Excerpt for Historias Secretas de Amor y Sangre by , available in its entirety at Smashwords

This page may contain adult content. If you are under age 18, or you arrived by accident, please do not read further.


Historias Secretas de Amor y Sangre



Oscar Luis Rigiroli

Copyright © 2017 por Oscar Luis Rigiroli
Todos los derechos reservados. Ni este libro ni ninguna parte del mismo pueden ser reproducidos o usados en forma alguna sin el permiso expreso por escrito del editor excepto por el uso de breves citas en una reseña del libro.
Publicado en 2017 en los Estados Unidos de América


  Se trata de una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, lugares, eventos e incidentes son o bien los productos de la imaginación del autor o se utilizan de una manera ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales es pura coincidencia.


Índice

Prefacio

Fin del Juego en Venecia

Elenco de personajes

Introducción

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Epílogo

Oasis de Luz

El Desafío de la Legión

Dramatis Personae

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Epílogo

Diez Alas- I Ching y Crimen

Elenco de Personajes

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Epílogo

Del Autor

Sobre el Autor

Obras de O.L.Rigiroli

Coordenadas del Autor

Sobre el Editor


Prefacio

Historias Secretas es una antología de nouvelles del autor que a pesar de la diversidad temática poseen unidad con respecto a su género. Son tres obras de suspenso romántico con base histórica que transcurren en lugares exóticos y con trasfondos míticos, excitando la curiosidad a la vez que manteniendo la intensidad de la narración hasta la última página.

Fin de Juego en Venecia es un thriller cuya trama se halla sembrada de claves enigmáticas. Lucha despiadada por la posesión de riquezas minerales en África. Una sangrienta rivalidad de siglos entre descendientes de Cátaros medievales y cruzados resucitada en pleno siglo XXI.

La acción se traslada de las Islas Seychelles a Bombay, a Carcasona y Montsegur en el Languedoc concluyendo en Venecia en pleno carnaval. Una novela de suspenso que mantendrá al lector en vilo desde el comienzo.

Oasis de Luz transcurre antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y narra los desconcertantes hallazgos de una expedición alemana a Tíbet en 1938 en busca de ciudades perdidas en el Desierto de Gobi.

El Desafío de la Legión relata un episodio que comienza cuando en el año 53 a.C. un ejército romano es derrotado en Asia Menor. Una legión sobrevive y llega combatiendo al Celeste Imperio. En la actualidad un historiador italiano viaja para develar el misterio del destino de esos diez mil hombres en los desiertos del Oeste de china y Mongolia. Allí halla el amor de una colega china, pero también el peligro de oscuros intereses que no desean su presencia en la región. La búsqueda se transforma en un desafío personal.

En Diez Alas-I Ching y Crimen un anciano erudito chino radicado en Buenos Aires instruye a una joven pariente y a su novio sobre la interpretación del Libro de los Cambios. Una oscura conjura se teje en Oriente que pone en peligro inminente a toda la familia y los personajes se valen del I Ching para enfrentarla. Vibrante novela de suspenso en toda su extensión.



Fin del Juego en Venecia










Elenco de Personajes


Alisha Shankar Chand: Joven mujer india de casta elevada.

Vijai Anand Chand: Padre de Alisha, descendiente de los Rajas de Bilaspur.

Romain Mercier: Geólogo de origen canadiense.

Jack Brody: Millonario estadounidense, skipper del yate Etoile.

Gaurika: Novia india de Jack Brody.

Charuni y Bashira: Muchachas sudanesas a bordo del yate de Jack Brody .

Zhang Wei: Supuesto comerciante chino en maderas.

Yashodar Virendra: Amigo de Romain Mercier, establecido como sastre en Mumbai.

Berthe Gabriac: Madre de Romain Mercier.

Bertran Rostanh: Dueño de una tabaquería en Carcasona.

Adhemar Trencavel: Anticuario en Carcasona. Gran Maestre de la Santa y Venerable Cofradía de Perfectos y Bons Hommes Cathares.

Berengar Monferrier: Canciller de la Cofradía.

Aulric de Terrailh: Senescal de la Cofradía.

Michel Dupont: Capitán de la Policía Nacional de Francia.

Roger Maysonet: Capitán de la Gendarmería Nacional Francesa

Olivier Chenier: Comandante de la Policía Nacional Francesa.

Davide Bressan: Teniente del Arma dei Carabinieri en Venecia.

Giuseppe Bertone: Capitán de los Carabinieri, jefe de Bressan.

Andarbek: Ex coronel del ejército checheno.


Introducción


Montsegur, Occitania, Francia. Marzo 1244

Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius.

(Mátenlos a todos. Dios separará a los suyos)


El Caballero Arnaud des Casses entró en la vasta sala donde las mujeres estaban llevando a cabo sus labores de costura, aunque el nerviosismo era evidente y predecible culminando un período de dos semanas en los que el cerco se estaba estrechando sobre la asediada ciudadela y las nubes se cernían sobre los remanentes de la nobleza cátara que se resistían a abjurar de su fe y sus tradiciones. El humo de las hogueras ya se había enseñoreado de los campos del sur de Francia. La cruzada contra los cátaros comenzada años antes bajo la dirección del brutal Simón de Montfort estaba ya concluyendo con la caída de los últimos bastiones. El Senescal de Carcasona y el Arzobispo de Narbona habían sitiado a la ciudad de Montsegur con un ejército de diez mil soldados y no había poder que pudiera enfrentarlos.

El Caballero des Casses impuso su vozarrón sobre los murmullos de las mujeres de modo que el silencio se apoderó del salón. Des Casses fue directo al grano.

-El Consejo de Perfectos has dispuesto que todos los niños y niñas de hasta doce años de edad sean evacuados de la ciudad con efecto inmediato. Las madres que están amamantando deberán acompañar a sus críos y seleccionaremos a otras treinta madres para acompañar a los infantes. Sé que esta separación será terriblemente dolorosa pero debemos salvaguardar a nuestra simiente y nuestros linajes para que nuestra fe no se pierda en los días terribles que seguirán. También sabemos que aquellas mujeres que sean seleccionadas serán renuentes a abandonar a sus maridos pero deben cumplir el encargo que se les encomienda pues los niños necesitan la guía de adultos.

De Casses caminó hasta el centro del salón y debió vencer sus emociones para proseguir su discurso.

-Treinta carretones saldrán esta noche de la ciudad escoltados cada uno por un caballero y seis soldados. En ellos viajarán los niños y las madres.

Las lágrimas y los suspiros se habían convertido en alaridos al hacerse cargo las damas de que tendrían que abandonar a sus hijos para salvarlos de un destino horrendo que anticipaba la hoguera.


Esa noche la caravana de carretas se puso en marcha. El Caballero Arnaud des Casses supervisaba el éxodo acompañado del Perfecto Raymond Agulher y del Perfecto Guilleme Aicard. Las lágrimas bañaban las mejillas de los rudos hombres al ver a los niños ascender a los siniestros carromatos con dirección desconocida.

Con su habitual sagacidad Aicard preguntó.

-¿Qué contienen aquellos tres carros que van al final de la caravana? No veo niños ni mujeres en ellos.

-No me han informado.- Respondió des Casses.- Ni tampoco quiero preguntar.

