Excerpt for Tesoro Oculto by , available in its entirety at Smashwords


Tesoro oculto

Serie Stonebridge

Libro I


Diana Scott

Published by Diana Scott at Smashwords


Copyright 2017 Diana Scott



Índice


Prólogo

Un día nublado

Me arriesgo

Quién eres

Un día más

Soy yo

Nada personal

Vuela conmigo

Un nuevo amanecer

Me debes algo

Nuevos comienzos

Quien dice uno...

No necesitas buscar

Fabergé

Nos estamos perdiendo

Estamos enamorados

El pasado siempre vuelve

Lo que yo deseo

Un día más

El primer paso

Peligro

No puedo



Prólogo

— Pensé que no aceptarías.

— Soy el regalo de cumpleaños—. Los ojos azules y pecaminosamente masculinos se iluminan transgresores.

— Eres un pervertido...

— Y ahí radica mi mayor atractivo.

Ella se frota melosa sobre su marido que asiente conforme. La larga cabellera dorada se extiende por su delicada espalda mientras besa a su pareja con esmerada gratitud.

¿Qué mujer no enloquecería frente al pequeño obsequio que su marido le ha organizado?

Llamar pequeña sorpresa al atractivo de Reed es quedarse muy, pero muy corto. Ella arde en deseo ante semejante sorpresa y la necesidad le sube por las piernas.

— ¿Amor, Blue Hawaiian para comenzar?

— Me encanta.

— ¿Reed?

— Por ahora nada.

— ¿Me la cuidas hasta que regrese?

— Un placer.

— Confío en ti— contestó sonriente—. Iré a la barra. No me esperéis para comenzar. Tardaré el tiempo suficiente para disfrutar de las vistas cuando regrese.

Reed no se hizo esperar. Se aferra a la mujer atrayéndola directamente a su duro cuerpo que la espera ansioso. Ella se sujeta con ansias a los fuertes brazos y mordisquea con desesperación los carnosos labios varoniles que se le ofrecen en bandeja.

— Te deseo...— Susurra melosa.

— Esta noche soy tu regalo. Puedes jugar conmigo hasta que te canses.

La rubia acaricia deseosa por abrir el envoltorio y gozar de tan ansiado premio.

— Eres el más glorioso de los obsequios.

Ambos se acarician sensuales y sin descaro. La mujer enreda sus manos en el rebelde cabello de Reed con impaciente angustia. Desea jugar con su maravilloso presente y no quiere esperar. La beldad se frota contra el miembro viril. Intenta someterlo a su poder, desea ser la dueña de su pasión, lo acaricia y estimula atrevida pero él no se lo permite. Ella es una fiera pero Reed es el domador.

— Oh...— La mujer suspira cuando comienza a recibir pequeños mordiscos adiestradores sobre su cuello.

Con poca delicadeza y sin aviso previo, su dulce cuerpo queda atrapado contra la mesa y es devorada por un hombre que le demuestra perfectamente quien gobierna la situación.

Él no juega, él ataca. Reed es el amo y señor de sus deseos. Nunca perderá la cabeza por nada ni por nadie.

La música sensual es embriagante. Los suaves gemidos de parejas cercanas se entrelazan insolentes con el choque de cuerpos hambrientos por la pasión. El ambiente huele a lujuria y desenfreno. El Templo de las Pasiones es el sitio perfecto para gozar. Invita al placer y ofrece rienda suelta a una sexualidad amarrada bajo los prejuicios de la sociedad.

Reed es socio Vip de la sala. El Templo de las Pasiones es su forma habitual de conseguir placer sin compromisos. Sexo sin sentimientos. Ese es el único viaje permitido a un viajero que aún sangra vergüenza y dolor.

Su cuerpo está listo para comenzar el festejo. Sus manos ásperas estrechan la delicada cintura demostrando la intensidad de su deseo y la joven gime por rozar su piel. Un cuerpo masculino se suma a la pareja y se pega a la delicada espalda de la joven. El hombre acaricia sus redondeados senos excitados y la rubia gime impaciente.

— ¿Cariño, nos marchamos con Reed? En la sala canela nos esperan.

— Mmm.

— Amor...— Toni sonríe mientras mordisquea el hombro de su esposa— ¿Ese sonido es un sí?

Reed se aferra a su estrecha cintura y restriega su erección sobre la corta minifalda intentando conseguir una respuesta. No se encuentra en condiciones para mayores esperas.

— Sí...Sí.

— ¿Parece que mi dulce esposa quiere recibir su regalo de cumpleaños?

— No la hagamos esperar—. Dijo ronco por la pasión.

Ambos hombres guían a la excitada mujer hacia el pasillo. Atraviesan un abarrotado salón con una atareada actividad sexual y caminan impacientes rumbo a la habitación canela. Allí los espera su gangbang particular.

El matrimonio entra en primer lugar y Reed cierra la puerta tras ellos con los ojos consumidos por un deseo que apenas podrá saciar. Para Reed el sexo sólo representa simples migajas mezquinas de algo que jamás sentirá.


……………..

No muy lejos de allí...


— ¡Fue un accidente! Él no tendría que haber estado allí...Yo no quise. No fue mi intención.

La sombra en la oscuridad camina nerviosa de un lado a otra mientras mesa su pelo. El hombre de complexión fuerte, que se encuentra en el rincón contrario de la habitación, acaricia la reliquia entre sus manos sin prestar mucha atención al sufrimiento ajeno.

krasivya...— Murmura admirado.

— Sí, es preciosa ¿pero a qué precio?

La figura en la sombra se dejó caer en el sofá intentando que la oscuridad de la noche oculte sus remordimientos.

— Amigo, tú no poder controlar el destino. Ese hombre no aceptar razones.

— No quería matarlo—. Gritó ofuscado.

— Nichego ne popishesh.

— Tienes razón, no pude hacer otra cosa pero...

— Tú no preocupar más. Ese hombre ser un idiota y no deber actuar así. Tú y yo ser ricos en poco. Vayamos a hotel mío. Allí vodka y buena compañía os harán olvidar.

El grandullón guió al afligido hombre hacia la puerta mientras disfrutaba de su nueva pieza de colección. Con ella obtendrían suficientes fajos de dinero como para olvidar más que rápido a estúpidos cadáveres entrometidos.

— Buen futuro nos espera, ahora vamos a gozar.

— Eso me gusta—. La sombra se rió olvidando sus tristes remordimientos.

— Y cuando tú ver amigas mías tú gustar aún más— El grandullón rió exaltado.

Ambos partieron de la oscura habitación, sonrientes al reconocer el delicioso camino que comenzaban juntos.


Un día nublado

¿Por qué será que la gente nunca lleva paraguas? Diluvia como nunca pero ellos corren de aquí para allá como hormigas a punto de ahogarse.

Sorbo otro poco de té con limón concentrada en la imagen que me ofrece mi ventanal del tercer piso en Stonebridge. Hoy la concentración me rehúye. Son tiempos complicados, diría mi hermana, y no seré yo quien se lo niegue.

Hoy es mi aniversario, cumpliríamos diez años de casados y a pesar de los últimos tres años de soledad y los siete anteriores de espesas lágrimas, no consigo dejar de pensar como sería todo si estuvieras aquí. ¿Estaría contigo o habría tenido el suficiente valor para darte una patada en el culo y seguir adelante sin mirar atrás?

La vida no es muy justa con algunas personas y en mi caso se ha cebado con ganas. ¿Qué será lo próximo a una orfandad inesperada y un marido que te valora lo mismo que a un felpudo? Sorbo otro poco de té mientras continuo observando por la ventana.

— Se va a estropear los zapatos con tanta agua...

La gente se mueve, no quieren mojarse, están apresurados ¿Por qué no llevan paraguas?

