Excerpt for VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA II by , available in its entirety at Smashwords





































































ISBN: 978-1-291-71835-5


Registro Propiedad Intelectual

Nº AB-107-2013

Nº de asiento registral 00/2013/3617 Madrid

























































PARTE II




Nota:


Debido a la gran extensión que ocupan prosa y verso y que conforman el presente título me he visto obligado a dividir el contenido literario del mismo en tres partes, separadas pero continuadas, para dar cabida a VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA.










OBRA POÉTICA ORIGINAL DE


JERÓNIMO

GARCÍA PÉREZ


JEGARPE















LEGADO


Sólo podré dejaros lo que es mío:

Un viejo corazón lleno de sueños,

una ancha voluntad que hizo halagüeños

los ámbitos de un mundo vano y frío,


una pugnaz pasión al albedrío

de un credo veleidoso y sin empeños,

algunos versos tímidos, pequeños,

y una canción perdida en el vacío.


Mas no os podré dejar lo que no he sido,

lo que pasó por mí sin ser notado,

lo que creí tener y no he tenido,


las lágrimas que no habéis derramado

cuando lloré por todos, el latido

de un puro amor que nunca me habéis dado


(Del libro BRUMAS DE IRREDENCIÓN, 1997)

















Introducción


Durante el trienio 1967 - 1970 fui escribiendo una serie de remembranzas y vivencias que formaron parte de mi vida hasta ese momento. Son recuerdos y sucedidos que influyeron de tal modo en mi pensamiento que, cuando crecieron en número, decidí llamarlos crónicas viajeras y versos viajeros. Pensé, entonces, confeccionar un libro con todos ellos. El libro en cuestión lo titulé VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA, posee 80 capítulos no muy extensos sino algunos excepcionalmente, escritos en prosa. Y así lo hice, caligrafiándolos cuidadosamente a tal efecto. A pesar de ello, el manuscrito original que los contiene posee más de 500 páginas.


Quiero aclarar que VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA es, por lo tanto, un libro-manuscrito que conservo, encuadernado e ilustrado con fotografías de la época de la narración, junto con otros treinta títulos más que he ido componiendo hasta hoy, en un lugar de la modesta biblioteca que poseo, todos ellos inéditos, salvo en tres ocasiones que he editado, en tiradas cortas, algunos de los poemas y trabajos entresacados de los mismos.


Hoy, vuelvo a retomar este título, VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA, para designar el del presente libro, en el que, no sólo he incluido una pequeña muestra de algunos de los capítulos que componen el manuscrito original sino también de los numerosos poemas y crónicas viajeros seleccionados de otros volúmenes que he ido escribiendo posteriormente hasta hoy. De ellos hago una breve presentación de sus características principales, así como una copia escaneada de la portada de cada uno de los trece manuscritos originales utilizados en este trabajo de selección.


Solamente en mi primera juventud - 20, 21 años - presenté algunos de mis trabajos a concursos literarios. Después dejé de hacerlo. Pero seguí escribiendo no obstante, por mi amor a la poesía, alternando mis horas







de trabajo, como profesor, con mis horas de ocio, como incipiente poeta, a sabiendas de que mi obra alberga ya la nada desdeñable cantidad de 36049 versos escritos, repartidos entre 1450 poemas, amén de otras obras en prosa, por lo que pienso que hoy, a mis 78 años de edad, es hora de dar a conocer una selección de mi obra literaria, desconocida e inédita, injustamente olvidada por mí hasta hoy.


Albacete, Junio 2013. Jerónimo García Pérez (JEGARPE









































ROMANCERO MANCHEGO

1978 - 1979



Romancero manchego” es un libro que consta de cuarenta romances en los cuales me propuse reflejar los aspectos más característicos, desde mi punto de vista personal, de esta extensa región española que es La Mancha, cuando todavía no había sido aprobado por las Cortes Generales Españolas el Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha, que se le concedería unos pocos años después, en Octubre de 1982.


He seleccionado algunos romances de las partes primera y segunda correspondientes respectivamente al paisaje y a los pueblos de La Mancha.




PUEBLOS BLANCOS.


Pueblos blancos de La Mancha,

engalanados del sol

diáfano de los llanos,

del sol limpio y cegador

de los llanos. Pueblos blancos,

ornados del resplandor

de la meseta, vestidos

de seca y nítida luz.