Las sombras de padres y madres que saludaban a sus hijos por última vez se proyectaban sobre las escasas antorchas que arrojaban un mínimo de luz para no advertir a los sitiadores de la maniobra.

Y así, silenciosamente y con gran congoja se puso en marcha el tren de carros para transportar su valiosa carga humana por toda Aquitania y el Languedoc, hacia el sur hacia Navarra y Cataluña y hacia el este hacia el Piamonte y la Lombardía hasta Milán. Sin saberlo los niños eran portadores no de una teología sino de las simientes de la libertad religiosa y política.


Prólogo


Islas Seychelles- Océano Índico

Sus pies se arrastraban penosamente por la arena mojada ya que sus piernas se negaban a dar el próximo paso, agotados sus músculos por el esfuerzo representado por la lucha por mantenerse sobre el agua del mar, nadar hacia la orilla que apenas había entrevisto lejanamente, y por fin caminar por la playa interminable simplemente guiado por la evanescente luz del sol que se ocultaba tras una bajas colinas ubicadas a occidente. Sus ojos enrojecidos por la sal marina apenas distinguían formas confusas en la oscuridad creciente y su cerebro apenas conseguía procesar la información que aquellos le enviaban.

No vio en gran caracol marino delante de sus pies y tropezó con el mismo rodando por la arena. Por fin su cerebro se desconectó de sus sentidos y cayó en una bruma profunda. El perder el sentido fue un mecanismo automático de autodefensa del organismo en esa situación de agotamiento total. Había caído en el borde de la orilla mojado por el océano pero a esa hora había comenzado ya la bajamar de modo que su cuerpo quedó a salvo de las aguas y la arena a su alrededor comenzó a secarse. La suerte que le había permitido salvarse del naufragio y le había acompañado hasta allí estaba empecinada en no abandonarlo totalmente.




Capítulo 1


Caminó hasta la playa donde ya se hallaba preparada la balsa Zodiac de cinco metros de eslora, la empujó varios metros dentro del mar hasta asegurarse que tenía suficiente agua bajo el casco semirrígido, trepó a bordo, remó unos metros más dentro del mar y luego puso en marcha el motor Yamaha con una facilidad que la sorprendía cada vez que lo hacía.

Una vez navegados unos cien metros alejándose de la costa enderezó hacia el norte y recién entonces, establecido el rumbo miró hacia atrás. El casco blanco del lujoso yate en el que había arribado a Banc de Sable, uno de los atolones coralinos deshabitado que formaban parte del Grupo de Almirantes, parte de las islas Seychelles aunque bastante distantes de la isla principal Mahé y de la ciudad de Victoria, capital del archipiélago.

El yate, denominado Etoile, pertenecía a un millonario americano llamado Jack Brody, un personaje de pasado oscuro amante del lujo, los yates y la navegación, y las mujeres bellas de orígenes étnicos exóticos y variados. En ese viaje en particular llevaba consigo a su novia india Gaurika, de una singular belleza a pesar de su origen humilde procedente de su casta baja; además Jack había incluido a dos jóvenes sudanesas, de piel renegrida y temperamento volcánico , las que nominalmente eran miembros del personal de cocina de la Etoile, aunque Alisha tenía sus sospechas sobre sus verdaderas funciones. Tenía que agradecer que toda esa tripulación femenina había mantenido a Jack alejado de ella, a pesar de ciertas miradas sugestivas que le había dirigido. Esto no resultaba sorprendente para Alisha pues se sabía dueña de una belleza notable. Además, la presencia a bordo de su padre mantendría al americano lejos de todo intento de propasarse con ella.

Sonrió mientras reflexionaba sobre todo esto, y sobre las circunstancias que los había llevado a ella y a su progenitor a encontrarse en esa playa desértica e idílica del Océano Índico, alejados de los sitios donde eran conocidos. Alisha Chand había tenido bastante actividad de viajes y aventuras. Nacida en Bombay, hoy Mumbai veintidós años atrás, sus padres pertenecían a las castas elevadas de la India; en efecto su padre Vijai Anand Chand era nominalmente Raja de Bilaspur, en el Punjab, aunque dicho título nobiliario era ya solamente honorífico, ya que el poder principesco asociado con el mismo se había extinguido en 1948, con el décimo octavo Raja, tío de Vijai.

Separado de su mujer, cuya familia aun conservaba posesiones en el norte de la India, Vijai había regresado años antes a Bombay con su pequeña hija, llevando consigo su patrimonio personal. En esa ciudad, que en 1955 había pasado a llamarse Mumbai, el hombre se había dedicado a actividades financieras, crecientemente lucrativas a la vez que turbias, lo que había causado que tres años antes abandonaran la ciudad, la más poblada de la India y su más importante centro económico, mientras Alisha completaba su educación media y superior en Suiza y luego brevemente en Estados Unidos. En este país el período más grato había sido los meses transcurridos con su prima Lakshmi Dhawan, nacida también en la India pero que actuaba desde hacía algunos años como agente del FBI.

Rememorando todas estas alternativas en su joven vida la muchacha suspiró. Aunque no había estado exenta de algunos apuros le había permitido tener una juventud infinitamente más libre y plena de satisfacciones que la inmensa mayoría de las jóvenes indias, aun las de casta elevada de Punjab.

Alisha puso proa a una pequeña playa de arenas blancas que se divisaba rodeada de manglares cuya vegetación se balanceaba con las suaves olas del mar. Al llegar a la misma apagó el motor y condujo suavemente a la embarcación a la orilla, dejándola sobre arena firme. La joven estaba ocupada en las maniobras y la descarga de los elementos de buceo que había traído en la balsa, pero su mente la alertaba sobre algo que su retina había captado cuando se acercaba a la playa. Cuando estuvo conforme con las actividades náuticas se encaminó hacia la parte donde había percibido algo que su instinto le había marcado como extraño. Por las dudas apretó en su mano un cuchillo que llevaba al cinto aunque no sabía bien para que le pudiera servir en esa ocasión.

Cuando trepó sobre una de las dunas que las mareas producían y transportaban de un lado a otro en la arena lo vio. Un bulto oscuro sobre la playa blanca, antes de llegar a unas rocas de coral que emergían del agua y de los manglares que se hallaban detrás de las mismas. El estómago se le estrujó ante lo que suponía se trataba de un cadáver, sin duda alguna de un náufrago arrojado luego a la playa por las mareas. Dudó sobre si volver sobre sus pasos para evitar el desagradable espectáculo, ya que las aves marinas que revoloteaban en el aire tenían sin duda intenciones de participar en un festival de carroña, pero luego un sentimiento piadoso la forzó a seguir adelante y por lo menos constatar que el cuerpo no tenía vida y estaba más allá de cualquier socorro que le pudiera prestar.

Llegó hasta el cuerpo con grandes prevenciones; a simple vista no había movimiento alguno en él, que hiciera suponer una respiración u otro sigo de vida. No había olores fétidos ni el cuerpo evidenciaba heridas debidas a las aves marinas, por lo que Alisha concluyó que no se hallaría allí desde mucho tiempo antes. Las ropas estaban desgarradas y dejaban ver que debajo de los jirones la piel era blanca. Se trataba sin duda de un hombre de considerable estatura y yacía sobre la arena sobre su pecho, con sus brazos formando un curioso arco. Si se había arrastrado antes sobre la arena mojada las mareas habían borrado todas las huellas.