Termino mi infusión pero mi cerebro es un come-come que no me da tregua.

John está muerto y no volverá, eso es una realidad. Estoy sola y sigo adelante. El tiempo pasó y la serenidad ha retornado a mi vida. No estoy tan mal como los demás imaginan pero hay tantas cosas que ellos no saben… Mi vida esconde demasiados secretos sin confesar y muchas vergüenzas que no termino de aceptar.

Al casarme era una jovencita que buscaba cobijo, seguridad y John representó eso y mucho más. En los primeros años podría decir que lo conseguí e, incluso, llegué a ser feliz, pero luego todo cambió. Mi sosiego se convirtió en la más penosa de mis agonías. Hoy soy capaz de reconocer que jamás tuve mi época dorada.

Actualmente trabajo como directora del Museo Arqueológico Stonebridge, he conquistado una vida con la que sí deseo vivir. Soy una respetada profesional, me siento libre y lucho contra mis miedos que aunque siguen siendo muchos, me siento fuerte para afrontarlos. Los sufrimientos ya no existen. Los únicos golpes que recibiré de hoy en adelante son los propios de la vida y me prepararé con uñas y dientes para hacerles frente.

Los miedos son desafíos que no temo experimentar. John, desde allí donde estés, escúchame bien, espero que te pudras porqué ¡No te perdono!

— Anne, me marcho—. La voz de mi secretaria desde la puerta me distrae de mi auto reivindicación de libertades— Ha llamado tu hermana y dice que te espera para cenar.

— Gracias. Ten cuidado que está diluviando.

Mary sonríe acomodándose su generoso escote y sale despreocupada, las veinteañeras no temen estropearse la ropa.

— Anne, deberías salir y buscar un señor que te de calorcito en días como este.

¿Señor? Claro, como soy viuda, sólo valgo para canas y bastones. Mejor me callo. Todos conocemos a Mary y su dichosa rivalidad femenina y aunque yo simplemente lo llamaría puta envidia, no puedo expresarlo en voz alta. Las mujeres inteligentes somos libres de pensamientos pero prisioneras de nuestra buena educación.

— Buenas noches Mary.

Doy por finalizada la conversación al escuchar el sonido insistente del teléfono.

— ¡Marc! Que alegría...¿Estás en la ciudad?...Me parece perfecto...¡Sí! Jaja. No seas pesado. Lo prometo. Organizaré todo para que en esa semana tú seas mi única prioridad...Yo también te quiero mucho pero la cena la pagas tú, mi economía no es tan solvente como la tuya—. Marc ríe al otro lado de la línea—. Otro besazo para ti también. Nos vemos pronto.

Marc Olson, uno de los hombres más fieles que conoceré jamás. Siempre allí. Él nunca se marchó. Cuando tu marido es un prestigioso arqueólogo internacional mucha gente te llama para ofrecerte sus condolencias pero con el tiempo todos comienzan a desaparecer y sólo te quedan tres o cuatro personas que nunca te abandonan. Personas leales y sinceras como mi gran amigo Marc.

Siempre presente, siempre allí cuando lo necesitas. El hombre ideal para cualquier mujer excepto para mí, que sólo fui capaz de sentir una preciosa amistad. ¿Debería darle una segunda oportunidad? Es guapo, inteligente y enamorado de mí desde hace años ¿Por qué no volver a intentarlo? En aquellos meses de noviazgo éramos apenas unos críos pero hoy somos dos adultos solitarios y yo podría probar...¡Que va! No quiero una pareja, yo deseo vivir, experimentar y punto pelota. Mejor me dejo de estupideces...

— ¡La hora!

O me lanzo a correr o Jane me despellejará viva por salir nuevamente tarde. No hay nada que odie más que su delicioso Rosbif con puré de patatas se quede frío.

Salgo corriendo cuando me doy cuenta.

— ¡Mierda! No llevo paraguas— Río divertida— ¡Y qué más da! No tengo veinte años pero soy feliz— sonrío sola con mis tonterías y marcho esperanzada. El futuro me deparará todas las aventuras que yo decida aceptar y no pienso rechazar ninguna.



Me arriesgo

— Anne, me voy...— Es la segunda vez que se despide en los últimos diez minutos pero no termina de marcharse.

— ¿Te pasa algo?

— En cinco minutos saldrá por esa puerta el hombre más guapo del mundo.

— ¿De la oficina en obras?

— Sí.

— ¿Y lo acechas para violarlo en el pasillo?

— Mejor en el ascensor— Niego con la cabeza mientras Mary sonríe con picardía.

— Buenas noches Mary.

Bajo la mirada al teclado. Saco más provecho si continuo con mi informe y termino pronto el informe, que seguir escuchando las sandeces de mi secretaria. Las finanzas en el museo son delicadas y los ingresos son muy escasos, por lo cual o hago encaje de bolillos o muchos de mis compañeros en el área experimental terminarán en la calle.

Miro al reloj y compruebo que me ha vuelto a pasar. Han pasado dos horas del horario de salida y es tardísimo. Me restriego los ojos releyendo la documentación y parece fiable ¿pero lo suficiente como para atraer nuevos inversores? De eso no estoy tan segura. No puedo permitirme errores, necesitamos el dinero. En fin, por esta noche no puedo hacer mucho más. Recojo mis cuatro cosas y me marcho derechito a casa.

— ¡Mierda!

Mi avejentada agenda y sus cientos de papelillos vuelan por los aires. ¡Por favor, que desastre! Después de todo va a ser verdad y tengo que jubilarla. Me agacho para recoger el estropicio de tarjetas desperdigadas en el suelo de madera y me marcho.

El Templo de las Pasiones... Leo la tarjeta descolorida por el paso del tiempo. ¿Cuántos años llevo guardando esta tarjeta? Tres...¡No! Ya son cinco años. Me siento en la alfombra mientras recojo el resto de papeles.

De novios John nunca estuvo de acuerdo con mis curiosidades sexuales y dentro del matrimonio el sexo se convirtió en un tren al que era mejor no subirse. Cumplir y callar pensando sólo en cuando se iba a terminar. Esa era mi vida sexual.

“Mujeres como tú no atraen”. Esa era su frase habitual. ¿Mujeres como yo? ¿Aburridas? ¿Resignadas? ¿Insípidas? ¿Monótonas?. ¡Y un pimiento! Yo no soy así, puede que lo haya sido pero ya no más.

Templo de las Pasiones, espero que sigas abierto porque mañana mismo pienso ir a visitarte y ya veremos a qué tipo de mujer pertenezco. Ya no necesito pedir permiso para hacer lo que me plazca, buscar lo que me interesa o probar lo que deseo. Autoestima pintándose lo labios de rojo pasión.


…………………..

— Te digo que tengo esta invitación.

— Y yo le reitero que no puede entrar. Esa entrada caducó hace años.

— Se me ha pasado la fecha. Vamos, no seas así. ¿Me ves aires de peligrosa?— Le regalo la mejor de mis sonrisas— ¡Mira! Te estás riendo. No seas así, es mi primera vez...Sólo estaré un ratito corto. Una copita y me marcho.

— Lo siento pero no puedo. Quizás otro día.

El grandullón se mueve hacia un costado dejando pasar a dos mujeres maravillosas que no necesitaron ninguna presentación.

— ¿Qué pasa? ¿Las pelirrojas no somos bienvenidas?— Digo molesta— ¿Ellas sí pero yo no?

— Debes ser socia o estar invitada por uno de ellos. Las preciosas como tú también están obligadas a cumplir las reglas.

Ay que tierno, me ha llamado preciosa...Me lo como. Pongo carita de inocente como último recurso pero nada. Que no va a dejarme entrar. Me resigno a regresar a casa cuando una voz gruesa y varonil capta toda mi atención.

