Excerpt for Teatro Político Argentino dos by , available in its entirety at Smashwords

TEATRO POLÍTICO ARGENTINO-2

© Copyright Alejandro Bovino Maciel, 2017


SMASHWORDS EDITION

PUBLISHED BY ALEJANDRO BOVINO MACIEL AT SMASHWORDS


(2da. edición revisada y corregida por el autor, 2017)

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Primera edición: Editorial Nueva Generación, Buenos Aires, 2015

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Gracias por respetar el arduo trabajo del autor.



Tabla de Contenidos

-índice-

Chapter 1: Prólogo de Carlos Fos

Chapter 2 : La vida imperfecta

Chapter 3 El oro de Famatina

Chapter 4 Metafísica y ontología de la escena



TEATRO HISTÓRICO Y POLÍTICO ARGENTINO- 2 :

Teatro político-2

Alejandro Bovino Maciel



Siguiendo la misma línea de obras dramáticas de corte histórico-políticas iniciada con la edición de Teatro Político-1 (Editorial Criterio, Asunción, Paraguay, 2012) en el que figuran:


-Culpa de los muertos

-Los hijos de Rosas

-El viejo señor Sarmiento


Continúo con esta segunda entrega de obras con el mismo carácter:

-El oro de Famatina, con el tema del gobierno de Bernardino Rivadavia, la reforma religiosa que emprendió y la primera empresa de explotación aurífera diseñada en el siglo XIX siguiendo los modelos de la explotación industrial-capitalista de Londres. Más el contexto de algunos aspectos de la vida privada de Bernardino Rivadavia y la áspera relación con su hijo menor.

-La vida imperfecta, como un intento de retrato de la Argentina del año 2001 y el corralito financiero.


No hago historia. Nadie busque precisiones documentadas de hechos para testificar los datos que aporta una obra mía. Para ello están los múltiples libros de Historia Argentina, artículos especializados, opúsculos, artículos académicos y estudios historiográficos.


En alguno de los tantos libros que consulté para conocer en detalle el gobierno de Rivadavia leí ese extraño incidente con el hijo menor, Martín, que atacó a su padre con un cuchillo. Después, buscando la referencia, la perdí como era de esperar ya que mi vida es una continua pérdida de sentidos y datos; o puros espejismos como el oro de Famatina. Pero eso no me impidió encarar el episodio como si hubiese sido fabulado en sueños: vale decir, como siempre, se hace literatura tratando de contar la verdad por medio de mentiras.



Chapter 1

PRÓLOGO DE CARLOS FOS


Corpus dramático



Alejandro Bovino nos entrega un nuevo corpus dramatúrgico, donde lo político atraviesa, sin didactismos o recursos reduccionistas, la totalidad de su obra. La tiñe, la ordena, convirtiéndose en un disparar para la emoción pero también para la franca discusión. Sin pretender ser historiador vuelve sobre momentos de nuestro devenir temporal como joven Nación y avanza, con recursos poéticos destacados, sobre personajes que dividen aguas en el imaginario colectivo.


Con una mirada aguda, nos presenta a un Rivadavia, alejado del poder y luchando con sus propios fantasmas. Los proyectos de entrega del patrimonio, en este caso minero con los yacimientos de oro en Famatina es el tema sobre el que pivotea el primer texto, pero el contexto no se detiene en una simple descripción de este “factum”, sino que enmarca el período final de la existencia del primero que ostentó el título de Presidente en estas tierras.


Vuelto del exilio parisino, expulsado por Viamonte en su intento por regresar, residía en Colonia y luego en Brasil desde 1834. Allí lo acompañaron su mujer y su hijo Martín. Parece una contradicción que sus hijos mayores decidieran apoyar la causa federal, siendo promotores de Rosas en su llegada al poder, actividad a la que se unirá el propio Martín, después. Esos recuerdos, esas ideas vertidas en El oro de Famatina, nos perfilan a un hombre que es pasado pero que no se resigna a serlo. La realidad lo despertaría de sus especulaciones y lo depositarían en un nuevo retiro europeo del que no volvería, solo, resentido.


