibiese una asignación de trabajo, tuviese que tener una entrevista con el Comité Rector de la Aldea Habitat a la que perteneciese. La razón era muy sencilla. Dado que el Comité Rector debía de supervisar el funcionamiento de la entera Aldea Habitat, no tenía sentido que se ocupase en estos asuntos menores de organización que perfectamente se podían delegar en los Supervisores asignados.

Además, en el caso de la Aldea Habitat 1, la situación se volvía mucho más compleja todavía. Entre las competencias del Comité Rector Principal no solo estaba la supervisión de las tareas legislativas, administrativas y sociales de la propia Aldea, sino también una responsabilidad global sobre todas las Aldeas Habitat de toda la tierra. Allí mismo estaban la mayoría de los autores de la Agenda del año 2.054, de los creadores del Proyecto Habitat Mundial y de los fundadores del Nuevo Orden Mundial existente, entre el doble muro de piedra que protegía a la Aldea Habitat 1, como un comité Central o Gobierno Central Mundial para establecer las reglas comunes a todos.

El solo hecho de saber que podría estar delante de algunos de ellos le llenaba de un nerviosismo hasta ahora desconocido. Respirar el mismo aire que el que respiraban personajes tan llenos de sabiduría, que habían sido capaces de establecer el Protocolo de Integración Tecnológica y Natural sobre toda la tierra y eliminar tantas diferencias sociales y culturales en la raza humana, capaces de salvar a un planeta al borde de la extinción, no dejaba de llenarle de admiración. Lucas se rio un poco de su propio cinismo. Lo que tanto había criticado ahora era objeto de su propia admiración. Como todo ser humano no era inmune a la grandeza, se expresase en la forma que fuese, incluso aquella atemperada por una supuesta humildad.


Sin embargo, un pensamiento sombrío siempre nublaba su razón cuando se dejaba llevar por las excelencias del Nuevo Orden Mundial. Ese pensamiento, como un nubarrón grisáceo que amenazase descargar una tórrida lluvia repentina, se traducía en el hecho de algo que para él estaba intrínsecamente unido con el propio alma humana: la libertad. La libertad con letras mayúsculas. Esta no era una libertad fingida, sino una libertad real que, aun manteniéndose dentro de unos límites de control, fuesen lo suficientemente razonables como para permitir a cada individuo la libertad de elección en las cosas más básicas. Un libre albedrio sujetado a la razón y propiedad intelectual de cada individuo, por encima a veces, de las leyes inflexibles embargadas por la trémula diéresis de los artículos impersonales de legislaciones artificiosas. Tanto él como Zoe se sentían privados de sus derechos individuales y familiares desde que Iris ingresó en el Centro de Confinamiento donde ellos, los progenitores, habían perdido, de un plumazo, la Patria Potestad sobre su hija. La incertidumbre sobre su estado de salud y su salida del centro se cernía sobre ellos como una espesa niebla que amenazaba con mantenerse durante un tiempo prolongado.

Entonces una maravillosa idea, como una radiante luz en medio de la oscuridad, embargo todo su ser. Pediría, no, suplicaría, no, se arrodillaría si hiciese falta, ante todos ellos, ante aquellos que habían tenido la comprensión de salvar a un mundo condenado a su propia destrucción. Les rogaría que tuviesen clemencia con su pequeña, que la concediesen la libertad de poder regresar a casa con sus padres.

Lucas salió del pequeño apartamento cerca de La Zona Común de Viviendas. Ahora, después de sacar sus propias conclusiones, se sentía un poco más esperanzado, como si el cielo le hubiese dado una oportunidad que no podía desaprovechar de ninguna manera. Al llegar a la calle, se sorprendió al ver un coche solar de los Cuerpos de Vigilancia. Se acercó al vehículo dubitativo sin saber si, en realidad, debía de hacer caso omiso y pasar de largo. Sin tener tiempo para decidir, la ventanilla de la puerta del piloto se abrió y Lucas vio al Supervisor Logan del Cuerpo de Vigilancia. La imperturbabilidad de su rostro apareció como el de una estatua de piedra. Sus ojos seguían escondidos tras las oscuras gafas de sol y, aun estando sentado, se apreciaba un ligero ladeo de su cabeza.

-Buenos días, ¿puede subir al coche por favor? –ordenó a Lucas.

-¿Pasa algo? –preguntó sorprendido Lucas.

-No, no se preocupe. El Comité Rector Principal me ha dado orden de recogerlo en su domicilio. He estado esperando a que saliese.

-Veo que no tiene mucho trabajo entonces –bromeó Lucas.

El Supervisor Logan no reaccionó ante el comentario. Era una clara invitación a que Lucas no hablase más. Sin embargo, mientras el vehículo solar se deslizaba por las diferentes calles, atravesando las largas sombras de algunos de los edificios, Lucas se propuso desvelar que había detrás de aquel rostro aparentemente impenetrable.

