Excerpt for ¡Golosa! - Parte 1. Un Relato Erótico by , available in its entirety at Smashwords

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¡Golosa!

Parte 1



Adoro Leer

Relatos Porno
de Dulce Veneno

Derechos de Autor

© Dulce Veneno, 2017

© De esta edición: Adoro Leer, 2017

Publicado por Adoro Leer en Smashwords

www.adoroleer.com

Este libro es un trabajo de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son productos de la imaginación del autor o han sido usados de manera ficticia y no deben ser interpretados como eventos reales. Cualquier parecido con personas, vivas o muertas, eventos actuales, locales u organizaciones es coincidencia.

Todos los derechos reservados.

Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, copiada o distribuida de ninguna manera sin permiso expreso del autor, salvo en casos de extractos breves citados en artículos de crítica o reseñas.

Este libro está destinado a personas mayores de 18 años, ya que contiene escenas sexualmente explícitas. Todos los personajes en este obra son mayores de 18 años.

Todos los eventos que tienen lugar en este relato son ficticios, por lo que embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual no ocurren, a menos que formen parte de la historia. En la vida real, tener sexo sin protección puede tener graves consecuencias permanentes; por favor, recuerden esto y siempre usen protección adecuada y hagan pruebas necesarias para asegurar que su pareja o ustedes mismos no sufran los estragos que pueden surgir de una enfermedad venérea o un embarazo no planificado.

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Índice

¡Golosa! – Parte 1

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¡Golosa! – Parte 1



Lucía estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada de la cama de sus padres, tenía las piernas abiertas y se frotaba el clítoris mientras Héctor estaba parado sobre ella, enterrándole su verga hinchada hasta el fondo de su garganta. La tenía sujetada por el cabello mientras embestía su boca una y otra vez, sus labios carnosos estaban estirados alrededor de su grosor, aquellos ojos verdes lo miraban mientras arremetía contra su linda cara; se había ganado la lotería con su chica, tenía el rostro de un ángel y follaba como una diabla. Lo complacía en todo, le dejaba hacer realidad cualquier acto que salía de su perversa imaginación, y este fin de semana que sus padres estaban fuera de la ciudad y la habían dejado sola en casa, iba a aprovecharlo al máximo.

Ella le había abierto la puerta vestida con una pequeña falda de colegiala, una blusa blanca con suficientes botones desabrochados que dejaban ver un brassier de encaje negro; se puso duro apenas la vio, y más aún cuando le dijo que quería hacerlo en la cama de sus padres.

Héctor no despegaba la mirada de la corta falda que apenas cubría la curva de sus redondas nalgas. Su verga se prensó aún más contra la tela del pantalón cuando Lucía se le adelantó varios pasos y subió las escaleras hacia la segunda planta, ella sabía lo que hacía y quería que él viera que no llevaba ropa interior bajo la minifalda. Con la intención de provocarlo aún más, inclinó el cuerpo hacia delante, manteniendo las piernas juntas apoyó las manos sobre unos peldaños más arriba y le dejó ver su coñito rasurado y jugoso asomarse entre sus muslos. Separó las piernas y la firmeza de su erección era casi dolorosa al ver los labios de su raja separarse levemente, invitándolo a perderse entre aquellos pliegos húmedos.

Extendió la mano y deslizó el dedo por su raja, quedó recubierto en la deliciosa crema blanca de su novia. Antes de que pudiera manosearla un poco más, ella se puso de pie otra vez, apenas cubierta por la diminuta falda, y continuó su ascenso por las escaleras. Por encima de su hombro le dijo, ‘Ya te lo dije, primero quiero que me folles en la cama de mis padres.’