Este protagonista de los momentos iniciales de nuestra constitución como Estado independiente ha sido motivo de epidérmicos, intencionados y elaborados estudios sobre su accionar y los cimientos de la identidad local.


Los debates en torno a la identidad nacional han sido numerosos y generaron un material de análisis, desde las diversas ciencias sociales, tan rico como contradictorio. Junto a reflexiones de profundidad y lógica teórica indiscutible se cuelan interpretaciones capciosas, sostenidas en la mera opinión y la reiteración de fórmulas vacías de contenido real. Son expresiones de ideologías conservadoras que desean establecer un origen mítico de las nacionalidades, con el único objetivo de manipular a las masas y sumirlas en una serie de frases peligrosas en sí mismas que son grabadas en el universo colectivo.


En este sentido, los sectores que detentan el poder fáctico requieren de contingentes de personas enajenadas, incapaces de ejercer el pensamiento crítico y cuestionarse valores, preceptos e historias comunes de procedencia ficcional. Concebir a la identidad como un todo, y no como una paleta de múltiples expresiones, es un grave error que ya no admite ningún tipo de intercambio de posturas serias.


Pero entender a ese supuesto todo esencial como incapaz de transformarse y emparentado con un espacio edulcorado y artificialmente construido del pasado dorado al que siempre hay que recurrir, es una estrategia usada en pos de la construcción de un discurso homogéneo y blindado, operación política que ha tenido mucho éxito al contar con sistemas educativos que refuerzan en sus contenidos este despropósito científico.


Los cruzados de la identidad inmutable y única se revelan como una de estas vallas a saltar. Se trate de fanáticos con escasa formación intelectual, o de reproductores conscientes de ideologías conservadores, se paran en proposiciones más próximas al pensamiento religioso que al científico. Con miradas estrechas, no resisten el cuestionamiento crítico pero tampoco lo admiten, no aceptando polemizar. No se permiten la duda ni la tibieza en el obrar, y suelen utilizar juicios categóricos con liviandad y violencia, asistidos por el principio antojadizo de autoridad. Al declinar concebir, siquiera, a la duda como motor del crecimiento del saber, pergeñan categorías insostenibles emparentados con el perimido esencialismo.


Se sienten con el deber moral de defender una causa en peligro, entendiéndose como el límite de resistencia final de una batalla en la que se ponen en juego elementos definitorios de la identidad de las comunidades. Defender lo puro, lo original como una suerte de freno a la amenaza del afuera, concebido como peligroso y contaminantes.

Las posturas más extremas se posicionan en valores morales, de los que no se puede decir o cuestionar nada, tan sólo obedecerlos para evitar el caos. Esa amenaza a la que echan mano para librar su “desigual” guerra está marcada por una cosmovisión que confronta con esos valores y los ponen en duda. Sin bagaje teórico que los apoye, son propaladores de oxidados componentes de un mítico ser auténtico que no evoluciona, que no sufre alteraciones a lo largo de la historia.

Aprovechando la dificultad de establecer fronteras claras entre las construcciones del individuo y las del grupo del que forma parte; estos sectores no dudan en imponer conceptos que son ajenos a la cosmovisión del conjunto. La individualidad se entrega, sin resultar en desintegración, cuando quien lo hace encuentra trazos de su identidad relativa al definir valores que siente y vive como propios.


Y estos valores sufrirán las mutaciones que los procesos políticos que los enmarcan determinen. Los gladiadores del esencialismo suelen utilizar deformadas concepciones de la identidad para cincelar con firmeza ciertos sucesos que necesitan preservar. Esta acción para ser eficiente debe lograr que esos hechos, presentados como aislados fuera de un proceso, resulten aceptados como relevantes en el imaginario colectivo de los pueblos.