-Perdone que le moleste, Jefe Logan, pero me da la impresión de que usted, en el antiguo Orden Mundial, tuvo que sustentar en el ejército algún rango especial. Diría que, por lo menos, sería usted un coronel, a juzgar por su edad y experiencia.

Logan miró a Lucas, quien estaba sentado en el asiento de atrás, a través del espejo retrovisor interior. Durante unos segundos, ninguna palabra salió de su garganta. Lucas temió haberse equivocado por intentar hablar con él pero luego no quiso darle más importancia. Algo le decía que esa aparente dureza escondía, como en cualquier otra persona, una vida marcada por el sufrimiento. Logan simplemente permaneció en silencio. Era una de esas cosas que la edad permitía hacer.

-Su silencio no me ofende, Jefe Logan, y le entiendo perfectamente. Pero tengo la impresión de que usted y yo seguiremos encontrándonos en nuestros caminos.

La imperturbabilidad de Logan seguía intacta.

-¿No le parece extraño que a los pocos días de estar en esta Aldea ya tenga que vérmelas con el Comité Rector? –insistió Lucas.

Logan sintió lastima por aquel tipo. Decidió hablar.

-¿Extraño? –Logan hizo una pausa como para querer tomar aire-. Extraño es, muchas veces, que las cosas sigan su curso sin que ocurra nada. Le daré un consejo aunque no le conozca…

-Un atrevimiento por su parte entonces –le interrumpió Lucas.

-Mófese si quiere de un viejo como yo… -prosiguió Logan imperturbable.

-Ni mucho menos es esa mi intención –le interrumpió Lucas una vez más-. Pero no es bueno protegerse demasiado de nada ni de nadie. ¿Qué ocurriría si se quitase esas gafas de sol y dejase al descubierto sus ojos? ¿De qué tiene miedo? –terminó diciendo con pueril atrevimiento.

Logan paró bruscamente el coche junto a la acera. En otros tiempos le hubiese dado un buen puñetazo en la barriga a tipos tan irrespetuosos como aquel. Pero los tiempos hacía mucho que habían cambiado. También él había cambiado. Ahora muchas cosas eran completamente irreversibles.

-Mire, a-mi-go –dijo el supervisor remarcando cada sílaba de la palabra amigo, pero manteniendo una asombrosa calma-, no soy el taxista de nadie. Así que no me trate como si fuese uno de ellos. Si el Comité Rector Principal me ha pedido que lo recoja es para asegurarse de que usted estará a la hora convenida donde debe de estar. Con sus antecedentes es fácil que se le pueda pasar por la cabeza hacer alguna locura. Así que, a-mi-go, no me trate como si fuese su a-mi-go y ahórrese sus observaciones y su filosofía barata. No intente provocarme con ese lenguaje zafio. ¿Puedo continuar con el trayecto o tengo que seguir escuchándole?

-¿Sabe? Es la primera vez que me habla sin formalismos. Y créame si le digo que se lo agradezco. Mi hija esta confinada en cuarentena. Mi mujer está muy preocupada y creo que al borde una depresión y, si esto fuera poco, mi hijo mayor no tiene amigos. Yo, no se… usted solo me ha traído algo de cordura… quiero decir que algo me dice que puedo confiar en usted. Quizás sea simplemente por su aspecto… no lo sé –y Lucas se sumió en un profundo suspiro de impotencia- creo que mi problema es que soy así de banal y que juzgo las situaciones por meras impresiones. ¿Qué estúpido soy, verdad? Perdone por haberle provocado pero estaba convencido de que esta era la única manera de despertarle el deseo de comunicarse conmigo.

Logan puso en marcha el vehículo mientras observaba a Lucas por el retrovisor. Durante el resto del camino los dos hombres permanecieron en silencio. Cinco minutos después el vehículo solar estacionó delante de un increíble edificio. Si lo que buscaba el Comité Rector Principal era lanzar un mensaje de sencillez y austeridad de los recursos, bajo el punto de vista de Lucas, aquel edificio lanzaba un mensaje completamente diferente. Logan esperó a que Lucas bajase del vehículo. Lucas pensó que, una vez más, se iría sin decirle nada. Pero sucedió todo lo contrario.

-Tiene razón, es usted un estúpido – le dijo Logan de pronto. Hizo una pausa y, cabizbajo, terminó diciendo de manera abrupta-. Pero no menos que yo, tranquilo – puso en marcha el vehículo y se marchó dejando una estela de incomprensión en Lucas.

Lucas se quedó parado unos momentos, intentando descubrir el significado de las últimas palabras del supervisor. De una cosa sí que estaba seguro. Aquel enigmático hombre tenía sus propios demonios interiores. Todos los que habían sufrido el cambio al Nuevo Orden Mundial los tenían. No había ninguna alma que se salvase a ese respecto. Todos estaban condenados, quizás sin llegar al extremo del infierno de Dante, pero todos estaban dentro de algún círculo de sufrimiento que les atormentaba irremediablemente. Y sí, la expresión día y noche, aplicaba en esos casos perdidos.