Las comisuras de Héctor se alzaron en un pequeña sonrisa y no perdió tiempo en seguirla. Ya en la elegante habitación con una gran cama sobre el piso de parqué, Lucía se sentó al borde del colchón y abrió las piernas, nuevamente revelando su sexo desnudo. Héctor se arrodilló ante ella y enganchó las manos detrás de sus rodillas, obligándola a recostarse sobre las sábanas, sin preámbulo ni delicadeza recorrió su abertura con la lengua, degustando el sabor cítrico de su esencia. Le chupó los labios, le lamió el clítoris, le metió la lengua lo más que podía en su coño. La tenía riquísima, y siempre se la devoraba como un animal salvaje. Ella movía las caderas excitada, cuando apretó la cabeza que la consumía para estrujarla contra su sexo, envolvió la perla dura de su clítoris entre sus labios y se lo chupó, arrancándole un grito de placer. Cuando repentinamente dejó de chuparla, ella gimoteo por la interrupción y la ausencia de sus lamidas en su coño.

Héctor se puso de pie, se quitó la ropa y le dijo, ‘Siéntate aquí en el suelo, te voy a follar la boca aquí en el cuarto de mami y papi.’

Con una sonrisa traviesa le hizo caso. El piso de parqué se sentía liso contra sus nalgas y una corriente de placer estremeció su cuerpo cuando vio como aquella verga, firme y gruesa se acercó y penetró su boca. Su asta tocaba el fondo de su garganta, su miembro estaba mojado y recubierto con saliva, cada vez que entraba y salía ella revoloteaba la lengua a su alrededor, y presionaba la punta contra el frenillo de su glande hinchado.

Quiero que te toques mientras me lo chupas, Lucía.’

Ella abrió las piernas y empezó a frotar su clítoris con dos dedos. Héctor la sujetaba firmemente por el cabello y la embestía brutalmente. Su saco hacía un ruido seco mientras golpeaba su mentón con cada estocada y sus ojos comenzaron a lagrimear por la implacable llenura en su boca, estaba consumida de deseo, el encuentro obsceno avivaba el fuego de su excitación; ella refregaba su humedad, frotando su clítoris con desenfreno mientras estaba a punto de ahogarse con la carne caliente que entraba y salía de su boca.

Su clítoris resbalaba bajo la fricción de sus dedos, estaba alcanzando la orilla de su orgasmo, aplicó más presión a aquella perlita hipersensible y él se estremeció cuando sintió las vibraciones de sus gritos de placer que envolvían su miembro, gemía una y otra vez con la boca rebosante de su verga, sus caderas se sacudían estremecida de éxtasis. Instantes después desenvainó su sexo, y tras respirar una gran bocanada de aire, abrió la boca y tragó parte de los chorros de leche caliente que eyaculaba en su rostro.

Le encantaba verla así, sus padres ni imaginaban lo que le estaba haciendo a su preciada hija, tomándola por el pelo y luego bañando ese hermoso rostro con su semen. Guiando su miembro con la mano, esparció la evidencia de su placer con su verga aún dura, ella se restregaba contra su sexo como una gata, lo lamía y chupaba, bebiendo todo lo que podía de su esencia, provocando espasmos eléctricos por la estela de sensibilidad que dejó su orgasmo.

‘¿Acabaste rico, papi?’, pregunta ella con tono pícaro.

‘Riquísimo, princesa. Me lo mamas divino.’

Ella se levanta del suelo y camina de largo hacia el baño, después de refrescarse y lavarse la cara regresa a la habitación y lo encuentra acostado sobre la cama. Él alza la cabeza para verla acercarse, ella desabotona su blusa lentamente, revelando el brassier negro que sostiene sus redondas tetas, la copa apenas puede contener esas dos colinas, grandes y suaves; el borde de su aureola se asoma detrás del borde de encaje y su pezón está a punto de escapar. Ella junta los brazos, y estrujando sus senos le dice con un puchero artificial, ‘Ni un besito les has dado desde que llegaste, ¿acaso ya no te gustan?’

‘¿Por qué no te montas aquí un ratico y te muestro cuánto me encantan?’ responde él.

Se monta sobre la cama y se acerca de manos y rodillas a su cuerpo recostado, con movimientos felinos se posiciona sobre él, apoyando su raja sobre su pelvis, la base de su erección acunado entre sus nalgas.

