Excerpt for Viaje Lírico por España II by , available in its entirety at Smashwords






































































ISBN. 978-1-291-97106-1


Registro Propiedad Intelectual

Nº AB-107-2013

Nº de asiento registral 00/2013/3617 Madrid



























































parte III




Nota:


Debido a la gran extensión que ocupan prosa y verso y que conforman el presente título me he visto obligado a dividir el contenido literario del mismo en tres partes, separadas pero continuadas, para dar cabida a VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA.













OBRA POÉTICA ORIGINAL DE


JERÓNIMO

GARCÍA PÉREZ


JEGARPE















LEGADO


Sólo podré dejaros lo que es mío:

Un viejo corazón lleno de sueños,

una ancha voluntad que hizo halagüeños

los ámbitos de un mundo vano y frío,


una pugnaz pasión al albedrío

de un credo veleidoso y sin empeños,

algunos versos tímidos, pequeños,

y una canción perdida en el vacío.


Mas no os podré dejar lo que no he sido,

lo que pasó por mí sin ser notado,

lo que creí tener y no he tenido,


las lágrimas que no habéis derramado

cuando lloré por todos, el latido

de un puro amor que nunca me habéis dado


(Del libro BRUMAS DE IRREDENCIÓN, 1997)
















Introducción


Durante el trienio 1967 - 1970 fui escribiendo una serie de remembranzas y vivencias que formaron parte de mi vida hasta ese momento. Son recuerdos y sucedidos que influyeron de tal modo en mi pensamiento que, cuando crecieron en número, decidí llamarlos crónicas viajeras y versos viajeros. Pensé, entonces, confeccionar un libro con todos ellos. El libro en cuestión lo titulé VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA. Posee 80 capítulos no muy extensos sino algunos excepcionalmente, escritos en prosa. Y así lo hice, caligrafiándolos cuidadosamente a tal efecto. A pesar de ello, el manuscrito original que los contiene posee más de 500 páginas.


Quiero aclarar que VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA es, por lo tanto, un libro-manuscrito que conservo, encuadernado e ilustrado con fotografías de la época de la narración, junto con otros treinta títulos más que he ido componiendo hasta hoy, en un lugar de la modesta biblioteca que poseo, todos ellos inéditos, salvo en tres ocasiones que he editado, en tiradas cortas, algunos de los poemas y trabajos entresacados de los mismos.


Hoy, vuelvo a retomar este título, VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA, para designar el del presente libro, en el que, no sólo he incluido una pequeña muestra de algunos de los capítulos que componen el manuscrito original sino también de los numerosos poemas y crónicas viajeros seleccionados de otros volúmenes que he ido escribiendo posteriormente hasta hoy. De ellos hago una breve presentación de sus características principales, así como una copia escaneada de la portada de cada uno de los trece manuscritos originales utilizados en este trabajo de selección.


Solamente en mi primera juventud - 20, 21 años - presenté algunos de mis trabajos a concursos literarios. Después dejé de hacerlo. Pero




seguí escribiendo no obstante, por mi amor a la poesía, alternando mis horas de trabajo, como profesor, con mis horas de ocio, como incipiente poeta, a sabiendas de que mi obra alberga ya la nada desdeñable cantidad de 36049 versos escritos, repartidos entre 1450

poemas, amén de otras obras en prosa, por lo que pienso que hoy, a mis 78 años de edad, es hora de dar a conocer una selección de mi obra literaria, desconocida e inédita, injustamente olvidada por mí hasta hoy.


Albacete, Junio 2013. Jerónimo García Pérez (JEGARPE)







































BRUMAS DE

IRREDENCIÓN

1996 - 1997




















Repuesto de los largos años de depresión en que decayó grandemente mi actividad poética escribí Brumas de irredención, poemario que reúne 185 poemas escritos durante el bienio 1996-97 de cuyo preámbulo entresaco este fragmento: “Hoy, abandonadas ya mis obligaciones profesionales e instalado en la comodidad de mi jubilación, desde las perspectivas de mis sesenta y un años, tomo la pluma de nuevo para dar forma al presente libro de poemas, al que me lleva no tanto mi deseo creador como la necesidad de rellenar tantas horas vacías que se me han de presentar, a no dudarlo, en este tramo del camino apenas comenzado.”


Del libro citado he seleccionado sólo cuatro poemas que pueden encajar en Viaje lírico por España.






REFLEJOS


Los cien verdes matizados

de las laderas sonríen

sobre el agua y se deslíen,

undosos, desdibujados,

en sus rizos plateados,

mirándose desde lejos

para verse en los espejos

de la espléndida laguna...

Temblor del agua que acuna

mis miedos natos y viejos.


Lagunas de Ruidera.



EL SENDERO.


Trepa que trepa el camino

pedregoso hacia la cima

del montezuelo. Me anima

la bondad del día, el trino

del ave, el frondoso pino,

la umbría de la chopera

que engalana la ribera

del río. Solo y ligero,

camino por el sendero

que se ciñe a la ladera.


Alrededores de El Jardín. Albacete



CANÍCULA.


Susurra entre la maleza Me acojo al amor umbrío

un viento cálido y suave de un olmedo polvoriento

que me llena de pereza. cabe la orilla del río.


Mancilla el silencio el grave Y dejo que el pensamiento

ronquido de algún batracio vuele libre, sin retorno,

y el canto gentil de un ave. para hacerse sentimiento,

mecido por el bochorno.