Besana de recto surco.

Campo abierto. Cielo azul.

Infinita lontananza.

De vez en vez un alcor.

Rubia mies en el estío.

Breve fulgor de la flor

en abril. Hielo en noviembre.

Nieve en enero. Esplendor

de la vid en el otoño.

Soledad siempre. Canción.


Pueblos blancos de La Mancha,

llenos de luz y de sol:

Torre de clara espadaña,

mansión de noble blasón,

calle larga y empedrada,

desabrido corralón,

reja herrumbrosa, plazuela

perdida, viejo farol

que no alumbra, recoleto

jardín, mohoso portón,

soportal, Ayuntamiento,

paseo, calle Mayor,

encalado cementerio,

mercado, cine...


Así son

los pueblos blancos, los pueblos

de La Mancha: luz y sol.


PLAZAS.


Plazas, plazas luminosas

de los pueblos de La Mancha,

tranquilas, evocadoras,

llenas de sol, amplias, blancas.



Plazas de recias mansiones,

de típicas balaustradas

de madera y soportales

de arquerías castellanas.

Alguna fuente escondida,

con cuatro caños, sin agua,

donde juegan los chiquillos.

Un reloj que ya no marca

las horas, mostrando altivo

su esfera deteriorada

sobre el sobrio frontispicio

del Ayuntamiento.


Plazas

tranquilas, evocadoras,

de los pueblos de La Mancha.

Iglesia de torre antigua

y de grácil espadaña,

donde aún repican los sones

agudos de las campanas,

doblando a muerto, en las tardes

silenciosas, grises, largas,

o anunciando el mediodía

tañendo al ángelus.


Plazas

amplias, blancas, luminosas,

de los pueblos de La Mancha,

llenas de verdes jardines,

de quijotes y de panzas

y de ruidos que no cesan

y de pájaros que cantan,

o llenas de soledad,

vacías, tristes, calladas,

lechos del sol del estío,

del hielo y de las escarchas

del invierno duro y recio

del llano.


¡Plazas! ¡Ay, plazas

solitarias, luminosas

de los pueblos de La Mancha!

¡Cómo anegáis de recuerdos

de sueños y de nostalgias

mi corazón de viajero,

de peregrino, que pasa,

dejándose en el camino

jirones de luz del alma!


CASTILLOS.


Los castillos de La Mancha

son castillos de Castilla,

surgidos en el dorado

fragor de la Reconquista,

castillos de la llanura

que buscan peñas y riscas,

alcores y montezuelos,

para hacer su sillería,

castillos que fueron hitos

de una linde fronteriza,

que crecieron solitarios

en una tierra vacía,

tierra de luchas frecuentes,

tierra de recias porfías,

castillos que fueron sede,

mansión, cuartel y guarida

de los nobles caballeros

de las órdenes bravías.


Así lo van pregonando

los castillos de Malpica,

Maqueda, Orgaz, Escalona,

lamiendo la orilla misma

del Alberche, San Servando,

que fue primero basílica,

y Guadamur y Consuegra,

que ornan la topografía

toledana; los conquenses

de Alarcón, ciudad antigua,

Belmonte, Garcimuñoz,

fortalezas preferidas

del Infante Juan Manuel

y el de Uclés, sede escogida

por la Orden de Santiago;

los castillos que salpican

Ciudad Real: Calatrava

la Nueva, gloriosa ruina,

Salvatierra, Almuradiel,

y, en la llanura infinita,

Bolaños y Carrión.

Y en Albacete, Chinchilla

y Almansa, como un bastión

en las tierras levantinas.


Castillos de la llanura

señores de las calizas,

soberanos de los vientos,

ciegos de luz y de arcilla.


Los castillos de La Mancha

son castillos de Castilla.



MOLINOS DE VIENTO


Especímenes caducos,

restos de un tiempo perdido,

sonrisa de cal y viento,

magnífico y blanco guiño

de la llanura al viajero

que atraviesa sus caminos.



Así son, así se yerguen,

orgullosos aún y altivos,

los molinos centenarios

legendarios, polvorientos,

silenciosos y pacíficos.

Aspas grandes, como brazos

de gigantes cervantinos,

pero inmóviles, desnudas,

donde sólo se oye el silbo

de los cierzos gemebundos

que suena en los intersticios

de la madera y la lona,

como un cálido suspiro.