Ya sin esperanzas de encontrar rastros de vida en el cuerpo Alisha extendió su pie derecho dando vuelta el cuerpo hacia arriba, y en ese momento oyó un leve gemido apenas audible sobre el ruido de las olas. Con gran temor se agachó y acercó su rostro a la cara del hombre; luego de unos instantes percibió signos que podían ser movimientos internos. La mujer meditó unos instantes, se sacó el reloj marino que usaba para sus actividades bajo el agua, secó el cristal con la superficie de su traje de látex y lo acercó a la boca del hombre. Luego de unos tensos momentos constató que el cristal se empañaba indudablemente por efectos de un hálito casi imperceptible.

¡El hombre estaba aun vivo!

Sin vacilar Alisha se quitó el traje de material sintético que servía para sus actividades de buceo pero dificultaba los movimientos que necesitaba ahora realizar, quedando cubierta solamente por un minúsculo bikini.

Se arrodilló cerca de la cabeza del hombre y comenzó con la maniobra de respiración forzada muchas veces practicada en sesiones de entrenamiento pero jamás puesta en práctica en serio. Alisha nunca supo cuanto tiempo estuvo insuflando aire en el cuerpo examine pero con enorme satisfacción vio que el naufrago comenzaba a respirar por sus propios medios, al comienzo dificultosamente. Sin saber muy bien porque puso la cabeza de costado con lo que el hombre vomitó un espumarajo de agua salobre.

La muchacha permaneció ansiosa al lado del cuerpo durante un largo rato observando que la respiración se iba normalizando progresivamente.

Finalmente el presunto náufrago abrió los ojos y encontró su pecho atrapado entre dos muslos femeninos y un par de senos colgando sobre su rostro. Alisha oyó que el hombre musitaba algo en un idioma que le parecía francés pero que resultaba casi inaudible.

-¿Qué dice?-Preguntó en el mismo idioma, que manejaba muy bien desde su pasaje por la escuela suiza.

El hombre carraspeó y repitió en voz más clara.

-¿Estoy en el paraíso?- Mientras su boca formaba una especie de sonrisa.

Alisha tomó repentinamente conciencia de su casi total desnudez y su posición sobre el hombre y se puso de pie de un salto mientras el rubor cubría su tez color caramelo.

Estuvo un rato dudando que hacer en esta situación totalmente inesperada y para la cual no tenía soluciones preconcebidas. Una posibilidad era dejar al hombre en la playa e ir hasta el yate a buscar ayuda para cargarlo a un lugar seguro, pero reflexionó que en el estado de inconsciencia el cuerpo podía ser arrastrado por la marea o atacado por aves marinas o animales que pudieran existir en la espesa vegetación del manglar próximo. Alisha tomó consciencia que había salvado la vida del presunto náufrago y se sentía de alguna manera responsable de su seguridad hasta que pudiera defenderse por sí mismo. Acercó la balsa semirrígida lo más que pudo a la posición del cuerpo pero asegurándose que luego podría hacerla a la mar nuevamente y a duras penas intentó cargar el cuerpo a bordo de la misma. Tuvo que emplear sus fuerzas a fondo para subir una pierna y luego la otra a la embarcación y luego intentó subir el tronco. Luego de casi media hora de esfuerzos consiguió su propósito sintiendo el sudor que le resbalaba por toda su piel y oyendo los gemidos apagados del hombre al ser manipulado su cuerpo, por momentos en forma no totalmente suave. Finalmente apoyó la cabeza del desconocido en la borda y se sentó a esperar sobre la misma. Sabía que no podría arrastrar la balsa hasta el agua de modo que la solución era esperar que la pleamar hiciera el trabajo.

Luego de un par de horas el agua ascendente puso a flote la embarcación y Alisha aguardó hasta que tuviese suficiente profundidad y puso el motor en marcha. Con el mecer de las olas el cuerpo del desconocido rodó hasta el fondo rígido y la mujer se limitó a enderezarle la cabeza y acomodar los miembros. Mientras gobernaba el timón Alisha observó al hombre; tendría unos treinta años, era sin duda un europeo o australiano, su talla era elevada y el cabello de la cabeza era rojizo, lo mismo que la barba de varios días y el vello del cuerpo; no era excesivamente fornido y su cuerpo era más bien delgado. En total un conjunto bastante atractivo a pesar de la suciedad, la arena que lo cubría y el hedor a mar que emanaba. A continuación la joven miró hacia la playa que se estaba alejando y se preguntó cómo habría llegado el hombre hasta allí.

En ese momento el hombre, aún completamente desvanecido movió su cuerpo y su mano derecha quedó posada sobre el muslo de Alisha; el primer instinto de la joven fue retirarla de su cuerpo pero un suave y agradable cosquilleo recorrió su pierna. Alisha constató una vez más que el hombre estaba dormido y decidió mantener la situación de la que sólo ella era testigo.

Al cabo de una hora de viaje distinguió la bahía donde había comenzado su viaje a la mañana y la blanca silueta del casco del Etoile.

Desde el yate ya habían divisado su balsa, y otra embarcación similar se había desprendido del mismo y venía a toda velocidad a su encuentro. Sólo en ese momento Alisha miró su reloj y se percató de que había salido de la bahía diez horas antes y concluyó que en el yate todos, empezando por su padre, debían estar desesperados.


Capítulo 2


Vijai Chand había estado retando a su hija ya por espacio de veinte minutos; había logrado descargar sus nervios pero percibía claramente el aburrimiento en los ojos y la actitud de la muchacha.

-Te has expuesto a mil peligros para traer a bordo de este yate a alguien de quien no conoces su identidad ni tampoco sabes cómo llegó a esa playa. – La discusión tenía lugar en hindi.- Esta aguas están llenas de piratas, traficantes de todo tipo, contrabandistas de drogas, de armas y de personas. Las posibilidades de que sea un malhechor son mayores que las que sea un pobre náufrago.

-Papá, si no lo hubiera socorrido y traído aquí el hombre estaría con toda probabilidad muerto.

-¡No sabes en realidad si no hubiera sido mejor así!

-¡No puedo creer lo que estoy oyendo! ¿Qué queda de todos los preceptos de caridad que proclamas cuando vamos al templo?

-No estamos en el templo ahora. Esta es la vida real.

Alisha estalló de ira en un arranque absolutamente inesperado en una mujer india tradicional, pero se trataba de cualquier cosa menos una mujer india tradicional y Vijai lo sabía. Por un momento lamentó haberse separado de su esposa, ella sí una matrona india de gran carácter que hubiera puesto a su hija bajo control. Hombre práctico al fin disimuló su enojo y suavizó un poco su tono.

-Podrías haber dejado al …náufrago o lo que sea en tierra firme y venir en la balsa a buscar ayuda al yate. De esa manera Jack hubiera podido decidir si lo traía a bordo o no. Así, has introducido en su barco a alguien que puede resultar un peligro.

-¡Ese es tu verdadero problema!- A diferencia de su padre Alisha no bajaba el tono y seguía hablando en forma eruptiva.- Lo que verdaderamente te molesta es que tu compinche se pueda enojar contigo.