El cuerpo me pesa, sacio

del sol denso del estío, Las Mariquillas (Río Júcar)

y se niega a andar, reacio.





Los caminos de

La soledad

1999 - 2000



Cumplidos ya los sesenta y cinco años de edad los horizontes de la vida humana se estrechan. Las ilusiones y las esperanzas que impulsaron el corazón se han ido desvaneciendo poco a poco y sólo nos quedan los recuerdos. El camino que nos resta por recorrer está plagado de dificultades y de temores. Nos faltan ya los padres, los amigos, los compañeros, todos aquéllos que formaron parte de nuestros mejores tiempos, de nuestra juventud. Y nos vamos quedando solos a medida que vamos envejeciendo.


Yo, sumido ya en mi forzada jubilación, pretendo distraer mis horas de ocio en medio de una nociva inercia que me conduce por caminos que no quisiera recorrer y a la que opongo tenazmente una férrea voluntad que no siempre consigue imponerse. Los días transcurren para mí paradójicamente largos y breves. Pero mientras Dios me dé fuerzas seguiré caminando, viajando y conduciendo mi propio automóvil porque esto me proporciona seguridad en mí mismo y me libera de tantas servidumbres a las que se aferra la vejez. Me aterra la idea de que alguna vez me venza la abulia, de que me falten las fuerzas, de que ya no pueda caminar, de que me sienta enfermo. En 1975 escribí lo siguiente:“Yo no quisiera ser como este árbol del camino, añoso, viejo, torcido. Me aterra sólo pensarlo. Yo no quisiera arraigar nunca, nunca, en el camino. Echar raíces es como morir un poco cada día... Yo necesito el ala del ave, las bridas del viento, las ondas del agua”.


Así escribí en el prólogo de este libro, que contiene 202 poemas, en el que usé de nuevo la forma de diario. De él he escogido aquellos poemas que guardan relación con el tema que impuse al presente libro.






CANSANCIO.


Almería.

Rambla abajo,

con la tarde ya caída

y el amable cabrilleo de los arcos navideños,

voy andando sin un rumbo decidido.


La cabeza me da vueltas todavía:

Carretera interminable,

sol intenso que me ciega la mirada,

horizontes descarnados,

cielo yerto, solitario...

Voy andando

con la noche ya caída:

Casco antiguo,

Alcazaba que se aboca en cada esquina,

Catedral, callejas pinas...

Y la plaza de Purchena,

castigada de mil ruidos...

El cansancio pone tedios en el alma

y obnubila el sentimiento...

Voy andando sin un rumbo definido.


Almería



EL MAR.


Deshace en espumas y en olas

su ignota leyenda de siglos

el mar.

Aquí, en el roquedo,

restalla su recio, su viejo

cantar.

La estela de espuma

que besa la arena,

las olas que vienen

y van.

El ronco sonido del agua

que rompe el silencio del grato

lugar...

Me llena de un vago sosiego,

de un miedo indecible,

me llena

de paz,

pensar que mi origen humano

surgió de los senos profundos

del mar,

formado a capricho de lamas

y sal,

errante viajero en un mundo

sin metas ni rumbo

ni edad...

Y mientras,

delante de mí,

se deshace en espumas y en olas

el mar.

Costa granadina.


MELANCOLÍA.


La mañana esplendorosa de diciembre,

la serena puridad de un cielo inmenso,

el azul de un mar en calma,

no han podido desterrar de mi alma sola

que ha venido a despertarme al nuevo día.


Berja, Ugíjar.

Fulgor de las Alpujarras.

Pueblos blancos, soledosos,

contrastando con el ocre de la sierra,

derramándose a raudales

por las áridas laderas

de la agraz Sierra Nevada,

coronada por las nieves sempiternas

de las crestas del Veleta...

Todo, todo va aumentándome la pena que ha hecho mella en mi viajero Carretera, [corazón

mar y cielo,

sol y cumbres...

Alpujarras.


Almería.


ALCALÁ DEL JÚCAR.


Las calles angostas y pinas

de casas muy juntas y blancas

escalan, en un zigzagueo constante

de vueltas y vueltas,

las altas laderas,

buscando la cumbre

donde alza sus muros recién remozados

el viejo castillo.


Yo voy ascendiendo despacio,

sin prisas.

Atrás voy dejando

la iglesia,

los rancios rincones del pueblo,

los altos y oscuros recodos,

las claras callejas,

las cuevas que horadan el monte...


Al fin, la planicie desnuda,

de cara a los vientos

y al sol del invierno.

Allí se levanta el castillo

de gruesos, mohosos, dorados sillares,

señor de la altura,

eterno vigía del pueblo.

Abajo las tierras, grises, macilentas,

y el Júcar que pasa entonando

su eterna canción campesina

de siglos,


lamiendo los anchos

basares del puente.


Alcalá del Júcar.


ALARCÓN.


Un gélido viento fustiga

la fría mañana de enero.

Hay costras de hielo en los charcos

y el barro que cubre los campos

está endurecido.


Delante de mí se despliega Alarcón,

sobre un promontorio.


Enfrente

- magnífica proa elegante -

la torre del viejo castillo,

señera, actual Parador.

Más lejos, las torres doradas

de sol de sus cinco parroquias.


Ciñéndose al pueblo,

la antigua muralla.


