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Libre espíritu

Joey Ray Martínez

Edición Smashwords

Alexandria Library Publishing House

En memoria de mi querida madre, Dulce María Vázquez Montano

Libre espíritu

Edición digital

© Joey Ray Martínez, 2017

Edición, composición digital y diseño de portada:
Vilma Cebrián

Alexandria Library Publishing House

www.alexlib.com

Esta publicación no puede ser reproducida, distribuida o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio
sin la previa autorización por escrito del autor.

Índice:

Prólogo

Nueve poemas selectos

El amor en mí

Calma corazón

Libre espíritu

Así es de ciego

¡Ah, Miami!

Doble imagen

Madre mía

Espacio

Mi madre

Anécdota

Oscuridad y silencio sobre la ciudad

Tres cuentos y fábulas

La mosquita que no quería serlo

Renata, la ranita Albina

¡Él fue un asesino más!

Prólogo

Dejemos que la idea fluya libre como el viento, lozana como el sol y el cielo y que aguda nos toque muy dentro de nuestro ser, para desde allí florecer; encantando nuestra vida por doquier.

Dejemos que el sentir nos lleve por senderos grandiosos y claros, cual rápido anda el tiempo y también nuestro vivir y hasta nuestro amar al prójimo.

Entonces podamos reír, bailar y cantar llenos de satisfacción y dicha, colmados de triunfos y de bendiciones, entonando una canción de paz y otra de amor.

Porque sabemos que caminamos en una buena causa, que se agranda poco a poco, a la vez que cruzamos nuestro propio sendero guiados por el bien y la fe.

Y así, engrandecidos dentro del corazón y de nuestro ser el espíritu se tornara inmenso y fuerte, inconmensurable y fantástico, hasta volar libre por el viento; abriendo sus enormes alas empujadas por una fuerte brisa y allí al fin –alcanzar la suprema verdad del vivir.

Estas ideas -al igual que muchas otras- nos llenan de regocijo y dicha plena, solo el saber que ayudamos a alguien en ello y que ese alguien lo agradece y nos felicita a su vez; pero también nos complace al máximo el compartir lo que simplemente pensamos.

Muchas gracias a todos los que de una forma u otra nos han ayudado e inspirado, a veces sin ellos saberlo, hasta lograr que nuestro gran sueño se vaya haciendo realidad de una forma solida. En especial mi gran familia y mis buenas amistades, y de forma muy especial a Vilma mi gran editora, que sin su ayuda todo esto sería muy difícil de lograr; muchas gracias por todo su esfuerzo y dedicación para con nosotros.

“Cada cual posee lo que nadie más tiene igual
y es la voz, la mente, la historia y la visión”.

Neil Gaiman



NUEVE POEMAS SELECTOS

El amor en mí



Y se me acercó, lo vi

tocando dentro de mí,

llegó de pronto, lleno de vida;

quedándose ella alegre y calmada,

tan feliz, gloriosa y muy alada.



Y floté por doquier al reír

y sentir ese fabuloso vivir,

muy alegre adentro, alma ungida;

también lloré y mucho me desvelé.

pero entonces viví y bien que gocé.



Así fue que me vino el amor,

que le conocí en mi primer candor,

e hice conquistas y maravillas, querida;

que no fue una, sino varias veces

qué amé profundo, libre y sin preces.

Calma corazón



Calma ahora corazón

que hoy no es tiempo aún,

vive tranquilo, suave con razón;

pronto vendrá el oportuno tiempo.



Así, cálmate corazón,

palpita fuerte y profundo,

vibra y remueve el viejo telón;

pronto vendrá el justo momento.



En que andas o vuelas con pasión,

brincando de júbilo… con amor,

es solo un tiempo de reflexión;

calma corazón, calma el tiento.

Libre espíritu



Noble es la clara idea

como agudo es el pensamiento,

raudo el sentir y más el vivir,

como justa es la buena causa.



Entonces dejemos que sea grande

el espíritu y vuele libre al viento,

para así alcanzar la justa verdad.

Así es de ciego



Así es de bello el amor

cuando se ama de verdad,

que no oye consejo, lógica ni razón

y salta, corre, ríe y vuela el corazón;

pero ama todo con locura y ardor.



Así es de ciego y claro el amor

cuando ama fuerte, con honestidad,

que habla, siente, padece y vibra alado,

pues solo vive y siente en el ser amado;

¡Así de ciego y puro es el amor!



Y no oye ideas, ni voces si va en penar,

solo flota, alegre gozando en libertad,

que nada ve, ni oye en su mundo,

que ríe, silba y canta, aún moribundo;

pues lo ama todo en su ciego amar.

¡Ah Miami!



Hermosa tierra que palpita,

que en su seno lleva con orgullo,

la bendición esculpida y escrita;

en tierra americana, todo es suyo.

¡Ah Miami!



Vibran tus amaneceres gloriosos,

con gente alegre a tu derredor,

te siento, te vivo, son esplendorosos

tus días y noches plenos de amor.

¡Ah Miami!



Del calor que desprendes

se llena mi alma y mi ser,

te llevo calado y me prendes

alegre la vida de dicha y placer.

¡Ah Miami!



Adoro tu sabor tropical,

donde destellan todos tus colores,

con tu encanto en agua de cristal

de ritmos, gracias y mil sabores.

¡Ah Miami!



Libre y regio es tu gran suelo,

palpita tu energía, lleno de vida;

¿Cómo no querer ese tu lindo cielo

Si abres puertas, aun en bienvenida?

Doble imagen



¡Oh, perdón!, pero ¿no era usted

la que vi hace un momento?

Con ojos tiernos, pelo claro al viento,

en cuerpo hirsuto, pleno de alegría…



Entonces… es que estaba yo solo,

con nadie presente, desdoblando

una imagen que solo iba reflejando;

cual fiel espejo la figura de mi otro yo.

Madre mía

(Poema de mi hermano Juan Manuel)



Más hermosa que una flor

abiertos como pétalos sus brazos

dueña de todo mi amor,

resguardadora de todos mis pasos.



Entusiasmada con su amor,

¡Más queriéndola más cada día!

Inspiración plena del Señor

así es la madre mía

Espacio

(Poema de mi sobrino Giovanni)



Cuándo regresas

a la casa vieja, al viejo barrio,

a los viejos y fieles amigos,

descubres lo que realmente

vale en la vida, entiendes

que las verdaderas historias,

que te llenan bien

y de las que estás hecho;

son aquellas que con poco

han rellenado lo mucho.



El espacio que guardabas

para el verdadero amigo,

o para el amor en sí;

el espacio que eres tú

en el más completo sentido de la palabra.

Mi madre

Si con sus manos puras,

y su amado corazón ungido,

he de ver a mi madre otra vez;

quiera Dios de dicha esté fundido

y con estas, mis manos impuras,

¡amarla de nuevo sin ningún revés!



Si con sus manos puras

y su amado corazón ungido

usted madre, me amase otra vez,

quiera Dios de amor esté henchido

y con estas mis manos impuras

¡amarla como usted siempre fue y aun es!