Ay madre, que este hombre no puede ser real. Cabellos negros como la noche y un poquito más largo de lo habitual, enmarcan una cara recia y masculina. Debe medir más de metro ochenta pero no es de esos flacuchos alargados sino por el contrario parece que entrena lo suficiente como para que sus brazos se marquen a través de la camisa. Viste pantalones claros con camisa azul celeste y es el hombre más atractivo que he visto jamás. Me tambaleo pensando la de cosas nuevas que podríamos probar juntos en horizontal, en vertical, en el aire, en el agua y donde el cuerpo me aguante. ¡Ay madre! Si al final va a resultar que no soy ningún muermo...Jódete John.

— Marcus, deja pasar a la señorita. Viene conmigo

— Reed, sabes que no puedo dejarla entrar. Si llega a provocar algún incidente, Solange me echará a los lobos como desayuno.

— Ella no se separará de mi lado ¿no es así Anne?

¿Cómo sabe mi nombre? No importa, con esos ojazos azules le acepto todo.

— Sí quiero...Es decir, sí prometo...Sí a todo...— Ay madre, me estoy enterrando en el lodo.

El Dios masculino mueve un lateral del labio ¿Qué fue eso, un simulacro de sonrisa?

— ¿Segura que quieres entrar?— Me pregunta con firmeza.

— Siempre lo he querido pero nunca he tenido la oportunidad.

— Yo te lo daré— Me toma de la mano y entramos a pesar del disgusto del pobre Marcus que no está para nada conforme con mi presencia.

Caminamos despacio para no tropezarnos. El salón principal está en penumbras y yo intento no caerme debido a la escasa luz. Mis pupilas se dilatan acostumbrándose a la oscuridad del lugar. El ambiente es curioso, diferente, incluso podría decirse que un poco sobrecargado pero muy apropiado.

La música sensual envuelve el ambiente. La sala brilla de forma intermitente y los espejos cubren casi la totalidad de las paredes. A mi derecha una pequeña barra de bar está dirigida por un camarero sonriente que atiende sin descanso. Los colores plata y dorado completan una decoración barroca de lámparas y luces color pastel. Las parejas disfrutan sonrientes mientras otros solitarios se limitan a observar.

En un abrir y cerrar de ojos, unos potentes focos iluminan la tarima hasta hacerla brillar de forma deslumbrante. Tres mujeres de minúsculos Bikinis comienzan un baile altamente sensual. Ellas se contonean sensuales alrededor de unas barras de metal, que se extienden desde la tarima de madera caoba hasta el techo impecablemente blanco.

— Si prometes no escaparte voy a por unas copas—. Asiento con la cabeza sin poder pronunciar palabra.

Mi boca abierta de par en par no deja de exclamar. Es el mayor espectáculo erótico que he presenciado jamás. Si alguien me lo quisiera contar diría que roza lo ordinario pero no es exactamente así. Aquí nadie grita descontrolado como en un bar de soldados calenturientos, sino muy por el contrario, tanto hombres como mujeres disfrutan de lo que podría llamarse un espectáculo deliciosamente carnal.

Unas señoritas terriblemente guapas y con vestidos minúsculos, cada tanto se acercan a unas mesas invitando a ciertas parejas a algo que desconozco pero que ellas asienten mientras se dirigen a diferentes puertas ubicadas al final de un largo pasillo. Intento seguirlos con la mirada pero los sonidos de admiración frente a una de las bailarinas que logró subir por el tubo hasta el techo, me distrajo de mis cotilleos.

— Guau.

— Champagne— El Dios hecho hombre me acerca su mano que sujeta una delicada copa de cristal.

— Gracias— No puedo mirarlo a los ojos porque tiene un efecto directo en mis piernas. Se me aflojan.

— Muchas gracias por todo pero no tienes que hacerme compañía. Estoy segura que tendrás tus propios planes.

Es curioso pero su mirada seria y fría no me asusta sino muy por el contrario me atrae y provoca pero no me atemoriza.

— No tengo planes. De momento...

Ay madre. El corazón se me desboca de sólo imaginarlo. ¿Cuánto tiempo llevo sin sexo? Los calores que suben por mis piernas y los temblores de ansiedad, dicen que mucho.

El Dios humano se sienta a mi lado y su perfume me embriaga. Maderas, almizcle y esencia varonil al cien por ciento.

— ¿Es lo que esperabas?

— Sí y no—. Me mira desconcertado y sonrío como cada vez que me mira.

— La decoración es espectacular pero me esperaba algo más...

— ¿Algo más?

— No sé, algo más ¿fuerte?

— Algo como orgías, sados, tríos, intercambios...

— Yo no dije eso—. Me estoy poniendo más roja que mi pelo.

— Pero lo has pensado.

— Eso sí—. Lo de mentir se me da fatal.

— Te gusta jugar fuerte.

— No, que va...Yo no...Nunca...—. Ay madre que me estoy enterrando otra vez. Autoestima corriendo despavorida.

El Dios griego en versión morena me ofrece su escueta sonrisa e intuyo que se está burlando.

— No te rías de mí...Las mujeres tenemos los mismos derechos que los hombres a experimentar.

— Amén por eso.

Dos parejas de una mesa cercana se ponen de pie y se dirigen al gran pasillo lateral.

— ¿Dónde van?

— A experimentar.

— Oh...

— Oh—. Repite divertido.

— ¿Podemos ir?

— No.

— ¿Se necesita invitación para ver?

— ¿Eres voyeur?

— No— rio a carcajadas— Solo curiosa incurable.

Bebo de mi copa mientras me muevo al compás de la música. Este lugar cada vez me gusta más. Mi bombón particular se levanta y estira su brazo para que lo acompañe y lo sigo embobada. ¿Existirán habitaciones privadas?

Me dirige al centro de la pista y veo como sobre la tarima se prepara un espectáculo a todo color. Dos hombres y dos mujeres con sus cuerpos casi desnudos realizan un baile exquisitamente sensual. La luz de unos láser azules los acompañan desde el techo hasta el suelo y sus cuerpos esculturales brillan al ritmo de la música.

Estoy totalmente entregada al espectáculo y me muevo en mi sitio transportada por el erotismo del lugar, cuando noto como mi hombre perfecto se apoya en mi espalda y me rodea la cintura con sus brazos. Ambos nos movemos con pasos suaves y casi imperceptibles mientras nuestros cuerpos se rozan descarados.

Por Dios, estoy ardiendo con sólo sentirlo cerca.

Sus manos abiertas sobre mi vientre se mueven lentamente por mi cintura y puedo sentir su respiración en mi cuello junto al peso de su cabeza en el hueco de mi hombro.

La oscuridad oculta mi vergüenza y dejo que mis manos se aferren a las suyas buscando mayor contacto. Me gusta y no veo razón para no demostrarlo. La música, las luces y el lugar me hacen desearlo con unas ganas locas, estoy ardiendo y mi vagina se humedece por necesidad. Llevo mucho tiempo sin reaccionar ante un hombre pero este provoca en mí sensaciones desconocidas.

Su cuerpo se pega a mí y noto su erección restregarse en mi espalda haciéndome sentir deseada. Su contacto me hace ser audaz. Sus manos me aferran con fuerza como si deseara hacerme el amor allí mismo y yo no pienso negarme. Soy una mujer adulta, libre y me encanta. Lo deseo sobre mi cuerpo aquí y ahora. Restriego mi culo sobre su erección y lo noto insultar entre dientes mientras me regala un pequeño mordisco en el cuello.

— Anne...

— ¿Cómo sabes mi nombre?— Susurro sumergida en mi nube de pasión.

— Lo sé todo desde el primer día que te vi.

— Eso ha sido hoy.

— Para ti, sí.