Paredes de piedra vieja,

cúpulas de acero antiguo,

maquinarias oxidadas,

engranajes, entresijos,

tolvas mohosas y muelas

desgastadas por los siglos

que conservan todavía

la pujanza de su hechizo.


Molinos del campo abierto:

Sed patrimonio, sed hitos

de la llanura. Sed siempre

la luz, el ala, el espíritu,

la voz inconmensurable

y el acento santo y lírico

de esta tierra luminosa,

de este horizonte infinito.


OTOÑO.


¡Qué triste se queda el llano,

tan infinito y tan grande

¡Qué inmensa y pálida muerte

la muerte de cada tarde!

¡Qué soledad amarilla

la soledad de los árboles!

¡Y qué nostalgia más ancha

la que se mece en el aire

puro y limpio de La Mancha!


Es el otoño, que nace,

que brota, desangelado,

de los yertos secarrales,

de las áridas estepas,

de los verdes encinares.

Es el otoño que cubre

de dulcedumbre el paisaje,

que va tiñendo las altas

lejanías de oro y sangre

con la llama mortecina

de un sol abúlico y suave,

que va cegando el sentido

de somnolientos celajes.


¡Qué triste se queda el llano!

¡Qué inmensa y larga la tarde!

¡Qué soledad la del árbol!

¡Qué soledad la del aire!

¡Qué soledad la del alma

que sueña sueños tan grandes,

tan inasibles, tan bellos,

tan etéreos, que no caben

en el poema de otoño

que está temblando en mi carne!


ALBACETE.


Echada sobre los llanos,

silenciosamente, tiende

su fisonomía nueva

y acogedora Albacete.


La arrullan otoños grises,

inviernos blancos la mecen

y veranos amarillos,

caliginosos de mieses

y fulgurantes, floridas,

cortas primaveras verdes.

Pincelada amena y varia

que posa soberbiamente

su sonrisa vertical

sobre un horizonte inerte,

desprovisto de perfiles,

pero grandioso y solemne.


Arriba la abraza el cielo,

abajo, el llano y, enfrente,

Chinchilla le da su beso

de reciedumbre, perenne.

Más lejos, en la distancia

-trazo azul apenas leve-

se presagian los dominios

de la sierra sugerente.


Ciudad ancha, sin fronteras,

abierta a los vientos siempre,

sin murallas que la guarden,

sin castillos que la velen.

Ciudad donde se aposentan

el sol de julio, la nieve

de enero y todos los cierzos

que le vienen de poniente,

ciudad que armoniza el viejo

caserón del diecinueve,

manchego, típico y amplio,

lleno de luz y enjalbiegue,

con el moderno edificio

del cansado siglo veinte.

Ciudad, en fin, sin pasado,

que tiene en su historia breve

sencilla y ruda, la cuna,

la voz de un mejor presente.



TOLEDO.


Coronado de cien torres

y rodeado del Tajo,

allá donde empieza el ocre

del monte y acaba el llano,

se amontonan las callejas

del Toledo milenario,

del Toledo sempiterno,

celtibérico y romano

y visigodo y judío

y musulmán y cristiano.

La historia duerme en sus piedras

y en sus muros desgastados

un bello sueño de siglos,

pacífico y sosegado.

En sus callejas antiguas,

en sus rincones callados,

habitan los personajes

oscuros y recatados

de sus hermosas leyendas

y moran aún, enigmáticos,

los belicosos espíritus

de sus guerreros gallardos.

Iglesias y sinagogas

y mansiones y palacios

trenzan su noble poema

de góticos y románicos,

de mudéjares airosos,

de platerescos alados.

Valor rezuman los muros

del Alcázar, arte sacro

los sillares silenciosos

de su Catedral y vagos

y misteriosos efluvios

se desprenden de los rancios

medallones de sus puertas,

de sus escudos heráldicos...


Toledo, inmortal Toledo,

cantado por Garcilaso,

retratado por El Greco,

riqueza, herencia y legado

de nuestros mejores tiempos,

de nuestros orgullos patrios:

Sé siempre un hito, un bastión

de La Mancha, adelantado

roquero y fuerte del sobrio

territorio castellano

y sé siempre esa sonrisa

que no se contiene el llano,

con tus cien torres, tu Alcázar,

tu Catedral y tu Tajo.


CUENCA.