Sin querer dar más importancia a las palabras de Logan, se concentró en lo que tenía delante.

Nada más ver el edificio, este le había recordado de manera inequívoca, al edificio de Naciones Unidas del antiguo Orden Mundial. Aquel extinto edificio, que fue fundado en 1950 y construido en la parte Oriental del famoso barrio de Manhattan de la antigua ciudad de Nueva York, tenía la singularidad de que era considerado territorio internacional en un tiempo en el que la Tierra estaba dividida por multitud de fronteras nacionales. Los límites de tan singular territorio eran las avenidas que lo circundaban. La majestuosidad del diseño del edificio deseaba plasmar el intento de superioridad del hombre por trazar las bases de una gobernación casi suprema. Por ello se convocaron a los arquitectos de más renombre de la época para participar en su ejecución. La comisión internacional de arquitectos llegó a estudiar hasta cincuenta diseños diferentes antes de decantarse por uno. Finalmente la opción de construir un rascacielos que pudiera albergar, entre otras, las oficinas de la Secretaría General (solo esto ocupó 38 plantas), cobró peso y se comenzó a su construcción con el ánimo y el optimismo que resurgen en el hombre cuando se enfrenta a un reto que resultará en magnificar su poderío.

Sus características eran relevantes. Los muros desde el este al oeste (siguiendo la estela solar) se recubrieron de vidrio aislante para absorber la luz solar. Las paredes de norte a sur fueron recubiertas al completo por mármol de Vermont. Cuando finalmente la obra acabó, se había construido un complejo en el que predominaba la torre central, además de la cúpula del edificio de la Asamblea General o la del Centro de Conferencias y Visitantes. Quizás lo más identificativo de aquel edificio fue, por un lado, la valla perimetral que sujetaba todas las banderas de los 193 países miembros (ordenadas por orden alfabético de acuerdo a su nombre en el antiguo idioma inglés), y las famosas estatuas de sus jardines que daban la bienvenida a todos los visitantes.

De entre ellas, destacaban dos: la primera era una escultura en bronce con la forma de un enorme revólver del calibre 45 con un nudo en el cañón. Su artista fue el sueco Kart Fredik Reutersward y Luxemburgo la nación que la regalo a la Sede. Simbolizaba el No a la Violencia. La segunda estatua, regalo de la antigua Unión Soviética, simbolizaba otro alegato a la Paz. Recordando el texto bíblico de Isaías 2:4 (“Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra”), se había dado forma a un corpulento forjador transformando una espada en una reja de arado, una herramienta para la labranza.

Sin embargo, el sueño del antiguo Orden Mundial nunca se había realizado tal y como sus más altos dirigentes habían soñado dentro de los muros acristalados de la antigua sede de Nueva York. Solo la posterior implementación del Proyecto Habitat Mundial, derribando todas las barreras nacionales existentes, había conseguido dar vida a aquellas proféticas palabras. Por eso el edificio que Lucas contemplaba ahora, con cierta similitud al de la sede de las antiguas Naciones Unidas, se había transformado en un símbolo de aquella drástica transformación. No obstante, ciertas diferencias se hacían muy patentes. Por ejemplo, no había multitud de banderas colocadas en su perímetro. Tan solo se enarbolaba una sola bandera, como símbolo de una única nación, el de la Sociedad Habitat Mundial.

La primera aparición de una bandera en la humanidad de la que se tuviese constancia histórica, fue aquella que se enarboló como símbolo del imperio Persa en el año 550 a.E.C. A partir de entonces, los grandes imperios, comenzando especialmente por el Romano, comenzaron a hacer extensivo su uso, bien representando en ellas colores, animales o cualquier otro símbolo que reflejase un intento de supremacía sobre los demás. A la bandera se conjuraban toda suerte de deseos y expectativas que, si eran cumplidos, casi se la otorgaban los poderes ocultos de su magnánima influencia.

Los creadores de la Agenda 31 del año 2.054 habían considerado prohibir cualquier elemento nocivo para la Nueva Sociedad Habitat. Pero la bandera, que había sido un elemento claramente divisor del antiguo Orden Mundial, había sido ahora utilizada eficazmente para llamar a la unidad de todo ser humano bajo la autoría de una única nación mundial. Por eso la bandera Habitat era la única que se podía enarbolar en cualquier lugar de una Aldea Habitat. Cualquier Centro público poseía una, enarbolada en su tejado o en su entrada. Cada vez que a alguien se le asignaba un Número de Alojamiento, se le entregaba una bandera Habitat para que fuera colocada en la entrada de su apartamento. Los trajes oficiales de los Cuerpos de Vigilancia, miembros de los Centros Sanitarios o de cualquier otro Centro, poseían una pequeña bandera Habitat bordada en la solapa de sus camisas, batas, uniformes y monos de trabajo.