Intento girarme para mirarlo a la cara y comprender lo que dice pero no me lo permite. Sus brazos me aferran con mayor fuerza y su voz ronca me habla al oído.

— Quédate así. Necesito tenerte unos minutos más.

Me quedo inmóvil delante de su cuerpo mientras siento el roce total de sus muslos y pectorales contra mí. La sensación es maravillosa y siento que la gloria llegará en apenas unos minutos. Cierro los ojos y espero lo inevitable. Pasan unos minutos, la música se detiene y comprendo lo que va a suceder.

— Nena...— Sí, estoy preparada. Sí lo haré, sí te acompaño...

— Esta noche se celebra el aniversario del local y será una fiesta un tanto desenfrenada. Es mejor que te lleve a casa.

¿Qué? ¡Qué! Me sobas todo lo que quieres, yo te lo permito como parte de un juego amoroso ¿qué no piensas darme? ¡Y una mierda! Estoy caliente como hierro al sol y ofendida en grado superlativo. Autoestima, muy pero muy cabreada.

— Me quedo.

— No perteneces a este lugar.

Y aquí estamos otra vez que si la abuela fuma. No soy ninguna mosquita muerta.

— Te agradezco el consejo pero me quedo.

— Y yo que te hacía sumisa.

— Me temo que la sumisión es pasado superado en mi vida.

— ¿Practicabas Sado?

— No de esas sumisas. Me refería a la parte de sumisa como mujer obediente, de esas que dicen a todo que sí. Sí cariño, lo que tú quieras mi vida, Sí papi...

— ¿Papi?— Se echó hacia atrás y lanzó una carcajada de campeonato—. Anne Foster eres de una especie desconocida.

Lo miro curiosa y veo que esas arruguitas que bordean la comisura de sus gruesos labios se han borrado. La sonrisa le sienta aún mejor que la seriedad antártica.

— Deberías reír más a menudo—. Hizo caso omiso a mis consejos y continuó su interrogatorio.

— ¿De quién te has liberado? ¿Novio? ¿Pareja?

— Marido fallecido.

El dios del Olimpo asiente con la cabeza conforme con la respuesta. ¿Habrá vivido algo parecido y lo comprende? No lo creo. Se le nota dominante, con un toque de controlador y una pizca de posesivo. Del tipo del haces lo que yo digo o mis gritos sonarán por medio planeta.

— Nos vamos.

— Me quedo.

— Nos vamos.

— Me-que-do.

Se pone pegado a mi cuerpo y levanta mi barbilla con dos de sus dedos largos y decididos. Si se acerca un poquitín no pienso controlarme, le muerdo esos morritos de chocolate y...¡Dios! Estoy descontrolada.

— Recuerda, te prometí entrar y entraste. Tú dijiste sí. Sí a todo, para ser exactos. Debemos irnos.

— Sí, pero...— No me permitió continuar.

— Lo dijiste.

— Lo dije pero...

— Recuerda que si no te marchas antes que los fuegos artificiales comiencen, Marcus se quedará sin trabajo y será tu culpa. ¿Y no deseas eso, verdad?

— No—. Refunfuño molesta.

— Esa es mi chica.

Estoy que exploto. Me dejo convencer por un hombre que no recuerdo su nombre, que es un dictador y que a pesar de su mirada de infierno, me lo llevaría al fondo del pasillo, le bajaría los pantalones y le mostraría lo santa que soy.

Caminamos sin hablarnos y salimos juntos del local para chocarnos con Marcus que parece aliviado al ver que me marcho. Se despide con una gran sonrisa y yo le respondo de igual forma. El pobre hombre no tiene la culpa, él sólo cumple órdenes.

— Te llevo a casa—. ¿Siempre tendrá ese mal carácter?

— Tengo coche.

Está de muerte pero no tengo porque aguantar su malos modos. Le fastidié su gran noche privada pero él se ofreció, por lo cual, que se aguante.

Me estoy a punto de ir cuando se adelanta y deposita un beso de lo más tierno sobre mi frente. ¡La frente! Ningún hombre jamás, nunca, never, me besó en la frente, igual mi abuelo, pero ese no cuenta. ¿Tan patética le parezco? Autoestima, se cubre la cara avergonzada.

— Nos vemos.

— Claro.

Camino a toda prisa hacia mi coche. ¿Ha dicho nos vemos? Creerá que soy idiota. No me pides ni teléfono, ni correo electrónico, me besas en la frente ¿y me dices nos vemos? Esos cuentos a otra, mi querido. Ya capté el mensaje. Me voy a casa que mañana trabajo y necesito una ducha de agua muy fría.


Quién eres

— Buenos días, Mary.

— ¡De buenos nada! Ese ruido es insoportable—. La pobre se tapa los oídos con las manos—¡Son demasiados arreglos! Aquello más que un despacho parecerá el mismísimo Buckingham Palace.

Entro en mi oficina dejando a Mary refunfuñando en su escritorio. Cuando accedí al descabellado pedido de Bruce, jamás pensé que mi tranquilidad se desvanecería entre martillazos y pintura descascarillada.

Llevan sólo unos pocos días de obras pero el ruido se lo podría calificar de muchas cosas menos de confortable. ¡Por favor! Se supone que con una simple mano de pintura y unos muebles nuevos sería un despacho de lo más decente, pero seguro que el viejo cascarrabias pretende algo mucho más acorde a su nivel de Busca Tesoros. Será un pedante engreído.

En Google no hay mucha información, según dicen prefiere mantener su identidad en secreto. ¡Y un cuerno! ¿Quién se cree que es, Indiana Jones? La objetivad no es mi fuerte en casos como este pero sencillamente no soporto a estos personajes. Utilizan nuestra historia y nuestros tesoros como una mera mercancía comercial.

La arqueología es saber de dónde venimos para vislumbrar hacia dónde vamos. Es conocer nuestros orígenes. Lo bueno y lo malo, los aciertos y los infortunios, la felicidad y los sentimientos. Nuestro pasado forma parte de un ADN evolutivo que nos identifica como seres humanos, y personajes como este consiguen dejar nuestro esfuerzo en algo poco más interesante que al de un simple recolector de polvo y huesos.

Bruce asegura que Blackman ofrecerá a Stonebridge unos ingresos desesperadamente necesarios y espero que en ese aspecto lleve razón, de lo contrario ya me encargaré yo misma de darle una patada en las mismísimas posaderas y hacerlo desaparecer de mi museo.

Acomodo el portátil en el escritorio distraída con mi propio enfado. Espero que Bruce no se equivoque y este no sea uno de los tantos proyectos que se hunden en el fracaso.

La humanidad se interesa cada vez menos por el arte. El precio de visita a Stonebridge cuesta el mismo dinero que el último CD de los grandes éxitos de las Bombas Pechugonas volumen II, sin embargo ellas son número uno en la MTV y yo, arqueóloga experimental, número uno de mi promoción y con años de experiencia, me encuentro aguantando martillazos de una oficina que refugiará al compañero más desagradable que existe, y cuyo historial de frialdad y mal carácter es de fama internacional. Autoestima echa humo por las orejas.

Por primera vez he de reconocer que Mary lleva razón. La situación es insoportable pero como directora del museo se supone que debo demostrar con el ejemplo.

— Pronto pasará— miento descaradamente—. No tienes que preocuparte. Un poco de pintura, unos muebles nuevos y habrán terminado. Esta semana será la última.

— Qué pena...— Abro los ojos sorprendida. ¡A esta mujer no la entiende ni su madre!

— ¿Perdón?

Mary sonríe mientras cierra la puerta. ¿Qué trama?

— Anne...Tú siempre en el limbo—. Y ahí va otra de sus pataditas. Un día me harto y salimos en los periódicos.

— ¿Se puede saber que es lo tan interesante?