Y abajo,

la curva anchurosa del Júcar.

Aquí y acullá, salpicando

las grises laderas,

alguna atalaya perdida,

de tiempos feudales,

y algún arco abriéndose al pie del

que lleva a la villa [camino


He subido al pueblo

y he curioseado

por las solitarias y desnudas calles,

a pesar del frío.

Alarcón.


EN LAS LAGUNAS.


La espléndida mañana de febrero

se mira en el espejo

sereno de las aguas.

Las copas verdinegras

de las encinas romas,

de los altivos pinos,

se miran invertidas

sobre la superficie

de la laguna, tersa,

trazando una simétrica

cenefa en la tranquila

quietud del agua azul.

Las ramas descarnadas

de los caducifolios

arañan las alturas

espléndidas y nítidas

de un cielo añil, sin nubes.


El místico silencio,

la calma circundante,

tan sólo interrumpidos

por el insuave y ronco

cantar de algún palmípedo,

ponen su acento mágico,

su nota discordante,

su halo misterioso, sutil,

en la benigna mañana de febrero.


Lagunas de Ruidera.


EN AÝNA.

Desde la terraza

soleada y amplia

se divisa el valle:

Guiños plateados del naciente Mundo;

gríseas laderas

en las que resaltan

los pecados albos de los almendrales

entre las cetrinas masas de los pinos;

álamos y chopos

aún desnudos de hojas,

flanqueando, esbeltos,

el curso del río;

huertos y frutales

en las angosturas de los peñascales;

y, anhelando alturas,



escalando abruptas rocas y laderas,

blanca, dilatada,

se levanta Aýna.


En medio de todo,

mancillando aleve la armonía suave

del paisaje inmenso

la imponente mole de la roca oscura

como una irredenta mácula del valle

Aýna.


EN NERPIO.


Sesgada, en el valle

que riega el Taibilla, está Nerpio.

La cercan frutales

en flor,


pequeños y ubérrimos huertos

a orillas del río

y algún prado fresco bañado

de sol.

Es la hora de hacer un descanso

que el cuerpo, rendido del largo camino,

reclama el amor

de la gente, me pide

calor.

Penetro en un bar concurrido

cercano a la plaza

Mayor.

El viejo

reloj

que luce en la torre de la íntima iglesia

propaga su agudo latido,

su son

vibrante y metálico

por todas las calles



angostas y largas del pueblo...

Las dos.

Nerpio.


PARTIDA.


Mañana cruzaré, si Dios no media,

las dos Castillas,

sin compañía, como siempre, solo,

hacia Galicia.


Ya tengo preparado el equipaje,

el coche, listo,

y el deslustrado bloc de los poemas

en el bolsillo,


las cámaras de vídeo, dispuestas

a trabajar,

las ilusiones, nuevas, y tranquila

la voluntad.


Mañana cruzaré las dos Castillas

si Dios no media,

camino de las dulces y brumosas

tierras gallegas.


Albacete.


SIRIMIRI


Son ya casi las diez de la noche

y aún hay luz en el cielo brumoso.

Cae un suave y sutil sirimiri

pertinaz y sin tregua, llenando

de una inmensa tristeza la tarde.

A través de la angosta ventana

del hostal, mientras tomo la cena,

miro echarse la niebla en la sierra

de Caurel inmediata, que asoma

por detrás de los gríseos tejados

de pizarra, brillantes de lluvia.


Hostal Rebollal

( Piedrafita de Cebrero)






EN EL SANTUARIO DE CEBRERO.


La mañana está sumida en densa [niebla.

He hecho un alto en el camino.

Un silencio impresionante

llena de hondos y magníficos misterios

el lugar sagrado, sobrio.

La humedad que impregna el césped

y la bruma de los montes circundantes

se me mete hasta los huesos

y me invita a ensimismarme.

Me levanto las solapas

de mi viejo chaquetón,

me retrepo en la bondad de su tibieza

y penetro en el recinto

a través de una cancela enmohecida

y entornada,

decidido e intrigado.


Mondoñedo

DESDE EL ALTO DE SAN ROQUE.


Son las tres de la tarde

de un día caluroso.

El automóvil trepa cuesta arriba



camino de la cima de San Roque.

La angosta carretera

traza en su recorrido

largas, sinuosas y empinadas curvas.

Por fin llego a la cumbre:

Sol inmisericorde;

ruidos de mil insectos

en el silencio denso de la tarde.

La ermita de San Roque entre la umbría

de los eucaliptos.


Desde el crucero pétreo

que se alza en el cantil de una atalaya

se ve el azul intenso de la ría

fundiéndose con el azul del mar...

Abajo el blanco guiño de Viveiro,

las dársenas del puerto

y, enfrente, los recortes de la costa,

perdiéndose a lo lejos.

Hostal Buenos Aires (Lugo)


EN BETANZOS.


Vibra Betanzos

en la hora punta del mediodía.

He decidido tomarme un tiempo

hasta el momento de la comida.

Aparco el coche en una calleja

desierta, cerca del casco antiguo,

y me dispongo a subir sin prisa

por una calle pina y estrecha

a visitar la ciudad histórica.


Castro, primero,

Brigantium Flavium de los romanos,

villa, después, de remoto origen,

guarda en las piedras

grises, mohosas,




de sus iglesias

la historia viva

de su pasado esplendor glorioso:

Santa María,

Santiago, templos

de San Francisco y Santo Domingo,

noble memoria de la familia

de los Andrade

que aún pervive en sus viejas calles

y en los blasones de sus casonas.