Con objetivos oportunistas ocultan hechos, los tergiversan o simplemente proyectan mensajes edulcorados sobre tiranías y regímenes opresores. Cegados por su falta de espíritu crítico se refugian en sus estrechas miradas más relacionados con el pensamiento religioso que con el científico. Son los que descreen de la duda como motor del crecimiento intelectual y pergeñan categorías, que los convierten en el último baluarte de lo puro y original frente a la amenaza de lo extraño y contaminante.


La búsqueda que los anima es la de los componentes del ser auténtico, sin mácula o alteración alguna; diseñando el sacrificio de la individualidad en aras del colectivo sagrado. Son sofistas que se disfrazan de ingenieros, edificando cárceles para el deseo y el cuerpo, al que detestan en su plenitud sanadora. Con argumentos que pivotean entre las visiones más retrógradas de las teologías monoteístas y la biología positivista, están dispuestos a sacrificar a todo un conjunto humano en “defensa” de un ámbito de pureza cultural imaginaria. Una habitación en la que conviven la comunidad originaria, que diseñaron con paciencia de labriego, y la actual. Un lugar en el que todo permanece inmóvil, donde el quietismo es visto como un bien, donde no se produzcan los inevitables intercambios culturales, donde los residentes sean inmunes a la agresión externa, en formato de aculturación. Estas afirmaciones abren puertas a la intolerancia entre los componentes de una comunidad, al no poder dar cuenta de esa realidad fingida, apartada del estado de cosas que experimentan en día a día.


La potencia que posee este término mal utilizado se multiplica en un derroche de violencia recíproca, en instancias que hacen oclusión de cualquier parche festivo.


En el segundo texto de este Teatro Político 2, el autor nos entrega una personal pintura de la crisis del año 2001. Los restos de una supuesta fiesta banal, sostenida en luces de neón y falsas promesas de una moneda fuerte, se pudrían ante una nueva entrega de soberanía económica y el zarpazo de muerte de los organismos financieros internacionales. Los noventa hacían eclosión y ese lento proceso de descomposición que alcanzó al mundo de las ideas, con mentes colonizadas y sin respuesta, estallaba en mil pedazos en búsqueda de otras víctimas para saciar su sed de violencia recíproca.


Cuando las miserias atrapan a los habitantes de una casa y a varias de sus relaciones es posible ver cómo la red social se ha debilitado y, en la mayoría de los casos ha sido reemplazada por una serie de gestos externos y discursos vacíos que sólo aguardan turno para desmoronarse. Y, como un sino trágico, las categorías de identidad y memoria vuelven a surgir. ¿Qué nos espera luego del debacle?


Las sombras parecen invadir todo, cubrirlo con un manto que hiere por su agónico crujir. Los marginados, fuera y dentro de la casa imaginaria son iluminados por la luz de la carroña que los busca, los caza, los lleva a la pira. Argentina llega a una encrucijada. Una más. Y los cuerpos, esos que nos arrebataron en fieras dictaduras o entre publicidades de plástico y viajes a Miami, van a reclamar su lugar y, Bovino lo sabe bien.



Esos cuerpos tendrán su espacio escénico en un teatro que reclama un lenguaje donde lo político se atreve a entretener, a ponernos entre y así ejercitar nuestro pensamiento crítico. ¿Vida imperfecta? Tal vez ni siquiera vida. Tiempo pues de honrarla.


Carlos Fos

Director del Centro de Documentación Teatral CTBA

(Complejo Teatral de Buenos Aires), Argentina.


Chapter 2



LA VIDA IMPERFECTA DEL 2001 *

(SUCEDIÓ EN ARGENTINA) *



LUGAR: CASA DE LA FAMILIA IBAÑEZ, EN SAN ISIDRO, BUENOS AIRES.