En el edificio de la sede del Comité Rector Principal de la Aldea Habitat 1, ondeaba con orgullo una enorme bandera, cuyo fondo era de color verde, simbolizando la esperanza completa y la ecología como modelo de vida de todo ser humano. En su centro se representaba una figura femenina que brotaba desde un nenúfar, simbolizando la simbiosis entre el hombre y la naturaleza. La figura de la mujer era de color blanco, asociando su figura a la luz, la bondad, la inocencia, la pureza y la virginidad. Expresaba la seguridad de que la humanidad se había sometido, tras el Proyecto Habitat, a una vida de pureza y paz. Una nueva Sociedad Habitat, que miraba hacia su futuro con la pureza y la limpieza moral que se sostiene tras el rechazo de todos aquellos elementos destructivos que pusieron en peligro la permanencia de la raza humana. La recuperación de la fe y la esperanza como bastión de un futuro prometedor.

Por otro lado y, como contraste, el nenúfar del que surgía la figura femenina era de color negro. No había que olvidar la historia pasada, el miedo y el dolor que estuvieron a punto de desgajar la vida humana en un planeta perdido en su propia Oscuridad. Su color también anunciaba de manera imperativa que ahora y, solamente ahora, era el momento del sometimiento total hacia un nuevo conjunto de estamentos y normas de los que la única respuesta aceptable de cualquier ser humano era el silencio por la confianza total a que sus preceptos eran los mejores posibles para alcanzar la comunión con la creatividad, rechazando la autodestrucción en todas sus formas.

Aparte de la bandera y, reduciendo quizás las cosas a la máxima expresión de simplicidad posible, solo había una estatua junto a la entrada del edificio. Era una réplica exacta de la que se encontraba en el Centro de Espiritualidad solo que en esta, la mujer representada que tenía la mirada dirigida hacia el suelo y que surgía de entre el dolmen rocoso, no estaba asentada sobre un dolmen de granito sino sobre uno de mármol, tan blanco y tan pulido, que el efecto era el de un espejo cuando uno se colocaba frente a la estatua. En lo que si coincidían ambas era en la placa que rezaba en sus bases: “La madre naturaleza nos brinda su don creativo. Usémoslo con sabiduría”, como si el potencial creador solo viniese de la misma fuente de recursos.

De manera casi automática y, como consecuencia de la minuciosa observación a la que Lucas sometió a la estatua, le sobrevino un recuerdo de su infancia perdida, otra vez como si las imágenes que afloraban en su cerebro hubiesen pertenecido a la vida de otra persona. A otro mundo sí que pertenecían y el efecto se diluía casi hasta tener un pensamiento de culpabilidad. Recordó un viaje con sus padres. Recordó la calidez del sol, de un cielo tan azul que parecía ser infinito, la brisa proveniente de un mar tan cristalino que solo invitaba a sumergirse en él y olvidarse de todo. Recordó un monumento, una torre, frente al mar, con pequeñas ventanas abriéndose por la pared circular, como heridas hechas por un punzón. Una pequeña Torre, muy baja, coronaba su cúspide como si saliese de la garganta más profunda. Intentó recordar el nombre de la Torre. Lo consiguió. La Torre blanca de Tesalónica, en el antiguo país llamado Grecia. Este recuerdo produjo un estremecimiento en Lucas. Parecía mentira que después de tantos años aún no se percatase de la dimensión del cambio producido en el planeta Tierra. El Proyecto Habitat había cambiado por completo, no solo la civilización moderna parida de una enorme amalgama de civilizaciones antiguas. También los vestigios de todas aquellas civilizaciones habían sido borrados.

Durante la implementación del Proyecto Habitat Mundial, las ciudades urbanas fueron desapareciendo progresivamente y desmanteladas para la construcción de las Aldeas Habitat. En un intento absoluto de establecer los límites naturales entre la superficie terrestre que el hombre ocuparía y el resto de la superficie del planeta Tierra, los autores de la Agenda 31 del año 2.054 establecieron uno de los protocolos de actuación más controvertidos: la destrucción de todos los monumentos y vestigios de cualquier civilización anterior a la de la Sociedad Habitat Mundial. El objetivo era claro; hacer desaparecer cualquier raíz de diferenciación entre la única raza existente, la humana. Fueron en contra de todas las divisiones posibles y la cultural no iba a ser una excepción.

Por todo ello, los ejércitos de los gobiernos que acabaron con las instituciones religiosas, políticas y comerciales también recibieron la premisa de acabar con cualquier monumento, yacimiento arqueológico, obra arquitectónica, escultura, estatua y cualquier edificación que sugiriese una memoria histórica. Incluso muchos cementerios fueron enterrados en su totalidad, guardando bajo las piedras increíbles panteones de una belleza inusitada. Aquello que no se destruyó fue guardado bajo llave en el Centro de Almacenaje de Cosas Prohibidas. El tiempo de aquellos objetos sería como la arena movida por el viento. El polvo y la ceniza las enterraría en su propia sustancia e incoherencia hasta desaparecer para siempre.

