Excerpt for ¿Estamos viviendo en los últimos días? by , available in its entirety at Smashwords

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

QUÉ ES EL TIEMPO DEL FIN

EL FIN DE ESTA ERA

LA PROFECÍA DE JESUCRISTO DEL MONTE DE LOS OLIVOS

EL APOCALIPSIS Y EL TIEMPO DEL FIN

EL MARCO PROFÉTICO DEL TIEMPO DEL FIN

PREPARÉMONOS PARA EL TIEMPO DEL FIN



INTRODUCCIÓN: ¿ESTAMOS VIVIENDO LOS ÚLTIMOS DÍAS?

A las personas de todas las épocas les han llamado la atención las predicciones acerca del fin del mundo. Y aquellos que leen y estudian la Biblia no son los únicos que se han mostrado preocupados por el rumbo y el futuro de la civilización humana.

El científico y escritor Isaac Asimov, en su libro titulado The Choice of Catastrophes: The Disasters That Threaten Our World [“Selección de catástrofes: Los desastres que amenazan nuestro mundo”], hizo una lista de por lo menos 15 peligros que amenazan la supervivencia de la humanidad. Muchos de estos peligros, entre ellos la guerra nuclear, han surgido en tiempos recientes.

En ciertas épocas ha habido personas que han creído saber cuándo y cómo llegaría el fin de nuestra era, pero las esperanzas defraudadas han traído un profundo desengaño a muchos grupos e individuos sinceros. Ellos creían que estaban interpretando correctamente los sucesos y las condiciones que observaban, y que habían logrado comprender cómo se cumpliría la profecía bíblica. Pero todos ellos se han equivocado, o al menos se han adelantado a los acontecimientos.

A pesar de siglos de tales desilusiones, éstas no han sido suficientes para eliminar completamente los intentos por correlacionar los sucesos mundiales y las profecías bíblicas acerca del tiempo del fin. Como resultado, cada vez vemos más libros y programas de radio y de televisión relacionados con estos temas.

Si analizamos los inspirados escritos de los profetas bíblicos y los apóstoles de Jesucristo, encontraremos muchas profecías que se refieren al tiempo del fin. ¿Son dignas de crédito? ¿Significan algo para nosotros? ¿Existen en nuestros días las condiciones necesarias para que estas profecías se puedan cumplir? ¿Cuán cerca nos encontramos del momento en que todos los males y dificultades del mundo alcanzarán su clímax y desembocarán en el holocausto final? ¿Nos estamos aproximando al Armagedón?

En las páginas de la Biblia, Jesucristo nos habla acerca de un tiempo futuro que será tan horrendo y devastador que “si no se acortaran aquellos días, nadie escaparía con vida” (Mateo 24:22, Nueva Biblia Española). ¿Se cumplirá esta profecía en nuestra época?

Según las profecías bíblicas, antes de que Dios intervenga directamente en los asuntos del hombre, las condiciones mundiales se agravarán progresivamente y serán catastróficas. Estos aterradores sucesos se cumplirán en algún momento del futuro. La pregunta crucial es: ¿Cuándo?

Existe mucha confusión con respecto a la secuencia de estas profecías y al tiempo de su cumplimiento, pero no tiene por qué ser así. La Biblia nos revela ciertas claves fundamentales que nos ayudan a poner todas estas advertencias proféticas en una secuencia ordenada y lógica. Para ello, debemos permitir que la Biblia misma interprete sus profecías.

Examinemos algunas de las cosas que Jesús, sus apóstoles y los profetas antiguos realmente dijeron con respecto a los tiempos peligrosos que ellos denominaron el tiempo del fin.



¿QUÉ ES EL TIEMPO DEL FIN?

Los discípulos de Jesús admiraban el majestuoso y espléndido diseño de las construcciones del templo en Jerusalén. Algunas de las piedras de los cimientos de este complejo del templo pesaban varias toneladas. Otras piedras habían sido labradas de un bellísimo mármol blanco. La luz del sol iluminaba las brillantes piedras y el oro que adornaba el templo.

Los discípulos querían saber si su Maestro estaba tan impresionado con el templo como lo estaban ellos. “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:1-2).

Esta respuesta tan tajante de Jesús (que se refería proféticamente a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.) debió sorprender a sus discípulos. Ellos debieron conmoverse profundamente con la afirmación de que los edificios del templo, con toda su belleza y esplendor, serían totalmente destruidos. Más tarde, cuando los discípulos se le acercaron a Jesús en privado, todavía tenían en mente los comentarios que él les había hecho: “Dinos —le preguntaron—, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (v. 3).

En busca de entendimiento

Casi 2.000 años más tarde, los cristianos todavía continúan preguntándose cuáles serán las señales del fin de esta era y del retorno de Jesucristo. Él contestó esta pregunta tan importante; el problema que muchas personas tienen con la respuesta radica en las interpretaciones que le dan. Todos queremos respuestas claras y precisas, como si fueran la solución de un problema de matemáticas.

Pero para entender la respuesta de Jesús es necesario tener clara la periódica repetición de una serie de sucesos devastadores que ha ocurrido en los últimos 2.000 años y percibir que todo esto se va a incrementar en intensidad y en magnitud a medida que nos acercamos al fin.

Además, es necesario recordar que Jesús explicó claramente que nadie podría saber el tiempo exacto de su regreso: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (v. 36). Sólo el Padre sabe el momento preciso del regreso de su Hijo. Sin embargo, nosotros sí podemos entender ciertos principios esenciales de la profecía.