— Verás— se acerca a mi silla— A eso de las cinco de la tarde, todos los días, desde que comenzó la obra, llega un hombre guapísimo y súper interesante al despacho. Entra, observa las nuevas paredes con sumo detalle, se sienta en la única silla que existe, estudia unos papeles y piensa concentrado.

Lleva días haciendo lo mismo. Mientras trabaja en lo que sea que está haciendo, se queda mirándome durante largo tiempo, totalmente embelesado. No quiero parecer presuntuosa pero ya me comprendes.

— ¿Presuntuosa tú?— Digo con ironía pero ella me ignora y continúa su discurso.

— Es a mí a quien mira. Ya me entiendes. Soy más de su tipo que tú. No puedo mentirte, no me quita los ojos de encima. Estoy segura que es a mí y no a ti, y no lo digo por ofenderte, pero yo encajo más en su perfil.

¿Su perfil? Será jodida. Ya estamos otra vez con el bendito discurso de Mary y su exuberante juventud de veinte y pocos, frente a la pobre viuda, sola y triste con treinta y tantos. ¿Por qué no la pongo de patitas en la calle? Sí, ya sé. Simplemente porque no soy así.

— Me alegro por ti Mary. Espero que ese hombre te valore para algo más que un revolcón—. Chúpate esa. Seré buena pero no soy idiota.

Mary peinó con los dedos su larga cabellera rubia platino ignorando mis pullas. Estaba claro que la parte de conseguir un buen revolcón era lo único interesante para ella.

— ¿Crees que será Blackman?

Abro los ojos estupefacta para después lanzar una carcajada que resonó en toda la planta. Madre mía, tan experta en algunos temas y tan ingenua en otras.

— No es Blackman. Un caza tesoros como él jamás se molestaría en ver las obras de un despacho. No llegará a la ciudad hasta la próxima semana, y aunque no lo conozco y ni siquiera sé su nombre de pila, estoy segura que es un señor con canas y bastante menos interesante de lo que me cuentas. Ese hombre debe ser un empleado de las obras o como mucho el decorador de interiores.

— Llevas razón...

Parece que la idea de tener un admirador pintor de brocha gorda no es muy de su agrado. Digamos que es bastante menos glamuroso.

— Mary, debo trabajar— A ver si capta la indirecta y hace lo mismo—¿Te parece bien traerme un café con leche y olvidarnos de hombres guapos y mirones?

— ¡Calla! Mira hacia la puerta. ¡Está entrando! Es él...

— Está bien, pero después te vas derechita a tu escritorio.

Miro aburrida y casi me caigo de la silla. ¡Joder! ¡Mierda! Guapo no es una descripción suficiente para alguien así. Interesante, seductor, atractivo, fascinante, mágico, tentador, esas si son descripciones acertadas. Es terriblemente varonil, insoportablemente sexy y que me entierren por mi maldita suerte porque es el mismo mal humorado Adonis de anoche. ¡Mierda! Y mil veces mierda de suerte que tengo.

Camina lento, seguro, confiado. Todo él demuestra control completo por allí donde pisa. Viste vaqueros negros, camiseta de algodón también negra y deportivas de marca. Es el mismo de anoche pero con un aire diferente. Guapo, irresistible y terriblemente seductor.

Cierro la boca antes de quedar al descubierto.

— Y ¿Es o no es guapo?— Mary preguntó sonriente.

Estaba tan absorta observándolo por el cristal de mi despacho que no fui capaz de responder. Él pareció escuchar mi llamado mental porque repentinamente giró hacia nosotras y entonces pude apreciarlo en todo su esplendor. Los mismos ojos azul ártico que me hipnotizaron la noche anterior. Profundos, intensos e intrigantes.

Nuestras miradas se encontraron pero él no pestañeó. ¿Será que no me recuerda? La idea de ser sólo una de tantas me entristece. Autoestima, desilusionada.

Agacho la cabeza con timidez y un toque de pena. ¿Qué pensaba que pasaría?¿Qué vendría a mi despacho, abriría la puerta, me levantaría en volandas y me besaría como Clark Gable a su querida Escarlata? Un día de estos tendré que madurar.

Sacudo la cabeza negando mis tonterías mientras Mary ajena a mis pensamientos se marcha hacia su escritorio moviendo intensamente las redondeadas caderas. La joven intenta captar la atención del hombre que en ese mismo instante, se gira y entra en la oficina sin hacernos caso a ninguna de las dos. Autoestima, con el corazón partido.

Mejor me concentro en mi trabajo que no es poco. Pero ¡Por Dios! No puede ser real. ¿Por qué todo me pasa a mí? De cientos de museos en el planeta ¿tenía que venir a trabajar justo a este? Yo sólo buscaba nuevas aventuras, beber un trago y poco más...Está bien, igual bastante más, pero juro que nada fuera de lo normal. Vamos, que la noche anterior estaba necesitada pero después de conocerlo, mi cuerpo arde y no precisamente por el encendido de la calefacción. ¡Soy patética y desafortunada! Y él terriblemente atractivo. Es un Apolo, un bomboncito listo para comer y sería perfecto para una mujer tan hambrienta como yo, sino fuera por el pequeño detalle, que me besó en la frente y se marchó.

No Anne...No levantes la cabeza, no lo hagas. Sigue mirando tu monitor. Si alzo la mirada puedo espiarlo por el cristal que tengo justo en frente pero no voy a hacerlo, porque no debo, porque no soy una buscona y porque no soy acosadora. Seguro está cansado que las mujeres lo persigan. No miro. No miro... No lo hago... Yo no...Yo nunca... Sólo un poquito...Una miradita y no más.

— ¡Mierda! Me ha pillado.

El Dios del Olimpo también está mirando hacia mi despacho, pero al contrario que yo, sonríe con la mirada. Sus ojos están menos fríos, me atrevería a decir que tienen un toque de ¿diversión? ¡Mierda! Se está riendo de mí. Lo que me faltaba. Al repertorio de mis amplias cualidades, ahora le debo sumar, el de babosa descarada.

¡Concéntrate mujer! Eres la directora del Stonebridge, arqueóloga respetable y una mujer con unas ganas locas de un buen vis a vis con el compañerito de enfrente. Autoestima abanicándose a dos manos.

Me sonrío de mis calenturientos pensamientos. Me concentro en la pantalla del ordenador y me quito la sonrisita de los labios que desde que lo conozco no se me borra de la cara. No se puede ser más guapo y yo más desesperada. Coloco los cascos en mis orejas, abro el Word y me olvido de posturas sexuales ardientes. Está buenísimo, me fascina, pero anoche dejó claro que no entro dentro de sus cánones de belleza femenina.

Mi ordenador me engulle y trabajo sin mirar al frente. Miro el reloj y ¡perfecto! Dos horas de trabajo y sin levantar la mirada ni una sola vez. ¡Bien por mí! Después del sacrificio merezco darle un poquito de alegría a la vista ¿no? Pues claro que sí. A mirar a mi vecinito que esta vida son sólo dos días.

Levantó la mirada ilusionada pero mi alegría se evapora al instante. No está. Se ha ido. Una pena. Por hoy se acabaron las buenas vistas. El edificio está en penumbras y Mary se ha ido. Trabajé tan concentrada que no me he dado cuenta de cómo corría el tiempo. Mejor envío el informe y me marcho directa a casita.

La puerta suena con un par de tocs, tocs y medio cuerpo asoma por el marco.

— Anne Foster ¿puedo?

Ay madre, como Clark Gable. Sí, soy tu Escarlata... Lánzame sobre el escritorio.

Entra sin esperar respuesta. Por supuesto, como un perfecto chico malo.

— Mary no está—. ¿Por qué he dicho eso? ¡Soy tonta de campeonato!