Con el tiempo, se consiguió que ningún ser humano se refiriese a otro de modo que se pusiera en evidencia la diferencia cultural, étnica o racial. Por lo tanto, las razas conocidas en el antiguo Orden Mundial desaparecieron así como su denominación aunque, lógicamente, la genética humana aun las sostuviese. La ciencia aun no era capaz de aislar el ADN mitocondrial humano de la línea materna o paterna para jugar con las combinaciones genéticas posibles; combinaciones que, por otro lado, dejaban paso a la casuística para la formación de las razas en periodos de tiempo extensos y difíciles de determinar. Por ello, y como un causa exonerante del daño moral que podría conllevar el “juego de dioses” de la determinación racial exclusiva (como si una fuese superior a las demás), las clasificaciones raciales tanto antiguas como modernas fueron, sencillamente, extintas tanto del lenguaje Hutatmano como de la memoria de la nueva generación surgida en la Nueva Sociedad Habitat. Derribar las barreras sociales fue un logro homérico en la Nueva Sociedad Habitat.

Por ejemplo, en el antiguo Egipto ya existía la diferenciación racial en cuatro clases: Libio, Nubio, Sirio y Egipcio. Esto, evidentemente, también conllevaba una clasificación social que dirimía en que clases de privilegios o no podía disfrutar cada una de esas razas dentro del ámbito del imperio Egipcio hasta una integración total o parcial. En la Sociedad Habitat Mundial las diferencias raciales eran llamadas características físicas de personalidad y se alababa su rareza, su forma y su singularidad como una imagen que se proyectaba al mundo de pureza y armonía con el entorno. Las disimilitudes ahora eran ensalzadas.

Después de estas reflexiones, Lucas atravesó el umbral de la entrada del edificio de la sede del Comité Rector Principal de la Aldea Habitat 1. No pudo apenas cruzarlo al sentirse extasiado por lo que le rodeaba, admirando sus enormes puertas de bronce que lo jalonaban con magnifica grandeza. Sus puertas constaban de seis elementos, dos de ellos fijos y cuatro móviles que, en conjunto, abarcaban 5,10 metros de ancho y 4 metros de alto. Pesaban aproximadamente siete toneladas. Pero lo más impresionante era su textura rugosa, como si las puertas estuviesen hechas de la suma de cientos de raíces finas entrelazadas entre sí. De nuevo la alusión a la naturaleza, a la madre tierra, al árbol protector que, por sí solo, constituye un ecosistema albergando entre el follaje de sus ramas a un sinfín de animales, protegiéndoles de las inclemencias del tiempo, otorgándoles alimento y procurando una simbiosis generosa de intercambio.

Cuando el hechizo de las enormes puertas le abandonó, sus pulmones le avisaron de otro hecho mágico. Nada más entrar, notó como el aire se tornaba cálidamente benigno como si el nivel de oxigeno que normalmente era del 21% tuviese una saturación más elevada. Su caminar se volvió más alegre, más fluido, como si una fuerza misteriosa estuviese empujándole por detrás mientras él solo se dejaba llevar. Entonces se topó enseguida con nada menos que con cinco miembros del Cuerpo de Vigilancia que permanecían por turnos día y noche guardando la recepción del Edificio, como si estuviesen esperando el ataque por sorpresa de alguna nación vecina. Pero los ataques habían cesado porque el nacionalismo se había erradicado. Por lo tanto la idea le pareció absurda a Lucas y el elevado número de vigilantes también. Además se le antojaba imposible que en la Aldea Habitat 1 hubiese algún tipo de conflicto.

Uno de ellos dio el alto a Lucas y le exigió que diera explicaciones del motivo de su visita. Lucas le entregó rápidamente la misiva que le convocaba a tener una entrevista con el Comité Rector Principal. El vigilante la examinó detenidamente. El peritaje caligráfico al que sometió al documento dejó asombrado a Lucas. Luego de unos minutos le informaron que debía de subir hasta la Planta cuarta y esperar en el hall de la entrada que hallaría después de salir del ascensor. Lucas obedeció con cierto resquemor y temor, como si se estuviese introduciendo en alguna cámara secreta sintiendo la inseguridad que ese acto proporcionaba. Probablemente así se habría sentido el arquitecto de una de las pirámides de Egipto después de que su obra se hubiese terminado y comprobase su ejecución al adentrarse en su pasadizo secreto.