El padre iba a contestar en forma ejemplar lo que consideraba que era una total falta de respeto de su hija cuando sonaron unos golpes en la puerta del camarote. Vijai hizo un ademán a la muchacha que hiciera silencio y se dirigió a abrir. Del otro lado apareció la figura inmensa de Jack Brody, vestido con un pantalón oscuro, chaqueta blanca cruzada y gorra de capitán. Su aspecto era perfecto con excepción de ciertas venas en su nariz y rostro que delataban su afición por la bebida. Rápidamente posó su mirada sobre el espectacular cuerpo cobrizo de Alisha, que se hallaba aun en bikini dado que la discusión con su padre le había privado de bañarse y cambiarse. La muchacha se ruborizó una vez más, ya que conocía la otra afición notoria de Brody, las mujeres jóvenes y bellas.

-¿Interrumpo algo?-Preguntó descaradamente el irlandés, quien a pesar de no hablar hindi necesariamente debía haber oído las discusión en el interior del camarote. Sin esperar la respuesta a su pregunta retórica añadió de inmediato dirigiéndose a la mujer.

-El hombre a quien rescataste ha despertado. Tu padre y yo vamos a conversar con él.

-Demando estar presente en la reunión. Creo tener derechos.-Respondió Alisha ante la alarma de su padre.

Jack meditó unos instantes con aspecto contrariado y luego dijo.

-Bien, que sea así. Quizás puedas ayudar pues el náufrago tiene un cierto acento francés y tú hablas bien ese idioma.

El huésped involuntario se hallaba acostado en un sillón de la sala del yate, se encontraba consciente y estaba intentando sentarse en el diván realizando un esfuerzo visible. Gaurika, la novia de Brody y una de las muchachas sudanesas estaban atendiéndolo ayudándolo a incorporarse y sirviéndole una bebida fría.

El timonel del yate, un indonesio que oficiaba en caso de necesidad de paramédico, había determinado que el náufrago estaba en un grado de deshidratación elevado y debía sorber líquidos en forma paulatina. Ya había realizado curaciones en varias heridas en la cabeza y torso del desconocido con el objeto de prevenir infecciones.

Brody, Alisha y su padre Vijai entraron en la sala y permanecieron callados por un momento mientras el timonel terminaba con sus cuidados y cuando el mismo dio un paso atrás Brody se acercó y en voz neutra se dirigió al forastero.

-Me dicen que en sus delirios hablaba francés. ¿Habla Usted inglés?

El desconocido movió su cabeza afirmativamente, mientras carraspeaba para aclarar su voz.

-Bien, eso facilita las cosas.-Prosiguió el dueño del yate. ¿Podría usted por favor identificarse, es decir decirnos su nombre, su nacionalidad y su ocupación?

El hombre nuevamente asintió con la cabeza. Luego haciendo un evidente esfuerzo comenzó con su respuesta.

-Me llamo Romain Mercier. Soy canadiense, de la Provincia de Quebec.-Hablaba perfecto inglés aunque con un dejo francés apenas perceptible.

-Soy un admirador de Montreal, salvo en invierno, por supuesto.- Agregó Brody para romper el hielo.

-Yo vengo de una pequeña localidad llamada Trois Pistoles, ubicada sobre el Río San Lorenzo.

-¿A qué se dedica, Sr Mercier?- Continuó Jack su interrogatorio.

-Soy geólogo.

-¿Y cómo llegó a el atolón donde lo encontró nuestra huésped?-Inquirió el millonario señalando cortésmente a Alisha.-¿Fue víctima de un naufragio?

-No viajaba en barco sino en un hidroavión. Habíamos partido de Zanzíbar en dirección a Sri Lanka. Al avión tuvo un desperfecto pero consiguió posarse en el océano. El piloto, el otro pasajero y yo pudimos echar una balsa al mar antes de que el aparato se hundiese. Estuvimos dos días en el agua sin ver a nadie. Al cabo de la segunda tarde se desató una violenta borrasca y fuimos todos arrojados al mar. Me tomé de la balsa ya vacía y dada vuelta y pasé la noche en el agua helada. A la mañana siguiente pude enderezar la embarcación y acostarme sobre ella. No tenía nada para comer ni beber. No sé cómo fui a parar a ese islote. En algún momento debo haber perdido la consciencia.- Luego se dirigió a Alisha.

-¿Así que fue Usted quien me encontró?

La muchacha sintió nuevamente rubor al ser interpelada por el forastero. A pesar de sí misma debió reconocer que la reacción era debida a la atracción que el hombre ejercía sobre ella. Venciendo su turbación respondió.

-Sí, así fue.

-Mi hija no sólo lo encontró sino que lo cargó en su balsa y lo trajo hasta aquí.- Dijo Vijai con un dejo de orgullo mientras Jack Brody asentía.

-Entonces le expreso mi agradecimiento porque es evidente que salvó mi vida.- Respondió Mercier. Luego prosiguió hablando siempre a la muchacha.

-¿No vio rastros de la balsa en la playa… o de otras cosas, pertenencias que yo traía?

-No había absolutamente nada a la vista.-Dijo Alisha que había recuperado su habitual aplomo.- No es de extrañar, porque no sabemos cuánto tiempo estuvo desvanecido en la playa. Las mareas pueden haberse llevado su balsa u otras cosas mar adentro.

-Nuevamente le doy las gracias. –Repuso el llamado Romain sin poder ocultar sin embargo un dejo de frustración.

-¿Había alguna pertenencia en particular que usted eche de menos?- Preguntó Vijai.

-No…-Respondió Mercier en forma que a Alisha le pareció elusiva.- En realidad sí, mis documentos, dinero…en fin cosas de ese tipo.

El interés por las explicaciones de Mercier comenzó a declinar al ver que no había nada de extraordinario en sus actividades de modo que progresivamente Brody y su novia Gaurika y luego Vijai salieron de la sala a tomar el aire fresco de la cubierta. Solamente Alisha quedó mirando fijamente al náufrago que al principio pareció distraído y luego decidió devolverle una mirada intensa. La muchacha sabía lo que ocurría en la psiquis del hombre pues conocía el efecto que sus ojos ejercían en el sexo opuesto. Parada en un extremo de la sala Charuni, una de las muchachas sudanesas contemplaba la escena en silencio, tanto que no era percibida por Alisha ni Mercier.

-¿Puedo hacerle otra pregunta?-Inquirió Alisha al forastero.

-Por supuesto.

-¿Qué hacía un geólogo viajando entre Zanzíbar y Sri Lanka?

El hombre obviamente no estaba preparado para esa pregunta y titubeó unos instantes antes de contestar.

-Bien…yo estoy en una especie de período de vacaciones…Estoy yendo a mi destino en Bombay, perdón Mumbai.

La mirada y en general el aspecto de Romain exhibía un cierto grado de ansiedad para veificar qué efecto causaba su respuesta.

Alisha inclinó su cabeza asintiendo a las palabras del hombre y salió sin más comentarios de la sala seguida silenciosamente por Charuni.

La muchacha se reclinó sobre la baranda del yate contemplando las olas romper contra los corales cercanos a la orilla y oyendo el arrullar de las aguas sobre el casco. De pronto oyó a sus espaldas.

-El hombre mintió a tu última pregunta y tú te has dado cuenta.