TIEMPO: Noviembre del 2001


PERSONAJES

1) Doctor Horacio Ibañez, economista (50 años)

2) Juliana, esposa de Horacio

3) Verónica, hija (23 años)

4) Facundo, hijo (21 años)

5) Lía, amiga de Verónica, trabajan juntas (24 años)

6) Juan Pablo, amigo de la familia, novio de Lía (25 años)



ESCENA 1



Horacio: (Entrando de traje y corbata, y carpetas, marca paso firme, no cede un instante la atención porque se mueve constantemente, no es un hombre estático, es un hombre decidido a controlar todo que está atrapado en sus dominios como un animal enjaulado, habla imperativamente)

Horacio: ¡Otra vez con lo mismo, Facundo! También, a mí se me ocurre dejar la empresa en tus manos, ¿no ves que cualquiera te maneja?

Facundo: ¿Me podés escuchar?

Horacio: ¿Querés que pierda la tarde escuchando tus quejas y excusas? Pero dejáte de joder, che. ¿Sabés qué? Esas bolas (hace amago de tocarlo, lo dice como en broma pero sabiendo que su efecto es sarcástico) debí habérselas puesto a tu hermana que tiene agallas para imponerse a esos burros del sindicato.

Facundo: Papá, (lo dice muy calmo, en contraste con el nerviosismo de Horacio) ni siquiera me escuchás.

Horacio: Ya estuve ahí; cuando vos venís, yo fui y vine tres veces. Es cuestión de velocidad.

Facundo: ¿Para qué me delegaste poder si no confiás en mí?

Horacio: Les delegué la empresa porque no podía seguir en mi cargo del ministerio y atendiendo mis negocios particulares, ¿no sabés que son incompatibles? Me rompí el alma formándome en el exterior en políticas económicas; esa empresa la puede manejar cualquiera, yo tengo ese otro desafío...

Facundo: ¿No es mejor cuidar lo tuyo?

Horacio:¿Y qué, no pueden manejar una empresa cualquiera? ¿Son de madera ustedes?

Facundo: ¿Cualquiera? ¿Una empresa que se está cayendo a pedazos? ¿Que tiene las cuentas en rojo? Nos pasaste casi un cadáver, papá. Un cadáver con sindicalistas…

Horacio:¿Ves? La desesperación no es buena consejera. (Trata de conciliar) Claro que confío en vos, pero hay que darte una patada en el culo para que reacciones. Estás en la jungla, entre lobos ahora, no en el jardín de infantes.

(Entra Verónica, trae libros y carpetas en las manos, viste como una ejecutiva, con trajecito sastre, cabellos recogidos, tacos y detalles delicados de exquisitez, pisa firme, se mueve con precisión, habla poniendo énfasis en las palabras más hirientes; es una dama que actúa entre hombres, muchos de ellos camioneros)

Verónica: ¡Salud! Tenemos reunión familiar... ¿o es de negocios?

Horacio: Hablaba con tu hermano de mi posición en el ministerio.

Verónica: Mi hermano (Irónica, mordaz) debería saber primero qué posición ocupa él.

Facundo: ¿Vos también?

Verónica: ¿Sabés el lío que tuve con los delegados por tus 'negociaciones'?

Horacio:¿Qué pasa? Terminaba de decirle que son tipos jodidos, doble cara, triple moral, cero escrúpulos.

Verónica: (A Facundo mirándolo fijamente) ¿Vos les prometiste suspender los despidos por ahora? (Siempre enérgica)

Facundo: ¿Tenés alguna otra idea brillante para frenar el paro que amenazan hacer?

Verónica: Suspender a los delegados del sindicato.

Facundo: ¡Es ilegal!

Verónica: Dále con tu obsesión con la ley, qué, ¿sos abogado ahora?

Horacio: No, Verónica, ahí Facundo está en lo cierto. Se arma la podrida. Lo mejor es no confrontar con los delegados.