Glosa de suaves colinas.

Hoz del Júcar. Hoz del Huécar.

Catedral. Casas colgadas.

Milagro. Naturaleza.

Jalón que ansía llanuras

y altas serranías: Cuenca.

Ciudad, si variada, sobria,

si castellana, manchega,

si sosegada y tranquila,

vivaz, a la vez, e inquieta.

Ciudad de recia raigambre,

de gentes nobles y atentas

forjadas en la grandiosa

soledumbre de la tierra,

sencillas, como los llanos,

y altivas, como las sierras.


La curva del río forma,

con el ocre de las viejas


campiñas pardas y rojas,

dolorosamente yermas,

y con el azul del cielo

nítido, que la rodean,

una estampa reposada,

bucólica y placentera

de un pueblo que se ha dormido

solemnemente y que sueña,

sobre un silencio de siglos,

sobre una paz sempiterna,

sueños nuevos y actuales,

con alas de viento, etéreas,

alas mansas, apacibles,

renacidas de otras épocas.


Así es Cuenca: Catedral.

Milagro. Naturaleza.

Glosa de suaves colinas.

Hoz del Júcar. Hoz del Huécar.

Casas colgadas. Jalón

de la llanura y la sierra.

Ciudad sobria y variopinta

y castellana y manchega.


ALMAGRO.


Almagro: Viejo poema

de la llanura, ancho sueño

de piedra y cal, testimonio

silencioso de otro tiempo,

joyel de la historia, huella,

pretérito, monumento...

Todo habla de tu grandeza

pasada: Desde el Convento,

de augusta y severa traza,

renacentista y señero,

solar de los calatravos,

hasta los palacios regios;

desde la Universidad,

de elegante y noble aspecto,

hasta las torres gastadas,

llenas de yedra y de hielo

de San Agustín, proclaman

tu nombre a todos los vientos

de la meseta, tu nombre

rutilante, claro y recio.


Tiene tu plaza Mayor

el sabor clásico y serio

de Castilla y la traslúcida

sencillez del sol manchego:

soportales, cristaleras,

maderas, hierro, cemento,

columnas blancas de luz,

solanas, Ayuntamiento,

corral de Comedias. Todo,

todo en ti es puro recuerdo,

todo habla de tu grandeza

pasada, Almagro, ancho sueño

de la llanura, poema

de piedra y cal, monumento.


CHINCHILLA.


Como un espolón airoso

que penetra llano arriba,

como una proa que avanza

sobre un estío de espigas,

sobre un invierno de nieves,

sobre un otoño de arcillas,

se yergue, antigua, al socaire

de antiguos vientos, Chinchilla.


Reposa el tiempo en las piedras,

en las iglesias dormidas,

en la herrumbre de las rejas

y en las calles retorcidas.

Descansan en el silencio

las fontanas escondidas,

los rincones recoletos

y las plazuelas tranquilas.

Duermen pacífico sueño

de alturas diez torres místicas

y cien cuevas que la cercan

como bocas de la cima.

Abajo está la llanura

sin límites, infinita,

azulada y gris y verde,

prosternándose sumisa,


callada y sobria a sus pies,

inventando lejanías.

Chinchilla está en la llanura.

Chinchilla es Mancha y Castilla.


MANZANARES.


¡Qué inmensos llanos los llanos

por tierras de Manzanares!

Qué vasta canción de viñas!

¡Qué poema de trigales!


Huellan su fisonomía

de mieses y secarrales

las carreteras que van

cruzando de parte a parte,

de Andalucía a Castilla,

de Extremadura a Levante.


Y extendiéndose en la anchura

de lindes inabarcables,

se encuentra el pueblo, sencillo,

tranquilo, callado y grande,

con todo el sol de La Mancha

reverberando en sus calles,

reflejándose en los claros

arcos de los soportales

de la plaza porticada

o de la iglesia elegante.


La soledad de los campos,

la desnudez del paisaje,

se revisten, en octubre,

de la luz dorada y suave

de las uvas maduradas

en el sueño de la tarde

melancólica y perdida

y parecen embriagarse

de postreros resplandores,

de fragancias otoñales,

el sol de las lejanías,

la redondez de los aires,

que hacen que sean más llanos

los llanos de Manzanares.





BELMONTE.


A la sombra del castillo,

por la ladera del monte,

callejas de arcilla y piedra,

sube que sube Belmonte.