“Nuestra fe puede mover montañas”

Mattew 17:20



ANÉCDOTA

Oscuridad y silencio sobre la ciudad

Era algo tarde en la ciudad, pasadas las 9 de la noche del verano de 1967 cuando yo J. Ray M. delgaducho joven de apenas 17 años, pelo castaño y largo, ojos color miel y muy vivarachos y con mi inocente aspecto a cuestas me aventuré rápidamente, pero sin llamar mucho la atención en los pocos transeúntes que había a esa hora en las calles de aquella “Rampa” vacía y sin vida de La Habana. Yo debo decir además que tenía mucho temor, aunque me iba aproximando a sus calles, tan familiares, tan queridas para mí y para todos nosotros, en particular la juventud de aquella época en mi país.

De repente un muy conocido tipo de cautela se apodero de mí, o quizás ya estaba dentro de mi ser hacía mucho tiempo atrás, en mi mente, en mis pasos, hasta en mi espíritu. Tal vez era solo un profundo instinto animal que me alertaba y me decía: Debes tener mucho cuidado, y recordé que alguien me había dicho esto antes de llegar a esta zona del Vedado y ahora creo yo que una voz muy particular me repetía las mismas absurdas palabras, lentamente, como en una larga pausa y yo sin lograr saber por dónde venía esa aguda voz.

Sí, ahora recuerdo claramente como todo fue en aquel fatídico y cruel verano del año 67, todo lo que había sucedido allí, cuando muchos amigos me llamaron y me avisaron, además otros me repitieron en mi reparto lo que había sucedido, la triste noticia, lo que muchos estaban comentando en susurros y a media voz con bastante temor; de aquella infame “recogida o limpieza”, como ellos le decían, alrededor de la Rampa y sus inmediaciones la noche anterior. Pero yo nunca quise creer lo que los demás me decían, no podía creer que eso fuese verdad y hasta allá me fui, para comprobar con mis propios ojos y mi raciocinio la dura y cruel realidad: el oprobio de sentirse oprimidos, mancillados, con nuestra libertad de ser y de opinar mutilados; con nuestros derechos humanos arrebatados sin misericordia alguna para nadie que opinara lo contrario a lo que ellos querían, en cada casa, en nuestro paso o actuación, en cada esquina, barrio y en cualquier lugar en que viviéramos allí.

Esto fue una “recogida” más, al peor estilo que ellos tenían, tan salvaje como ellos mismos eran y que allá existía y aún por desgracia persiste, pero más solapado y silente, aunque más cruel e inhumano. Entonces fue que yo sentí el agudo silencio, tan abrumador devastando mi ser, a mis oídos, mi vista y todo a mi alrededor, porque solo veía agravio y malestar; mi boca sentía la sequedad del cruel momento y toda mi piel se sacudió de espanto y hasta mi alma no pudo contenerse más; tan fuerte este impacto recayó en mí que aun hoy lo percibo fuerte y latente como si hubiera sido ayer, a pesar de más de 40 años transcurridos –por suerte y por olvido ya atrás dejado, para nuestro propio bien como seres humanos.

Recuerdo que dondequiera yo mirara veía el silencio triste y una grave penumbra que lo cubría todo allí, en los árboles, cercas, aceras, peatones, inclusive en los pequeños niños y hasta en los animales que por allí me encontré, todos sabían lo que allí había acontecido la noche anterior, cada ser viviente o no sintió y vivió aquel atropello humano; solo había que observar el aire sombrío, la atmosfera ajena y cargada sobre las vacías calles, o aquellos antes alegres rincones y muchos lugares en soledad ahora, hablaban por sí solos y muy en alto de la crueldad cometida con tantos inocentes jóvenes, que no habían hecho mucho mal, solo ser o querer vivir libres.

Y las pocas personas con que me encontré en aquella desolada noche, solo me mostraban sus largos rostros de angustia, de gran pesar y sí… mucho miedo, el mismo terror que yo sentía: -Pero todos sabíamos quiénes eran ellos, cómo ellos actuaban y lo que eran capaces, pues ya lo habían hecho antes- alguien me susurro al oído y otra vez, sin esperar respuesta, rápidamente se esfumó y no pude ver quien era”. –Ellos se conocían a sí mismos también, sabían que tenían el control y la fuerza de su lado y nunca les ha importado el sentir de los demás, era más importante mantenerlos a raya y en total control. Mantenerlos dentro de su comando y su rapaz estructura- Otra vez, alguien me suspiró al oído y se desvaneció por completo también, antes de yo ver quién era el que me hablaba allí, aunque ahora creo que se quien fue.

Desafortunadamente ese era y sigue siendo su estilo, su modo de operar copiado de los rusos y los nazis, dentro de su represiva y humillante represión de un pueblo y lo que ellos nos hicieron era su favorito: “movimiento limpio de masas y ajustes de control político” y su preferido acto o capítulo: “El del odio, la represión a mansalva sin explicaciones con su aún más favorita canción: “El terror por dentro”-que todos ellos tanto la cantaban por doquier.

Ahora volvemos otra vez hacia atrás, a aquellas calles donde ellos estuvieron aplicando su doctrina a lo máximo, golpeando y registrando a miles y miles de infelices inocentes, durante toda aquella brutal noche (me imagino ver sus alegres semblantes de polizontes, sus felices caras con sus verdes uniformes o en ropas civiles, manchadas de odio y sangre joven) con aquellos rostros sin sentimientos, tal vez escondiendo su verdadero sentir “limpiando” las calles, antes tan hermosas y alegres, vibrantes de música y vida joven, de juventud libre y feliz, ahora maltratada, humillada y reprimida y de aquel humilde pueblo, que hasta hoy no sabe qué hacer ni que decir con coraje y fe; solo asentir y aplaudirlos, mientras ellos remueven cualquier escoria, cualquier duda o discrepancia como alguna cosa que pareciese extraña y que alguien tuviese en su poder, o en sus ideas y cuerpos.

“Solo bastaba eliminarlo, someterlo al mínimo y se acabó el problema, ahí terminaba el asunto por completo, cualquier motivo o razón lógica en contra de ellos -por pequeña e insignificante que esta fuese- Todo lo que oliera a mundo o amor libre, a libertad y a paz entre hermanos ellos lo arrasaban, sin más ni más, en su vil y grotesco poder, sobre cuadras, edificios, barrios, pueblos y millones de personas. De esa forma nos sucedió en aquella zona donde nosotros siempre estábamos, donde nos sentíamos con libertad plena, con mucha paz y amor en cada noche, donde cantábamos muchas canciones de moda junto a otros cientos como nosotros, bailando entre todos, alegres entre nosotros, con ese aire y ese espíritu libre que trae la juventud simple y llana, de la amistad y del amor; de acuerdo a nuestra naturaleza, modo de ser y de vivir, aunque solo fuera de acuerdo con nosotros mismos –solo éramos unos miles de inocentes jóvenes nada más, solo unos cuantos con diferentes ideas y diferente pensar.

Pero, quizás lo peor era que ellos decían que esto era necesario para limpiar mentes y cuerpos y ayudarnos a formarnos y crecer sanos, para con nosotros formar el hombre nuevo y de esa manera construir un mejor país. (A base de golpes, maltratos y represión; tal vez construyendo a su alrededor una inmensa utopía como realmente así fue) y aquí me nace la inspiración:

¡Oh, pero mi Habana!

¡Sin música volando, sin paz!

¡No eres igual, no suenas capaz!

¿Dónde poder hallar alegría?

¿Sin libertad, sin música ni maestría?