Verónica: Me importan un rábano los delegados, después de todo son una parva de analfabetos, pero me paran un día la empresa y esto se va al carajo: subo y le rompo la cara a patadas a Cristaldo.

Facundo: Por eso estoy negociando, para evitar la guerra.

Verónica: ¿Vieron las cifras de hoy? (Saca un papel) Me lo dio el contador. Estamos ahí en el borde, casi a punto de irnos a la mierda.

Horacio: La quiebra financiera...

Verónica: ¿Y vos, papá, qué me decís? Nos pasaste este quilombo…

Horacio: La empresa es de la familia, ustedes también tienen que sostenerla así como yo la mantuve a flote desde que murió mi padre sin pedir nada a nadie.

Facundo: Papá, nos dedicamos a esto día y noche.

Horacio: Ya sé, tal vez me cuesta ver que yo también soy el problema

Verónica: Vos, no: tu cargo en el ministerio. Nadie confía en una empresa constructora que está ligada al gobierno.

Facundo: Ni tu gobierno confía. ¿Qué pasó con esos contratos del Ministerio de Obras Públicas que no nos iban a adjudicar?

Horacio: Otra empresa ganó la licitación

Verónica: ¿Licitación? Esos simulacros... ¿eso es licitación para vos?

Horacio: Bueno, mi cargo no tiene nada que ver con obras públicas.

Facundo: ¿Cuánto pedían?

Horacio:¿De qué me hablás?

Facundo: De coima, la “comisión” para darnos las obras…

Horacio: No es eso, nuestra empresa descuidó los seguros de trabajo

Verónica: Facundo, eso estaba a tu cargo, ¿qué hiciste? (Furiosa)

Horacio:¡Paren, carajo! ¿Quién puede contratar esos seguros millonarios? Imposible para nosotros.

Verónica: O sea, seguiremos perdiendo obras, ¿nos dedicaremos a reparar veredas?

Facundo: Hay varias ofertas de obras, pero nadie quiere trabajar con una empresa del secretario de planificación económica. Desconfían.

Verónica: Tendrías que renunciar de una vez, papá

Horacio: No puedo

Verónica: ¿Por qué?

Horacio: Hay una auditoría en mi oficina, renunciar ahora sería mala señal, sería como echar sospechas sobre el trabajo de mi equipo. Hay que esperar que terminen y entreguen los resultados…

Verónica: ¿Y vos creés que...?

Horacio: Yo no creo nada, siempre trabajamos con transparencia, no hay quién me señale un delito, pero debo esperar. No queda otra.



ESCENA 2


Juliana: No me vuelvas con ese tema, por favor, Facundo.

Facundo: Sé que no te gusta, pero necesito decirte que…

Juliana:(Lo corta) ¡Pero no me gusta! ¿No te parece que esas cortinas quedarían mejor con unas borlas doradas? Me encanta el dorado, le da jerarquía a cualquier rincón.

Facundo: No sé (absorto) hacé lo que quieras.

Juliana: La armonía. Simple, pero complejo.

Facundo: (Que está pensando en otra cosa) ¿Qué decías?

Juliana: Cada cosa en su sitio exacto. Sin más pero tampoco sin menos.

Facundo: ¿Cómo?

Juliana: La armonía, es decir la belleza.

Facundo: Mamá, te estaba comentando algo grave, no me salgas con pelotudeces... (Muy tenso, como si algo grave lo afectara)

Juliana: Que tu padre es jugador ya sabía, que estamos endeudados, ya sabíamos, ¿qué novedad creés que me trajiste?

Facundo: Estamos al borde de la quiebra.

Juliana: Iremos a la quiebra, ¿y qué más da? (hojea una revista de decoración) Seguimos en el mismo rumbo.

Facundo: ¿Me hablás en serio?