Plazuelas de rancia estampa,

rincones evocadores,

iglesias desmoronadas

y recovecos sin nombre

que proclaman a los vientos

su rango de recio porte.


Ornando los frontispicios

de las antiguas mansiones,

de las puertas herrumbrosas,

de los mohosos balcones,

cabalgan escudos de armas,

medallones y blasones,

que le confieren un sello

de ciudad antigua y noble.


Desde la azul atalaya

del castillo, sobrecoge

la infinita y desolada

llanura. En sus torreones

parece vagar el alma,

todavía disconforme

de Juana la Beltraneja.


Y hay en los alrededores

un recuerdo vago y tenue,

dolorosamente informe

del poeta que pasó

Fray Luis, una voz y un hombre.
















ALCÁZAR.


En medio de la llanura

blanca de soles, Alcázar.

De un lado la mira Herencia,

del otro Campo Criptana

y enfrente se alza el Toboso.

Lo demás, cielo y besana,

mar de mieses amarillas

en el verano, peladas

campiñas en el invierno,

verde abril, sonrisa larga

de vides en el otoño,

de encinas en la distancia


Trenzan ameno conjunto

la casa antigua, encalada,

y el edificio moderno,

las calles rectas y largas,

llenas de albura y de luz,

dejándonos sus canciones

de amor y recogimiento:































y las plazas soleadas,

las recoletas callejas

y las avenidas amplias,

los remozados jardines

y la estación vieja y rancia.


Todo, todo se armoniza,

todo se aúna en Alcázar


Alcázar, blanca de soles,

Alcázar, la bien cercada,

la de la vid y las mieses,

la de la parda besana,

la bendición de los llanos,

el corazón de La Mancha























ESTAMPAS

1981 - 1982








Estampas” es un libro de poemas que escribí durante los años 1981 y 1982. La mayor parte de ellos son producto de los numerosos viajes que realicé por entonces, sobre todo durante el verano de 1982, en los que me recorrí la península de norte a sur. Son composiciones breves, versos viajeros, como yo los llamo, nacidos al socaire de mis sentimientos por esas pequeñas cosas, sin importancia, que nos asaltan en cada momento.






LA FRANCESA


La chica de ojos castaños,

menuda, vivaz. inquieta,

simpática y pizpireta

tiene sólo veinte años.


La chica a todos agrada.

Reparte besos, cariños,

saludos, risas y guiños

Para mí no tiene nada.


Residencia de Estudiantes.

SANTANDER


LA BIEN APARECIDA


Visitador sin horario

del día, impensado huésped,

la lluvia cae sobre el césped

tupido del santuario.


Cadencias de órgano escapan

por entre la puerta abierta,

notas que ponen su alerta

de amor, que el sentido atrapan.



Paso a la iglesia. Está oscura.

Flores en una hornacina,

donde la Virgen Divina

se apareció, bella y pura.


Suena el órgano, acreciendo

por las umbrátiles naves

sus sones dulces y graves.

Afuera sigue lloviendo.


SANTANDER


CABO MAYOR.


Es temprano. El mar se rompe

furioso contra las rocas.

Un orballo nebuloso

se arremolina en undosas

ráfagas densas y frías.

El faro, blanco, se aboca

sobre un desnudo escarpado

festoneado de olas.

A lo lejos, la ciudad,

silenciosa, gris, brumosa.

Una gaviota en el viento

y el alma en la tierra, sola.

SANTANDER


LAGO ENOL


Atardecer de la altura

Verde apacibilidad

de la sima. Soledad.

Jirones de niebla oscura

resbalan en la tersura

del lago. Algunos rumiantes

melancólicos y errantes

pacen, poniendo una nota

de vida en la luz remota

de las cumbres circundantes.

COVADONGA


SANTO TORIBIO DE LIÉBANA.


Amigo de las cumbres

y los silencios,

clava sus albos muros

el monasterio.



Lo cercan altos valles,

laderas verdes

y picos coronados

de eternas nieves.


Lo arrullan vientos fríos

y sonorosos,

murmullos soñolientos

de cien arroyos.


¡Qué paz la paz que irradia

del monasterio,

que llena el alma toda

de hondo sosiego!


POTES


SANTILLANA


Grises ambiguos

en la mañana

de Santillana.