Jesús les dio a sus discípulos varias señales que requieren una perspectiva muy amplia para poder entenderse cabalmente. Algunos acontecimientos proféticos se han repetido sistemáticamente en la historia, pero se intensificarán antes de la venida de Cristo; otras cosas ocurrirán sólo una vez. Algunas de las profecías más importantes que conducirán al regreso de Cristo no son tan evidentes; varias de las señales mencionadas en la profecía del monte de los Olivos y los escritos de otros profetas bíblicos todavía no se han manifestado.

Examinaremos estas señales bíblicas, las claves que nos permiten entender los acontecimientos futuros a la luz de la profecía. Pero primero conviene analizar la forma en que la Biblia utiliza el término el tiempo del fin.

¿En qué consiste exactamente el tiempo del fin? ¿Cuándo llegará? ¿Estamos viviendo ya en ese tiempo? ¿Existe una forma de averiguarlo?

El tema del tiempo del fin aparece en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es uno de los principales temas de las Escrituras. Por lo tanto, es importante que entendamos realmente lo que es ese tiempo tan significativo. Un mal entendimiento puede llenarnos de confusión, incertidumbre y angustia. Pero un entendimiento correcto y sólido, basado en la Palabra de Dios, nos puede dar consuelo y confianza. Vayamos pues a la Biblia para estudiar lo que en ésta se nos revela con respecto al tiempo del fin.

El significado del “tiempo del fin”

Una de las explicaciones más concisas acerca del tiempo del fin se encuentra en el libro de Daniel. En el capítulo 12, Dios le reveló a Daniel un resumen de los acontecimientos principales que ocurrirán en esa época futura: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12:1-4).

Según lo que acabamos de leer, el tiempo del fin será un “tiempo de angustia [tribulación], cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces”. Además, será un tiempo en el que se incrementarán en gran manera los viajes y las comunicaciones, y habrá una gran explosión de conocimientos: “Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”.

Varios siglos después de la época de Daniel, los discípulos de Jesús le preguntaron acerca del tiempo del fin. Su respuesta fue similar a las palabras de Daniel: “Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21).

Más adelante, Dios le reveló a Daniel mayor información acerca del fin: “Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas? Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas. Y yo oí, mas no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? Él respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin” (Daniel 12:6-9).

Este pasaje nos indica que el término el tiempo del fin se refiere principalmente a un período de tribulación sin precedentes en la historia, que durará tres años y medio (en el lenguaje bíblico: “tiempo [un año], tiempos [dos años] y la mitad de un tiempo [medio año]”), que concluirá con el establecimiento del Reino de Dios en la tierra. En este folleto estudiaremos principalmente las profecías relacionadas directa o indirectamente con este período de tres años y medio que se presentará al final del “presente siglo malo” (Gálatas 1:4).

Unas palabras de advertencia

Aunque las Escrituras nos revelan que ciertas condiciones se van a deteriorar a medida que el fin de esta era se acerca, no debemos confundir las circunstancias que nos rodean actualmente con el período final que está específicamente profetizado en la Biblia. Las condiciones mundiales se tendrán que degenerar considerablemente durante cierto período antes de que puedan conducirnos a los eventos finales de los últimos días. Los días finales de esta era estarán marcados por ciertos acontecimientos proféticos muy específicos.

Jesús les advirtió a sus discípulos que debían ser muy cuidadosos cuando creyeran que estaban observando las señales del tiempo del fin. Él les dijo: “Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos. Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente” (Lucas 21:8-9).

Según lo que acabamos de leer, Jesús les advirtió que muchos vendrían en su nombre, diciendo que eran sus representantes. Algunos interpretarían que ciertos acontecimientos y sucesos eran las señales evidentes del tiempo del fin, pero estarían equivocados y desviarían a muchos. La sola aparición de carismáticos dirigentes religiosos, guerras y desastres globales no sería suficiente para determinar que el fin había llegado.

Algunos acontecimientos específicos

Para evitar la confusión entre los males generales del mundo y los acontecimientos reales del tiempo del fin, la Biblia describe sucesos específicos que tienen que ocurrir en los últimos días.

Un acontecimiento de capital importancia que tiene que ocurrir en el tiempo del fin es que Jerusalén será dominada por los gentiles (no israelitas). Jesús profetizó que Jerusalén “será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lucas 21:24).

En Apocalipsis 11:2-3 un ángel le revela al apóstol Juan el tiempo durante el cual los gentiles dominarán la ciudad: “. . . ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses”, el equivalente de tres años y medio.

También será una época de intensa persecución al pueblo de Dios. Jesús advirtió acerca de muchos males que denominó “principio de dolores” (Mateo 24:8). Luego dijo: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (vv. 9-13).

En el Apocalipsis, Juan tiene una visión en la cual parte del pueblo de Dios, simbolizado por una mujer, es protegida de la persecución de Satanás y es “sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (Apocalipsis 12:14). Satanás, llenándose de ira porque no puede atacar a estas personas, “se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (v. 17).

En lo que hemos examinado hasta aquí, hemos visto en estas tres profecías que el punto focal de las predicciones acerca del tiempo del fin es principalmente un período de tres años y medio de calamidad y tribulación mundiales, sin paralelo en la historia, y que Dios nunca permitirá que vuelva a ocurrir. Estas profecías nos ayudan a entender las condiciones y sucesos que marcarán el comienzo de este período crucial.

UN MUNDO CONTINUAMENTE EN CRISIS

“Una de las características más sobresalientes de las crisis actuales es su continuidad”—David Burnett King.

