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El Nivel (cuento)

Por Adolfo Sagastume

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Índice

I, II, III, IV, V, VI, VII

Dedicatoria

Nota Aclaratoria

Definición de Nivel

Dedicatoria

Como muestra de mi respeto y amistad dedico este cuento a doña Jovita, doña Beatriz, don Miguel, don Alejandro, don Nino, don Gerardo y los nietos de todos ellos.

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Nota Aclaratoria

Quiero hacer constar que no todas las escenas de este cuento corresponden a la realidad. Algunas situaciones chuscas son de nuestra creatividad. Sin embargo, todos los personajes sí son reales.

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Definición de Nivel

Es lo que consigues a la fuerza de lo que nunca quisiste hacer.

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I

Eso de pasar el domingo en el rancho de los amigos casi es lo mismo que ir al pastel del niño que cumple tres, cuatro o cinco añitos de vida, siempre se hace solamente para satisfacer la vanidad de los dueños del rancho o los padres del niño.

Yo tengo muchos años de haber pasado por este embrollo, pero no tengo para donde hacerme en estos territorios agrestes del norte de la república mexicana. Además, doña Jovita y su esposo don Miguel son dos cincuentones sumamente sinceros y un poco ingenuos en cuanto a lo que uno puede sentir o pensar de su rancho y su camioneta vieja color blanco que siempre tiene la cajuela llena de lodo.

El rancho está en el Hongo, un territorio muy amplio junto a la montaña de la Rumorosa, y no es muy grande. Según mis cálculos serán unas tres hectáreas de terreno con algunos matorrales espinudos, cinco o seis árboles maltratados por los asesinos de árboles que son una especie de parásitos vegetales que se desarrollan en la corteza y van matando al árbol mientras ellos van creciendo, pero con la ventaja de que todo el territorio se presenta totalmente plano y está a orilla del camino que, según me dijeron, va de el Hongo a Ensenada por las montañas.

Me han invitado al rancho dos veces que complacido acepté y tuve la gran oportunidad de convivir con ellos, sus nietos, don Nino y su esposa doña Beatriz y sus dos nietos.

En la segunda ocasión también conocí a un hermano de don Miguel que había venido de Mexicali a unos estudios médicos y en esa ocasión fue él quien manejó de ida y vuelta y nos permitió convivir un rato para conocernos. Después del viaje ya tenía una mejor imagen de él. En un descuido que tuvo le impulsé a que me hablara de su trabajo y me contó lo que hacía en Mexicali.

El otro de los invitados, don Nino, es albañil, pintor, electricista, mecánico, inventor, restaurador y resolvedor de todo. Por cierto que don Miguel siempre lo invita al rancho porque lo necesita para realizar algunas tareas relacionadas con la construcción de una pequeña cabaña de madera.

En los dos viajes que he realizado con ellos las tareas siempre son las mismas. Don Miguel y don Nino se concentran en la construcción de la cabaña y doña Jovita en la construcción de una estufa, que también es horno, cafetera y fogón, que le servirá más adelante en los convivios para atender las necesidades culinarias de sus muchos amigos que vienen a pernoctar con ellos de distintos puntos de la frontera.

En cuanto a doña Beatriz, la esposa de don Nino, me ha tocado ver su esmero y entrega en la preparación de la comida. No se despega del brasero concentrada en la elaboración de los alimentos que horas después todos hemos disfrutado abiertamente, sin medida, pero que yo he disfrutado más al solo recordar el celo con que lo ha cocinado doña Beatriz.

Los niños siempre inventan sus juegos salvajes e inocentes por la explanada. Van y vienen y sus risas son oleadas de alegría que los cerros empujan con sus sombras que son azotadas con las escobas invertidas de los matorrales cuando el viento los estremece.

El convivio es de lo más simple y sencillo que usted, amigo lector, pueda imaginar. No tiene nada de extraordinario. Nunca sucede nada extraordinario, nada que valga la pena y nos haga reír como prisionero que acaban de soltar sus captores. Nada que valga la pena de llorar aunque sea el llanto de la cocinera que se pasa descuidadamente las manos por los ojos después de haber picado la cebolla para una buena ración de tacos de asada. Si no fuera por lo peculiar, original y chistoso del procedimiento que están usando don Miguel y don Nino para construir la cabaña, yo pensaría en un viaje aburrido.