Muros antiguos

de Santa Illana.


Claustros sedientos

y capiteles

a los que vientos

del mar, cruentos,

mellaron crueles.


Tumbas de piedra,

muros mohosos,

patios musgosos

llenos de yedra,

frescos y umbrosos.




Recios pilares

de geometrías

irregulares

y seculares

asimetrías.

SANTANDER


LA BAHÍA


Regresan los pescadores

en la tarde de oro y plomo.

Nimbada de bruma, Somo;

Pedreña, de resplandores.

En el mar de la bahía

se hace oro la luz del día.


SANTANDER


EL ORBALLO.


Un orballo silencioso,

pertinaz, menudo y manso,

va envolviendo la ciudad

de un halo triste y nostálgico.

Grisean los edificios.

Brilla de lluvia el asfalto.

Caminan a la faena

las gentes. Marchan despacio.

Chapotean en el agua,

monocordes, los neumáticos.

Como un fantasma, vestido

de niebla, se ve el Naranco.

Respiro hondamente. El día

se presenta oscuro y largo.


OVIEDO


CANGAS DE NARCEA


Un sol inusual

invade las callejas

difíciles y pinas.

Las dos torres gemelas

del templo proporcionan

umbrías a la vieja

plaza Mayor del pueblo

que bulle activa y prieta

de gentes. Un reloj

marca las doce y media.



Es día de mercado.

Abajo reverbera

la luz sobre las aguas

oscuras del Narcea.

Más lejos, las montañas

Cantábricas verdean.


CANGAS DE NARCEA


CUDILLERO


Joyel de luz, marinero

privilegio de la costa,

descolgado en una angosta

ladera, está Cudillero:

sesgado, claro y pesquero.

Los rayos de un sol incierto,

reos en un encubierto

celaje, encienden en anchas

policromías las lanchas

amaradas en el puerto.


LUARCA


CANTÁBRICO.


Brama y restalla

su poderío

el mar bravío

contra la playa

y allí se acalla,

dejando en olas

y en caracolas

su voz de siglos,

los mil vestiglos

de sus marolas.


GIJÓN


TORMENTA.


Plaza Mayor. Soportales.

Toldos al viento en la tarde

de sol denso. El suelo arde.

Relámpagos fulgurales

en los aires vesperales.

Un nubarrón que amenaza

y un trueno de negra traza.

Gotas densas y calientes


sobre el asfalto. Las gentes

dejan desierta la plaza.


VALLADOLID


DE REGRESO


Dormido en la cinérica

luz de Castilla fantástica,

se eleva Ávila, monástica,

centenaria y esotérica.


Presos de calma bucólica

se inflaman en paz deífica

los sentidos, en mirífica

lumbre el alma melancólica.


EL ESCORIAL


Sobre la gama

verde, eternal,

del Guadarrama,

se halla la flama

de El Escorial.


Torres airosas,

piedras de honor,

hablan, gloriosas,

de horas hermosas

de áureo esplendor.

Patios augustos,

casa real,

claustros vetustos,

aires adustos

de El Escorial.


TOLEDO


MARINA


Una bruma muestra al frío

pertinaz bajamar

desdibuja el su desnuda

litoral. soledad.


Las barquitas Cielo y bruma

-tris, tris, tras- bruma y mar

bambolean se confunden

en el mar más allá.

sus panzuelas

de argentán. Hay un torpe

revolar

El musgoso de gaviotas roquedal tris tris, tras,

de la playa en la brisa

de cristal matinal.


FOZ


PLAZA DE SAN MARCELO.


Silencio en la clara plaza.

Son las cuatro de la tarde.

Un flamívomo sol arde

lujuriante en el rosal.

Toldos al viento. Murmullos

del surtidor. Acromía.

Somnolencia. Crestería

de la vieja Catedral.

LEÓN


CAFETERÍA.


Es la hora reconfortante

de un café de atardecer.

El cuerpo afana el placer

de este magnífico instante

después de un día agobiante.

Detrás de la luna ahumada

se ve la plaza, abrumada

de ruidos, el frente blanco,

la estatua ecuestre de Franco,

plenos de luz declinada.


EL FERROL


ATLÁNTICO.

De un lado la ciudad

del otro, cenicientas,

las aguas turbulentas

sin fin y sin edad

del mar de las Tormentas.