En décadas recientes el escritor británico Anthony Sampson ha escrito tres análisis detallados de Inglaterra. En la última, él expresa un sentido de urgencia. Aun el título nos indica que todo ha empeorado y que la crisis es un estilo de vida.

Su libro, The Essential Anatomy of Britain: Democracy in Crisis [“Análisis básico de Gran Bretaña: Una democracia en crisis”], contiene un capítulo cuyo propósito evidente es advertir al gobierno británico que debe poner la casa en orden. Este capítulo no apareció en las dos primeras ediciones.

Fue el principal rabino británico, Jonathan Sack, el que escribió: “Los profetas de hoy, lo digo con tristeza, con mucha frecuencia no son dirigentes religiosos, sino un pequeño grupo de intelectuales, que para analizar lo que acontece en nuestra época no se limitan a sus especializaciones académicas sino que adoptan una perspectiva más amplia, y nos informan que hay un peligro inminente” (Faith in the Future [“Confianza en el futuro”], 1995, p. 65).

De vez en cuando se han escuchado las voces proféticas que nos advierten acerca de las señales en el ámbito mundial. Algunos afirman que habrá una crisis que producirá un cambio dramático en nuestro mundo.

Esto se refleja claramente en los títulos de muchos libros recientes. El escritor norteamericano James Dale Davidson, y su homólogo británico William Rees-Mogg, titularon su libro The Great Reckoning [“El gran juicio”]. El historiador Eric Hobsbawm llamó el suyo The Age of Extremes [“La edad de los extremos”].

El escritor y educador norteamericano David Burnett King anota en The Crisis of Our Time [“La crisis de nuestro tiempo”] que “existe un profundo sentimiento de desasosiego . . . Estamos atravesando una especie de crisis, tratando de sobrevivir durante un tiempo de cambios dramáticos que de alguna forma nos dé un futuro completamente diferente de nuestro pasado” (1988, p. 17).

La verdad es que tal vez estemos acercándonos rápidamente a un período de transición entre dos eras completamente diferentes: la edad del hombre y el mundo por venir del que habló Jesucristo (Mateo 12:32).

En otro libro, titulado The Age of Revolution [“La edad de la revolución”], Eric Hobsbawm afirma que la tierra no puede continuar soportando indefinidamente los desastrosos frutos del lado oscuro de la tecnología moderna. Él escribió: “Hemos alcanzado un punto histórico en la crisis. Las fuerzas generadas por la economía tecno-científica son capaces de destruir el medio ambiente, o sea el fundamento material de la vida humana”.

David Burnett King nos recuerda: “La naturaleza de las crisis ha cambiado. Lo más impresionante de las crisis actuales es su continuidad; tal parece que estarán con nosotros perpetuamente” (The Crisis of Our Time [“La crisis de nuestro tiempo”].

Tal vez lo que tengamos por delante es lo que el profeta Daniel denominó el “tiempo de angustia”, la crisis más grande de todas, que culminará con la segunda venida de Jesucristo (Daniel 12:1; Mateo 24:21-22).

NOÉ Y NUESTRA ÉPOCA: LA CORRELACIÓN BÍBLICA

Jesús se valió del ejemplo de Noé para revelar las actitudes que predominarían cerca del fin: “Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39).

Este es un ejemplo de la correlación entre la historia y la profecía. Su significado es claro. La actitud que había en las personas en los días de Noé será la misma actitud que prevalecerá justo antes de la segunda venida de Cristo. Así como para esa gente Dios parecía estar muy lejano, sin tener ningún interés en los asuntos humanos, y puesto que la vida continuaba aparentemente sin cambios significativos (2 Pedro 3:3-6), ellos estaban absolutamente despreocupados de su verdadera condición espiritual y no se daban cuenta de la inminencia del juicio de Dios.

El punto crucial de este ejemplo es que las personas estaban tan ocupadas en los afanes de esta vida, que descuidaron completamente a su Creador; de hecho, no lo tenían en cuenta para nada (Mateo 6:33; Lucas 21:34-35). Ya sucedió una vez, y volverá a suceder. De hecho, ya está sucediendo.

El apóstol Pablo también le comentó a Timoteo acerca de otras actitudes carnales y de las actividades que predominarían en los últimos días: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-5).

Esto describe perfectamente el panorama y la actitud predominante de nuestra sociedad. Esta clase de actitudes es lo que va a impedir que la mayor parte de la humanidad crea en Dios y sepa discernir las señales bíblicas de advertencia antes de que sea demasiado tarde. De la misma forma en que les llegó el fin a las personas de la época de Noé, así también llegará el fin del mundo y la gran mayoría de las personas no van a estar preparadas. 

AL FIN DE ESTA ERA

Algunos creen que el tema del tiempo del fin aparece exclusivamente en el Nuevo Testamento. Pero al comienzo del Génesis, el primer libro de la Biblia, las Escrituras hacen referencia a la época en la cual el Reino de Dios será establecido en la tierra. De hecho, los escritos del Antiguo Testamento tienen mucho que decirnos con respecto a los acontecimientos que ocurrirán en el tiempo del fin y al “mundo venidero” que lo seguirá.

En el huerto del Edén, Dios reveló que llegaría un momento en el cual terminarían el reinado y la influencia de Satanás. Dios le dijo al diablo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).

Si bien es cierto que Satanás heriría al Salvador (incitando a su crucifixión), no podría impedir que Jesucristo fuera resucitado y que, al final, lo derrotara completamente.