¡Oh, pero mi Habana!

Sin alas, ¿dónde puedes volar?

¡Si te quiebran los deseos y el amar!

Callando nuestras voces al viento;

¡Rompiendo las alas, el vivir tan cruento!

De esa manera y aún muy asustado llegue aquella noche a esa famosa “Rampa”, casi vacía y sin vida, donde no pude encontrar a ningún ser conocido, solo me contacte con unos amigos por teléfono y al saber ellos que yo estaba allí, se asustaron mucho y me pidieron que me marchara cuanto antes de ese lugar, también me preguntaron ¿que si yo estaba loco o qué? Cosa algo real y me repitieron que de allí me marchara cuanto antes mejor. Así que me asusté mucho más y entonces fue que de verdad comprendí la funesta realidad de vivir esclavo y sin derechos en mi propio país y finalmente de aquel triste lugar me marché rápidamente.

Todo esto sucedió en aquel distante ayer (mucho tiempo y sucesos han pasado desde entonces) pero sigue en nuestra memoria cada detalle y cada sentimiento que allí vivimos, porque después de tanto tiempo, de tantas humillaciones y desagravios hemos devenido en seres mucho más pacíficos, más humanos y más sabios, a la vez que somos más fuertes y resistentes en nuestra fe y en nuestras convicciones; aunque nunca aceptemos su locura y su maldad, seremos capaces de perdonar a otros injustos y al final vencer cualquier obstáculo, tomando nuestro propio espíritu de fe y nuestra gran voluntad y usarlas como ejemplo, claro y brillante como estandarte de lucha y honor, hasta alcanzar nuestro libre vuelo y nuestra mejor forma hacia la libertad plena que una vez esos oscuros seres nos arrebataron.

Entonces, enarbolando nuestras nobles y pacificas ideas –dentro de mejores días- mientras todo lo malo con su maldad a cuesta se va eliminado por sí misma y se va quedando atrás, muy distante de nosotros, veremos que algún día se haga clara justicia y la clara verdad se imponga, entre todos nosotros y aquellos que provocaron tanta injusticia y maldad en nuestro pueblo y en nuestros corazones por igual.

Aunque siempre estaremos en paz con nosotros mismos y al lado del Señor Todopoderoso, sabemos que somos capaces de perdonar; y será difícil pero también olvidaremos sus faltas. Si el propio Dios nos guía a perdonar de corazón y lo hace con nosotros mismos y con todos los demás. ¿Por qué no lo podemos hacer igual nosotros, aunque nos cueste bastante trabajo, seguimos su claro y contundente ejemplo; llenos de virtud y sabiduría para con los demás?

“La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”

Víctor Hugo



TRES CUENTOS Y FÁBULAS

La mosquita que no quería serlo

(Fábula)

I

En el monte vivía una mosquita muy buena, amable y amigable que se llamaba Lola, ella era dulce para con los demás, se desvivía por ayudar y atender a todos los demás animalitos, fueran estos mosquitos, larvas, gusanos, moscas, abejas, conejos, en fin a todos. Es que ella no encontraba ninguna diferencia entre ellos, solamente veía a un ser vivo como ella que necesitaba ayuda; su asunto era ayudarlo y complacer en lo que ella pudiera, al final brindarle su amistad sincera.

Pero lo más increíble en ella -aparte de su adorable carácter y afable personalidad- era que no le gustaba hacerle daño a nadie, ni siquiera a los humanos, a ningún ser viviente ella nunca se atrevió a picar y chuparle su sangre; solo vivía del néctar de las flores y se alimentaba de frutas silvestres y así vivía plenamente y sin ningún problema. ¡Era una mosquita vegetariana a carta cabal!

Sí, señoras y señores, ella no picaba ni molestaba a los demás con esa impertinencia y ese picoteo constante, aunque los otros mosquitos se burlaban de ella y le instaban a hacer lo que ella se suponía que hiciera, ella se mantenía firme volando de aquí para allá, sin hacerle caso a sus burlas ni reclamos.

Y así iba siempre volando bajito para poder saludar a los demás seres, que le contestaban su cordial saludo, Lola de esa forma se ganaba muchos amigos y sí que los tenía de veras, que la querían y adoraban por ser ella tan buena y amable con todos en el bosque y en el pueblo.

Al volar, entre alegre y risueña producía una especie de linda música entre el acorde de sus grandes alas, sus largas patas que movía sin cesar y un ruido que hacía con su pico y su larga boca. Pero cuando de lejos avistaba a otros de un inminente peligro, los ayudaba rápidamente y les avisaba de lo que podía sucederles; aunque también cuando sabía que hordas de hambrientos mosquitos de los pantanos iban hacia el pueblo a atacar y picar a los demás iba volando rápidamente, primero que todos ellos y les avisaba a sus amigos del peligro, entre súplicas y gritos les pedía que se cuidaran, pero sobretodo que usaran repelentes o velas como la citronela y no fumigantes que mataran a esos mosquitos, porque en el fondo eran sus semejantes; pues entre ellos se podían encontrar sus tíos, primos y hermanos, en fin muchos de sus amigos y familiares y ella todo esto la ponía muy triste porque no podía evitarlo.

“¡Hola amigos, rápido enciendan velas y pongan repelentes, pues para acá vienen muchos mosquitos!” Les gritaba a todos sus amigos.

“¡Oigan, escóndanse ahora mismo y pongan velas encendidas para ahuyentar a esos mosquitos que ya vienen para acá! Decía a todos ellos, fueran personas o animales.

Y de esa forma iba volando por todos lados, en cada árbol, en cada flor, hoja o cualquier hueco se posaba para alertar a todos sus amigos o seres que ella no conocía y les prevenía, evitando en parte muchas picadas y molestias a personas y animales. Pero la pobre Lola solo ella no podía con todo eso, pues era un enorme trabajo el ir de aquí para allá y de allá para acá, volando y volando rápido, al final terminaba exhausta y sin completar su buena acción, entonces se desplomaba entre las hojas de un gran sauce y allí pasaba horas extasiada oyendo la música del aire y el bosque y produciendo ella misma entre sus alas, largas patas y boca aquella linda música, que más bien parecía un aletear de un zunzún. Súbitamente llegaban muchos animalitos, grandes y pequeños, que eran sus amigos y la rodeaban, abrazándola se ponían a cantar, bailar y silbar al acorde único de hojas, ramas, sus voces y cualquier piedra y palo que encontraban en el camino y todo terminaba allí con una gran fiesta entre todos ellos.

Un mal día en que iba saludando a sus amigos, conocidos o no en su diario volar, sin percatarse cayó envuelta en una gran telaraña y por mucho que se esforzaba se enredaba más y más hasta el punto de cansarse y de llorar, suplicando por ayuda a sus muchos amiguitos que por allí pasaban.

“¡Por favor amiga Lucía! Le gritaba Lola a una bella mariposa Monarca, que por allí volaba.

“¡Amigo Tito, mi buen amigo saltamontes, ayúdeme usted a salir de aquí, por favor!” Le decía llorando.

“¡Por favor, Paco y Chicho, mis lindos pajaritos, sáquenme de aquí pronto!” Ella les suplicaba cuando los veía pasar cerca de allí, a todos ellos a la vez.

“¡Es que ya veo que hacia mi viene una horrible araña que yo no conozco!” Gritaba Lola asustada.