Hostal Caribe (La Coruña)


RÍAS ALTAS


La costa brumosa

del bravo Cantábrico

me muestra a lo largo del viaje

sus aguas de plata,

las suaves pendientes de tierra

que besan el mar,

los altos rompientes

que baten las olas,

las crestas de espuma

que lamen las playas

y rompen, con furia, en los duros escollos.

Cedeira, Ortigueira...

Rosarios de pueblos marinos

y puertos pesqueros

surgidos al sesgo

de abrigos tranquilos

y calas ocultas...

Cariño,

destello de nácar,

mirando a Ortegal en un sueño

de azules.

Pantín, Valdoviño...

Cruceros y hórreos

que ponen acentos

de melancolía en el ancho paisaje.


Hotel Caribe (La Coruña)


RÍA DE CORCUBIÓN.


Cee y Corcubión

se miran hermanados,


al fondo de la ría;

de un lado Finisterre,

del otro el monte Pindo.


La tarde soleada

de junio está cayendo.


Las barquichuelas surtas

en el pequeño puerto

componen sobre el agua

del mar policromías,

al son de un tintineo

sinfónico de astiles...


Las nueve de la tarde.

Es un lugar tranquilo

para reponer fuerzas

y aliviar el cansancio

de la jornada intensa.

Aparco el coche y busco

donde pasar la noche,


Cee













EN SANTIAGO.


Otra vez en Santiago.

Es un día diáfano de sol

y decido quedarme en la ciudad.


Es domingo. Oigo misa en la Basílica,

delante de la imagen venerada

del apóstol Santiago,

a la que reverencian

cientos de peregrinos

que pasan a través del camarín

para besar la túnica del Santo.


Transito luego por las viejas rúas

de la ciudad, cargadas todavía

de ese sabor estudiantil y añejo

del siglo diecinueve:

Plazuela de Cervantes,

Colegio de Fonseca,

La casa de la Troya...

Rincones y callejas de otros tiempos

que actualmente comparten

turistas, peregrinos y estudiantes.

Hotel B Nor, (Santiago)


TRES SEGUIDILLAS


1. RÍA DE MUROS Y NOYA


Marineras y antiguas

son las dos villas:

Protegida del Louro,

Muros, arriba,

y , al fondo, Noya:

Dos sonrisas que alegran

la ría toda.


2. CAMBADOS


A la entrada del valle

se halla Cambados:

Parador, puente, iglesias

y monte Sacro.

Viejos rincones,

calles antiguas, pazos

evocadores.


Hotel B-Nor (Santiago)


3. LA TOJA.


El mar de la Lanzada

le da su beso.

La brisa marinera

vela su sueño.

Vergel de Arosa,

jardín florido, perla

del mar: La Toja.


Hotel B-Nor (Santiago)


DESDE EL MONTE CASTRO.


Desde la altura del monte Castro

miro la extensa ría de Vigo

de cara ya a las inmensidades

del mar Atlántico,

la sucesiva y amplia cadena

de sus cien dársenas:

puerto pesquero, estación marítima,

lonja, club náutico

y, arriba, el muelle de trasatlánticos,

donde la costa se adentra y busca

la mar abierta.


Más acá yergue sus altas torres

sobre el acervo de los tejados

y las callejas

del portuario y viejo Berbés

la catedral de Santa María.


A mis espaldas

se ven los muros enmohecidos

de una antiquísima fortaleza.

La caminata y el sol intenso

han avivado mi sed furtiva.

Penetro, cerca, en un restaurante

para aliviar mi real cansancio.


Hotel Púas (Pontevedra.)


OTRAS TRES SEGUIDILLAS.


1. BAYONA


Bahía luminosa,

Monterreal,

polícromo requiebro,

novia del mar,

blanca y hermosa,

besada del Océano,

se halla Bayona.


2. DESDE EL MONTE DE SANTA TECLA


A un lado se confunde

Miño con mar,

al otro están las tierras

de Portugal

y, abajo, sacia

de brisas marineras

está La Guardia.


3. CATEDRAL DE TUY.


Aupada en el otero

de San Julián

asoma Tuy al Miño

su Catedral,

huella y jalón

de los gloriosos años

de su esplendor.


Hotel Altiana. Orense.


EN EL SANTUARIO DE LAS ERMITAS.


Desde la altura se ve el Santuario

casi escondido en el valle umbrío.

Me acerco a verlo.

La carretera que lleva al pueblo

desciende, angosta,

durante un trecho.



De pronto surge, tras una curva,

la mole grísea del edificio.

Aparco el coche

frente a un rellano mínimo, enfrente

de la fachada

del templo y miro

con agradable y real sorpresa

los decorados y altos relieves

del frontispicio:

pétreas efigies

elaboradas con el granito

de la ancha sierra

que las contempla.

Sobre la puerta de entrada yergue

su milagrosa y santa figura

Nuestra Señora de las Ermitas.


Detrás asoma

sus matizados verdes la sierra

de Manzaneda,

siempre arrullada

de impenetrables

y hondos silencios.


Hotel Altiana. Orense.


EN ORENSE.


Orense hierve en fiestas.

Hasta la Alameda llegan los sonidos

de los altavoces,

los metalizados ecos de la feria.