El apóstol Pablo se refirió a esto cuando les escribió a los cristianos de Roma: “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Romanos 16:20). Es muy consolador saber que a la segunda venida de Cristo, Satanás, el que engaña al mundo entero, será encadenado y puesto en prisión (Apocalipsis 12:9; 20:1-3). Así, desde el comienzo de la historia de la humanidad, Dios reveló que el dominio de Satanás llegaría a su fin, que vendría un tiempo determinado en el que el diablo y sus demonios serían derrotados definitivamente.

Algunos siervos de Dios del Antiguo Testamento, como por ejemplo Enoc, sabían que finalmente Dios intervendría para juzgar al hombre: “También Enoc, el séptimo patriarca a partir de Adán, profetizó acerca de ellos: ‘Miren, el Señor viene con millares y millares de sus ángeles para someter a juicio a todos y para reprender a todos los pecadores impíos por todas las malas obras que han cometido, y por todas las injurias que han proferido contra él’” (Judas 14-15, Nueva Versión Internacional).

Después del diluvio, otros fieles siervos de Dios, como Abraham, Isaac y Jacob, miraron más allá del presente siglo malo y vislumbraron el establecimiento del Reino de Dios: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:8-10).

Los patriarcas sabían que llegaría el día en el cual Dios iba a establecer su reino. Ellos vivieron y murieron con la certeza de que Dios cumpliría sus promesas y les daría entrada en su reino: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (vv. 13-16).

Ellos no estaban imaginándose ni especulando acerca del futuro, sino que eran inspirados directamente por Dios. Como lo explicó el apóstol Pedro: “Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

En el libro de los Salmos encontramos muchas profecías acerca del tiempo del fin. El Salmo 2 nos revela que las naciones se opondrán al reinado de Cristo: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? . . . Yo publicaré el decreto; el Eterno me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás” (Salmos 2:1, 7-9). Podemos encontrar otras referencias a los acontecimientos del tiempo del fin en Salmos 9:5-15; 10:3-18; 11:1-7; 12:3-5; 21:8-12; 46:8-10; 47:1-4; 75:7-8; 76:7-9; 96:10-13; 97:1-6; 98:1-3; 99:1-5; y 110:1-6.

Un tema de los profetas

Aunque las profecías referentes al tiempo del fin no son muy numerosas en los primeros libros del Antiguo Testamento, este fue uno de los temas principales de los profetas que escribieron varios siglos después. El apóstol Pedro nos explica que estos profetas escudriñaban “qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos [su segunda venida]” (1 Pedro 1:11).

Isaías es uno de los principales ejemplos de cuán a menudo Dios ha mencionado las condiciones del tiempo del fin y del Reino de Dios que Jesucristo establecerá a su segunda venida. Al período de transición entre el gobierno humano y el gobierno de Dios se le llama con frecuencia “el día del Señor” o simplemente “aquel día”. El mismo período se denota también con las expresiones “los últimos días”, “los postreros días”, “los postreros tiempos” y otras semejantes a éstas. Veamos algunos ejemplos de este tema en el libro de Isaías:

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4).

“Métete en la peña, escóndete en el polvo, de la presencia temible del Eterno, y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y el Eterno solo será exaltado en aquel día. Porque día del Eterno de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido . . . Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible del Eterno, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra” (vv. 10-12, 19).

“En aquel tiempo el renuevo del Eterno será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel. Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes” (Isaías 4:2-3).

“Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo del Eterno de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7).

“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Eterno; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Eterno. Y le hará entender diligente en el temor del Eterno. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío” (Isaías 11:1-4).

“He aquí el día del Eterno viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad . . . Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación del Eterno de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira” (Isaías 13:9-13).

En el libro de Isaías aparecen varias otras profecías semejantes a las anteriores, y lo mismo sucede con los libros de Jeremías, Ezequiel y Daniel. Los escritos de estos siervos de Dios nos advierten acerca de los terribles días que precederán a la venida de Jesucristo como Rey de reyes.

Advertencias específicas de otros profetas

El Antiguo Testamento contiene, entre otros, 12 libros que se conocen como los profetas menores. Casi todos estos 12 libros proféticos tienen algo que decir con referencia al tiempo del fin. Los de Joel y Zacarías son un buen ejemplo.

Dios inspiró a Joel para que describiera la tremenda destrucción que ocurrirá durante el día del Señor: “Tocad trompeta en Sion, y dad alarma en mi santo monte; tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día del Eterno, porque está cercano. Día de tinieblas y de oscuridad . . . Y el Eterno dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día del Eterno, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?” (Joel 2:1-2, 11).

Zacarías añade: “He aquí, el día del Eterno viene, y en medio de ti serán repartidos tus despojos. Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén . . . Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente . . . Y el Eterno será rey sobre toda la tierra. En aquel día el Eterno será uno, y uno su nombre” (Zacarías 14:1-4, 9).

Los temas del tiempo del fin y del Reino de Dios ocupan un lugar tan prominente en los libros de los profetas, que el apóstol Pedro les dijo a los judíos que deberían creer en Jesús por este testimonio, y los amonestó: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:19-21).

El tiempo del fin en el Nuevo Testamento

La profecía más larga que Jesús dio con respecto al tiempo del fin se encuentra en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21, en lo que comúnmente se conoce como la profecía del monte de los Olivos. En la semana anterior a la crucifixión de Jesús, él y sus discípulos se alejaron de los terrenos del templo y subieron al monte de los Olivos para contemplar el maravilloso panorama de la ciudad y del templo que desde allí se ofrecía. “Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?” (Marcos 13:3-4).