Juliana: Hijo, tranquilizáte. La vida de tu padre es una montaña rusa, hoy está arriba, allá en la cima, mañana abajo, allá en el pozo. Siempre se repone, estos vaivenes pasan

Facundo: Es distinto esto

Juliana:¿En qué? Papá tiene fortaleza…

Facundo: ¿No te importa papá?

Juliana: Sí, la que no le importa a papá soy yo. (Como si el tema la peturbara) Mañana viene el arquitecto a traer el presupuesto para la pileta. Papá quedará encantado. Tiene lumbres en las esquinas, una línea de luces de color malva. Me encanta.

Facundo: Mamá, no te entiendo... estamos casi hundidos

Juliana: Yo tampoco te entiendo muchas cosas y sin embargo... (Sigue con la revista)

Facundo: Papá está muy angustiado

Juliana: Ya se le pasará, una noche de casino y se le van todos los males. Hice poner grandes jarrones de terracota india a la entrada del patio. ¿Qué flores te parece que irían bien en esos búcaros?

Facundo: No sé, poné lo que quieras.

Juliana:¡Hortensias...! Me encantan las hortensias de color celeste.

Facundo: (Abstraído) ¿Qué decís?

Juliana: Un arreglo de hortensias y bambúes... quedará maravilloso, ya vas a ver. Tendremos el mejor patio con la mejor pileta de todo el vecindario. Vi en el Facebook la foto del jardín de Estela. Mal gusto por donde se mire... (Va y se sirve un vaso de whisky)

Facundo: Si hubiera un modo de...

Juliana:(Sigue con el tema de Estela) Allá piedras, acá deks en tono algarrobo, más allá puso césped sintético, cisnes de plástico, enanos de jardín. Un horror de kitsh. No entrarías. Vos con tu delicadeza, (Ríe forzadamente)te morirías en la puerta.

Facundo: Mamá, no te entiendo.

Juliana: Yo tampoco entiendo a un hijo que se encierra con el 'dilecto' amigo a dormir una siesta pero no digo nada, ¡shhhh! (Hace señas con el índice como diciendo “silencio”) esas cosas, mejor no ventilar (Lo dice casi susurrando).

Facundo: ¿Estás diciendo que entre Joaquín y yo?

Juliana: No digo nada, ssshhh. Mamá está calladita. ¿Te hace feliz?

Facundo: ¿Qué cosa? ¿De qué me hablás?

Juliana: Ahora el que no quiere hablar sos vos. (Se sirve más wisky) ¿Si Joaquín te hace feliz?

Facundo: Es una confusión. No tengo nada con Joaquín, somos amigos.

Juliana: Amigos que duermen juntos... y desnudos… (Lo dice suavemente para evitar confrontar) Los vi sin querer la otra noche, cuando bajé a tomar algo.

Facundo: Yo, es decir, Joaquín... (Reacciona) ¿qué tiene que ver todo esto con la situación familiar? Papá nos transfirió la empresa pero nadie confía en el gobierno…

Juliana: ¿Y cómo ganó las elecciones entonces?

Facundo: Una cosa es el país y otra, las empresas.

Juliana: Ah, no sé hijo, yo no me meto en política, no quiero ensuciarme las manos, prefiero trabajar en el jardín con la greda y el barro, que ensucian menos.

Facundo: Genial, si todos pensásemos como vos...

Juliana: La política es una mugre (Nerviosamente se sirve otro poco)

Facundo: Perfecto, entrá y limpiála entonces (Acremente)

Juliana: Límpienla ustedes, que ya están adentro (Furiosa ya)

Facundo: Mirá mamá, nunca creí que debería explicarte algo muy simple. ¿Creés que es fácil hacer gobierno? ¿Creés que todas son glorias y aplausos? Es muy cómodo sentarse en el sofá y decir “yo no tengo nada que ver” lavándose las manos. Es cobarde esa actitud.

Juliana: Puedo ser cobarde, pero no les molesto. Déjenme vivir la belleza de la vida manteniéndome lejos de sus porquerías, (Acremente) bastante tengo con tener que soportar comentarios en voz baja en el club.

