Excerpt for Confieso que tuve miedo: Relato corto. by , available in its entirety at Smashwords







A.V. SAN MARTíN



CONFIESO QUE TUVE MIEDO





















A ti, lector, por llegar hasta aquí,

por leer hasta el final y comprender.





































































Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del autor. Todos los derechos reservados.



© A. V. San Martín, 2017

@avsamartin1

www.facebook.com/avsanmartin

www.avsanmartin.com



Diseño de cubierta: A.V.San Martín



Maquetación y composición: A. V. San Martín









1











Tengo un balancín mágico. Un balancín de alegres colores que resplandecen como luces boreales. Desde él me desplazo sin timón ni piloto entre nubes pintadas con bocanadas de vapor de azúcar derritiéndose y rayos soleados de limón y miel. Y mientras vuelo, mi mirada aprende que el mundo es un lugar sin sentido donde la incertidumbre de unos pocos gobierna sobre la certeza de la mayoría, la justicia se imparte con inmoralidad, la escasez convive con la abundancia sin mirarse, la fuerza de la violencia embiste contra los más débiles y dejamos morir la tierra que nos da vida.

Cada noche en que el calor se extiende sobre mi piel en forma de húmeda combustión volviendo mis crepúsculos insomnes y pegajosos, me siento sobre mi balancín y éste me agradece la compañía despegando como un Pegaso esplendoroso y hermoso que no dejará de balancearse hasta que logre iniciarme en la verdadera naturaleza de la existencia. Y mientras más descubro, más me doy cuenta de que vivía cómoda y plácidamente dentro de mi caparazón, cual tortuga que no sabe o no quiere ver más allá de su nariz y cuyo único propósito es regodearse y rodearse de aquello que le produce seguridad, escarbando con las uñas sobre esa sensación, como si bajo ella pudiera encontrar algún resquicio de felicidad cuando el aliento producido por esa seguridad llega desde el miedo, emponzoñando su perfume. Y aprendo que no me gusta el miedo. Y que no quiero que los sinsentidos formen parte de mi vida.

La primera vez, mi balancín me lleva hasta tierras que no conozco sobre África Subsahariana. Región llena de riquezas naturales y miseria. Allí descubro las huellas inclementes de la colonización, la explotación y la esclavitud y sigo los rastros de genocidios brutales, irresponsabilidades políticas y sociales, conflictos armados, hambre y sida. Mis dedos barren las caras de las mujeres y las niñas en Mauritania sometidas a la mutilación genital femenina, el acoso sexual y la degradación. Observo sin comprender el odio en las miradas entre vecinos en Sudán del Sur. Vislumbro los ataques y asesinatos en los pueblos de la República democrática del Congo de grupos armados descontrolados alcanzando cotas de virulencia y salvajismo descomunal. Cierro los ojos con culpa ante la destrucción de Somalia donde las luchas por el poder y el control territorial mediante movimientos armados han plantado las semillas de la ruina.

Lloro cuando descubro las miserables condiciones laborales y la semiexclavitud de los trabajadores en las minas de Zimbabue, Angola o Sudáfrica, preguntándome por qué gigantes de occidente permiten ese trato como si sólo importara la riqueza generada de los recursos de un continente cuyos habitantes nunca percibirán beneficio.

Presencio incrédula la falta de escrúpulos y la deshumanización sin entender cómo podía dormir tranquila envolviendo mi ignorancia en una burbuja de cristal aislante que volvía mi existencia individualista. Y descubro que no me gusta el egoísmo. El afán por acumular más y más sin escrúpulos ni conciencia.

La noche más corta del año retengo en mis pupilas el hechizo fúlgido en las llamas de las hogueras soñando con que su magia sea capaz de purificar nuestras almas y alejar los malos espíritus, ignorando que suplicaré por alguna clase de sortilegio expiatorio cuando mi vuelo sobre mi balancín me lleve a nuevas tierras.

Oriente Medio y Norte de África. Región de fervorosa fe en el Dios creador y de destrucción y aniquilación. Nido de infinidad de grupos terroristas, de innumerables conflictos sectarios y enfrentamientos civiles, luchas de poder, represión, homofobia, misoginia, sequía y desigualdades.

Mi capacidad, de comprender y racionalizar lo que ve, se ahoga en algún momento y lugar de este viaje. Lo único que mis labios pueden pronunciar en un afligido y atribulado lamento es “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ” ¿Acaso ellos saben la respuesta o han abandonado la razón de su origen como se dilapida la capacidad de sentir emociones cuando se pierde la humanidad con cada acto despiadado?

Desando pasos sobre la derrotada Irak, escenario de carnicerías y suturas frágiles, Siria despojo de la guerra civil y las masacres indiscriminadas y Yemen país de indigencia; regiones que se desangran a través de las múltiples heridas causadas por el sinfín de movimientos armados, rebeldes, sectarios y religiosos enfrentados entre sí.