“Sí, amiga Lola ya te sacaremos de esa trampa” Le decía el grillo Tito.

“Sí, animo amiga Lola, ya venimos por ti, decían al unísono los pajaritos Paco y Chicho.

Entonces las mariposas, el saltamontes, las moscas y otros más fuertes como esos pajaritos la lograban desenredar de la telaraña y la sacaban de ese aprieto y de ese gran peligro en que ella estaba metida.

“¡Gracias Señor Tito, gracias mi amiga Lucía y mis buenos pajaritos Paco y Chicho! Les estaré eternamente agradecida por su buena ayuda. ¡Gracias amigos míos, me salvaron la vida! Les decía Lola con mucho amor y agradecimiento. Y se ponía a charlar con ellos amablemente y sin ningún apuro.

Otro día, para su desgracia iba volando y al posarse, no se fijó donde lo hacía y piso una trampa de esas que ponen para atrapar moscas, cucarachas y mosquitos, al instante quedó atrapada en el fuerte pegamento y ahí estuvo mucho tiempo, rodeada de muchos insectos que se morían y otros ya muertos, ella se sintió muy mal entre el hedor de cucarachas y demás insectos sin vida y ahí sí que se las vio negras, pues la pobre Lola pensaba que ella también moriría de hambre y sed.

Ella brincaba tratándose de desprenderse de esa trampa, pero poco podía hacer ella sola y entre tanto esfuerzo se cansaba más, entonces vio de lejos pasar a algunos de sus amigos y los llamaba desesperada:

“¡Ay amigos míos, Tatiana la linda grulla, por favor ayúdeme usted a salir de esta trampa!”

“¡Por favor, don Tato ayúdeme a salir de aquí!” Exclamaba dirigiéndose a un lorito muy juguetón que venía volando con un grupo de sus amigos, riendo y haciendo cuentos.

“¡Oh amiga Lola!” Exclamó Tato. “? ¿Qué haces ahí, atrapada y entre tantas feas cucarachas? ¡Vamos, entre todos te sacaremos de ahí rápidamente!” Le dijo y de esa manera lo hicieron.

Todos los loritos con la ayuda de la grulla Tatiana cargaron la trampa y la llevaron a un rio cercano y poco a poco lograron disolver el pegamento y sacar a la mosquita Lola de esa mortal trampa, pero en el forcejeo y la extracción de ese fuerte pegamento le costó a Lola la pérdida de un pedacito de un ala y una pequeña patica delantera, aunque gracias a sus amigos estaba libre y viva otra vez y se los decía a ellos una y otra vez:

“¡Muchas gracias amigos Tatiana, Tato y los demás loritos! ¡Muchas gracias por haberme sacado de ahí! ¡Les estaré agradecida por siempre!” Y los besaba y abrazaba sin cesar.

Es que la mosquita Lola era un poco entretenida, se despistaba fácilmente, cometiendo muchos errores y tropezando en todos los sitios, teniendo muchos percances y accidentes por todos lados. Casi a diario sus padres y otros familiares le llamaban la atención y le pedían que pusiera más atención por donde iba y esto era verdad ella debía de tener mucho cuidado por donde volaba; sobre todo a baja altura donde existían muchos peligros y menos espacio para evitarlos.

En otro mal día para ella, tres malos escarabajos que se escondían detrás de unas rocas, la vieron venir sola y le tendieron una emboscada para comérsela viva y entre lazos y cuerdas lograron atrapar a la infeliz de Lola, la pobre quedó totalmente indefensa y sin ayuda alguna esta vez que viniera en su auxilio, pues este era un lugar bastante alejado del camino que usualmente todos frecuentaban o vivían por ese monte y que ella había tomado por error y en su distracción se había alejado sin percatarse de ese peligro; era una grave amenaza para ella y su vida.

“¡Oh Dios mío, que les pasa a ustedes!” Gritaba muy asustada Lola.

“¡Por favor, alguien ayúdenme pronto!” Exclamaba angustiada y temerosa de las crueles intenciones de esos feos escarabajos. “¡Estoy atrapada y no me puedo casi mover!” Gritaba pero pocos oían por allí.

“Ja, ja, ja, esta vez te atrapamos linda Lola” Decía un gordo escarabajo que le llamaban Fofo.

“¡Ahora nadie podrá venir en tu ayuda, ni te podrás escapar de nosotros, linda!” Le decía riéndose el malo de Fofo que junto a los otros dos escarabajos la sujetaban con las cuerdas y amarraban bien apretada a una rama baja de un arbusto.

La pobre Lola trataba de escapar, forcejeando y luchando por zafarse, aunque estaba muy amarrada y casi era imposible cualquier escape.

“¡Ay, señores escarabajos, déjenme ir a mi casa, por favor! ¡Yo no les he hecho daño a ustedes!” Imploraba y lloraba por la misericordia de ellos.

“¡Por favor buenos escarabajos, déjenme libre, pues mis padres y hermanos me esperan. Yo les prometo que no diré nada a nadie de este percance, que yo sé que es un error de ustedes, déjenme ir por lo que más quieran, por favor!”

“¡Ja, ja, ja! ¡Qué ocurrente es la mosquita Lola! ¡Si lo que más queremos nosotros es a ti, linda! Exclamaba otro escarabajo que se llamaba Foso, mientras lleno de baba le pasaba su pegajosa lengua por las pobres paticas de Lola.

“¡Sí, muy graciosa y simpática que es ella! Le gritaba Fifí, que era la única hembra de los tres malos escarabajos y se revolcaba entre las rocas, riéndose a más no poder con los otros. Y todos ellos reían a pleno pulmón; total que importancia tenía, ya la mosquita era pan comido y jamás se podía escapar de sus amarres y de ser su futura cena.

Aunque ellos no sospechaban, ni podían saber que esas grandes rocas eran la madriguera de una gran serpiente de cascabel llamada Beba y que esta era muy amiga de Lola, pero desgraciadamente había acabado de comerse un animalito y estaba profundamente dormida, aunque a los gritos y profundas risas de ellos tres se despertó bruscamente y emitiendo un sonido muy peculiar con su cola en forma de cascabel, empezó hacia donde estaban ellos a deslizarse entre las rocas camuflada y bien escondida.

“¡No te preocupes amiga Lola, que yo estoy aquí para salvarte!” le grito Beba a Lola.

“¡Y ustedes, bribones de mala suerte, ya me las pagarán, pues me servirán de desayuno mañana!” Les gritó amenazando a los tres malos escarabajos, que se quedaron inmóviles y bien asustados ahora.

Entonces ya muy cerca de ellos, emitiendo con esos cascabeles un sonido más agudo y con su boca semiabierta otros sonidos más fuertes y profundos, llegó hasta donde estaban los tres escarabajos que con su mirada fija se habían quedado estupefactos y fríos, como hipnotizados con la horrible presencia de tan grande serpiente como era Beba y ahí fue que ella se acercó a Lola aprovechando esos momentos y la desamarró, liberando a su buena amiga Lola y con esas mismas cuerdas los amarró a ellos tres, que quedaron ahora expuestos a la merced de la serpiente Beba. Pero en realidad Beba no estaba interesada en lo absoluto en los pellejos duros de ellos tres, que no tenían mucha carne, ni buen sabor y allí los dejó, donde fueron más adelante la comida de algunos pájaros que por allí pasaron por casualidad.