Me he tomado un día

libre de descanso.

He vagado horas

por las rúas viejas

de su casco antiguo:

San Martín, las Burgas,

San Francisco, plazas

del Hierro y del Trigo,

íntimas iglesias...


Luego he descendido,

por la populosa calle del Progreso,

hasta el río Miño

que atraviesa lento, caudaloso y ancho

los inmensos ojos del puente romano

y he mirado, desde sus pretiles pétreos,

el conglomerado de los viaductos



y las callejuelas

de los viejos barrios,

que descienden bruscas

hasta las riberas.


MONTERREY.


Son las primeras horas de la tarde

de un día caluroso.


Desde la rosaleda

del Parador

se ven las viejas piedras soleadas

de Monterrey.

Me acerco hasta el castillo,

guardado por su altiva y regia torre

del homenaje.

Miro a través de la herrumbrosa reja

de la cancela,

que veda el paso al interior del mismo,

la airosa arcada de su patio de armas

y la vetusta torre de la iglesia aneja.


El resto, solamente

son edificios

del pueblo originario,

ya abandonado en silenciosa ruina,

cercado por un lienzo de muralla

que aún se conserva.


Desde la altura

del Parador cercano,

ya en el camino de regreso al pueblo,

se ve Verín,

como perdido, en medio

de la ancha dulcedumbre del paisaje.


Hotel Fénix. Salamanca.




EN PLASENCIA.


Plasencia es un clásico pueblo extremeño

que guarda en sus viejas casonas,

ornadas de nobles blasones,

la huella imborrable

del Renacimiento:

Monroy, acueducto,

Vargas, Mirabel...

Pero es en el sello

vivo y plateresco, románico y recio,

de sus Catedrales

donde se reflejan ostentosamente

sus glorias pasadas.


Brozas. Cáceres.


EN TRUJILLO.


Desde la inmensa

Plaza Mayor

veo las altas, doradas torres

de las iglesias.


Santa María

y las murallas de árabe traza

sobre las que alza

su impar silueta la bella estampa

de su castillo.


Abajo, junto a la escalinata

de San Martín,

teniendo al fondo

los blasonados, nobles palacios

y las mansiones

-Ayuntamiento, Sotomayor-

de los gloriosos y bravos tiempos

de la Conquista,

se eleva al cielo azul de Trujillo

la estatua ecuestre

del gran Pizarro.


Brozas.






LA CHARCA.


Voy caminando a solas

por el camino polvoriento, blanco,

que adapta su trazado

ciñéndose a la forma de la charca.

Croan las ranas en las verdes ovas,

posan sus leves cuerpos unos patos

sobre la superficie

de plata de las aguas,

ronquean las cigüeñas,

que pasan en un vuelo reposado

hacia el cercano pueblo,

planea dibujando grandes giros

un ave de rapiña...


Las nueve de la noche en mi reloj.

El día está cayendo y el sol enciende una sangrienta estela

sobre la superficie en calma del

[estanque.

He de volver al pueblo,

que duerme, al otro lado,

velado por la sombra de la iglesia.


Brozas.

REGRESO.


La carretera

y el sol ardiente de la meseta

van produciéndome hondo cansancio.

Ante mis ojos

van desfilando rápidamente

pueblos y pueblos...

Paro en Toledo.

No tengo prisa.

Voy de regreso.


Como en un módico restaurante

que hallo a mi paso.

Después paseo sin rumbo fijo

por las callejas sugeridoras

de la enigmática Judería.


Y cuando el sol ha cedido en su

[ímpetu

retomo el coche y prosigo el viaje.

Pronto, las tierras de la llanura



manchega llenan

de lejanías inabarcables,

de luz, los campos y la mirada.


Albacete.


EN BENIDORM.


Moderna siempre,

cosmopolita

y abigarrada

se halla la villa

de Benidorm.

He recorrido

las viejas calles

del casco antiguo,

sus avenidas,

sus largas playas

llenas de sol

y he recordado

pasados tiempos

en que venía,

libre de cargas,

a descansar,

tumbado, inerte,

sobre la arena

de las dos playas,

doradas joyas

del litoral,

deambulando

por sus rincones

más sugerentes,

siempre agobiados

de animación,

errando, a veces,

por sus sensuales

noches cargadas

de animación,

de hondo erotismo,

de alto esplendor.

Hotel Polamar Santa Pola


EN LA MANGA.


La Manga está dormida

sobre la luz

de un día caluroso,

denso y azul.


Desde un alcor

se ve el Mediterráneo

y el mar Menor.


Santiago de la Ribera.


EL MAR MENOR.


El mar Menor, en calma,

besa con suavidad

las playas ribereñas,

tranquilas: Los Alcázares,

Los Nietos, Los Urrutias...

Enfrente está Santiago,

allá, Cabo de Palos,

y, al fondo, está San Pedro

del Pinatar, soñando

verdes y azules sueños...


La mágica quietud

de la mañana, el mar

tranquilo y el silencio

ponen sosiego en mi alma.


Santiago de la Ribera.


EN ALCARAZ.


Tocada de los silencios

de la sierra que la cercan

alza su recia y austera

arquitectura Alcaraz:

Calle Mayor, callejones

escalonados que bajan

buscando el valle o que suben

cerro arriba, donde clava

las pocas piedras que quedan

el castillo medieval.

Fachadas renacentistas

y góticos elegantes.