Deambulo por Arabia Saudí, su sociedad ultraconservadora y sus leyes marcadas por la sharia, ley islámica donde las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda y se vulneran sus derechos y libertades fundamentales impunemente y soy testigo directo del aumento del tráfico de armas y personas a través de El Sahel central avivando la esclavitud y la lucha armada.

Mis ojos arden de ira y sobrecogimiento en presencia del asesinato impasible de civiles en el conflicto de Gaza, el bloqueo y la ocupación de tierras.

Enfrento horrorizada la irrupción de los yihadistas y su salvajismo en la radicalización de los pueblos. Y comprendo que no me gusta el extremismo. Se siembra un exacerbamiento religioso o patriótico con pilares endebles como el descontento, la ignorancia, el temor y la represión, y se disfraza con promesas vacías la auténtica búsqueda: alcanzar el poder y enfrentar hermanos.

Y llego desconsolada y dolorida al porche de mi casa después de presenciar tanto sinsentido. Los colores de mi balancín ya no me parecen brillantes sino deslucidos y su magia transmuta en una maldición. La tentación de escapar de lo asimilado estira sus dedos para alcanzarme. No puedo volver a la felicidad y seguridad de mi vida sin tratar de ignorar lo revelado.

Durante días no vuelvo al encuentro de mi balancín y busco el olvido de mis memorias.

—Cobarde —susurran las paredes.

—Cobarde —susurra la mesa.

—Cobarde —me digo a mí misma.

Con pasos trémulos me acerco humildemente a mi balancín. Con la mirada pesarosa de los que han visto demasiado. Me siento sobre él como el reo recibe su condena, y me dejo llevar de nuevo surcando mares de infinita y apacible languidez. Por un momento me centro únicamente en el olor marino y la espuma rizada de las olas como traviesas sirenas rompiendo su aparente calma como si quisieran advertirme sobre su engaño.

Centroamérica, Caribe y Sudamérica, oxígeno y desforestación. Abro la puerta y cruzo la entrada al crimen organizado, la bancarrota, la delincuencia, a las víctimas de guerras y dictaduras, a las estructuras estatales débiles y la impunidad y corrupción de sus dirigentes.

Vuelo sobre los restos de civilizaciones tan avanzadas como los mayas en México antes de entender lo que representan los cárteles de la droga para su sociedad civil: amenazas, secuestros y asesinatos tolerados por policías y mandatarios. Y aprendo que la única arma de que disponen para sobrevivir es el silencio.

Recorro con miedo a proyectar sombras sobre los senderos de Colombia donde los años y años de conflicto armado entre guerrilleros, paramilitares y el propio estado han colmado de minas antipersona y explosivos, caminos y campos. Pugna financiada mediante el narcotráfico y la minería ilegal, y escrita en sangre por secuestros, reclutamientos forzados de menores, atentados terroristas, extorsión y asesinatos.

Aparto con fuertes aspavientos de mis brazos el espeso y tupido velo de la ideología política para poder ver con claridad el verdadero estado de Venezuela. La corrupción y la actitud derrochadora de sus líderes han dado al traste con el país con más recursos petrolíferos del mundo. Donde debía haber industria y agricultura e inversiones en la productividad de sus riquezas se ha colado la pobreza, la criminalidad, la inflación y la falta de bienes de primera necesidad.

Contengo el aliento sobre Haití. La tala y desforestación ha acabado con su vegetación empobreciendo la tierra, principal recurso de subsistencia para una población prácticamente agrícola. Alcanza índices preocupantes de pobreza extrema. Significativa diferencia con su país vecino, que se preocupó de proteger sus bosques y los recursos de agua con leyes gubernamentales.

Deambulo por Brasil y su impertérrita actitud ante la alarmante desforestación del Amazonas y la consecuente destrucción del mundo. Y percibo atónita como muchos países continúan sin comprender la importancia de mantener nuestro ecosistema, y ensucian sus políticas de conciencia ecológica, con manchas de codicia y ambición. No se alcanza a vislumbrar lo esencial que supone para la vida el mantenimiento de nuestra biodiversidad. Y me doy cuenta de que no me gusta la negligencia. No puedo asimilar la actitud supeditada a la falta de escrúpulos y la indolencia ante la destrucción del mañana como si no interesara. Poco a poco dejamos morir la vida.

Llego a mi casa con una nueva claridad alumbrando los espacios vacíos de mi mente. Riego con delicadeza y especial atención las zonas naturales de mi hogar llenado mis pulmones de aire pulcro, puro y claro, consciente de su fragilidad, dando gracias y pidiendo perdón a la tierra bajo mis pies por no haber sabido valorar su indispensable labor. Y lleno de verde esplendor los lugares recónditos de mi existencia, abandonando paulatinamente los hábitos adoptados en beneficio de mi propia comodidad e interés inmediato, a favor de un futuro próspero, limpio y responsable.