En tanto todo esto sucedía, Lola gritaba muy excitada y llena de alegría al ver que su amiga Beba la salvaría de aquellos malos seres y la llamaba y le gritaba a su buena amiga:

“¡Oh, mi buena amiga Beba, muchas gracias por salvarme de estos feos escarabajos!”

“¡Ya quedaré agradecida de por vida contigo mi buena Beba!” Exclamaba y abrazaba con cariño a su amiga que le devolvía sus abrazos y muestras de amor igualmente, diciéndole así:

“Amiga Lola, no te preocupes de nada, para eso somos amigas, ya me ayudaras algún día tú a mí”

“¡Gracias amiga Beba, no sé cómo podre yo ayudarte, pero lo haré con gusto!”

“No me debes nada, ni nada tienes que pagarme, amiga Lola. Tú siempre me has cuidado y me has hecho muchos favores –a mí y a todos los demás- sin tú saberlo Lola, sigue haciendo el bien y ya verás que alguien tú también algún día podrás ayudar, amiga”

Y de esa manera se besaron, se abrazaron otra vez y se despidieron, dejando a los tres escarabajos amarrados allí.

Un buen día de verano Lola estaba volando en el bosque cuando divisó unos seres humanos, eran una pareja con dos niños pequeños que estaban acampados en el bosque, aunque tenían rociado repelente en sus cuerpos, este líquido a Lola no le hacía ningún efecto, estaba inmunizada o algo así, aunque ella nunca se sentía rechazada ni amenazada por ellos. Lola no los conocía, pero sentía la curiosidad y los observaba muy de cerca, cuando de pronto sintió un aire muy fuerte y un zumbido extraño y por instinto pudo evitar el golpe mortal de un matamoscas que se le venía arriba, era el hombre que la amenazaba a diestra y siniestra, tratando de aplastarla sin piedad, pero por fortuna ella lo evitó y voló lejos de allí rápidamente, pero ellos seguían soltando manotazos y golpes para acabar con ella y su molesto y amenazador zumbido.

“¡Qué malos son, pero es normal, no me conocen!” Se dijo para sí.

“¡Ni siquiera me dieron la bienvenida, ni me dejaron explicarles nada! Claro están en su derecho de cuidarse de un mosquito más y de cuidar a sus bellos niños” Expresó y se marchó volando veloz.

II

Lola era muy insistente y quería siempre salir adelante, trataba de ayudar a otros también como ella pudiese, aunque a veces esto le costaba mucho esfuerzo y riesgo personal, pero una de sus razones aparte de ser amables con los demás era el hacerlos cambiar en sus hábitos alimenticios, que se volvieran más vegetarianos y no comieran tanta carne, ni sangre alguna, en especial con sus semejantes que no volvieran a picar a ningún otro ser y menos chuparle su preciosa sangre. ¡Tan repugnante que le parecía esto a ella! ¡Tan desagradable y a la vez peligroso el ir tras otros, picarlos y chuparles la sangre!

Sus padres y sus hermanos, tíos y primos le llamaban la atención muy a menudo por todo ello, pues más de una vez tuvieron que salir en su defensa a enfrentarse con otros mosquitos más severos y fuertes y proteger a Lola; aunque ella seguía insistiendo e insistiendo en esos cambios de dieta a todo el que ella podía.

Entonces, un buen día sucedió lo increíble, lo que nadie creía que era posible, pues varios de los más jóvenes mosquitos de su comarca, al igual que otros más de otras partes se interesaron, en especial las hembras y le empezaron a preguntar a Lola, pues sentían la curiosidad y el deseo de cambiar sus hábitos, le preguntaban acerca de su deseo de no picar y menos chupar sangre, que tal le iba a ella y otras preguntas más.

“A ver Lola, cuéntanos ¿Cómo es que no te da hambre, ni estás famélica? Le preguntaba una diminuta mosquita llamada Avaha.

“Bueno amigas, es que me alimento con el néctar de las flores y de muchas frutas silvestre y nunca tengo hambre” Le contestaba Lola muy alegre y risueña.

“¡Sí, sí, explícanos Lola ¿Cómo le haces para que tus padres no te obliguen a picar a nadie?” Ahora la que hacía la pregunta era Vera, una mosquita más gruesa y grande que las otras.

“¡Dinos, dinos la verdad!” Exclamaban al unísono otras mosquitas y mosquitos muy jóvenes y hacían un circulo estrecho muy estrecho alrededor de Lola y de todos ellos.

Entonces Lola, pensaba mejor sus palabras y les explicaba de esta manera:

“Verán chicas y chicos, yo he probado el sabor de la sangre, pero nunca me ha gustado en lo absoluto, ni su desagradable olor y menos ir por ahí picando a los demás, prefiero no molestarlos y sí ser su amiga, que dicho sea de paso, me ha salvado de varios apuros y peligros más de una vez” Y continuaba así:

“No sé bien, pero creo que me siento mucho mejor, más fuerte y con muchas más energías para vivir, chupando solo el néctar de las flores y el líquido de las frutas, aunque de vez en cuando mastico y trago algunas semillas y granos que me dan proteínas extras; ¡pero nunca pico a ningún ser viviente y jamás lo hare!

“¡Qué maravilloso sería eso!” Exclamaba Vera, toda entusiasmada.

“¡Sí, de veras es increíble cómo estás de sana y fuerte, Lola!” Afirmaba Avaha.

Al cabo de un rato de solo pensar y de hablar en murmullos, se miraron entre todos ellos y Vera tomó la palabra exclamando:

“¡Nosotros todos te apoyaremos y saldremos por ahí a convencer a otros, también haremos votos por llevar una dieta mejor y más sana, de no chupar sangre, ni de picar a otros seres.

“¡Sí, Lola queremos ser como tú eres y ser mejores mosquitos!” Gritaban todos los mosquitos y las mosquitas.

Y a partir de ese momento, muchos mosquitos y mosquitas dejaron de consumir sangre de otros y no volvieron a picar a nadie más, ni a molestarlos con su incesante zumbido y sus molestas picadas, al contrario ahora hacían un zumbido musical parecido al que Lola hacía con sus alas y patas y todos ellos eran más felices.

Pero ahí no paró la cosa esta de no picar y el de hacer una mejor dieta, el cambio fue mucho más grande y no solo esos mosquitos, sino otros más de otras tribus o enjambres se interesaron también al oír los rumores y ver los resultados y se negaban a picar a otros seres; aunque la mayoría lo seguía haciendo, pues picaban por ellos y por los otros también.

III

Entonces sucedió algo maravilloso porque muchos animales que solo comían carne y que cazaban, matando a otros animales, como es el caso de los leones, tigres, lagartos, serpientes, ranas y muchos otros más se acercaban a hablar y a preguntarle a Lola por su dieta tan especial, que en muchos mosquitos había surtido buen efecto, sin ningún problema ni dilema y se habían vuelto vegetarianos como ella y ya no consumían sangre ni picaban a otros, así fue que Lola, siempre dispuesta les contó:

“Miren amigos míos, es que no es necesario el chupar sangre para vivir y menos molestar a otros con nuestras horribles picadas, lo mismo sucede y es mucho peor matar a otros y después comerse su carne, ¿No creen ustedes, amigos míos?”