La Puerta de la Aduana,

Plaza Mayor, soportales,

las Lonjas, Ayuntamiento

- Cabeza de Extremadura

y llave de toda España -.

Y las dos torres gemelas,

Tardón y la Trinidad,

que se miran frente a frente

en un flirteo eternal.


He subido atravesando

el antiguo arco morisco

hasta el otero en el que alza

sus desgastados basares

centenarios la ruina

del castillo musulmán.

Desde allí se ve la villa

de casas arrebujadas,

la plaza Mayor, las torres,

los caminos polvorientos

que se pierden a lo lejos,

las onduladas colinas,

los campos amarillentos

de la mies recién segada.


Más lejos se ve la sacra

silueta del Santuario

de Cortes, en la distancia,

aletargada en el sueño

de la historia y la leyenda.


Albacete.


.LA COSTA BRAVA.


Abriéndose al mar desde

Blanes a Francia

se extiende, abrupta y bella,

la Costa Brava.


Playas doradas, calas

profundas, Tossa,

Lloret, San Feliu,

La Escala, Rosas..

Cabo de Creus

.

Pinares que no acaban,

pequeños puertos,

acantilados, curvas,

Hotel Europa (Gerona).


AMPURIAS.


Frente a la clara playa

y bajo un cielo luminoso se hallan

las piedras milenarias,

asiento primigenio de la antigua

Neápolis helena.


Y, más arriba,

los restos posteriores

de la ciudad romana,

primer bastión edificado al sesgo

de la amenaza púnica

y foco principal de la futura

e hispana romanización más tarde.


Gloriosa ruina, vivo testimonio,

prez y jalón remoto de la Historia,

he vuelto a pasear por los linderos

que delimitan sus angostas calles,

sus ágoras antiguas

y me he asomado al mar:

Enfrente se descubre San Martín

ciñéndose a la línea

de la costa, blanca

de un sol que busca ya su lecho

sobre el atardecer mediterráneo.


PORT LLIGAT.


Port Lligat.

Las polícromas barquitas

chapotean

n el mar.

Sus astiles tintinean

mancillando

la bonanza

matinal.

Cabalgando en un otero

se levanta

la casita

de Dalí,

orientada a la bocana

de la íntima ensenada

que sirvió

de refugio y de descanso al inspirado

creador.

Más allá,

griseando en la distancia,

con su proa adelantada,

castigado por las olas

se vislumbra el cabo Creus,

solitario,

secular,

reo eterno

de su propia soledad.

Figueras.


EN MONTSERRAT.


He aparcado el coche

a dos kilómetros del Santuario.

Es sábado y un aluvión de gente

se ha congregado en el lugar sagrado.

El resto del camino

me lo he subido andando.


Arriba está el recinto

que ya conozco:

Primero, el Monasterio,

que abrazan esas rocas,

características de Montserrat;

igual que dedos gruesos, multiformes,

y, luego, la Basílica,

con su atrio, enriquecido

de enterramientos

de nobles catalanes,

con su elegante

portada embellecida de relieves.

Y el símbolo de fe de Cataluña:

la Virgen Moreneta.


Me he detenido un rato

en un abierto mirador del valle

desde el que se divisan

las simas procelosas de la sierra,

las cimas coronadas por la niebla.


Gavà (Barcelona)


DESDE MONTJUICH.


Son las nueve de la noche.

La postrera luz del día

ilumina débilmente

las murallas cenicientas

del castillo de Montjuich.


Apoyado en la baranda de cemento

que se aboca en el vacío,

veo el puerto,

su compleja red de dársenas

dibujando

geométricas figuras

en la argéntea superficie

de la mar.




Desde la otra parte opuesta

se descubre Barcelona, iluminada.

Los mil guiños de sus luces

le dan vida a las tinieblas

que comienzan a adueñarse

de Montjuich.


Barcelona.


HITA.


La mirada

se me pierde en la desierta

lejanía de los campos.

Cabalgando en un otero

del camino se halla Hita,

silenciosa, adormecida

por el peso de los años.


Sólo un arco

de una puerta en la muralla,

la que da paso a una plaza

que detenta el nombre ilustre,

principal, del Arcipreste,

y una pina callejuela,

que serpea hacia la iglesia,

son los únicos vestigios

de una villa

que alcanzó sus esplendores

en la España medieval.


Hotel Can-Vic. Guadalajara.


LOS PUEBLOS NEGROS.


Los pueblos pizarrosos

de los valles

del noroeste de Guadalajara,

se abrazan, numerosos,

al pie del Ocejón,

mostrando en su esplendor

más primitivo

la negra arquitectura

de su trazado urbano:

Campillo de las Ranas, Majaelrayo,

Valverde, Palancares, Umbralejo...

Tejados, cobertizos, cercas

pavimentos, construidos



con lajas de pizarra, contrastando

con el amarillento de los campos

y el desvaído azul de los celajes.


Silentes pueblos que me recordaron

los pueblos leoneses y bercianos.


Hostal El Laberinto. Sigüenza.


EL BARRANCO DE LA HOZ.


El otoño se ha instalado ya

en las márgenes del río.

Las olmedas y los chopos ribereños

se han vestido de amarillo.

Los roquedos caprichosos

del barranco

proporcionan densas

sombras al entorno.

Acunado en los silencios

virginales

pasa el Gallo,

con sus aguas

transparentes y tranquilas

y su eterna cantinela

de misterios insondables...