Sobresaltada Alisha se dio vuelta y vio detrás de ella a Charuni, quien la miraba fijamente.

-¿Cómo? ¿Qué dices?

-Tu pregunta sobre las actividades del Mercier era adecuada y previsible y sin embargo le produjo un cierto embarazo y te dio una respuesta falsa.

Hasta ese momento Alisha y Charuni habían tenido poco trato de modo que la joven india se asombró por la interpelación directa. Sin embargo ya se había percatado de que se trataba de una mujer inteligente de modo que le intrigó que había detrás de sus palabras.

-Explícate.

-En vez de responderle Charuni dijo directamente.

-Te diré que creo que podía estar haciendo Mercier en la isla de Zanzíbar, y en la zona continental vecina en Tanzania.

-Te escucho.

-En ese país hay minas de oro y también de diamantes y otras gemas. En particular la explotación de las últimas se hace en forma ilegal y clandestina.

-¿Y tú crees…?

-Por otro lado- Interrumpió Charuni para poder proseguir con su propio discurso.- Uno de los mercados mundiales más importantes para las gemas está en la India. Es posible que Mercier se estuviera dirigiendo no a Sri Lanka sino al territorio continental indio.

Alisha meditó la reflexión. En efecto los regalos de joyas de los potentados indios a sus mujeres constituían uno de los principales mercados para los metales preciosos y gemas del Asia y del mundo. Las nueva palabras de Charuni la sacaron de sus meditaciones.

-Le gustas y te gusta. De eso no cabe duda.

El súbito cambio de discurso de la sudanesa volvió a encontrar a Alisha descolocada. Su rostro se cubrió de rubor una vez más, fenómeno de rara ocurrencia pero que por lo visto se repetía en relación al hombre al que había salvado la vida. Los cabellos rojizos y los ojos azules de él recorrieron fugazmente su mente forzándola a sacudir la cabeza para alejar pensamientos no desagradables pero sí inoportunos.

Pensó reaccionar airadamente frente a la insólita interferencia de la sudanesa en su vida privada pero cuando elevó sus ojos hacia ella sólo atinó a esbozar una sonrisa. Charuni se dio vuelta y se encamino hacia el puente de mando. Alisha quedó con su codo apoyado en la barandilla del barco reflexionando sobre toda la charla con la mujer. Muy a su pesar debía reconocer que todo lo dicho por Charuni era razonable y que las sospechas sobre las actividades de Romain eran fundadas.


Capítulo 3


Los días pasaron en la idílica bahía sin casi notarse, tal era el grado de gozo que proporcionaban las vistas magníficas del océano azul y los verdes manglares. Cada tanto algunos grandes peces se veían desde la embarcación y en esos momentos los pasajeros se abstenían de bañarse en las aguas por desconocer que peligros podían acechar. Jack Brody y Vijai Chand salían a pescar en uno de los veloces botes a motor guiados por el timonel del Etoile. Alisha, Gaurika y en ocasiones Charuni se zambullían en las aguas en torno a la embarcación, provistas de snorkels y patas de rana y en esos momentos las miradas masculinas se dirigían disimuladamente hacia las siluetas esculturales, particularmente de las dos muchachas indias. Romain Mercier había experimentado una sensible mejoría e insistía en participar en las tareas de a bordo, de las que tenía un evidente conocimiento, así como en el transporte de mercaderías y alimentos desde la orilla hacia el yate. Jack Brody, que entre otras cosas tenía una simpatía de toda su vida por los canadienses, le había ofrecido al joven quedarse en el Etoile como tripulante; en realidad, y a pesar del carácter reservado del recién llegado, había descubierto en él una clara inteligencia y sentido de iniciativa que no siempre tenía en sus ayudantes; el joven había sin embargo desistido gentilmente de la oferta manifestando tener otros planes de los que sin embargo no dio detalles.

Alisha y Romain se cruzaban a veces en la cubierta y sus saludos eran siempre formales, pero ambos sabían que causaban en el otro sentimientos de admiración que partían de la esfera física y sensorial pero no se limitaban a ella. En una oportunidad la muchacha y Charuni, que se había tornado en una especie de compañera inseparable estaban nadando cerca del yate y al ver al joven reclinado sobre la barandilla del barco observándolas Alisha le hizo señales instándolo a zambullirse y arrimarse a ellas. Luego de unos momentos de incertidumbre el hombre se descalzó, quitó su camisa y se arrojó al mar con sus gastados pantalones. En pocas brazadas llegó hasta las mujeres las que prorrumpieron en risas. Luego de unos instantes Charuni se alejó nadando discretamente hacia una balsa que se hallaba entre el Etoile y la orilla, subió a ella y desde ese lugar un tanto apartado comenzó a observar a la pareja de nadadores. Al cabo de un rato exhaló un suspiro, levantó el objeto peso que oficiaba de ancla, tomó el remo y se dirigió hacia la playa. Charuni conocía bien sus propios sentimientos; le hubiera gustado tener sexo con el canadiense, sexo ardiente como las jóvenes de su etnia solían tener, pero era de Alisha de quien ella estaba enamorada. La joven pensó con nostalgia que en cualquier momento podía hacer el amor con uno, dos, diez hombres como Romain, pero que jamás podría tener a Alisha.

Una semana transcurrió en medio de excursiones cortas por las islas vecinas y un viaje a un poblado cercano para adquirir provisiones. Alisha y Romain se encontraban en diversos sitios de la cubierta o en tierra y entablaban conversaciones sobre temas diversos. En particular la joven deseaba correr el espeso velo que cubría la verdadera personalidad del canadiense, su pasado, sus ocupaciones pero debía confesarse que sus éxitos eran modestos. No la cabía duda de que el hombre estaba fascinado por ella, de lo que daba prueba evidente cada vez que se miraban fijamente en los ojos, o en los roces accidentales de la piel de cada uno de ellos al pasar por espacios angostos comunes en un barco.

Vijai observaba con desagrado lo que se le aparecía como una relación que se iba consolidando. Viviendo él mismo siempre al borde de lo legal y lo ético le había creado un sexto sentido para detectar aspectos oscuros de otras personas y su instinto le indicaba que el joven ocultaba algo misterioso. Sin embargo se había abstenido de hablar con su hija por varias buenas razones:. Alisha era una mujer ferozmente independiente y cualquier intento de alejarla de Romain sería contraproducente, y por otro lado sabía que su hija percibía el aura de misterio que rodeaba al forastero tanto como él mismo. Conocía suficiente a las mujeres como para saber que éste aura incrementaría aún más el interés de su hija por él. Debía reconocer que el tal Romain era un hombre atractivo, pero Vijai pretendía para Alisha un hombre rico, no uno bien parecido.

Chiruni también percibía el vínculo por ahora tenue que se había establecido ente los dos jóvenes, el que por las razones expuestas arriba le producían sentimientos mezclados.

Un día Alisha se aproximó a la mesa en que Brody, Gaurika, Vijai y otras personas estaban desayunando y les dijo.

-Romain me ha pedido que lo lleve a la playa donde lo encontré desvanecido hace dos semanas. Quiere rememorar lo ocurrido luego del naufragio del hidroavión y piensa que el contacto con el paisaje lo puede ayudar a reconectarse con sus recuerdos. El día luce muy bueno para la navegación.-Luego miró directamente a Brody.-¿Jack, me permites usar la balsa semirrígida otra vez?