Ella se quita la blusa, luego baja las tiras del brassier por sus hombros, desengancha el gafete y sus tetas quedan expuestas. Inclina su torso sobre él acercando el pezón erguido a su rostro pero manteniendo suficiente distancia como para que no pueda probarla. Impaciente con sus provocaciones, rodea su pequeña cintura con los brazos y la atrae hacia él, hasta que tiene la cara enterrada en la gloriosa suavidad de sus tetas. Le cubre el pecho de besos, se lleva una a la boca y luego la otra; por la posición las tiene colgando como un par de generosas frutas maduras, su apetito por chupar, morder y lamerlas es insaciable. Recorre la curva de piel sensible con su lengua, se chupa el pico erecto de sus pezones, la muerde lo suficientemente duro que se le escapan pequeños gritos de placer. Su verga está completamente dura otra vez, mueve las caderas hacia arriba y hacia abajo, frotándose con la grieta entre sus nalgas. Sin pedir permiso la levanta lo suficiente como para enterrar su asta en aquella húmeda hendidura. La compresión caliente de su sexo envolviéndolo lo deja rendido ante el placer de penetrar el fondo de ese estrecho canal.

Un gemido brota de sus labios ante la invasión a su cuerpo, la sensación de llenura seduce todos sus apetitos carnales, ella contonea las caderas mientras acerca sus tetas a su cara para que retome las atenciones que le estaba brindando. Cuando le chupa el pezón, siente la corriente de placer viajar directamente hasta su clítoris, ambas protuberancias están conectadas por los estímulos que le propicia. Se devora sus tetas a la vez que la agarra por las nalgas, afincando el movimiento de sus caderas mientras la folla. Ella está sobre-estimulada y no puede contener la ola de placer que rompe contra su cuerpo. Gime con desespero, frotando su clítoris contra la piel de su pelvis, aprieta su cara contra su pecho, estrellando sus senos contra la boca que la devora con gula mientras otro orgasmo la consume. A medida que su canal se contrae alrededor de su sexo, la succión de sus músculos lo aprietan de una manera tan deliciosa que es imposible contener el chorro de leche caliente que brota de su sexo, inundándola de su crema espesa.

Después de aquel encuentro licencioso, yacen acostados recuperando el aliento. Héctor aprovecha la oportunidad y pregunta, ‘¿Está bien si Rafael pasa un rato por acá? Traje la cónsola para jugar un poco. Si quieres, después tú y yo nos podemos bañar en el jacuzzi.’

‘Suena como un buen plan,’ replica Lucía.

***

Cuando el mejor amigo de Héctor toca el timbre, Lucía abre la puerta, su atuendo anterior reemplazado por un vestido de playa semitransparente que deja ver el pequeño bikini que lleva puesto. Rafael la mira de arriba abajo esbozando una sonrisa, la noviecita de Héctor es todo un caramelo, y no puede esperar hasta el momento que pueda probar un pedazo de su exquisito cuerpo.

‘Adelante.’

‘Gracias,’ responde él atravesando el umbral de la puerta. ‘¿Qué tal todo?’

‘Todo bien, ¿y tú?’

‘No me puedo quejar. Gracias por dejarnos jugar, Héctor me contó que tus padres te dejaron sola en casa. No quiero importunarlos en lo que imagino debe ser un fin de semana romántico.’

Ella sonríe y le dice, ‘No te preocupes; igualmente, Héctor dijo que después de que ustedes jugaran unas partidas, se bañaría conmigo en el jacuzzi.’

Él le devolvió la sonrisa y la siguió hasta la sala de estar donde había un gran televisor pantalla plana y Héctor ya había configurado la cónsola y los controles.

Lucía navegaba Internet en su teléfono móvil mientras los dos muchachos jugaban un video juego de fútbol. Después de una hora, ella se levantó y le dijo a Héctor que se metería en el jacuzzi. Salió de la sala contoneando las caderas, y ambos hombres apreciaron la vista de la tanga que se perdía en la grieta de sus nalgas.