Sepultas en su entraña

se agitan mil contiendas

que afloran con su saña.

Con él se acaba España

y empiezan las leyendas.


LA CORUÑA















REMEMBRANZAS


Tiene tintes de nostalgia

la tarde pontevedresa.


Voy solo, callejeando:

Herrerías, Michelena

y, al fondo, la Peregrina

con sus dos torres gemelas

De súbito, al corazón

le ha nacido una ancha pena

Remembranzas que dormitan

en el alma aventurera,

recuerdos que, sin quererlo,,

dejan posos de tristeza,

que hacen liviano el camino,

que duelen cuando regresan.


Tiene tintes de nostalgia

la tarde pontevedresa.


PONTEVEDRA


FINISTERRE.


La niebla profusa

y espesa persiste.

La costa no existe.

La luz es confusa.


La ronca sirena

del faro vigía,

magnánima, envía

su sos y resuena.


Su grave bramido

se agranda y revoca,

del faro a la roca,

como un alarido.


LA CORUÑA



SANTIAGO.


La ciudad brilla a porfía

con un sol inusual:

Plaza de la Catedral,

Obradoiro, Platería,

San Jerónimo, Hostería,

cruceros pétreos, callejas

difíciles, piedras viejas,

faroles evocadores,

soportales, surtidores,

rúas umbrías y añejas...


SANTIAGO


PESCADORES


En un mar incierto

de nieblas arteras

regresan a puerto

las barcas pesqueras.


Viran a lo lejos

las pintadas flotas

entre los cortejos

de las gaviotas.

Bailan, plateados,

en las seras, bruscos,

los blancos pescados,

los rubios moluscos.

Y los pescadores

de rugosos ceños

parten: los mayores

y los más pequeños.


MARÍN


EL BERBÉS


Movimiento, algarabía,

soportales y solanas,

calidez de olas humanas,

templo de Santa María.


Plazoletas en penumbra,

difíciles callejones,



escalerados rincones,

rúas viejas y empinadas...

Así ha sido y así es,

arrullado por el cántico

sempiterno del Atlántico,

la barriada del Berbés.


VIGO


NIEBLA.


Desde La Guardia, a un lado,

llena de niebla,

se intuye la corona

de Santa Tecla,

y, al otro, el Miño,

donando al mar su beso

brumoso y frío.


VIGO


ADUANA.


Aduana. Portugal.

Al otro lado del Miño

se ve Túy, como un guiño,

soleado. Catedral.

El puente internacional.

Jactancia de muros viejos

en el fuerte. Áureos reflejos

del sol en la carretera.

Filas de coches. Espera.

La tarde muere a lo lejos.


VIGO


ALAMEDA

Está atardeciendo. Es jueves.

Heladería. Alameda.

Banda de música. Leves

resoles en la arboleda.


Globos al viento. Bullicio

de niños. Cafetería.

Refrigerio en el inicio

del crepúsculo del día.


ORENSE




VIENTO MESETARIO.


El viento denso y caliente

de la meseta fustiga

la solitaria garriga.

Barridas de polvo ardiente

ciegan los campos. Se siente

sobre los cuerpos la lumbre

de la recia soledumbre.


Dorada y acogedora

se ve, a lo lejos, Zamora,

nimbada de mansedumbre.


ZAMORA


MEDIODÍA.


Retratándose en el Tormes,

sosegada, pulcra, blanca,

se perfila Salamanca,

dormitando en el sopor

de su sueño de verano.

Reverbera en sol la albura

de su antigua arquitectura

centenaria. Hace calor.


SALAMANCA



REGRESO


Voy de regreso: Toledo.

Pardo alcázar. Más abajo,

rumores calmos del Tajo.

San Servando en un roquedo.

Puente de Alcántara. Vivas

auriflamas en la austera

y amarilla paramera.

Resoles. Torres altivas.

Voy de regreso, cansado

del camino. Hay en el alma

viajera una dulce calma

y un bienestar sosegado.


TOLEDO


INFINITO MAR


El cielo inextenso, sin nubes,

y el sol deshaciéndose en rojos

destellos, me ciegan los ojos

de azul infinito y de mar.


Un blanco velero a lo lejos.

Rumores de brisas. El alma

se inflama de amor y de calma.

Se va. La dejo escapar.


BENIDORM


DOMINGO.


Sumida en la luz dorada

de la mañana otoñal,

se yergue la Catedral.