El aludido sonrió mientras Gaurika enancaba una ceja en forma significativa y las mejillas de Vijai se teñían de rojo.

-Sí, por supuesto querida, lleva lo que necesites pero por favor no nos alarmen de nuevo con su tardanza.- Contestó Brody.


Alisha reconoció a lo lejos la pequeña playa en que había atracado días atrás de modo que dirigió la balsa resueltamente en esa dirección. Romain observaba en silencio sus maniobras, y en particular los agiles movimientos de la muchacha. En un momento su cuerpo tapó el firmamento de modo de su silueta se recortó sobre la borda en un claroscuro. El hombre vio su cabello al viento, su talle grácil, su busto erguido y el perfil de su cara contra el horizonte en llamas. Una emoción intensa invadió a Romain ante el cuadro y sin poder evitarlo acarició el pie derecho de ella que descansaba en el piso de la embarcación. Sorprendido por su propia acción miró a la mujer para ver su reacción ante el involuntario avance. Alisha lo miró y en vez de un gesto de reproche él vio una sonrisa en sus labios. Desde que el momento en que dejaron el yate habían escasamente cambiado algunas palabras.

Entre ambos acarrearon la balsa sobre la orilla hasta asegurarse que la marea creciente no la llevaría al mar. Romain tomó la mano de la mujer y la atrajo hacia su cuerpo; ella no se resistió en absoluto y al acercarse colocó una mano sobre el pecho de él. El hombre, siempre sin hablar, la llevó por la mano hasta las sombras de los manglares próximas a la costa y allí comenzó a despojarse de su ropa. La india lo imitó y de pronto se encontraron frente a frente completamente desnudos. Romain tomó la cabeza de ella y ambos se unieron en un beso prolongado y lleno de pasión; sus lenguas se encontraron y comenzaron a recorrer el interior de sus bocas, mientras las manos del joven exploraban los hombros, la espalda, los senos turgentes y descendían hacia las caderas. Aunque Alisha era esbelta su cuerpo estaba formado por curvas muy femeninas, y el hombre las recorrió minuciosamente. Luego comenzó a besar su cuello, sus hombros; su cara se movió entonces hacia abajo y succionó los pechos y gradualmente se fue arrodillando hasta colocar su boca en la zona genital de la muchacha. En ese punto ella lo apartó y se recostó sobre la arena quedando expectante con una sonrisa en sus labios.


Ambos yacieron sobre la fina arena exhaustos, sudados y colmados. La escena seguía siendo silenciosa exceptuando los gemidos de Alisha producidos por el gozo. Permanecieron acostados lado a lado durante un tiempo indefinido en el que recuperaron el aliento, mientras cada uno repasaba en su mente los pequeños placeres experimentados. Finalmente Alisha deslizó una mano sobre la arena y tomó la de él.

-¿Era esto lo que tenías en mente cuando me dijiste que querías retornar a la playa?

-En verdad sí, pero también tenía otros propósitos.

-¿Y cuáles son?

-Pueden esperar.- Al decir esto Romain arrastró su cuerpo y lo colocó sobre el de la mujer.

-¿Vas a comenzar de nuevo?-Preguntó ella.-Estás lleno de arena.

-¿Alguna queja?

-Ninguna en absoluto.


Cada uno se introdujo en el mar para limpiar su cuerpo de la arena y el sudor y juguetearon entre las suaves olas como adolescentes hasta que la marea comenzó a crecer.

-¿No debiéramos emprender el regreso?-Preguntó Alisha.

Sí, pero antes debo buscar algo en la playa.


Habían estado revisando el lugar durante una hora sin éxito. Finalmente la muchacha preguntó.

-¿No puedes decirme de que se trata? Haría más fácil la búsqueda.

-Es algo que traía en el hidroavión y que estaba sujeto a mi cuerpo.

-¿Estás seguro que cuando llegaste a la playa lo tenías aún?

-No puedo estarlo, ya te conté que estaba semidesvanecido.

- ¿Es algo valioso?

-Lo es para mí.

-¿Está relacionado con tu profesión de geólogo?

-Sí, podrías decir que lo está.

Prosiguieron buscando durante un rato más hasta que Alisha dijo.

-Está cayendo la noche y ha cambiado la marea, en el Etoile se van a preocupar nuevamente.

-Tienes razón, debo conformarme con la idea que se lo ha tragado el mar.

Ambos comenzaron a empujar la balsa en el océano y Alisha subió ágilmente a bordo. Romain ya estaba pronto a imitarla cuando un rayo remanente del sol fugitivo iluminó de pronto la intersección del manglar con la arena en un punto alejado. La india indicó en esa dirección y dijo.

-Mira allá.

El hombre volvió a conducir la embarcación cerca de la orilla para evitar que el oleaje se la llevara, salió del agua y corrió en la dirección señalada, con el corazón latiéndole velozmente. Alisha pudo ver que recogía algo de la base del manglar y por el gesto de él se dio cuenta que era el objeto buscado. Romain regresó a la balsa portando el hallazgo en su mano izquierda. Para decepción de la mujer no se trataba de una bolsa de cuero presumiblemente llena de gemas preciosas o algo por el estilo, sino de un objeto de unos cuarenta centímetros de longitusted El hombre se lo entregó en la mano mientras ascendía a la embarcación que ya comenzaba a escurrirse mar adentro mientras la joven contemplaba al objeto de la búsqueda. Se trataba de un tubo cilíndrico envuelto meticulosamente para evitar que el agua penetrara en su interior. Por el tacto Alisha se percató que se trataba de algo hecho de papel o un material similar. Su veloz mente lo asoció con un mapa.

-Estás decepcionada?

-Un poco cuando pienso que esto era lo que buscabas en la playa y no estar a solas conmigo.- El tono era el de un reproche fingido.

-Tonta.- Contestó el hombre con una sonrisa en los labios.- Me alegro que este objeto me haya traído el mejor momento de mi vida.


Capítulo 4

Cuando regresaron al Etoile todas las miradas se desviaron en cualquier otra dirección, algunas por complicidad y otras por envidia. Vijai, que había estado juntando presión durante horas intentó acercarse a su hija con la indignación reflejada en su rostro, pero Alisha lo frenó con un movimiento explícito de su mano y de encerró en su camarote antes de darse una ducha.

Jack Brody siguió con una mirada burlona a Romain quien entró momentáneamente en su camarote, dejó un objeto que llevaba consigo y luego subió a la cubierta superior y se reclinó sobre la baranda contemplando el espectacular ocaso. Se hallaba tan ensimismado con el Sol poniente que no oyó los pasos detrás de él.

-¡Magnífico espectáculo en verdad!

La voz de barítono de Brody sacó al joven de sus abstracciones.