— No sé quién es Mary—. Dijo divertido pero sus labios no reflejaron sonrisa alguna.

— Mary es mi secretaria. Pensé que la buscabas a ella.

Entra y cierra la puerta. Madre ¡qué hago! ¿Me quedo sentada?, ¿me levanto?, ¿lo echo?, ¿me lanzo encima?, ¿lo beso? ¿le arranco la ropa? Respira. Inspira. Espira...Eso es. Inspira. Espira...¡Joder! Está tremendo.

— No la quiero a ella.

— ¿Ah no?— ¿Mi voz sonó como gallina espachurrada?

Menudo pintor. Mañana mismo pido presupuesto para redecorar mi apartamento. A tres colores y triple capa para que se demore unos días más.

— Si necesitas información sobre la decoración del despacho no puedo ayudarte. El señor Blackman no se ha incorporado y con el mal carácter que tiene, prefiero no meterme. Demasiados problemas tengo solita como para buscarme nuevos.

Me hago la tonta e ignoro el hecho que nos conocemos del Templo de las Pasiones. Si él no me recuerda yo tampoco.

— ¿Mal carácter?

— Horrible. Es un viejo cascarrabias, frío e insensible. Lo único que le importa es el dinero. Las reliquias son simplemente un medio para saciar sus ansias de poder y fama. Un ser despreciable.

¿Más serio de lo normal o me lo parece? ¿Será un pariente? No lo creo, ese viejo es tan creído que no tendría a su sobrino pintando paredes.

El Dios hecho hombre se sienta frente a mí sin pedir permiso. ¿No se iba? Me estoy poniendo nerviosa. Su magnetismo es terriblemente potente y el poder por hacerme temblar las rodillas, también.

— ¿No le conoces?

— No me interesa. Es el tipo de hombre con el que no intercambiaría ni un saludo.

¿Se puede saber por qué no te vas? Si estás delante no dejo de pensar en sábanas desparramadas, ropas por el suelo y el molinillo, postura top ten del Kama Sutra, según mujeresalpoder.com.

— Trabajarás con él—. ¿De quién hablábamos? A sí, del viejo Blackman.

— Lo justo e imprescindible.

— ¿Es arqueólogo como tú?

— No, pero eso no es lo importante— Y ahora tengo que explicar mis razones a un desconocido que no recuerda que anoche se apoyó en mi culo. En que líos me meto—. Ese hombre y yo simplemente no encajamos. Un rico venido a más y yo nunca seremos compatibles...En fin, no quiero aburrirte, como te he dicho, Mary no está pero podrás verla mañana.

— Y como te he dicho, no estoy aquí por ella.

Y ahí va otra vez, me estoy sonrojando. Espera tranquilo. Está callado. Observa con paciencia y maldita sea, domina la charla, el ambiente y a mí.

— Tienes que cenar. Te llevo donde quieras.

¿Cómo? Me estoy perdiendo algo. Es guapo pero un poquito mandón ¿no? No te conozco, no me recuerdas, no sé tu nombre ¿y me ordenas cenar?¿Perdón? Por más seductor, atractivo y con ojitos deliciosos que tengas, no pienso caer rendida a tus pies. Uf guapetón, esa estrategia te valdrá con otras pero conmigo no. No soy la del pasado, soy una mujer con dominio de sus instintos y a mucha honra.

— Tienes razón. Es tarde por lo cual me marcho a mi casa y en mi coche.

Me levanto y guardo mi portátil en el maletín pero él no se mueve de la silla. ¿Esperas que te pida disculpas? Pues te quedas ahí sentadito hasta mañana.

— Me voy ¿si no necesitas nada más?— A ver si capta la indirecta.

Se levanta lentamente como si el tiempo no fuera con él. Maldita sea pero hasta sus movimientos son sensuales.

— Reed— dijo al estirar la mano—. Por si no lo recuerdas.

¡Dios! Se acuerda. Ahora no sé que es peor, si aparentar ser dos desconocidos o recordar que ese Señor del Olimpo, se restregó, me acarició y luego me dejó con un beso en la frente. ¡En la frente!

Acepto su mano sin decir palabra pero cuando tuvo mi mano entre la suya, la estrechó con fuerza, y tira de mí dejándome totalmente pegada a su pecho. Su cuerpo duro me regala un calor que me envuelve y me derrite. Respiro agitada pero no soy la única. Él también lo hace.

— Dos besos mejor— contesta con voz ronca.

Si tú lo dices...Sus labios apenas rozan mi piel pero mi cuerpo tiembla electrificado. Que sensación tan maravillosa y tan diferente. Esto es algo tan nuevo que no puede ser real.

— Hablaremos mañana.—. Afirmó y se marchó.

¡Anne vuelve! Inspira...Espira...Inspira...Espira...

¿Hablaremos mañana? ¿Qué ha querido decir? ¿Vendrá a la oficina mañana? ¿Quiere verme mañana? ¿Es una simple frase hecha? ¡Qué ropa me pongo!

Creo que debo huir a casa, prepararme un baño con agua fría y bajar unos grados la temperatura corporal.

Espero unos minutos quietecita en mi despacho porque si lo encuentro en el ascensor no respondo de mis actos, seguro me abalanzo y que sea lo que Dios quiera. Creo que primero le arrancaría la ropa, luego lo besaría con suaves mordiscos, después lo coloco en la posición de el visitante, Kama Sutra top ten mujeresalpoder.com y entonces él...Me denuncia por acosadora. ¡Anne vuelve!

Me río nuevamente de mi gran mundo erótico interior y recojo el maletín.

Mi reloj dice que ha pasado el tiempo suficiente como para huir. Es momento de regresar a casa, prepárame ese baño y olvidarme de ascensores eróticos. Cierro el despacho mientras camino divertida.

Llevo tanto tiempo sin reírme de mí misma que ya ni lo recuerdo. Vamos que sin diversión de ningún tipo, me temo que tendré que cambiar ese pequeño contratiempo o me saldrán telarañas. Me sonrío y emprendo el camino hacia mi hogar, ese refugio solitario donde el último hombre que entró fue Andrew el fontanero, ese que cuando se agachaba para reforzar las tuberías, se le veía la raja peluda del culo. ¡Qué horror! Hay hombres a los que es mejor no recordarlos.


Un día más

Refunfuño agobiada amontonando ropa en cajas. Odio empacar pero mi nuevo apartamento en el barrio de Stonebridge me espera. Mi pasado, mis lágrimas y mis gritos ahogados quedarán ocultos en los ladrillos de esta casa y no pienso regresar a por ellos.

Por primera vez en muchos tiempo tengo esperanzas. No puedo decir que he cambiado porque no es cierto, pero lo intento con ganas y según dicen eso es lo importante. La tragedia me enseñó a ser precavida y John me enseñó a sufrir, el resto de temores me los puedo adjudicar como cosecha propia...Soy plenamente consciente que mi nueva vida no será un camino de nata y chocolate pero viví atrapada en un foso oscuro, escapé y no volveré a caer. El beso de la desgraciada muerte, que por primera vez y sin que sirva de precedentes actuó en mi favor, me ofreció una segunda oportunidad a la que me pienso aferrar.

Acomodo el último jersey dentro de la caja de cartón cuando la puerta del salón se abre y se cierra con delicadeza. No me hace falta mirar para reconocer sus pasos.

— Pensé que no vendrías.

— ¿Y dejarte sola con la mudanza? De eso nada.

— ¿Jane, te he dicho que eres mi hermana preferida?

— ¡Mal bicho! Soy tu única hermana. ¿Cómo lo llevas?

— Bien. Ya casi está todo.

— No me refería a eso.

No, claro que no. Jane jamás da puntada sin hilo, por algo es la hermana mayor. Ella nunca supo de mis desgracias y no pienso involucrarla ahora. Con las suyas tiene de sobra.