De visita por Asia bajo la mirada en busca de respuestas. Busco el origen de las debilidades de sus políticas y de su sólido nacionalismo. Continente de contiendas fronterizas y hostilidades regionales, desertificación y guerras del agua, y de considerables desigualdades sociales y de género

Recorro Afganistán, dueño de una de las comunidades más vulnerables y afectadas; por la expansión de los talibanes y por su incapacidad para gestionar una reserva de agua imprescindible para calmar su sed. En Birmania soy testigo una vez más de las consecuencias de la segregación y persecución religiosa, donde la minoría musulmana es acorralada en auténticos campos de concentración.

El éxodo de refugiados, las expropiaciones forzosas y la pobreza extrema alimentan en el sudeste asiático el tráfico y la trata de personas avivando la esclavitud y convirtiendo en un lucrativo negocio las redes de explotación sexual, donde mujeres y niños son utilizados como mercancía para abastecer el incremento de la demanda en turismo sexual del depravado occidental.

Protesto con agitación ante los ataques con ácido en el rostro a miles de mujeres en Bangladesh con las necias y majaderas justificaciones de los rechazos a las propuestas sexuales o matrimoniales y los celos.

Mi balancín también me obliga a peregrinar por la India o China donde su acelerado crecimiento económico se enturbia por la intensidad de los problemas en materia de desigualdad, abandono de la producción agrícola, contaminación del aire, agua y alimentos, y el deterioro de la salud.

Y esta vez no escapo corriendo al finalizar mi viaje. Me quedo sentada reflexiva y calmadamente absorbiendo lo aprendido, más consciente que nunca de que el declive de los países y sus altos índices de miseria, criminalidad y desestabilización son sintomatología directa de la discriminación y la injusticia social. Y comprendo que no me gusta la desigualdad y que probablemente sea uno de los peores males de este mundo, junto al egoísmo, el radicalismo, la negligencia y el miedo.

Miedo que gobierna a parte de Europa y América del Norte. Los continentes en secesión durante su unión. Regiones de inmigración masiva ilegal, nacionalismo, alarma terrorista, discriminación racial, despoblación, paro, fraude fiscal, cambio climático.

Un pavor macilento se extiende por los países por temor a perder su identidad cuando las obstruidas políticas de inmigración padecen de oscuros y ciegos agujeros que dejan esfumarse la integración y favorecen la inadaptación de los inmigrantes.

La crisis económica pone en peligro la clase media, empobreciéndola, y aumenta la inequidad de ingresos con suculentas ventajas para las clases acomodadas, fomenta el populismo político, el descontento y la inseguridad ciudadana.

El consumismo desmesurado y la insolidaridad, que llena el vacío colectivista y promueve el capitalismo, son trampas que acabaran aprisionando a la población en una telaraña endeble para ser devorada por sí misma.

Y asimilo que el origen de los problemas está en la propia naturaleza humana. Por muchas medidas económicas, políticas o medioambientales que se adopten para mejorar la situación de un país, con empeño en aplicarlas como si todos estuvieran provistos de las mismas cualidades y pudieran desarrollarse en las mismas circunstancias, sino se instruye a todos sus ciudadanos desde la igualdad, la generosidad, la conciliación, la sensatez y el aplomo, nunca se conseguirá el verdadero equilibrio. Y sin equilibrio la desestabilidad derrumbará el mundo.

Y doy gracias a mi balancín, cuando despierto de mi sueño tras el largo viaje, por la nueva perspectiva que cómo una revelación impulsará mi vida. Miro a mis dos grandes proyectos de futuro acurrucados y dormidos a mi lado. Sus dulces caritas serenas y reposando con la confianza de quien se siente querido y no entiende de dificultades graves. Y comprendo que lograr una existencia mejor para ellos emana de mi capacidad real y perseverante para inculcarles esas cinco convicciones como pilares básicos de una nueva civilización. Y lloro con la esperanza de los renacidos al abandonar una vida mediocre y ciega.

Viaje o ilusión, la próxima vez soñaré que todos volamos en un balancín mágico.





FIN





¿Te ha gustado? No olvides dejar tu opinión. No hacen falta grandes y elaborados comentarios. Con una simple frase es suficiente y ayuda mucho a los autores; además, de crear ilusión y deseos de continuar escribiendo. ¡Gracias por leerme!



Sígueme en:

www.avsanmartin.com

@avsamartin1

www.facebook.com/avsanmartin










































































Download this book for your ebook reader.
(Pages 1-14 show above.)