Jesús entonces empezó a revelarles las condiciones en que el mundo estaría antes de su regreso. Dijo que sería una época de tribulaciones y dificultades que se agravarían progresivamente. Advirtió que en este período el hombre tendría la capacidad de aniquilar todo vestigio de vida de la faz del planeta: “Habrá entonces una angustia tan grande, como no la ha habido desde que el mundo es mundo ni la habrá nunca más. Si no se acortaran aquellos días, nadie escaparía con vida; pero por amor a los elegidos se acortarán” (Mateo 24:21-22, Nueva Biblia Española).

Por más poderoso que fuera el Imperio Romano de aquella época, sus legiones no tenían la más mínima posibilidad de borrar todo vestigio de vida sobre el planeta. Esta condición sólo se cumplió a mediados del siglo 20, con la invención del armamento nuclear, que sí tiene la capacidad de aniquilar a todo ser humano sobre la faz de la tierra.

En un breve resumen, Jesús describió las condiciones que precederían al fin de esta era. Les advirtió a sus discípulos: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).

Lo primero que profetizó Jesús fue que habría quienes utilizarían su nombre frecuentemente con el fin de ganar adeptos. Esto sugiere que en los últimos tiempos existirán iglesias y otras organizaciones de carácter religioso, con el nombre de cristianas, que engañarán a muchas personas haciéndoles creer que sus dirigentes son representantes de Cristo. Sin embargo, la verdadera Iglesia de Dios está constituida por los creyentes que siguen el ejemplo de Jesús, obedecen fielmente la Palabra de Dios y guardan sus mandamientos (1 Corintios 7:19; Apocalipsis 14:12). Jesús declaró: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

Volviendo a Mateo 24, en los versículos 6-8 se nos describen las condiciones y tendencias políticas, militares y ambientales que se producirán antes del retorno de Cristo: “Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”.

La analogía del parto

Muchos creen que los titulares que constantemente nos informan de guerras, violencia, sublevaciones, hambres, epidemias, terremotos y desastres naturales son una prueba segura de que nos encontramos en los últimos días del presente siglo malo. Es cierto que Jesús y otros profetas bíblicos señalaron claramente que estas terribles tragedias estremecerían el mundo a medida que se aproximara el fin.

Pero Jesús también explicó que estos factores, por sí solos, no significarían que nos encontrábamos en los últimos días, porque antes de su regreso se presentarían muchas tragedias de manera recurrente. Según lo que nos dijo Jesús, estas tragedias simplemente prepararían el escenario para una gran tribulación y un mayor número de dificultades al final de esta era. No importa cuán horripilantes y letales sean, estos desastres son solamente “principio de dolores”. Lo peor aún está por venir.

En la Biblia de Jerusalén estas palabras de Jesús en Mateo 24:8 se traducen como “el comienzo de los dolores de alumbramiento”. Jesús se valió de la analogía de una mujer en los trabajos del parto, la cual aparece en varias descripciones proféticas (ver Isaías 13:8; 26:17; Jeremías 4:31; 6:24; Miqueas 4:9-10; 1 Tesalonicenses 5:3). De la misma manera en que a una mujer embarazada los dolores de parto le indican que su hijo va a nacer pronto, estos conflictos y catástrofes universales nos advertirán que se acerca el fin de esta época.

Jesús no estaba hablando acerca de las catástrofes que ocurren periódicamente, tales como las guerras, hambres, enfermedades epidémicas y terremotos, sino que se refería a una época única en la que todos estos eventos se incrementarán y agravarán. Para saber si algunos sucesos que podemos observar señalan la inminencia del fin de esta era, es necesario tener en cuenta tres aspectos importantes. Primero, ¿es lo que está sucediendo una parte normal del devenir humano, un desastre de los que la humanidad ha experimentado en otras ocasiones? Segundo, ¿están cumpliéndose todas las señales que Jesús nombró? Tercero, ¿tenemos pruebas contundentes de que las condiciones y los acontecimientos proféticos se están incrementando e intensificando verdaderamente?

Muchas personas bienintencionadas han cometido el error de creer que ciertos acontecimientos muy dramáticos eran señales inequívocas del fin de la era del hombre, para ver a la postre que éstos no tenían ningún impacto en la historia. Si hubieran sido un poco más cautelosas se habrían percatado de que en esos momentos no estaba cumpliéndose todo lo que Jesús predijo. Ahora es fácil ver el error que cometieron.

Actualmente, más que nunca antes en la historia, podemos ver que en nuestro mundo se están cumpliendo muchas de las señales que Jesús mencionó. Sin embargo, algunos acontecimientos cruciales todavía no se están cumpliendo. Aún nos faltan algunas piezas para poder armar todo el rompecabezas.

Otras señales importantes

Jesús mencionó otras señales que indicarían la proximidad de ese período tenebroso. Habló de una persecución a escala mundial contra el pueblo de Dios: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:9-13).

A medida que se intensifique la intolerancia, las personas se sentirán más asustadas y se entregarán unas a otras. En un ambiente de creciente maldad y hostilidad, la gente perderá la solidaridad y dejará de obedecer a Dios. El diablo, lanzado a la tierra y sabiendo que tiene poco tiempo (Apocalipsis 12:12-17), tratará por todos los medios de frustrar los planes de Dios.

Satanás instigará a sus seguidores para que tomen el control de Jerusalén: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes . . . porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:15-16, 21-22; comparar con Apocalipsis 11:2).