— Lo llevo mejor de lo que parece. Viviré más cerca del trabajo y cambiaré de aires. ¡Seré una jovencita alocada en la ciudad!

— Anne, no empezarás otra vez con eso de lo mayor que eres y tonterías similares.

— Ahora que me lo recuerdas ¿sabes el último chisme de Mary?

— De esa me espero cualquier cosa.

Jane frunce la cara. Odia a mi secretaria y no hace nada por disimularlo. Yo continuó cerrando la caja sin prestarle mucha atención.

— Parece ser, que en el museo, estoy catalogada como una MILF.

— ¿La leche?

Me río con ganas. Está claro que Jane no está fuera de onda, sino fuera de galaxia.

— ¡Serás zoquete! Leche es Milk y ellos me llaman MILF. Mom I'd Like to Fuck

— Ah...

— ¿No tienes ni puñetera idea de lo que hablo?

— En absoluto— dijo sonriente y doblando ropa a mi lado.

— MILF significa mamá que me follaría.

— Anne Foster ¡Es una burrada! No puedes permitirlo. Tú no eres ninguna guarra barata.

— Jane— resoplo cansada— no es un insulto.

— ¡Da igual! Seguro que esa niñata lo dijo para molestarte. Se muere de envidia. Quiere ser como tú pero no te llega ni a los tacones.

Jane despedía tanta mala leche que la pobre caja de cartón decidió cerrarse sola.

— Y tú no eres madre—. Refunfuñó cada vez más molesta.

— No. No lo soy...— Algo que agradecerle a mi negro destino.

— Tienes que despedirla. Es una impertinente y te traerá problemas.

— Hace muy bien su trabajo.

— ¡Es una maldita envidiosa!

— Creo que lo de MILF me lo contó como una halago—. Eso espero.

Mejor callo sobre sus constantes insinuaciones acerca de sus maravillosos veinte juveniles años frente a mis avejentados treinta y tantos.

— Ayúdame a precintar esta última caja y te invito un café.

— Prefecto, pero uno rapidito. Adam odia llegar a casa y que yo no esté.

— Por supuesto—. No queremos enfadar al bueno de Adam.

— Me quiere...

Maldita sea mi hermana y su poder telepático.

— No he dicho nada.

— Pero lo piensas.

— Tú eres feliz, yo soy feliz. Punto final. Ya hemos terminado. Vamos al Starbucks que está al final de la calle, me apetece un buen trozo de tarta de manzana con canela.

— ¡Por Dios Anne! ¿Dónde lo metes? No tienes ni un gramo de grasa.

— Es lo que hace la magia del deporte. Un día deberías probarlo conmigo.

— No gracias, con mis clases de yoga tengo suficiente—. Dijo divertida.

Me apoyo en el brazo de mi hermana disfrutando de su compañía. Jane es tan opuesta a mí que a veces dudo de nuestros genes. La miro y no puedo evitar admirar el rojizo de sus cabellos, el de ella es aún más brillante y dorado que el mío. El verde cristalino de nuestros ojos son idénticos y las tristeza que en ellos se guardan, me temo que también. Jane es preciosa, somos hermanas y jamás podré agradecer a nuestros padres el tenerla en mi vida.

— Gracias.

No necesité más explicaciones. El poder telepático de Jane funcionó perfectamente. Es mi hermana y la adoro.

— Por cierto ¿ha llegado el famoso Blackman?

— No. Según Bruce llegará la próxima semana.

— Ese hombre no te hace ninguna gracia.

— No lo soporto pero confío en el buen criterio de Bruce.

— Bruce ha sido tu mentor y tu guía. Siempre se ha portado muy bien contigo, no veo porqué no confiar.

— Así es.

— ¿Y ninguna otra novedad? Cotilleos, rumores, hombres en general...

Mi querida hermana y sus continuos sueños de hombres que llegan a tu vida y te enamoran con la mirada.

— Eres una romántica perdida.

— No puedo evitarlo.

La pobre deseaba que yo cumpliera los sueños que a ella se le escaparon. Ambas nos casamos porque simplemente era lo se esperaba de nosotras. Ni Jane ni yo jamás sentimos ni hormigueos en el estómago, ni latidos desbocados ni sonrisas tontas que nos robaran el sueño. El amor o su falta de él, no es un tema del que hablemos habitualmente y no seré yo la responsable de hacer resurgir heridas que duelen. Jane sobrevive en su matrimonio y no es necesario ser un experto en psicología matrimonial para ver lo que allí se cuece. No voy a inmiscuirme en sus decisiones, cuando llegue el momento y me necesite, simplemente estaré.

La soledad me enseñó que todos cometemos errores. Algunas buscamos una sombra que nos cobije y podría decirse que hasta la encontramos, pero luego descubrimos que esa sombra de seguridad se ha convertido en una losa que te asfixia sin poder escapar.

— Te contaré una tontería, te parecerá divertido, pero es sólo eso, una tontería. No te hagas ilusiones— Jane aplaude con las manos— ¡Te estás haciendo ilusiones! Ya no te cuento nada.

— No seas tonta. ¡Habla!—

Sonrío al verla esperar un cuento de príncipes y princesas.

— He conocido a un hombre interesante pero...

— ¡No!— Gritó entusiasmada— ¡Y por qué no me lo has dicho antes!

— Estaba en la parte del pero...

Jane asiente nerviosa. La pobre espera música lenta y pétalos rojos cayendo del cielo.

— Nos conocimos en el museo pero no creo que volvamos a vernos.

Lo de la visita al Templo de las Pasiones y la frotada en mi culo mejor me lo evito. Esa parte para Jane es categoría triple X.

— ¿Qué pasó?— dijo expectante.

— Abrió la puerta de mi despacho y yo lo miré obnubilada...Me encontré con sus ardientes ojos azules, cuerpo de infarto— mi hermana abre los ojos entusiasmada— me miró, se acercó, pegó su cuerpo al mío, estiró sus fuertes brazos, me cobijó contra su pecho y me lanzó al sofá mientras se arrancaba la camisa.

— Serás idiota...

— Y tú tonta. ¿Qué pensabas que iba a pasar? Simplemente intercambiamos unas palabras. Me pareció interesante y terriblemente guapo pero nada más.

— Interesante...Terriblemente guapo...Eso es algo que llevo años sin escuchar de tu boca. Continúa...

— Jane, deja de hacerte pajas mentales. Sólo fueron unas palabras. Fue educado.

— Pero hay algo más. Te lo noto—. Suspiro fastidiada aunque en el fondo deseo contárselo.

— Verás, no sé cómo explicarlo. Sus palabras, la forma en como me habló, es como si me conociera, como si con su mirada pudiera leer mi interior. Está buenísimo y no puedo negar que está para comérselo a bocaditos, pero hay algo más allá de lo físico. Me llama, me atrae. Algo nos une, me...

— ¡Te gusta! ¿Y por qué dices que no volverás a verlo? ¿Era un visitante?

— No.

— ¿Y entonces? Deberías investigar y descubrir en qué departamento trabaja, luego te dejas caer por allí como si nada y entonces le das un par de señales de esas discretas, ya sabes, mejor no parecer una buscona y...

— ¿Vamos a por ese café?

— Sí, pero me niego a que cambies de tema. Tú sigue mis consejos...

Jane continuó hablando con prisas y mi concentración se escapó a otro sitio.

¿En realidad quiero volver a verlo? ¿Deseo sentirme nerviosa, segura y terriblemente vulnerable? Esto es nuevo para mí. La sangre me arde al verlo y eso es algo que no puedo negar como tampoco puedo negar que es del tipo de hombres que trae un cartel de peligro pegado en la frente. Esa clase de hombres de los que terminas totalmente enamorada y terriblemente dañada. Yo no busco enamorarme, no estoy preparada para enamorarme pero ¡como hago para dejar de ilusionarme!