Facundo: Está bien. Perdón por querer compartir mis preocupaciones con mi madre.

Juliana: No quiero saber de problemas.

Facundo: ¡Qué poco te intereso, mamá!

Juliana:(Se le acerca) Yo no espero nada de la familia, te puedo jurar que di lo mejor de mí a vos y a tu hermana, ¿es poco? No tengo más. Hace tiempo me acostumbré a no esperar nada.

Facundo: Yo intento acercarme pero…

Juliana:(Lo aparta) De nadie. No espero nada de nadie.

Facundo: Te interesa más la casa…

Juliana: La casa es un pretexto bonito para seguir viviendo este juego, costará algunos pesos pero si no los gasto yo en este espacio que compartimos todos, papá los liquida en el casino (Vuelve a servirse la bebida)

Facundo: Estoy agobiado con deudas, despidos, solamente me rodea gente desesperada.

Juliana: Ya te dije: papá y sus negocios son una montaña rusa, paciencia chiquitín. Con paciencia se llega a la vida perfecta.



ESCENA 3



Verónica: (Gritando hacia el fondo) Ah, si viene Lía me avisan, por favor.

Lía: No hace falta... ya estoy aquí (Llegando por platea, Lía viste muy elegante, viene con cartera, sombrero y detalles de buen vestir, no de vestir formal como Verónica sino de vestir sabiendo que la elegancia es una insignia para determinar el status de la gente. Lía lo hace con unción, eso se deja ver en la forma escrupulosa en la que cuida el pliegue de la falda cuando se sienta, las mangas en su sitio, se pasa las manos por el escote varias veces y no esquiva los espejos para retocarse cada tanto, habla con un tono redondo, como si quisiera decir suavemente pero con claridad cada palabra)

Verónica: Creí que no llegaba. Estoy a mil.

Lía: Estamos iguales, querida. El tránsito está infernal.

Verónica: Leí un poco sobre lo que tenemos que exponer, ¿trajiste el power point?

Lía: Sí, lo tengo en la netbook

Verónica: Era relacionar las medidas del gobierno de Rivadavia con las políticas liberales de los '90

Lía: Sí, bastante claro el tema. Un salto de 1820 a 1993

Verónica: ¿Le dijiste a Juan Pablo que nos diera una mano?

Lía: Sí, está viniendo, me envió un mensaje hace un rato

Verónica: La verdad, con todo el trabajo que tengo, exponer para esa convención me da por el orto.

Lía: Ay, amor, es un momento solamente y una gran ayuda para nuestra fundación…

Verónica: Me pone tarada esto de hablar en público, siempre me altera...

Lía: Primero que yo estoy ahí para desarrollar con vos, segundo, con el power eso es una pavada, (Minimizando todo) es leer y rellenar conceptos nada más.

Verónica: Igual, me pongo nerviosa, como si todos estuvieran esperando que diga alguna estupidez para reírse de mí. No sé, tengo esa sensación.

Lía: Bah, cosas de tu cabeza... no tiene nada que ver.

Verónica: Prendé el power (Acá vendrá un efecto con las luces, un fuerte haz desde platea como si se estuviese proyectando realmente un power point recortando un rectángulo contra la figura de Verónica que repasará mirando con dificultad) Gobierno de Bernardino Rivadavia, 1820-1821, ¿un año solo?

Lía: Sí, a mí también me parecía que fue más largo...

Verónica: Ley de Enfiteusis... eso era el arrendamiento para explotación de terrenos públicos, ¿no es así?

Lía: Exacto... las tierras sin cultivo no le servían a nadie, con la explotación ganadera o plantaciones, ganaba el Estado y el arrendatario después de 10 años tenía derecho a quedarse con las parcelas.

Verónica: Fundó la Universidad de Buenos Aires.