Lucas no supo cuánto tiempo estuvo esperando, sentado en uno de los muebles tipo Kraft del hall de la Planta Cuarta. No pudo evadirse siquiera con sus pensamientos internos. Se sentía tan nervioso que comenzó, de manera inconsciente, a morderse las uñas. Era como si se hallase en un estado de sopor que no le permitiese concentrarse en sí mismo, completamente abstraído por la relevancia de la entrevista que estaba a punto de acontecer. Por ello Lucas no escuchó su nombre la primera vez que una secretaría salía de detrás de una puerta y lo pronunciaba. La mujer, de mediana edad, tuvo que pronunciar su nombre varias veces hasta que Lucas salió de su ensimismamiento y se levantó de un salto.

Lucas la siguió y le invitó a entrar en una sala contigua. La puerta, sencilla, prácticamente lisa y de una tonalidad marrón suave, no era un elemento que pudiese dar pistas de la enorme e increíble Sala a la que iba a tener acceso. Cuando la puerta se cerró tras de sí, Lucas se quedó estupefacto al observar el lugar donde estaba. La Sala tenía una longitud de aproximadamente 60 metros y una anchura de 30 metros por lo que el efecto óptico de pasillo aun la dotaba de una mayor longitud. Era completamente diáfana, sin ningún elemento vertical para la sustentación de los forjados o muros. Lucas supuso que, por la ausencia de pilares, que la estructura se tendría que sustentar inevitablemente por cerchas metálicas. Además, al elevar la cabeza hacia el techo, descubrió una altura considerable hasta un falso techo que apenas se podía adivinar por la baja luminosidad de la sala. A medida que comenzó a caminar muy despacio, como si estuviese pisando arenas movedizas, no pudo dejar de admirar las paredes. Estaban forradas por retablos pintados que contaban la historia del Hombre desde sus orígenes y hasta la fecha presente, la del año 2.088.

El artista, con la gubia y el formón, había dado forma a las diferentes capas hasta conformarlos con un espesor de tres centímetros. Las imágenes y formas se sucedían en un continuo devenir de acontecimientos históricos; desde los más esperanzadores hasta los más aterradores. Los retablos, en su conjunto, se dividían en las etapas históricas principales de la Humanidad, a saber, la Prehistoria, como el grupo de los primeros, que describía la existencia del hombre sobre la Tierra hasta que su desarrollo intelectual dio comienzo a la escritura que se plasmó en pieles, papiros, láminas de arcilla, piedras lisas, pergaminos y la revolucionaria invención del códice; el antiguo formato del libro actual. Su desarrollo parió las grandes civilizaciones de la antigüedad englobadas hasta el 3.300 a. E. C. El segundo grupo de retablos plasmaba con exacerbante realismo la llamada Edad Antigua que se sucedió hasta aproximadamente el año 476 d.E.C., con la caída del Imperio Romano de Occidente, tras la destitución del emperador Romano Rómulo Augusto en la ciudad de Roma. La siguiente etapa fulminó definitivamente los vestigios del Imperio Humano más grandioso jamás creado sobre la tierra, al caer la parte Oriental del Imperio Romano en el año 1.453, con la Caída de Constantinopla a manos de los Turcos.

El artista ahora, como si hubiese sido preso de una sutileza interpretativa con atisbos de dulzura, pasaba a descubrir una serie de retablos con trazos más suaves y finos, para reflejar la Etapa Moderna, aquella etapa histórica del hombre que teóricamente había aprendido de los errores del pasado hasta subyugar las diferencias nacionales. Pero todo eso pasaba a convertir el Oscurantismo de la Edad Media casi como una mera anécdota y pronto se centraba en la resolutiva Revolución Francesa del año 1.789 que daba pasa a la Edad Contemporánea y que fue la madre de otras tantas revoluciones, como la de los Claveles en Portugal o, anteriormente, la famosa revolución Rusa con Lenin como abanderado. Entonces, los retablos comenzaban a retratar sin miramientos el nacimiento apoteósico de la Edad Industrial: las máquinas, los inventos y la ingeniería humana surgida del mimetismo aplicado hacia lo que la propia naturaleza exhibía en todas sus criaturas. Y sobre estas invenciones anónimas el hombre no tenía control. Su propio afán por progresar había cavado su propia tumba. Su sed de buscar una vida confortable había sido el detonante de la voracidad insaciable hacia los recursos del entorno.

Lucas se sobrecogió cuando se dio cuenta de que empezaba a observar los retablos dedicados a la Etapa donde él había tenido la fortuna o desdicha de haber vivido. Ningún ser humano era dueño de sí mismo porque no podía escoger de antemano el lugar donde nacer o donde morir. Los ojos se le humedecieron recordando su infancia que, aunque había sido corta, exageradamente corta, aun le había regalado muchas sensaciones de otro mundo, muy lejano y desconocido. Se asombraba de que en apenas 8 años de vida, su cerebro hubiese sido capaz de atesorar aquella infancia como si hubiese sido la parte más valiosa de su vida, como si el sentimiento de posesión, de pertenecer a un lugar, fuese tan fuerte, tan abrupto y tan salvaje que pareciese que estaba cayendo como la vertiginosa agua de una inmensa catarata. En el fondo sabía que la concreción del porqué del cambio de Orden Mundial no estaba asentada fuertemente en su mente y corazón. Por eso pasó de largo ante los retablos que describían a la Sociedad Habitat Mundial. Ya la conocía en profundidad y recrearse en ello no le interesaba en absoluto.