“Bueno, es que de esa manera nos acostumbraron los mayores y nuestros padres, Lola” Le ripostaba un gran León que llevaba el nombre de Rey y se paraba majestuoso como un líder más.

“¡Sí, de esa forma ha sido siempre y no podemos cambiar tan fácil!” Le explicaba bien alto una enorme rana toro, llamada Lela para que todos la oyeran.

“¡Sí, sí, no es tan fácil ser solo vegetarianos para nosotros, que somos muy grandes y siempre esa ha sido nuestra dieta!” Exclamaba un gran cocodrilo, llamado Fin, que vivía con muchos otros como él en un gran rio de ese bosque.

“¡Eso es, sí, no podemos cambiar tan fácil, Lola!” Afirmaban otros allí reunidos.

“Simplemente si pueden si ustedes quieren y tienen la voluntad para ello, lo que yo hago es ayudarlos a todos a cambiar gradualmente, poco a poco lo harán y verán que podrán dejar de matar para poder comer y vivir. Pero si aún alguno esta en apuros y no puede, bueno tendrá que esforzarse más y los demás lo ayudaremos, verán que si pueden y al final tendrán mejores cuerpos y mejores digestiones, eso se lo aseguro yo a todos ustedes” Les explicó Lola con mucho énfasis y mejor disposición.

“Yo solo me alimento de flores, de su néctar y mieles, frutas y granos y si me siento bien fuerte y más saludable, nunca me ha gustado el sabor de la sangre y me fue fácil hacerlo desde pequeña” Les seguía explicando Lola y ellos parecían más convencidos y ella entonces continuó:

“Si ustedes quisieran a los otros seres y no los mataran, si de veras lo intentaran y fueran fuertes en sus disposiciones y voluntades, también podrían llegar a suprimir la carne y la sangre de otros infelices que se lo agradecerían en demasía, pues les salvarían la vida a miles y miles más, hasta entre ustedes se salvarían por igual, además del enorme esfuerzo de ir cazándolos; en vez de eso comerían frutas, flores, vegetales, hierbas y otras muchas cosas que les sería mucho mejor sin tener que matar a nadie al final”

De pronto un Tigre inmenso llamado Rojo se incorporó de donde estaba echado contemplando la escena y oyéndolos a todos y dijo de esta forma:

“Sí, yo creo que es bueno el pensar en la suerte y en la vida de otros animales, a mí personalmente nunca me ha gustado el hecho de matar a otros para después comer tanta carne o que te la roben otros más listos que tú”

“¡Eso es muy cierto! Se expresaba un viejo cocodrilo, llamado Fito, casi sin colmillos. “Por mi parte mucho me favorece el no comer carne y menos pellejos viejos y muy duros”

“¡Ja, ja, ja, todos rieron con el chiste de Fito. Todos menos muchos feroces animales que se mantenían aparte de ellos y los miraban a todos con fiereza y desconfianza.

Al fin dijo uno de este grupo de animales:

“¡Bueno, bueno, ya está bueno ya de chistes y de charlas inútiles! ¡Y tú mosquita bien viva y lista, tú vas a pagar por tus palabras y por tu osadía! ¡Mira que atreverse a meterse con nosotros y tratar de llevarnos a una dieta estúpida! Exclamaba bien excitado y malhumorado, junto a todos los demás de su grupo que eran miles de ellos y que no estaban de acuerdo en nada de lo que Lola decía.

“¡Sí se merece que la aplastemos y nos la comemos de una vez!” Gritó un gran Mandril de grandes colmillos y fuertes hombros.

Entonces todos ellos se abalanzaron sobre Lola y los que estaban a su alrededor, y ahí se armó una reyerta entre ellos.

Mientras esto sucedía, Lola no tuvo otra opción que volar rápido y refugiarse detrás de unos arbustos y allí estos fieros animales fueron tras ella, pero por suerte fueron contenidos por Rojo, Rey, Fito y otros grandes animales que habían acudido allí para ayudar y proteger a su gran amiga Lola, como eran elefantes, hipopótamos y rinocerontes que haciendo un círculo entre ellos no dejaban que nada ni nadie se le acercara a ella, ni a ninguno de los demás amigos de ella.

En ese instante el gran León Rey con una gran comitiva de leones y leonas, se pusieron al frente y el hablo de esta manera:

“Déjenme decirle a todos estos que no creen en Lola, ni en sus palabras, ni que quieren seguir ninguna dieta o respetar las vidas de otros. ¡Váyanse de aquí, cuanto antes, sigan sus vidas como hasta ahora y déjennos a nosotros vivir en paz y como nosotros queramos vivir las nuestras y así nos respetaremos, cada cual en su lugar y espacio!”

Y todos los animales que estaban de acuerdo con Lola se pusieron al frente de los que se oponían con fuerza, aunque los amigos de Lola no eran muchos más que los otros feroces y salvajes, ellos sí tenían el gran respaldo de elefantes, hipopótamos y otros muchos más amigos de ella, entonces no les quedó otra alternativa a los que sí estaban en contra que marcharse de allí, molestos y con caras de muy pocos amigos, siempre amenazando y gritando en contra de Lola, sus ideas y sus muchas amistades.

Así fue que desde ese día muchos de aquellos animales una vez carnívoros y salvajes, se volvieron más pacíficos y buenos y decidieron con la ayuda de Lola, además de otros amigos de ellos convertirse en vegetarianos y no comer carne alguna y menos de otros infelice animales que ellos mataran; aunque todavía habían muchos animales que no hicieron ningún caso y siguieron salvajes y carnívoros como hasta ahora. Aunque este primer grupo de animales nobles y dóciles era la primera gran iniciativa; después con la ayuda y las palabras de otros, pero sobretodo de la insistente Lola, muchos más se les unirían en ese increíble esfuerzo de todos en ese bosque y en otros por los alrededores.

De más está decir que a Lola, muchos por allí la querían, sus padres y familiares estaban muy orgullosos de ella y Lola estaba muy feliz por convertir a tantos animales en ser menos salvajes y más vegetarianos y por tenerlos a todos ellos, en vez de enemigos en muy buenos amigos de ella de buen corazón.

Y hasta a los seres humanos llegó esta gran noticia del gran cambio de muchos animales y nadie lo podía creer:

“¿Cómo era esto posible, que muchos cocodrilos, serpientes, leones, osos y otros animales antes carnívoros y muy feroces, ahora eran más dóciles, pacíficos y casi totalmente vegetarianos?” Se preguntaban en los pueblos y ciudades muchos habitantes.

“¿De quién era esa gran o descabellada idea, que podría acabar con el ecosistema de los bosques?” Se preguntaban otros más incrédulos.

Y enseguida empezaron a investigar y analizar la conducta y la salud de muchos de estos animales, el impacto en otros y en los bosques; pero por fortuna y para sorpresa de muchos científicos y otros profesionales descubrieron que todos estaban muy bien de salud y su comportamiento era excelente con todos y entre ellos mismos.