Y no es que yo me sienta sorprendido por lo que hacen sino por lo que realmente no hacen. A mí se me antoja más pensar que don Miguel siempre que va al rancho y se pone a construir la cabaña solo para agradar a doña Jovita. Y, bueno, está en su derecho, pues un viejón de casi sesenta años tiene que poseer buen ingenio para entusiasmar la imaginación de su esposa y sobre todo si su esposa es como la señora Jovita, una dama llena de gran energía y creatividad a la que en un descuido cualquiera puede aburrir si no se anda con cuidado cuando esté frente a ella. Así que es comprensible que don Miguel se entretenga en esa tarea.

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II

En las dos ocasiones que me ha tocado estar con don Miguel y doña Jovita en su rancho, he ayudado, más por cortesía que por habilidad, a bajar los ladrillos, el cemento, el barro y las tablas que doña Jovita está usando para construir su horno-estufa-cocina.

En esas mismas dos ocasiones me he deleitado enormemente al ver a doña Jovita con las manos llenas de barro que le sirven de masa para pegar los ladrillos. El horno tendrá un metro de lado y lado y también de altura, con la cualidad de que a la altura de ese metro puso una tabla y después echó otras tres hiladas de ladrillos para hacer una especie de cajón protector contra el viento para que no se disipe el calor cuando estén cocinando.

La primera vez tuve la intensión de ayudarle a hacer el horno pero en fracción de segundos lo pensé mejor y no moví ni un dedo. El pensamiento que tuve fue de precaución. Si no podía ayudar a don Miguel y a don Nino en la construcción de la cabaña porque ellos acaparan toda su atención uno con el otro y no hay lugar para un metiche que no sabe lo que se está haciendo, menos tenía que meterme con el horno de doña Jovita. Y no que la construcción del famoso horno tuviera más características femeninas que la construcción de la cabaña, porque al fin y al cabo ni la cabaña ni el horno tienen sexo, sino porque eso me habría puesto inmediatamente en el equipo de doña Jovita y no me podía arriesgar a que don Miguel me viera de reojo con su mirada de ogro que a veces pone. Yo tenía que conducirme con tino y tacto para no fomentarle malas ideas, al fin de cuentas se trata de su esposa y yo en mi caso no soy de los que disfruto mucho que nuestros amigos se acerquen con ningún pretexto a mi mujer. Y no porque dude de ella o de ellos sino porque es natural que hasta a una piedra le salen chispas si se le toca con un martillo.

Como el Coach que no descuida a ninguno de su equipo decidí moverme un rato junto a doña Jovita, hacer dos o tres comentarios sin importancia, y después moverme con don Miguel, hacer dos o tres comentarios sin importancia, y acercarme también a doña Beatriz, hacer dos o tres comentarios sin importancia y pasármela campechano sin hacer nada al fin que no voy al rancho a trabajar sino a convivir y solazarme con mis amigos.

Y mientras el horno-estufa-cafetera avanza doña Jovita, curiosa, comenta que la cabaña tiene ya tiempo de estarse haciendo y no le avanzan nada.

Me contó que el primer trabajo fue traer las raccas, unas plataformas de madera que usan las fábricas para poner cosas pesadas que serán movidas con montacargas en los almacenes.

Después levantó una pared.

En el siguiente viaje, levantó la segunda pared.

Las otras fueron en los viajes siguientes.

Pero surgió un gran problema. El cajón de la cabaña quedó tan inclinado como la Torre de Pisa. A partir de ahí todo el problema estaba enfocado en conseguir el nivel de la cabaña o del piso, yo no muy entendí el rollo a pesar de que ahí estuve haciéndole algunos comentarios a don Miguel y a don Nino.

De hecho, don Miguel está usando todos los medios a su alcance para nivelar la cabaña. Sin embargo, a mi no me la hace. Yo pienso que solo está disfrutando de la salida al campo. Su interés no es la cabaña en sí. No. Nada de eso. A mi me parece que su interés está en quedar bien con los invitados.

El que no conoce a don Miguel piensa que el señor es una persona sin oficio ni beneficio, porque es sencillo y sin pretensiones ni vanidades. Pero cuando uno comienza a conocerlo, poco a poco va mostrando su creatividad e ingenio. Según me dijo doña Jovita, él es más que un ingeniero porque las empresas lo contratan para armar grandes maquinarias, darles mantenimiento y cambiar piezas cuando se averían. Algunas empresas lo mantienen contratado porque nadie puede hacer todo lo que él hace y si lo sueltan, si lo dejan sin trabajo, también ellos podrían quedar en la ruina total si la maquinaria llega a fallar y no lo tienen a su lado para solucionar todos los problemas relacionados con su funcionamiento.


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