Lía: ¡Esos eran liberales! (Festeja) Comparando, en los '90 la quisieron cerrar.

Verónica: Creación de la Bolsa de Comercio

Lía: Bueno, en realidad fue el Banco de Descuentos que facilitaba un capital inicial para desarrollar empresas.

Verónica: Ley de sufragio universal (Siempre tratando de leer porque la luz la ciega, hace viseras con las manos continuamente).

Lía: Todo hombre de 20 años en adelante en el País tenía derecho automático a votar en elecciones libres para designar autoridades.

Verónica: ¿Y cómo vinculamos esto con la democracia de los '90? El voto seguía siendo universal y secreto.

Lía: Sí, pero con un aparato mediático que en 1820 no existía ni en la imaginación. Solamente pensemos en el cambio que significa la TV para la propaganda política.

Verónica: El que se asocia con los medios, usa de ese aparato feroz que decide por todos.

Lía: Aplasta cualquier intención. La mayoría virtual, y se fue al carajo la libertad de decidir…

(Entra Juan Pablo, muy bien vestido pero sin saco, con camisa fina, gemelos, corbata con broche, se muestra como un animal que ha llegado a su coto de caza y nada teme)

Juan Pablo: ¡No se van a tirar contra las corporaciones en esa intervención que tienen, eh!

Verónica: Hola, ¿cómo estás compadre para afilar el tema Rivadavia?

Lía: Buenas tardes, amor

Juan Pablo: Mejor pasen por alto esto del sufragio universal, (Un poco cínico) a nadie le importa en el fondo...

Verónica: Ahora viene el empréstito de la Baring Brothers, ahí la pifió, empezó la cadena de las deudas eternas...

Juan Pablo: ¿Así vas a presentar? ¿Vos sabés lo que van a decir de la brillante empresaria que piensa como una obrera del sindicato de amas de casa? (La luz del power los encandila, lo que hace que esta observación resulte doblemente molesta)

Lía: Digamos que se contrajo esa deuda de...

Verónica: Un millón de libras esterlinas, ¡un vagón de guita!

Juan Pablo: ¿Con qué desarrollás un país que viene de una guerra desastrosa con Brasil? ¿Con buenas intenciones? ¿Con bendiciones?

Verónica: ¡Pero estás hipotecando el futuro!, puso como garantía bienes, tierras y rentas del Estado de Buenos Aires...

Lía: Digamos que depositó como prendas los valores nominales

Verónica: No entiendo...

Lía: Dios también nos da la vida, que es un valor nominal, la vida no se ve, (Hace señas como tomando una burbuja de aire y la aplasta) pero es lo que nos da para administrarla en esta Tierra...

Verónica: Esto es otra cosa, era liquidar todos los bienes a un banco extranjero.

Juan Pablo: ¿Y ustedes, para evitar la quiebra de su empresa, acaso no necesitan endeudarse?

Verónica: ¡No estoy vendiendo mi futuro!

Juan Pablo: ¿Estás segura? Todos nos vendemos un poco día a día. No hay otro modo de sobrevivir. Las deudas son necesarias para crecer.

Lía: Podrías ser más discreto, amor. Esas formas brutales... (Explicándoselo a Verónica) Endeudarse es poner un poco de uno en el futuro. Los bancos no prestan dinero, venden tiempo y la garantía somos nosotros en ese futuro que nos alquilan.

Juan Pablo: Las deudas se llaman deudas, los créditos son adelantos que te hace la banca para permitir que te recuperes de un traspié. Pero siempre pide algo a cambio.

Verónica: Y lo que pide a cambio es lo más valioso de cada cual (Todo debe ser en tono de discusión enérgica)

Juan Pablo: Justamente eso es una prenda: algo que necesitamos recuperar con desesperación. ¿O creés que te aceptarán tus mascotas como empeño? No, si pueden exigirte a vos misma. Son las leyes del capital. Las tomas o las dejas.


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