Después Lucas pudo visualizar que un trozo de la pared aún estaba lisa, esperando engullir nuevos retazos de la historia humana, como si en el fondo, la solución definitiva adoptada por el Proyecto Habitat pudiese dar paso a nuevas expectativas que fuesen superiores a las presentes en el logro humano de la supervivencia. Al llegar al final de la sucesión de retablos, Lucas se percató por primera vez de que sus pasos eran absorbidos por una moqueta ignífuga de un espesor considerable. La moqueta ecológica, fabricada con un casi inexistente índice de compuestos orgánicos volátiles con una capacidad absoluta para atrapar a los alérgenos y actuar como un filtro, estaba tan impoluta que su textura parecía erigirse en tres dimensiones. El gesto del caminar sobre ella era tan confortable y suave que a Lucas le daba la impresión de estar flotando. A todo esto se le unía su capacidad acústica para actuar como un elemento antisonoro y absorber las vibraciones producidas por el ruido. Por ello, al silencio reinante que Lucas había notado en la Sala, como si estuviese vacía completamente, se le unía la ausencia de ni siquiera el producido por el pisar de sus zapatos. Solo el sonido del silencio era más fuerte que el propio silencio. El misticismo estaba asegurado dentro de aquella sala.

Lucas centró su mirada en el fondo de la habitación. Durante todo su recorrido anterior, la luz se había mantenido tenue. Ahora, a medida que llegaba al final de su recorrido, la intensidad de la luz aumentó pero de manera casi imperceptible. La iluminación se centró en una enorme mesa que ocupaba todo el ancho de la sala, en forma de semicírculo. En el centro, una butaca negra. A cada lado, tres asientos más. Todos ellos estaban ocupados por personas que ocultaban su identidad entre las sombras, a excepción de uno, el del lado izquierdo, que estaba misteriosamente vacío. A Lucas se le pasó el absurdo pensamiento de que quizás ese asiento estaba preparado para él. Fue absurdo, en efecto, porque nadie se dirigió a él y nadie le invitó a ocuparlo.

Por el contrario, lo que ocurrió a continuación fue una sucesión de miradas entre los que ocupaban la mesa, que se cruzaron durante un tiempo indeterminado, como si el juego de la observación fuese más poderoso que el de las palabras. Lucas se quedó de pie, delante de todos ellos, sin pronunciar palabra. Tampoco nadie se dirigió a él de manera directa. De vez en cuando y entre ellos, los miembros de la mesa murmuraban entre sí. Las palabras se siseaban, como si en vez de personas fuesen serpientes que entrelazaban con avidez sus cuerpos. A pesar de la distancia que había entre unos y otros, cada uno tenía un pequeño audífono y un pequeño micrófono con el que susurraban y conversaban, supuso Lucas, sobre él mismo, sobre su presencia, sobre cosas que él aun desconocía. Lucas quiso también jugar al juego de la observación y se esforzó por memorizar cada uno de los rostros que le observaban como si fuese un bicho raro. Dio un paso adelante para permitir que sus ojos llegasen hasta la luz y que así sus rostros se iluminasen ante su mirada. Ahora podía ver sus caras con cierta claridad.

Lo primero que concluyó (y eso saltaba a la vista) era que todos los miembros del Comité Rector Principal eran, desde el último y hasta el primero, no solo viejos, sino increíblemente viejos para seguir manteniendo sus actuales funciones. Lucas se fijó primero en quien ocupaba el asiento central. Enfrente de él y sobre el tablero de la mesa, como ocurría con el resto de los miembros, un cartel anunciaba su nombre. Lucas se quedó de piedra al leerlo. Enfrente de él estaba, ni más ni menos, que el mismísimo Robert Pilman, el fundador del Proyecto Habitat y el actual presidente del Comité Rector Principal.