-En verdad un espectáculo que uno no se cansaría jamás de observar.- Romain se repuso inmediatamente del sobresalto de oír el comentario del dueño del yate, por lo demás muy atinado. Se preparó para una larga charla que supuso que el americano estaba esperando realizar desde tiempo antes y no había encontrado la oportunidad para llevarla a cabo. La conversación a solas fue cordial y Brody mostró sus condiciones para interrogar a una persona en forma gentil. Había vivido dos años en Montreal y conocía el movimiento de la ciudad en verano como en el crudo invierno. Romain se percató de que de alguna manera el dueño de la embarcación estaba confirmando los datos que había proporcionado sobre su procedencia del Quebec pero como no tenía problema con ese tema le siguió la corriente, cosa que de todas maneras debía hacer estando en su barco. Así explicó ser graduado en Geología en la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de McGill y su anterior empleo en una importante empresa minera canadiense, que a poco de ingresar lo había trasladado a África, continente donde había trabajado por una década. Brody notó que al acercarse a actividades más cercanas en el tiempo las explicaciones del muchacho iban tornándose más difusas por lo que decidió no insistir en ello.

Luego cambiaron el tema hacia la situación del joven en ese momento y su necesidad de acercarse a alguna ciudad en la que existiese consulado canadiense para reponer su pasaporte y los documentos que había extraviado en el mar.

-Entonces puedes quedarte con nosotros en el yate hasta que atraquemos en Mumbai. Allí podrás resolver tus problemas de documentación.- Dijo Jack palmeando al joven en el hombro como era su estilo.

-Muchas gracias. Quiero pagar mi estadía como tripulante del barco.

-Sea, pero retendrás tu camarote y un cierto status especial.


Esa noche tarde Romain oyó unos golpes discretos en la puerta de su camarote. Como de inmediato imaginó quien podría ser el autor de los mismos no se molestó en vestirse, ya que dormía absolutamente desnudo. Al abrir pudo comprobar que tal como había presentido se trataba de Alisha, quien estaba sucintamente cubierta por un negligé casi transparente, bajo el cual se adivinaba la ropa interior oscura. Romain se admiró de la audacia de la muchacha al presentarse corriendo los riesgos de ser detectada por algún otro pasajero del yate.

La actividad transcurrió en silencio ya que no deseaban alborotar a los ocupantes de los camarotes vecinos. La cucheta en la que se hallaban era angosta y demasiado corta para le elevada talla del hombre, de modo que la sesión aunque ardiente fue fatigosa y un tanto incomoda.

Una vez concluidos los escarceos amorosos quedaron sudados apretados en el lecho; Alisha estaba parcialmente subida al cuerpo del hombre por falta de espacio. La mujer estuvo susurrando en el oído de su compañero frases atrevidas y cómicas que matizaron el anticlímax sexual. En un momento realizó un sorprendente cambio de tema y preguntó.

-¿No vas a contarle a Alisha que es lo que hay en el tubo que buscaste con tanto ahínco en la playa de tu naufragio? – El uso de la tercera persona para referirse a sí misma enfatizaba el tono mimoso y felino de su actitud general.

Romain pegó un brinco en la cucheta que casi envía a la mujer al suelo.

-¡No puedo creerlo! ¿Te has metido en mi cama sólo para averiguar qué es lo que estaba buscando?

-Lo niego terminantemente, así como tú me has negado que me hiciste llevarte a la playa para buscar ese objeto. Además te recuerdo que fui yo quien lo vio cuando ya nos estábamos yendo en la balsa, y que sin mi ayuda no lo hubieras hallado.

El hombre evaluó resignadamente los argumentos de la joven india y no tuvo más remedio que aceptar su veracidad. De todas maneras reflexionó que la muchacha no podría entender de qué se trataba.

-De acuerdo, pero sin preguntas. Sólo quiero calmar tus dudas.- Se levantó del lecho y hurgó en una mochila donde guardaba todas sus escasas pertenencias que le habían quedado luego del naufragio. De allí extrajo el tubo cilíndrico que había hallado en la playa; a la mujer se le iluminaron los ojos al reconocer el objeto.

Le tomó un rato al canadiense abrir el envase hermético en que estaba guardado el misterioso contenido del tubo. En realidad el mismo había estado tentado de abrirlo varias veces y lo había postergado para buscar un instante adecuado. El pedido de la mujer había precipitado ese momento. Con manos temblorosas extrajo del fino tubo un rollo de algo que no era propiamente papel sino una especie de tela plástica de muy poco espesor. Aliviado constató que la corrosiva agua de mar no había entrado en el tubo y que el contenido estaba seco. Sostuvo el rollo en su mano derecha.

-Y bien. ¡Ábrelo! ¿Qué esperas?- Prorrumpió ansiosa Alisha.

Romain comenzó a desenrollar cuidadosamente el material y la muchacha vio cómo se desplegaba ante sus ojos lo que obviamente era un mapa. No había casi inscripciones en él de modo que no pudo determinar de qué área geográfica representaba.

-¿De qué zona es ese mapa?

-No lo sé.

-¿Cómo no vas saber? Si lo guardas con tanto misterio debes saber de qué se trata.

-Ya te dije, sin preguntas.

La india arañó el brazo del hombre en un gesto de frustración dejando la marca de sus uñas en la piel.

-Dime. ¿Se trata de minas de diamantes?

-Todo puede ser.

-¡Rrrr!- Exclamó exagerando su furia. – Debieras saber que las mujeres somos curiosas. Dime al menos que son esas líneas cerradas de formas raras.

-Son curvas de nivel. Unen los puntos que tienen una misma altura sobre el nivel del mar.

-¿Y esos circulitos pequeños en el centro?

-Son las cúspides de elevaciones del suelo.

- ¿De veras no vas a decirme de que se trata? ¿Dime, estas X son minas de diamantes?

El hombre contestó con una carcajada.

Alisha extendió su dedo índice derecho sobre una de las pocas frases del mapa.

-¿Qué idioma es éste?

- Holandés.

-¿Y qué dice?

-Yo no lo hablo.

La joven extendió su mano izquierda y con sus largas uñas dejó un surco en el hombro de Romain mostrando su ira.

-¿Y qué significa esta palabra…Coltan?- Preguntó por fin señalando siempre con su dedo la última palabra de la frase.

El gesto del hombre cambió súbitamente exhibiendo un gesto de contrariedad ante la insistencia. Al instante recuperó la compostura.

-No lo sé. Puede ser un nombre propio.

Romain dejó el rollo sobre una pequeña mesa de luz e introdujo su mano entre los muslos de la mujer que comenzó a gemir y agitarse. Sin embargo antes de ceder al placer un pensamiento cruzó la mente de ella.

<< Coltan…no creo que sea un nombre propio.>>




Capítulo 5


Victoria


El azul del océano y el verde de la fronda eran omnipresentes y alegraban la vista de los visitantes, justificando la fama de paraíso que poseía el lugar. Desde los puntos más altos se veía la bahía con sus islotes salpicados en el brazo de mar y sus veleros anclados en torno a los mismos o entrando y saliendo de la bahía. Las mansiones coloniales se alternaban con las calles bulliciosas de viviendas que trepaban hacia los cerros cercanos, también tapizados de edificaciones. Los carteles de publicidad invadían el espacio público con su policromía y su desconcertante variedad. En general el clima era relajante y festivo y los transeúntes, en general pertenecientes a la etnia creole, cocktail de las infinitas razas que habían pasado por ese cruce de rutas del Océano Índico lucían amistosos. En la calle principal una clásica torre con reloj traía reminiscencias del pasado colonial inglés.