Jerusalén ha sido conquistada en otras ocasiones por fuerzas extranjeras, entre ellas romanas, árabes y turcas. Pero a lo que Jesús se está refiriendo aquí es que estas fuerzas extranjeras tomarán nuevamente el control de Jerusalén en medio de una época de crisis global sin precedentes. Este período será marcado por una guerra mundial de tal magnitud que si Dios no interviniese, todo vestigio de vida sería borrado del planeta.

Señales religiosas y cósmicas

Jesús nombró otras señales que marcarían el fin de esta era. Reveló que dirigentes religiosos se valdrían de los poderes engañosos de Satanás para realizar milagros y ganarse adeptos: “Si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:23-24).

A pesar de la intensidad de los poderes engañosos, Dios no dejará a la humanidad sin un testimonio de su poder y soberanía. Jesús dijo: “Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (v. 14).

En los últimos tres años y medio antes del retorno de Jesucristo, dos siervos de Dios serán investidos del poder de hacer milagros y declararán al mundo entero las palabras de Dios: “Daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días [tres años y medio], vestidos de cilicio . . . Éstos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran” (Apocalipsis 11:3, 6). Tan fuerte será el testimonio de estos dos testigos que cuando finalmente Dios permita que sean muertos, “los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros. . .” (vv. 9-10).

Además, antes de que Cristo vuelva como Rey de reyes, Dios hará que un ángel proclame su evangelio con gran poder. El apóstol Juan escribió: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7).

Ocurrirá otro acontecimiento dramático en los últimos días de nuestra era: “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas” (Mateo 24:29).

Después de estos impresionantes acontecimientos, Cristo va a regresar a la tierra con gran poder y majestad: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (v. 30).

La analogía de la higuera

Antes de concluir, Jesús se valió de otra analogía para ayudarnos a entender que no todas las catástrofes —guerras, hambres, plagas y terremotos— serían un indicio verdadero de la inminencia de su retorno. Él comparó nuestra observación y análisis de todos los eventos que desencadenarán la crisis del tiempo del fin con el hecho de mirar una higuera reverdecida y darnos cuenta de que el verano ya está cerca: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas” (vv. 32-33). Es importante que nos demos cuenta de que para que la analogía sea válida, es absolutamente necesario que todas las cosas se estén cumpliendo.

Al referirse a los que estarán vivos en el momento en que todas estas cosas se cumplan, Jesús también dijo: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (vv. 34-36).

En la naturaleza a veces sucede que se presenta una falsa primavera. Las temperaturas suben y todo parece estar listo para la primavera, incluso florecen algunos árboles, cuando de súbito ocurre una helada repentina que causa mucho daño. De la misma forma, algunos eventos catastróficos que han ocurrido en el pasado pueden ser considerados como “falsas primaveras”.

Por ejemplo, por primera vez en la historia hemos visto guerras mundiales. Las dos guerras mundiales causaron gran dolor, sufrimiento y muerte a muchos millones de seres humanos. Sin embargo, estos conflictos terminaron y el mundo recuperó una paz y tranquilidad relativas. El solo hecho de que hubieran ocurrido semejantes guerras tan destructivas no constituía una prueba de que el tiempo del fin ya había llegado.

De la misma forma, la historia ha tenido épocas en las que la moral se ha perdido casi por completo y otras en las cuales la moral ha sido muy rígida, y así sucesivamente.

El apóstol Pablo describió el deterioro de los principios morales y espirituales en los últimos tiempos: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3:1-5).

Repetimos que la clave para saber si el deterioro moral que estamos experimentando en nuestros días forma parte o no de la degradación moral de la cual hablaron los apóstoles y profetas, es ver si hay una tendencia continua a incrementarse o si de pronto tiende a disminuir. Si está empeorando progresivamente, y si está acompañada de todas las demás señales del tiempo del fin que predijeron Jesús y los apóstoles, entonces los acontecimientos finales tal vez se encuentren más cerca de lo que nos hemos imaginado.

EL TIEMPO DEL FIN: ¿EL FIN DE QUÉ?

La Biblia se refiere al tiempo del fin. ¿Qué es, exactamente, lo que va a llegar a su fin?

Jesús estableció un marcado contraste entre “este siglo” y “el siglo venidero” (Mateo 12:32). La palabra que se traduce como “siglo” en este pasaje proviene de la palabra griega aion, que quiere decir “una edad, era . . . significa un período de duración indefinida, o tiempo contemplado en relación con lo que tiene lugar en el período. El sentido que tiene la palabra no es tanto el de la longitud misma de un período, sino el de un período marcado por características espirituales o morales” (W.E. Vine, Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, 1984, 4:61-62).

El apóstol Pablo estableció un contraste muy claro entre “este siglo”, el mundo que nosotros conocemos y que él llamó el “presente siglo malo”, y “el [siglo] venidero” (Gálatas 1:4; Efesios 1:21). Estas dos eras son completamente opuestas, no sólo en el aspecto espiritual sino también en el aspecto moral.

Para entenderlas correctamente debemos tener muy claro que este no es el mundo de Dios. Dios no es el autor de los hogares destruidos, los matrimonios deshechos, la violencia, los odios raciales y étnicos, la corrupción gubernamental, avaricia, contaminación, depresión, enfermedades, persecución, y todo el sufrimiento inherente en estas situaciones, que vemos a nuestro alrededor. Pablo identifica la verdadera causa de todos estos dolores: “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:4), Satanás el diablo.