Es temprano todavía

y está fresca la mañana.

Frente a mí se eleva, umbroso,

solitario, protegido

de una roca puntiaguda, el Santuario.

de la Virgen de la Hoz.


Hostal García. /Molina de Aragón).



CASTILLOS DE TOLEDO.


Animadores

del ondulado, yerto paisaje

que, rodeando las pardas tierras,

cercan Toledo,

se alzan, airosos,

los elegantes, viejos castillos

de la Edad Media.




Lo testimonian

las nobles piedras

de San Servando y de Guadamur,,

de Orgaz, Barcience y Maqueda

mudos testigos,

hitos que guardan

en la dorada luz de sus muros

de traza antigua o remozada

todo el fragor de la Reconquista

Hostal Martín. Toledo






TROVAS PARA UN

OCASO PRESENTIDO

2008 - 2010














Hoy, en las vísperas de una nueva Navidad, cuando los últimos días del otoño transcurren lentamente y vamos a consumir la primera década del siglo veintiuno, decido dar por terminado el presente poemario, que comencé en el verano de 2008. No es una obra con un tema definido sino que encierra diversos poemas encuadrados en diferentes géneros literarios, desde los que yo llamo poemas viajeros hasta la poesía lírica e intimista pasando por otros trabajos de forma menos exigente y tema más variado.


Esto expresé en el último de los libros que he escrito hasta hoy (Junio de 2013) y que figura entre los treinta títulos anteriores en uno de los estantes de mi modesta biblioteca, todos ellos encuadernados y caligrafiados en su versión original manuscrita. He seleccionado algunas composiciones que se adaptan al presente título: “Viaje lírico por España”.







Décimas viajeras


Composiciones escritas en la segunda quincena de Julio de 2008, durante una estancia veraniega en una casa rural alquilada, a tal efecto, en las cercanías de Villagarcía de Arosa (Pontevedra)


SANTIAGO DE COMPOSTELA ISLAS CÍES


Un Santiago inusual, La estela blanca que deja

lleno de sol, importante. la popa sobre la mar

Riada humana, incesante. destella en la luz solar.

Sonrisa monumental. Enfrente, Vigo, refleja

Basílica Catedral. su porte urbano y se aleja.

Soportales. Iglesuelas. A la otra parte, cerrando

Viejas rúas y plazuelas la ría van anunciando

de antigua belleza, umbrías. su suave y azul silueta

Obradoiro. Platerías. las Cíes. Un viento leve

Santiago de Compostela. me alivia de cuando en cuando.


PONTEVEDRA RÍAS DE AROSA Y PONTEVEDRA


Sol denso, sol que ilumina Reverberos plateados

de resplandores la piedra de la mañana en la ría.

de la antigua Pontevedra Resoles del mediodía.

que mira al Lérez, marina. La Toja, El Grove, Cambados…

Michelena, Peregrina. Verdes suelos, salpicados

Misterios y sutilezas de cien blancos caseríos

de sus umbrosas callejas Sangenjo, vistiendo estíos.

que van llenándome el alma Puertecillo, barquichuelos…

de dulcedumbre, de calma, Villa linda de altos vuelos.

de cien emociones viejas. Playas, islotes, navíos…


VILLAGARCÍA DE AROSA EL MONTE DE SANTA TECLA


Puerto de Villagarcía. Desde el alto mirador

La hora del desayuno. del monte observo el romántico

Calmo mar. Celaje ayuno beso que dona al Atlántico,

de nubes, que un ancho día profundo y murmurador,

ha puesto sobre la ría. el Miño sugeridor.

Multísono tintineo Abajo, en el litoral,

de los yates de recreo. se ve La Guardia, puntal,

Murmullo de olas remotas. risueña, llena de sol.

Bandadas de gaviotas De un lado el suelo español,

de reposado aleteo, del otro está Portugal.



CATEDRAL DE ZAMORA


Misteriosa, evocadora,

llena de un sol vertical,

duerme su sueño estival

la Catedral de Zamora.

Torre altiva que se dora

con la luz atardecida.

Galanura incontenida

del cimborrio, cantinela,

del castillo que la vela,

del Duero que le da vida











PLAZA MAYOR

DE SALAMANCA

BAYONA

Plaza Mayor. Salamanca.

Abierto al mar legendario Movimiento, algarabía .

surge, de pronto, Bayona Esplendor del mediodía..

Verde loma que jalona La luz del sol torna blanca

su castillo centenario. su piedra gris y le arranca

Puerto polícromo y vario. destellos a los blasones

Ponen sus cálidas notas y a los viejos medallones

un graznido de gaviotas de sus arcos señoriales.

que repite el roquedal Color en los soportales.

y la canción ancestral Umbrías en los rincones.

de sus marolas, ignota

COMPOSICIONES VIAJERAS


Los siguientes poemas fueron escritos en la primera quincena de Julio de 2009, durante una estancia de vacaciones en un cortijo jiennense, en la Sierra de Cazorla.



NOCTURNO


En un cielo escarchado

de estrellas, tiende

su luz plateada el claro

cuarto creciente.


Rompe el silencio denso

nocturno el canto

monótono, estridente

de algún batracio.


Sonidos de la sierra,

silbos del viento,

que van llenando el alma

de hondo misterio


Inmediaciones de Pozo Alcón.