A partir de ese momento todos los animales, cuando se les preguntaba o sin ninguna razón aparente, comenzaban a hablar de Lola, sus costumbres y sus hábitos y cómo esa diminuta mosquita por ser tan buena y noble los había hecho cambiar a casi todos en sus costumbres y malos hábitos y ahí fue que empezó a generar una fama bien merecida y todos en general, casi se podía decir que hasta los seres humanos empezaron a quererla mucho; hasta se dedicaron a proteger y cuidar a Lola, pero sobre todo a todas esas especies de animales y miles de millones no permitían que nadie cazara ni mataran a otros, ni por la razón de ese mal habido deporte, ni tampoco muchos millones comían ahora carne y se habían convertido también en vegetarianos.

Claro está quedaban muchos detractores y desafectos entre los animales y las personas que no creían en todo esto, pero a los miles y miles de vegetarianos y nobles seres no les importaba en lo absoluto y seguían su curso y su vida, eligiendo lo que ellos querían.

Pero en realidad se salvaron y se protegieron muchas más especies a punto de extinción y de tanto maltrato y maldad. Y muchos de los malos animales ahora disminuían en su conjunto y se apartaban cada vez más de la vista de los demás y se alejaban a tierras lejanas y más áridas. De esa forma fue que a la buena de la mosquita Lola todos quisieron tener como amiga y consejera personal y hasta estatuas le construyeron en los linderos de bosques y pueblos. Ella muy sorprendida y hasta asustada seguía su curso y su vuelo -sencilla y noble como era- de educar a otros y convertir a muchos más, fueran humanos o animales y de esa manera el mundo entero conoció de sus buenas costumbres, sus virtudes y su amistad; es decir millones como ella fueron más felices y saludables y hasta vivieron mucho mejor.

“De su vulnerabilidad le vendrá su fuerza”

Sigmund Freud



Renata, la ranita albina

(Fábula)

Había una vez una ranita muy blanca y toda rosada, muy juguetona y traviesa que se llamaba Renata. Siempre estaba riéndose y saltando tan alegre y feliz que era de todos la delicia y el agrado, ella tenía muchos amigos que jugaban juntos y la pasaban de maravillas en una gran laguna muy verde y profunda donde todas las demás ranitas junto a Renata vivían, allá en un gran bosque entre lindas montañas del Sur. A veces Renata se ponía triste, porque era muy diferente a las demás ranas, pero venían sus amigas, las otras ranitas y otros animales, la animaban y le hacían saber que ella era albina, porque la naturaleza había querido que ella fuera distinta y más buena que las demás, entonces Renata se alegraba un poco y cambiaba su tristeza por su alegría contagiosa que a todos impregnaba por igual; pues de veras que ella era muy distinta a todas las demás y al final todas vivían felices y alegres en la laguna.

Pero, desgraciadamente sus días empezaron a malograrse cuando de repente llegó hacia ellas una gran rana, fuerte y enorme, muy grotesca llamada Fasta que las atemorizaba a todas y a los demás animalitos del bosque, pues los amenazaba con darles muchos golpes; hasta los maltrataba de palabra y de acción y les exigía a todos que le dieran su dinero y su comida, que no era mucha pero ellos no tenían otra alternativa que cumplir con sus exigencias y cuando esto hacían Fasta se marchaba de la laguna, dando grandes y torpes saltos, burlándose de todas las infelices ranitas y de todos los pequeños animalitos, riéndose y gritando con todas las fuerzas de sus pulmones, a diestra y siniestra:

“¡Ja, ja, ja, nada pueden hacer, infelices y débiles criaturas!” Les gritaba en tono burlón y exclamaba muy alto y sonoro después:

“¡Aquí estoy yo! Fasta me dicen y así me llamo, vengo para protegerlas de los otros rufianes y cobrarles ese servicio, que nunca nada se da de gratis en la vida!” “¡Ja, ja, ja! Repetía pavoneándose de su tamaño y su fuerza, porque entre ellas se lucía mucho más, pues sabía que le tenían mucho miedo. Después les cobraba en dinero y alimentos que se guardaba en un gran saco para ella sola y así era cada día, entonces se marchaba de allí y nadie la volvía a ver hasta el otro día en que venía de nuevo con las mismas amenazas y maltratos hacia todos ellos, los infelices y débiles animalitos del bosque.

Y siempre que esto sucedía las ranitas se escondían -entre ellas Renata- entre las plantas, flores y las aguas, temblando de puro miedo y más temor, pensando que Fasta se las comería vivas si algo intentaban hacer en su contra. ¡Se sentían tan indefensas, inferiores y miserables! Pues ella las dejaba con muy poco para comer y alimentarse bien, pues ya estaban muy débiles ahora porque ya no jugaban, ni estaban alegres como antes, solo seguían unidas por su gran fe y leal amistad, sobre todo con las palabras de ánimo y consuelo que siempre les decía su gran amiga, Renata, la ranita albina, y Pita otra rana que de allí eran las más elocuentes de todas ellas y ellas las escuchaban muy atentas y animadas:

“¡Vamos, que no se diga, hermanas y amigas! ¡No nos dejemos amedrentar y atemorizar más por la mala actitud de Fasta!”

“¡Ella no nos puede vencer a todas nosotras, si estamos unidas! Gritaba esa rana más vieja y flaca que las otras, esa era Pita que se cruzaba de patas delante de Renata y de las otras ranas y animalitos.

“¡Ni tampoco puede maltratarnos y menos llevarse nuestros alimentos!” Exclamaba otra rana muy gorda, que tenía un nombre más raro aun, se llamaba Pilona, pues comía mucho y de casi todo, hasta flores y las hojas que crecían en la laguna, allá iba ella y las engullía una tras otra y de esa forma era la única que no pasaba hambre ni necesidad alguna, pero estaba con ellas de acuerdo en todo.

Aunque todas las demás, incluidos los pequeños animalitos pasaban mucha hambre, después que Fasta venia cada día y a cualquier hora y les arrebataba lo poco que ellos tenían y lo que habían conseguido y guardado con esmero y mucho cuidado, pero ellos se quedaban con muy poco al final.

“¡Eso es, amigas y amigos, debemos de hacer un plan para acabar con este abuso y con la tiranía de Fasta!” Grito de repente Renata la ranita albina, muy convencida y muy dispuesta.

Y se pasaban horas y horas, día tras día, tras otro día, pero no se les ocurría nada, ni alguna idea factible, ni concreta, ningún buen plan les llegaba a ninguna de ellas, o a nadie en particular. Hasta que una mañana una rana mayor y muy vieja llamaba Tibasa les dio una buena idea que decía iba a ser la solución a sus planes y acabar con sus desgracias. Las reunió a todas ellas y les explicó de esta manera:

“Hemos pensado mucho todos nosotros, al fin Renata y yo encontramos una solución para todo esto que nos sucede y así acabar con la abusiva rana Fasta, pero sépase que debemos ser valientes y decididas en todo este proceso y llevar a cabo este terrible pero efectivo plan que se nos ha ocurrido”

Entonces continuaba Renata más animada y sonriente:

“Lo que debemos hacer es recoger las flores y algunas plantas pegajosas que hay alrededor de la laguna, entre savias, jugos y el néctar de ellas, sacar un extracto con ello, mezclarlo con nuestra saliva todo ello y con esa fusión calentarlo para lograr un fuerte pegamento, pero que no mate a nadie, ni sea venenoso; aunque sí muy fuerte en su pega. Y cuando este frio lo cargamos dentro de una gran tinaja y lo enterramos cerca del camino por donde siempre viene la rana Fasta”

Y así lo hicieron, se dieron a la tarea de recoger las flores, plantas y sumos de otras yerbas, le extrajeron los jugos, mezclaron y calentaron en una gran tina con algo más de aceite de girasol y su propia saliva, pues todas escupieron con buenos deseos y cuando todo hirvió, les quedo una gran vasija llena de una mezcla viscosa, que ellas mismas debían de tener mucho cuidado, pues olía bien a muchas fragancias y sabía mucho mejor; pero era un fuerte pegamento que se escondía entre los sabores y perfumes y hasta parecía muy eficaz, pues se pegaba a todo lo que tocaba. Entonces todas ellas más animadas lo llevaron con la ayuda de otros animales al camino principal y allí lo enterraron y lo taparon, camuflado entre los arbustos y plantas muy bien, tan bien que casi nadie podía ver dónde es que estaba si no se le hacían señales adecuadas y que solo ellos sabían, de tan escondido que se hallaba la gran tinaja con su líquido aceitoso y pegajoso, enfriándose poco a poco y esperando por su gran víctima.