¿Cuánta influencia ejerce este ser? El apóstol Juan nos dice que “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19). Toda la humanidad ha sido influenciada por los pensamientos, las actitudes y las acciones de este ser perverso y sus cómplices, los demonios. Juan nos advierte que el poder engañoso de Satanás es tan penetrante que “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9).

La influencia de Satanás es poderosa y se extiende muy fácilmente. Aunque suene muy extraño, uno de los medios de mayor influencia es la religión, porque en ella dominan las ideas de Satanás y no las de Dios. El apóstol Pablo exhorta a los cristianos para que estén conscientes de la influencia de Satanás y el poder que tiene aun con los cristianos, ya que de la misma forma en que “Satanás se disfraza como ángel de luz” sus ministros también “se disfrazan como apóstoles de Cristo”, como “ministros de justicia” (2 Corintios 11:13-15).

Pablo advierte a todos aquellos que quieren vivir una vida justa delante de Dios que deben luchar continuamente contra las influencias espirituales que dominan el mundo que nos rodea: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).

Bajo la influencia de Satanás, el mundo tiene su propia “sabiduría” (1 Corintios 1:20-29), una forma de pensar que considera al Dios de la Biblia y su camino de vida como “locura” (1 Corintios 2:14). El resultado de esto es que la humanidad no se da cuenta de que todo el sufrimiento y el dolor que nos rodean son consecuencia del rechazo del hombre hacia Dios y sus caminos justos.

Cuando en la Escritura se nos habla del “tiempo del fin” o del “fin de este siglo”, se refiere a que este presente mundo malo va a llegar a su fin. Esta era es en realidad la era de Satanás, pero va a terminar y será reemplazada por la era de Dios, cuando su gobierno perfecto guiará a toda la humanidad.

Esta era que va a venir es el tiempo en que el Reino de Dios va a gobernar toda la tierra. Jesucristo la inaugurará a su regreso. Si desea mayor información acerca de estos acontecimientos y de estos temas proféticos, no vacile en solicitar dos folletos titulados El evangelio del Reino de Dios y Cómo entender la Biblia. Se los enviaremos completamente gratis. Le ayudarán a entender mejor ese maravilloso mundo que Dios tiene preparado y que reemplazará a nuestro mundo turbulento y atribulado.

TÉRMINOS BÍBLICOS QUE SE REFIEREN AL FIN DE LA ERA DEL HOMBRE

Algunos de los términos bíblicos que se refieren al fin de la era del hombre no se limitan estrictamente a la crisis final que ocurrirá inmediatamente antes del regreso de Cristo. Por ejemplo, el apóstol Juan, al escribir en el primer siglo, utilizó la expresión “el último tiempo” para referirse a su propia época: “Hijitos, ya es el último tiempo . . .” (1 Juan 2:18).

Al igual que los demás apóstoles, Juan también creyó que el regreso de Jesús era algo inminente (Hechos 1:6; 1 Tesalonicenses 4:15-18). Pero Dios no mira el tiempo como nosotros lo miramos: “Para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8).

Por medio de las Escrituras, Juan nos advierte que estemos en guardia contra los anticristos, un término utilizado para describir a todo aquel que con sus palabras afirme ser como Cristo, pero lo niegue con sus obras y se oponga a él. Esta tendencia comenzó en los días de Juan, pero se extenderá hasta el final de nuestra era, cuando toda esta falsa representación de Cristo y de sus enseñanzas llegará a su colmo.

Los apóstoles Pablo, Pedro, Juan y Judas utilizaron las expresiones “postreros días”, “último tiempo”, “postrer tiempo” y “postreros tiempos” para describir la última parte de la era del hombre. Pablo le advirtió a Timoteo que en “los postreros tiempos” algunos cristianos dejarían la verdad de Dios: “El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe . . .” (1 Timoteo 4:1).

También escribió: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2). En Hebreos 9:26 la frase “la consumación de los siglos” se refiere al período entre el sacrificio de Jesús y su segunda venida.

El apóstol Pedro escribió que Cristo fue “manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:20). Y Juan dijo: “. . . ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo” (1 Juan 2:18).

Conviene notar también la expresión que utilizó Judas: “Vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. Éstos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen el Espíritu [de Dios]” (Judas 17-19).

La expresión “postreros días” de Daniel 10:14 puede incluir “el tiempo del fin” (Daniel 12:4), que abarca el período inmediatamente anterior a la gran tribulación y la gran tribulación en sí (Mateo 24:21).

Si queremos entender más claramente el significado de todas estas palabras y expresiones, es necesario tener en cuenta y analizar el contexto en que fueron escritas.

LA PROFECÍA DE JESUCRISTO DEL MONTE DE LOS OLIVOS

En la profecía del monte de los Olivos, se predicen varios acontecimientos importantes que se incrementarán e intensificarán antes del regreso de Jesucristo (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21). Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron cuáles serían las señales que precederían a su regreso y al fin de este siglo, él les respondió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:4-8).

Los acontecimientos más importantes que Jesús profetizó fueron: engaño religioso, guerras, epidemias, hambres y terremotos. ¿Están sucediendo estas cosas en la actualidad?

Engaño religioso y confusión

Hemos visto en los periódicos la noticia de horrendos suicidios colectivos de integrantes de varias sectas religiosas. Estas tragedias fueron noticia porque los carismáticos dirigentes condujeron a sus seguidores no a la vida, sino a la muerte.

Por ningún motivo debemos creer que esta es la única forma de engaño religioso que Jesús predijo. Aun en los días de la Iglesia primitiva, Pablo habló acerca de “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia. . .” (2 Corintios 11:13-15).