EN CAZORLA


Quema la carretera. Hace calor

Calimas de la tierra.

Fulgor de olivos romos de la sierra.

De pronto, deslumbrante de blancor,

sesgada, como una orla

de la ácroma ladera, está Cazorla.

Es la hora del sol fuerte

y el cuerpo, que apetece ya descanso

lo encuentra en el remanso

de sombras de la plaza

del pueblo. Allá se advierte

la legendaria traza de su castillo,

ambicionando altura,

acá, las ruinas de Santa María,

y, más allá, la dura

y agreste estampa de la serranía.





EL ÁGUILA


Ojo avizor, testa altiva

planeo seguro y lento,

traza giros en el viento

de la tarde fugitiva

el águila, ágil, activa.

Viene y se aleja en su vuelo

tornadizo por el cielo

mortecino de la tarde,

en un orgulloso alarde

de poderío y de celo.


CARRETERA


Campos de Huéscar, rodales

de mies agostada, hileras

de olivos en las laderas,

sol intenso, curvas mil,

desabridos roquedales,

embalse de La Bolera,

ludir de la carretera:

Serranía de Castril.


BAEZA


Piedras de noble pasado,

plazas, callejas umbrosas,

que aún conservan, amorosas,

el recuerdo de Machado.

Leyenda, historia, belleza

de un ensueño medieval.

Jabalquinto, Catedral,

Puerta de Úbeda: Baeza.

Úbeda


PLENILUNIO


Una luna grandiosa,

tempranera, amarilla,



aureolada de nácar

y arrebol, se tamiza

por la fronda de olivos

que se ven monte arriba.

Puede que aún vele Pan,

en su eterna vigilia

de amador despechado,

la carrera infinita

de Selene, buscando

la caverna escondida

de Endimión, para darle

su almo beso de brisas.


GUADIX


La mañana calurosa

lastra el músculo, anonada.

Tierras altas de Granada.

Cielo azul. Páramo gris.

Paraje inhospitalario.

De pronto -torres airosas,

viejas glorias pretenciosas,

Catedral- surge Guadix.


JABALCÓN

Depredador de la altura,

sacio de sol, Jabalcón,

alta atalaya, balcón

a la ancha penillanura

que se abre al pie, con pavura,

blanco, rabioso, perdido

en la distancia sin fin,

A un lado, empequeñecido,

está Zújar; Negratín,

abajo, claro y dormido.


BELLEZA NEGRA


Que la estoy mirando

sin que ella lo sepa,

con arrobamiento

y alta complacencia,

aunque algunas veces,

al desgaire, deja

que me miren, breves,

sus ojos violetas.






Sentada delante

de mi mesa, cerca,

muestra, generosa,

su figura esbelta,

su desnuda piel

de ébano, sus piernas

y sus muslos fuertes,

salvando la estrecha

minifalda blanca

que los contornea,

sus rotundos senos,

túrgidas esferas

en un ancho escote,

palpitando inquietas.


Su sonrisa franca

y ampulosa enseña

su alba dentadura,

sana, marfileña,

que contrasta, viva,

con la dermis negra

de su hermoso cuerpo,

de su impar silueta.


Que la estoy mirando

sin que ella lo sepa,

con deseo ardiente,

con lascivia inmensa.








POEMAS DE INVIERNO


Poemas escritos en Albacete, durante el duro y nevado invierno de 2009-2010. He seleccionado sólo uno.




EL VIEJO RIÓPAR cementerio que se acuna

junto a un lienzo amurallado,

Desde la agreste atalaya frente a la recia figura

que presta al cerro la altura de un olmo seco y añoso

se atisba, abajo, Riópar, que orna la plaza desnuda.

sonrisa abierta en la augusta

soledumbre de la sierra, Alrededor alardea

en busca de la llanura. la moderna arquitectura

de una barriada de casas

Detrás de mí, reposandorurales de nueva hechura.

su tránsito de centurias, La tarde se va durmiendo

se vislumbra lo que queda sobre la línea confusa

del viejo pueblo: una oscura, de un horizonte quebrado,

de una sierra fría, abrupta

desmantelada muralla, 12 Marzo 2010

una iglesia, ya caduca

y abandonada, un antiguo




.





UNOS SONETOS A LA MANCHA


A UNA PLAZA DE UN PUEBLO MANCHEGO


Abriéndose al ardiente sol y al viento

que barre eternamente la llanura,

yergue la plaza la alta arquitectura

de su arcaico y más noble valimiento.


Arcada castellana, Ayuntamiento,

coqueta fuente de moderna hechura,

reloj de antigua línea, galanura

de la barroca iglesia, movimiento,


alguna rosaleda, una escultura

de fácil traza, un tosco monumento,

un busto de un prohombre, la estructura


de un quiosco abandonado y herrugento…

Y siempre la luz nueva, clara y pura

de un sol caliginoso y soñoliento.


MI LLANURA


Tocada de una mística ternura,

de una sutil apacibilidad,

va durmiéndoseme la voluntad

en esta grata paz de la llanura.


Tan sólo alteran su eternal blandura

la suave y dulce musicalidad

del cántico del ave y la bondad

de un aura flébil, otoñal y pura.


Yo que soy de esta tierra abierta y dura,

venero en su solemne sobriedad

la austera vacuidad de mi andadura,


la herida aleve de la soledad

que yacerá en la misma sepultura

que yazga yo, que yazga mi verdad.























































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