¡Todas estaban muy entusiasmadas con su proyecto y con su estrategia! Brincaban de alegría y gozo y se reían con su plan, pues sabían que iba a ser muy efectivo y radical.

¡Y todos los demás animalitos también! ¡Ahora sí creían que podían vencer y aniquilar los malos deseos de la rana Fasta, y sí que lo harían, de eso todos ellos estaban muy seguros y positivos!

Al otro día, temprano en la mañana cuando sintieron los enormes ruidos que hacía la extravagante y abusiva rana Fasta, sin mucho cuidado ni aviso previo al llegar, ya ellos estaban preparados también, y fue cuando Fasta se encontró de repente a un lado del camino con mucho más dinero, golosinas, larvas y moscas, lleno de hermosas flores y mucha, mucha más almíbar, encima de hojas secas y pequeñas ramas que escondían lo que en realidad había debajo de todo aquel exquisito manjar.

Y la rana Fasta, que era muy golosa y las golosinas le tentaban mucho, no tuvo ningún cuidado, ni creía que nada le iba a suceder de tan segura que se sentía en sus malos deseos y dominio absoluto con todos esos animalitos. Entonces al tratar de acercarse más al almíbar, moscas, golosinas y al dinero, además de querer agarrarlo todo a la vez en su avaricia y tentación; se resbaló entre tantas flores y almíbares y con su enorme peso cayó en el aceite amelcochado y pegajoso que había abajo, en la tinaja. Por fortuna el aceite ya estaba bien frio y solo se le adhirió totalmente en su cuerpo, dejándola sin casi ningún movimiento, como estática y toda pegada en el medio de la tinaja aquella.

“¡Oh no! ¡Qué es esto! Exclamaba Fasta al caer dentro.

“¿Quién se atrevió a hacerme algo así?” Gritaba asustada, llena de espanto y cobardía.

“¡Ranas malas y desagradecidas que son!” Gemía de consternación e impotencia a la vez.

Y mientras más se agitaba y se revolcaba en el aceite aquel con mucho esfuerzo de su parte, más se hundía y más se pegaba a él, mientras trataba sin remedio de brincar y agarrarse al borde de la tina; pero como era tan gorda y algo fláccida, estando toda pegajosa y a que esa tina era tan profunda no lograba salir de allí por ningún medio. Por mucho que ella lo intentara no lograba hacer nada y de esa manera cada vez se cansaba y se inmovilizaba mucho más, sin poder salir.

De pronto, empezó a gemir y a llorar de pura lástima para que alguien la ayudara y todos los animalitos del bosque y las miles de ranas pasaban por allí, se asomaban para verla en sus quebrantos, pero ninguno hacía nada para ayudarla a salir de aquella tina de barro con su aceite pegajoso.

Ya sin poder casi moverse -débil y muy cansada- les suplicaba a puro grito, aunque ahora lo hacía con sumo cuidado y más amablemente les pedía perdón y les decía que ella estaba muy arrepentida de sus malas acciones y de sus abusos con todos ellos. Hasta las llamaba por sus nombres propios:

“¡Por favor ayúdenme lindas amigas!” ¡Yo jamás volveré a abusar de ninguna de ustedes!”

“¡Renata, Pita, Tibasa, Pilona, mis amigas por favor ayúdenme! ¡Si me sacan de aquí les prometo que yo las cuidaré y seré su amiga de verdad, lo juro de corazón!

Lloraba y suplicaba aun más por ayuda, pues se iba quedando cada vez más inmóvil, débil y quieta, ya no podía casi moverse por el aceite adhesivo, que aunque tenía debajo de la tina sus leñas apropiadas para encenderle fuego para que ella ardiera en él, ninguno allí, ni siquiera aquellos que más la odiaban se atrevían a darle fuego y acabar con su monstruosa existencia pues era esto muy cruel y nadie era capaz de esa barbaridad, ni de hacerle daño aunque ella lo mereciera, y ella seguía llorando y suplicando por la ayuda de los otros animales, aunque nadie se atrevía a hacer nada por la mala Fasta. Es que aún le temían mucho.

Repentinamente, Renata de un gran salto se encaramó al borde la gran tina y le habló de forma brusca, aunque muy segura y firme en sus palabras le dijo:

“Te diré Fasta con honestidad, que nuestra verdadera intención era quemarte en este aceite y que te consumieras en él, por todos tus maltratos y malas acciones con nosotros, pero no somos tan malos como tú, ni tampoco te haremos más daño, si tu antes nos prometes irte de aquí para siempre y dejarnos a todos tranquilos vivir nuestra sana vida, sin tus crueles amenazas y tus abusos”.

“¡No, no me quemen viva! ¡Sí, sí, haré lo que me pidan! ¡Haré lo que ustedes quieran! Exclamaba ahora llena de pavor Fasta, con los ojos desorbitados.

“¡Pero por favor, sáquenme de aquí, porque ya me asfixio, me siento muy mal y tan débil, es que no puedo ya casi moverme!”

Entonces fue que las ranitas y otros animalitos se reunieron y decidieron sacarla pronto de allí. Y entre todos con mucho esfuerzo, pues ella pesaba mucho más que todo ese aceite junto, lograron sacarla de la tinaja de barro, la enjuagaron bien con detergente y agua algo caliente y fue que descubrieron -solo en ese momento- que la gorda y fuerte Fasta se había reducido mucho y solo era pellejos flacos y huesos, que estaban muy irritados por el fuerte aceite; entonces fue que a todos los llenó de lástima y mucha pena por ella y su salud.

Era en verdad algo lastimoso verla en esas condiciones, pero sobretodo tan sumisa y adolorida como tan humilde y frágil, aunque viva y coleando aun.

Y entre las ranas se armó una gran algarabía, que si la dejaban morir así o si la curaban y cuidaban; hasta se acusaban entre ellas mismas; entonces se oyó la fuerte voz de Renata que gritando les dijo a todas:

“¡Amigas mías, yo sé que hemos hecho algo muy malo con ella, pero de alguna forma Fasta debía aprender a cambiar y a respetarnos y no a robarnos nuestra comida ni nuestro dinero; está bien solo la curaremos y cuidaremos, pero cuando esté curada se tendrá que marchar de la laguna! ¡Aquí no se quedará, ni podrá nunca vivir entre nosotras!”


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