Otros apóstoles también advirtieron acerca de una gran conspiración religiosa que se disfrazaría como cristianismo. Pedro advirtió acerca de “falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras” (2 Pedro 2:1). Juan escribió que aun en sus días “. . . muchos falsos profetas [habían] salido por el mundo” (1 Juan 4:1). También nos revela cuál es el poder que está detrás de este gran engaño: “. . .Satanás, el cual engaña al mundo entero. . .” (Apocalipsis 12:9).

Cerca de dos mil millones de personas profesan el cristianismo; sin embargo, están divididos en cientos de iglesias y sectas que afirman seguir a Cristo aunque creen y defienden una increíble variedad de creencias y prácticas contradictorias. ¿Es acaso este el cristianismo de la Biblia, o es parte del engaño y la confusión religiosa que Jesús predijo? (Si desea más información con respecto a este tema, no vacile en solicitarnos el folleto titulado La Iglesia que edificó Jesucristo.)

Guerras y rumores de guerras

Habiendo cobrado ocho millones de vidas, la primera guerra mundial supuestamente era la guerra que iba a poner fin a todas las guerras. Una generación después, otra guerra mundial tuvo un número de víctimas 10 veces mayor que la primera.

Además, cientos de miles de personas han muerto desde entonces en Corea, Vietnam, Afganistán, Iraq, Irán, Kuwait, Bosnia, Somalia y otros países. Aunque no tuvieron un gran despliegue informativo, a lo largo del decenio de 1990 se libraban simultáneamente entre 20 y 30 conflictos armados.

De hecho, las guerras del siglo 20 cobraron más víctimas que todas las guerras anteriores juntas.

El 6 de agosto de 1945, Hiroshima fue destruida por una bomba atómica. Este mortífero artefacto, lanzado de un bombardero B-29, tenía la capacidad de destruir una ciudad mediana. Actualmente, un solo submarino nuclear lleva el poder de destruir más de 150 ciudades grandes, suficiente para hacer rendir a varias naciones.

Decenas de esta clase de submarinos nucleares surcan los océanos, además de las cabezas nucleares que pueden ser disparadas desde otros vehículos de guerra: helicópteros, artillería y diferentes tipos de misiles. Jesús dijo que las condiciones en el tiempo del fin serían tan extremas que a menos que él regresara, “nadie escaparía con vida” (Mateo 24:22, Nueva Biblia Española). No ha sido hasta décadas muy recientes que la humanidad ha adquirido esa inmensa capacidad destructiva de exterminar varias veces todo vestigio de vida.

¿Qué efectos traerá la próxima guerra mundial? Según la revelación que Jesucristo le hizo al apóstol Juan (Apocalipsis 6:8; 9:13-18), más de dos mil millones de personas perecerán. Este impresionante número de víctimas es una trágica posibilidad debido al increíble arsenal de armas nucleares, químicas y biológicas que tenemos actualmente.

Hambres

Tal vez usted recuerde los titulares de la prensa en los decenios de 1960 y 1970, cuando la sequía y la explosión demográfica cobraron cientos de miles de víctimas en la India y en el África. Más tarde nos enteramos de que millones de seres humanos murieron en la China, la Unión Soviética, Camboya y Etiopía cuando los comunistas tomaron el poder en estos países.

El hambre no es producida únicamente por condiciones naturales. Los seres humanos han demostrado que son perfectamente capaces de causar la escasez de alimentos por medio de prácticas y políticas erróneas. El hambre también es una consecuencia natural cuando la guerra interrumpe los ciclos agrícolas normales, el transporte y la economía.

Es sólo cuestión de tiempo hasta que el aumento de la población mundial provoque una dramática escasez de alimentos. Tan sólo en el siglo 20, la población se cuadruplicó hasta alcanzar más de seis mil millones de habitantes. Cada año se añaden aproximadamente 80 millones de personas, lo que hace que cada década se esperen cerca de mil millones más de personas.

Si el ritmo de crecimiento continúa tal como está, la población mundial se duplicará en unos 50 años. Lo que más preocupa a los dirigentes mundiales y a las organizaciones es que la mayor parte de este crecimiento ocurrirá en las naciones menos capacitadas para proveer alimentos, refugio y vestido a estos nuevos habitantes. Con tantas nuevas bocas que alimentar, el hambre, con todas sus consecuencias, inevitablemente llegará.

La situación es tan precaria que cualquier variación en el clima de las tierras cultivables puede provocar una reducción considerable en la producción de alimentos. Un factor que muchos ignoran y pasan por alto es la influencia que las relaciones entre las personas y Dios tienen en el clima.

Hemos perdido de vista el hecho de que Dios controla el clima. El rey Salomón entendió muy claramente este principio: “Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres, tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad” (1 Reyes 8:35-36).

A medida que se aproxima el tiempo del fin y los patrones de conducta de las personas siguen deteriorándose, otras profecías nos indican que habrá unos cambios dramáticos en las condiciones climatológicas y una de las consecuencias será el hambre. Dios se valdrá de esto como un instrumento para llamarle la atención a una humanidad cada vez más rebelde.

Epidemias

Los investigadores médicos se encuentran absolutamente sorprendidos por la aparición en tiempos recientes de nuevas enfermedades y epidemias. Los titulares han sido acaparados, y con sobrada razón, por el sida, una enfermedad que ha cobrado más vidas que la peste negra que devastó a Europa en la Edad Media.


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