Robert Pilman contaba con 98 años de edad y aún mantenía su rostro duro como el tempano, como si el paso de los años no se lo hubiese endulzado, cosa que si ocurría en la mayoría de los ancianos. Sus rasgos fuertemente dibujados en su piel se habían vuelto más profundos. Su pelo blanco sin brillo se mostraba de un amarillento macilento. Los dedos de sus manos, alargados como ramas finas, se anudaban entre sí, con muñones en las falanges. Su respiración estertórea sesgaba parsimoniosamente el silencio de la sala. Sus ojos grises apagados parpadeaban sin cesar y su mirada le observaba como quien mira un espécimen en un laboratorio. Los hombros encorvados, sugiriendo una chepa pronunciada entre ellos, se cerraban en abanico y casi arrugaban por si solos la chaqueta oscura del anciano. Pilman era de origen americano, nacido en el sur del país, Estados Unidos, la que fuera la primera potencia mundial cuando todo estalló. La Tierra del Blues dejó una impronta muy profunda en el carácter de Pilman. Pero pronto purificó su alma de cualquier raíz sentimental para preparar el proyecto más importante de la historia humana. Para ello contó con la inestimable ayuda y el sacrificado apoyo de su esposa, Diana Pilman, quien murió sin ver acabada la obra que transportaría sus sueños de crear un planeta único. El cáncer la comió antes de que Pilman estuviese preparado para ello. Robert se sumió en un mutismo absoluto para con sus sentimientos, en un estado catatónico total que por un breve espacio de tiempo lo inutilizó para seguir la obra eterna a la que se había conjurado. Pero poco tiempo después renovó sus energías y se dedicó de toda alma al Proyecto Habitat, las 24 horas del día, cada minuto, cada segundo y con cada aliento que expelían sus pulmones.

La historia de Robert Pilman lo precedía sin ambages de ningún tipo de directriz establecida para convertirle en el mejor abanderado de la nueva Sociedad Habitat Mundial. Con tan solo 16 años, en el año 2010 y considerado como un superdotado, encontró en el sistema educativo una falta total de interés para sus aspiraciones y dejó los estudios al terminar el bachillerato con unas notas un tanto mediocres. Sin embargo, su tesis doctoral acerca del medioambiente y que había publicado de manera voluntaria en un blog personal, llenó de asombro a todos los expertos mundiales sobre ecología. Muchos le llamaron loco por exponerla con la gratuidad global que permitía Internet en aquellos años. Pero los que supieron ver más allá de lo obvio, supieron percibir la mente brillante que existía tras aquellas palabras. Pronto fue llamado para participar en el lanzamiento de todos los ideales de Las Aldeas de la Biosfera desarrolladas en la década de los 90 y que desarrollaron los gobiernos de manera secreta por todo el mundo. Le explicaron a Pilman que estas Aldeas de la Biosfera eran la base de las futuras Aldeas Habitat. El tiempo transcurrió de manera inexorable y para el año 2054 y con 60 años de edad, Robert Pilman había desarrollado un fuerte liderazgo en el proyecto que, al poco tiempo, le encumbró a la cima cuando en Julio de ese año se comenzó la implementación mundial del Proyecto Habitat.

Para cuando la implementación finalizó en el año 2.065 y con 71 años, Robert Pilman se había convertido en un icono viviente al mismo nivel que antiguos personajes destacados de la humanidad que habían cambiado de manera definitiva el rumbo de la humanidad y cuya influencia había dejado una impronta tan profunda que, después de cientos de años después de sus muertes, sus obras aún seguían siendo un hito para la humanidad. Poner a Robert Pilman al mismo nivel que Albert Einsten, quien nació en 1879 y murió 76 años después dejando una obra científica tan importante que le convirtió en en el científico más relevante del siglo XX o a la figura de Jesucristo cuya influencia en las religiones Cristianas había perdurado al paso de los siglos y cuyas enseñanzas le atestiguaban como el Hijo del Dios vivo o de Leonardo da Vinci, arquitecto, escultor, pintor, inventor, músico, ingeniero y el hombre del Renacimiento por excelencia, nacido en un Medievo caracterizado por su obtusa resistencia al progreso o de Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia, o de tantos y tantos otros como Sócrates, Platón, Pasteur o de grandes estrategas militares que para bien o para mal cambiaron las fronteras de las antiguas naciones como Alejandro Magno, Napoleón, Julio Cesar, Hitler o de científicos y artistas visionarios que contemplaron lo que nadie fue capaz en sus diferentes épocas como Galileo, Copérnico, Gutenberg o de matemáticos como Euclides, Pitágoras o de aquellos quizás menos conocidos pero cuyos inventos revolucionaron el mundo, como Tsai Lun, el inventor del papel, o el padre de Internet, Tim Berners-Lee… la lista era interminable y Robert Pilman ya estaba en ella como uno de los miembros más destacados.

Su sueño era que se perpetuase por toda la eternidad el Nuevo Orden Mundial nacido del glorioso Proyecto Habitat. Por ello Pilman hizo una corrección ortográfica a la palabra Hábitat y que acuñó en el diccionario del lenguaje Hutatmano. Le quitó la tilde a la palabra Hábitat de tal forma que dejó la palabra con una entonación distinta: Habitat. Para él, la singularidad del Proyecto Habitat estaba basada hasta en los pequeños detalles. Todo debía ser diferente del antiguo Orden Mundial. Y si hubiese podido cambiar el color del sol tal y como lo percibe el ojo humano, Robert Pilman en su injerencia, lo hubiese hecho, para que cada amanecer en la Nueva Sociedad Habitat Mundial fuese diferente de sus predecesores.


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-23 show above.)