Alisha y Romain paseaban por las calles de Victoria, la capital de la República de Seychelles y ubicada en la isla llamada Mahé. Los dos caminaban del brazo pues ya todos los pasajeros y tripulantes del Etoile se hallaban al corriente de sus relaciones sentimentales, inocultables en el ámbito del yate. Romain hizo algunas consultas entre lugareños y finalmente entraron en una especie de posada donde podrían pasar unas horas juntos y permitir la manifestación de sus hormonas que habían permanecido en reposo desde aquella tarde apasionada en la cucheta del camarote del hombre

Una vez calmadas sus ansias Alisha, conocedora de la ciudad, llevó al hombre hasta un edificio de oficinas donde habían quedado en encontrarse con Vijai. La muchacha había estado en el lugar numerosas veces en los habituales viajes con su padre y Brody, de modo que el personal de seguridad la reconoció y les permitió entrar y una vez dentro se sentaron en el lujoso lobby donde transitaban numerosas personas bien vestidas. Los empleados de la firma eran reconocibles pues todos estaban vestidos con camisas blancas y pantalones o faldas de color azul marino y portaban una insignia identificadora. El resto eran evidentemente hombres de negocios de todas las razas, incluyendo algunos europeos o americanos, chinos e indios con turbantes. A pesar de la variedad étnica todos vestían trajes de marcas famosas que ponían en evidencia su condición social.

Romain ya estaba al tanto de la razón de todo ese ritmo frenético de visitantes debido al status de paraíso fiscal que ostentan las islas Seychelles. Dinero negro ligado a las más variadas actividades ilícitas incluyendo corrupción gubernamental de naciones africanas, asiáticas, latinoamericanas, ex repúblicas soviéticas y por supuesto europeas fluyen al permisivo país. Otras fuentes de dinero sucio incluyen narcotráfico, contrabando de armas, tráfico de personas y algunos temen que incluya hasta el terrorismo. El rol más habitual de Seychelles es el de un eslabón más de una inmenso sistema offshore donde el dinero recorre complicados vericuetos entre empresas fantasma a nombre de testaferros, abogados y contadores que figuran en directorios de múltiples compañías que forman capas sucesivas de una especie de cebolla financiera donde la posesión de los fondos se pierde en una maraña legal.

Romain había adivinado que el padre de Alisha era una especie de administrador de fondos de empresarios y funcionarios indios que confiaban en él por su carácter de aristócrata bien conectado.

Finalmente Vijai descendió de un ascensor acompañado de otro indio de aspecto imponente por su larga barba y su turbante lujoso; al ver a los jóvenes sentados en el vestíbulo se acercó a ellos y dirigiéndose sólo a su hija dijo.

-Espérenme que aún tengo que atender a otro cliente, podré demorar una media hora.

Luego se acercó a otro indio vestido con un Armani y un maletín Samsonite. Desde una cierta distancia Alisha vio como el hombre se levantaba con respeto y saludaba ceremoniosamente a su padre tras de lo cual ambos subieron al ascensor.

-De modo que esa es la manera en que se gana la vida tu padre.- Expresó burlonamente Romain. - Reciclando dinero sucio de sus compatriotas.

-Y por la forma en que vivimos se ve que lo hace muy bien.-Contestó en forma irónica la mujer. Hizo un momento de silencio y con un tono de sorna preguntó a su vez.- ¿Y dime, que es lo que hace tu padre?

Con un gesto triste el hombre contestó.

-Maneja un tractor antiguo abriendo surcos en la tierra. Lo ha venido haciendo desde hace cincuenta años en el mismo sitio.

Alisha posó su mano sobre la del joven y dijo.

-Discúlpame si te he traído recuerdos que deseabas olvidar.

-No, no. La verdad es que en el fondo estoy orgulloso del viejo bastardo. No creo en cambio que él lo esté de mí.- El tono se había transformado en melancólico.

Alisha ignoró la última frase y dijo con simpleza.

-Nunca conocí a nadie que trabajara la tierra…ni tampoco en una fábrica.

- Sin embargo en India hay grandes masas campesinas trabajando en plantaciones.

-Pero siempre los vi de lejos, desde la ventanilla de un automóvil o un tren. ¿Tú has trabajado la tierra junto con tu padre?

-Hasta que tenía dieciséis años y huí de casa. Aún tengo callos en las manos de aquel entonces.

-Asegúrate de limártelos antes de acariciarme la próxima vez.

Los ojos de Romain brillaron al oír el incitante y descarado comentario. Miró a la muchacha y por su aire natural se convenció que lo decía seriamente.

Como Romain no tenía documentos Brody les había aconsejado no andar por la noche por las calles de Victoria y pernoctar en un hotel. Al bajar Vijai y despedir a su reciente cliente todos tomaron un taxi y se dirigieron en primer lugar a un lujoso hotel donde permanecieron Alisha y Romain y que luego llevó a Vijai al muelle donde el yate estaba atracado.

Luego de cenar temprano en uno de los restaurants del hotel Alisha y el joven se dirigieron a su habitación; el aire dentro del dormitorio estaba fresco a pesar del clima asfixiante de la noche tropical.

-El hotel tiene una hermosa piscina.-Dijo Romain.- Yo voy a refrescarme. ¿Tú no quieres venir?

-No, estoy cansada. No tardes mucho pues de lo contrario me vas a encontrar dormida…sería una pena desaprovechar esta cama inmensa y este aire acondicionado.

-Prometo volver temprano y llevar a cabo todo lo que tienes en mente.

Romain se desvistió, se colocó un traje de baño comprado en la ciudad y se colocó una bata blanca del hotel que estaba colgada de un gancho en la puerta del baño. Se calzó unas sandalias y dejó la habitación rumbo al ascensor.


Decidió nadar un largo más de la piscina y luego salir a secarse. La noche era espectacular aunque sumamente cálida. Romain se montó en una colchoneta inflable que flotaba en la alberca y comenzó a contemplar el cielo cubierto de estrellas cuyo brillo la luna nueva no llegaba a opacar. El cuadro azul oscuro estaba solamente limitado por la sombra grande del edificio del hotel por un lado y por los oscuros perfiles de las palmeras que contorneaban la piscina por otro. Una brisa suave llevaba la colchoneta de un lado a otro de la superficie del agua, mientras el joven se maravillaba por el hecho de que la noche no estuviera plagada de mosquitos u otros insectos. Los ojos se le entrecerraron por las fatigas del día y resolvió cortar la escena idílica y retornar a la habitación para completar la noche perfecta haciendo el amor con Alisha. De pronto al mirar hacia un costado de la piscina se sobresaltó al ver una sombra voluminosa que se acercaba en la oscuridad; luego aparecieron otros dos perfiles a unos pasos detrás del primero. A pesar de la falta de luz Romain adivinó el origen asiático de los que se acercaban por la forma general de los cuerpos. Finalmente los tres hombres se colocaron frente a la luz indirecta de un farol distante.

-Buenas noches Señor Mercier. Me alegro de que esté disfrutando de su tiempo.-El interlocutor habló en inglés con un acentuado acento chino.

Romain sufrió un nuevo temblor al reconocer la voz del hombre.

-Buenas noches Sr. Zhang.

-Parece sorprendido de verme. ¿Está nervioso?


Purchase this book or download sample versions for your ebook reader.
(Pages 1-33 show above.)