El sol estaba descendiendo en el horizonte cuando Lucía salió por las puertas corredizas hacia el patio de la lujosa casa donde vivía con sus padres. Constaba de un vasto jardín con un espacio para hacer parrillas, una piscina y un jacuzzi. Quitó el cobertor y encendió el interruptor que activaba los chorros de hidromasaje. Se quitó el vestido y lo dejó sobre una de las sillas cercanas. Se sumergió lentamente en el agua caliente de aquella gran bañera circular. Con el cabello recogido en un moño sobre la corona de su cabeza, se sentó en el borde interior que había bajo el agua, se reclinó a fin de que el agua le llegara hasta el cuello y dejó que los chorros de agua a presión masajearan su espalda. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando escuchó la voz de Héctor,

‘¿Quieres compañía, princesa?’

Abrió los párpados y su corazón dio un brinco al verlo de pie en el borde del jacuzzi, completamente desnudo. Ella le sonrió y respondió, ‘Claro que sí.’

Cuando se acercó adonde ella estaba, engancho los dedos en las tiras del bikini que abrazaban sus caderas y deslizó la prenda por sus piernas. Acto seguido, desanudó la parte superior y en pocos momentos ella también estaba desnuda en el agua caliente. Los chorros de hidromasaje causaban que la superficie estuviese batida, las burbujas calientes acariciaban su piel y sus senos descubiertos oscilaban en el agua. Héctor la besó profundamente, sus lenguas enredadas en las cavernas húmedas de sus bocas mientras él ocupaba el puesto donde ella estaba sentada minutos atrás.

A Lucía le faltaba el aire, el vapor de la bañera la tenía en un estado soporífico, sus bocas fusionadas, chupaba su lengua y sus labios. Halló su mano y la guió hasta su miembro erecto, sobándolo bajo el agua mientras ella suspiraba contra sus labios. Ella rodeó firmemente su grosor con los dedos, deslizando a lo largo de su sexo; estaba de rodillas sobre su regazo, la superficie de baldosas se sentía áspera contra la piel de sus rodillas, y los labios de su abertura se abrían como los pétalos de una flor bajo el agua. Él llevó las manos a sus suaves colinas y pellizcó sus pezones, apretándolos entre el índice y el pulgar. Lucía suspiró excitada, consciente de su clítoris palpitante y ansioso.

Estaba envuelta en el manto caliente y burbujeante del jacuzzi, cuando cerraba los párpados se sentía ingrávida y suspendida en ese entorno líquido y caluroso, él era su ancla, estrujaba sus tetas con ambas manos y ella apretó las piernas alrededor de sus muslos mientras sobaba su verga bajo el agua. Sus caderas se contoneaban involuntariamente, quería sentir su verga hinchada enterrada en el fondo de su sexo, quería que la llenara por completo. Entonces, él la agarró por las nalgas y se posicionó en su entrada, la embestida repentina de su sexo arrancó un gemido sorprendido de su boca por el súbito placer de sentirse penetrada por su asta.

Estaba enterrado hasta el fondo, ella quería moverse duro y rápido, pero la tenía firmemente sujetada, sus dedos afincados en la suave carne de sus nalgas. Su canal lo abrazaba, y la sensación de llenura la tenía prácticamente temblando de placer, su clítoris palpitaba con anhelo de ser frotado y liberar el torrente de sensación que se acumulaba en esa pequeña perla.

Sin moverse, empezó a contraer los músculos de su pelvis, su verga se movía dentro de ella, provocando pequeños espasmos de placer, pero no eran suficientes, ella quería más. Estaba jadeando, atrapados en un beso que avivaba la llama de deseo que la quemaba por dentro, ella lo agarraba por los hombros, toda su concentración estaba enfocada en aquel núcleo de placer que pulsaba entre sus piernas. Estaba tan ofuscada por las sensaciones que Héctor provocaba en su cuerpo que no notó la presencia de otra persona en el jacuzzi hasta que unas manos grandes y rugosas agarraron sus tetas desde atrás. Alguien de cuerpo firme y piel lisa se estrujó contra su espalda, y la presencia innegable de una verga larga y dura se recostó entre sus nalgas.

Fin de la Parte 1

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Dulce Veneno


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Acerca de la Autora

Dulce es una chica que vive en Barcelona (España) con su perro. Le encanta leer, escribir, pasear, ir a la playa, y follar.

El apodo de Dulce Veneno ocurrió cuando un ex-novio le dijo que él sabía que tarde o temprano ella lo dejaría y le rompería el corazón.

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