Soy yo

— Anne me marcho— dijo Mary molesta— Esos dos no saldrán nunca.

— ¿Dos? Juro que la mayoría de las veces no entiendo nada de lo que dices.

La joven se ríe mientras acomoda sus dos encantos en la híper ajustada camisa naranja.

— El pintor guapo y un amigo igual de bombón, llevan encerrados cerca de una hora en el despacho.

— Estarán dando los retoques finales. En pocos días llegará el viejo y no querrán enfadarlo.

— ¿Es muy viejo?

— No estoy segura.

— Vete a casa. Yo me iré en unos minutos. Si veo algo interesante, te lo cuento.

— Trato hecho. Recuerda que estás ante mi futuro marido—. Dijo guiñando un ojo con picardía.

Niego con la cabeza mientras me zambullo nuevamente en el teclado del ordenador. La situación del museo es demasiado crítica como para entretenerme con tontadas. Si no consigo que la ventas de entradas se incrementen, los inversores se marcharán en sus lujosos deportivos y con sus abultadas carteras a sitios mejores. Sin inversores suficientes los trabajos experimentales se reducen a sueños imposibles de conseguir.


— ¡Vamos hombre! No será tan malo.

— Será peor...

— Es tu oportunidad de tenerlo entre tus manos. ¿Piensas darte por vencido?

— Nunca.

Dos voces graves retumban en el pasillo llamando mi atención. Una es grave y divertida, la otra fría y formal. Levanto la mirada y allí está. Reed y su amplia espalda, luciendo unos sencillos vaqueros azules y un polo blanco sin ninguna arruga. Un dios inconquistable hecho para admirar.

Ambos hombres son magníficos. Los dos se parecen en altura, en el negro azabache de sus cabellos y en que no pertenecen a este planeta. Uno de ellos es la felicidad de vivir en este mundo, sin embargo el otro, refleja el tormento de no saber por qué vive. Sus pupilas azules reflejan la desolación en la que vive un dueño inaccesible e impenetrable.

Ambos se giran hacia mi despacho como si yo fuera parte de la conversación y...¡Mierda! Pillada y disfrutando de las vistas.

Sonrío, me hago la tonta y agacho la cabeza. Con un poco de suerte hasta consigo pasar desapercibida. ¡Ay no! Vienen hacia aquí. ¿Qué hago? ¡Qué hago! Disimular...Disimular. A teclear como loca.

— Espera fuera— Reed ordenó pero el otro hombre no hizo ni el menor de caso.

El morenazo cerró la puerta tras él y Reed lo fulminó con la mirada.

— Te dije que te quedaras fuera.

— Y mira por donde que yo quiero entrar—. Sonríe divertido mientras me guiña un ojo.

No salgo de mi asombro. Menudo espectáculo de cuerpazos en mi propio despacho y totalmente gratis. El compañero de Reed está como un tren listo para subirse. Este hombre no tiene nada para el desperdicio.

— ¿Perdón os habéis perdido?

El hombre de metro ochenta, de rasgos indios pero con unos ojazos verdes como la misma pradera inglesa, se adelanta con rapidez mientras me sonríe encantado.

— Soy Suraj Kumar y él es...Ay—. ¿Acaba de recibir un codazo en la espalda? Los miro extrañada.

— Me conoce—. Pronunció con su habitual seriedad.

La verdad es que no mucho. Sé tú nombre, que me pones como una moto, que me tienes loquita por tus huesos pero poco más.

— Encantada de conocerte Suraj—. Alejo el teclado y apoyo los codos en el escritorio— Agradezco la visita pero estoy ocupada.

Sueno más áspera de lo deseado pero no puedo flaquear; o actúo como fémina autosuficiente o me lanzo sobre don indiferente como una posesa sexual y salimos en los periódicos. “Directora de museo viola a un pintor de obra en su despacho, asegura el único testigo del incidente”.

— Serán sólo unos minutos.

— ¿También eres pintor?— Su sonrisa es magnífica.

— ¿Pintor?— Mira a su amigo pero él no contesta.

— Soy inspector de policía.

— No entiendo. ¿Hemos sufrido algún robo? ¿Estamos en peligro?— No puedo evitar sonar más asustada de lo normal.

— Sólo mi corazón al verte—. Me quedo de piedra frente a semejante confesión pero el bombón hindú no es tímido y continúa con su explicación.

— En el último año son muchos los museos que han sufrido robos. Todas los hurtos se han concentrado en importantes obra de inestimable valor— asiento comprendiendo la gravedad— Mi departamento a pesar de trabajar sin descanso, no ha sido capaz de conseguir pistas que nos lleven hasta el atracador. Hoy por hoy, Stonebridge es el único museo arqueológico de renombre internacional que ha conseguido salir indemne de las fechorías del Relojero.

— ¿Relojero?

— Sí. El ladrón actúa en las sombra, y los únicos rastros que poseemos son los que él mismo ha decidido regalarnos. Piezas sueltas de un Henry Graves de bolsillo fechado en 1930.

— Un ladrón con buen gusto—. Contesto sorprendida mientras el inspector afirma con un movimiento de cabeza.

— He solicitado permiso al consejo general para poder trabajar de forma directa contigo y con el museo.

— Me estás asustando...

— Me gustaría no hacerlo pero no puedo. Es cuestión de tiempo para que el Relojero deposite sus ojos en Stonebridge— suspira molesto— Bruce Ayers me ofreció su total colaboración siempre y cuando la preciosa Anne Foster acepte mi molesta compañía—. Y allí está nuevamente su fulgurante sonrisa.

— Me temo que la vista de Bruce no es muy buena—. Contesto con simulada modestia.

— Llevas razón. Preciosa es una palabra que se queda corta para describirte.

Guau...

— Vete—. Su voz dura y gélida sonó como un gruñido entre dientes.

— Anne nos vemos mañana, ¿te parece bien?

— Me parece perfecto...— ¿Ese tonito tierno fue mío?

El guapo inspector estira la mano y me ofrece una tarjeta con sus datos. Sus dedos rozan los míos y la sensación es agradable y seductora pero nada de temblores ni de electricidad como con mi hombre de hielo.

— No dudes en llamarme...— Contesta seductor y yo me ensancho de puro orgullo femenino. Autoestima en la cima de la Eiffel.

— Lo haré.

Suraj quiso continuar con la charla pero Reed se interpuso por delante apoyando ambas manos en mi escritorio, rompiendo lo que fuera que estaba pasando.

— No nos vimos— Está enfadado. ¿Y por qué?

Está claro que hice algo que no le gustó. Si supiera las ganas que tengo yo de borrarle ese mal humor con métodos femenina y puramente carnales.

— Te esperé—. Continuó desilusionado.

— ¿A quién?

Su gesto de por favor no te hagas la tonta me hizo poner aún más roja que mi pelo. No sé muy bien porqué tengo esta conversación, no sé por qué me está regañando y no sé por qué lo escucho pero necesito explicarme.

— Si te refieres a que ayer no vine a trabajar, es porqué me mudé a un pequeño apartamento cerca de Stonebridge y decidí tomarme el día libre pero ¿habíamos quedado?

— Te dije que hablaríamos.

— ¿Y eso significa algún tipo de compromiso?

— Fui claro.

— Me parece que no.

Su mirada se torna aún más dura. Está enfadado. Su rostro no demuestra ninguna sensación pero el azul ártico de sus ojos se enturbia frustrado. Es curioso pero en su mirada se concentra la única expresión de sentimientos que es incapaz de controlar. Allí reside su frialdad, su enfado, su diversión y como me gustaría comprobar si también sus deseos.


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