Grisácea, soportalada,

Frente a ella, se ve la arcada

pétrea del Ayuntamiento.



Son de campanas al viento,

llamando a misa. Callejas

escalonadas y viejas

de la ciudad. Movimiento.


CUENCA,


CAFETERÍA.


La luz de octubre penetra

mansamente, mortecina,

por los anchos ventanales,

en la amplia cafetería.

Hay humo de cigarrillos,

voces broncas, melodías

chillonas de tocadiscos

y tertulias femeninas.

Una pareja se besa

contra un diván de la orilla.

Se oyen en el entresuelo

jacarandas y sonrisas

de la juventud ociosa,

de la juventud que vibra.

Y junto a la puerta se halla

velando su mercancía,

perezoso, el cigarrero,

con su crónica afonía

quien va ofreciendo al que pasa,

circunspecto: -“¿Lotería...?”


Todo es igual...Sin embargo

no me parece la misma

cafetería de antaño,

recoleta, grata e íntima,

la que eximía mis horas

del tedio y de la atonía

del invierno alicantino.

¿Todo es igual? ¿Es la misma

cafetería de antaño,

recoleta, grata e íntima?

ALICANTE





















PUENTE DE ARRASTUA.


Apacible, Pintorescos, Mil coladas

silencioso, desde el puente, ondeando,

caudaloso, sugerente flameando

sin edad, mirador, cara al sol,

ya con porte se descubren callejones

marinero, lanchas, río, recoletos,

besa el Duero caserío vericuetos

la ciudad. pescador. y color.


OPORTO











LA ALAMEDA.

Valencia. La esplendidez otoñal de la Alameda.

del noviembre levantino El Turia pasa y se enreda

va poniendo un mortecino en los pilares del puente

contraluz de amarillez Yo paso con él, ausente,

en la yerta desnudez Y el corazón se me queda.

VALENCIA



PATIO DE LOS LEONES.


El alma se me hace niña

por los umbrosos rincones

del Patio de los Leones,

eterno y sugeridor:

Acequias, aguas que pasan

recordando en sus arrullos

cien leyendas, cien orgullos,

murmullos del surtidor.


Peristilos, columnatas,

caprichosas lacerías,

alabastros, yeserías,

filigrana vertical

en el cielo de la tarde

granadina. ¡Qué hermosura

su hermosura leve, pura,

delicada y oriental!


GRANADA


LA PLAZUELA.


Tarde de domingo.

Hay en la plazuela

vieja, francachela,

risa juvenil.



Es la algarabía

sana y reidora

de la bullidora

grey estudiantil.


Suenan algazaras

de cafeterías

y entre las umbrías

frescas del jardín

se aman las parejas.

Alas de campanas

dulces y cercanas

llenan el confín.


MURCIA


MARBELLA EN EL RECUERDO.


Una playa recogida

de verdes y mansas olas,

mil conchas y caracolas

en la arena enrojecida.


Una plaza silenciosa,

unas angostas callejas

llenas de flores y rejas,

una iglesia blanca, airosa.

Un camino polvoriento

que sube hasta donde yergue

su clara estampa el albergue...

Y hasta aquí mi pensamiento...


Bajo la piel de cobreños

reflejos en que se agita

la ciudad cosmopolita

yacen sepultos mis sueños.


MARBELLA












RIMAS POLICOLORES

1982 - 1983



































Recién salido de un proceso depresivo que me tuvo apresado durante un largo periodo de tiempo y que me deshabilitó en gran parte para escribir, comencé a hacerlo de nuevo, llevado de una inesperada euforia que me hizo escribir versos menos intimistas y más abiertos a los demás. Dejo constancia de ello con una selección de composiciones entresacadas de RIMAS POLICOLORES.





TRÍPTICO A LA MANCHA.


a) SURCOS

Bajo la luz que dora la aspereza

de la llanura austera y amarilla

trazan su línea fácil y sencilla

los surcos dormilentos de pereza.


Símbolos sobrios de delicadeza

que peinan la reseca y parda arcilla:

tierra sin par de la mejor semilla

serán mañana, emporios de riqueza.


Inmenso mar de verdes alcaceles

en la efímera y suave primavera,

tembloroso aleteo de oropeles


en los santos rigores del verano,

vides nuevas serán, uva señera

del otoño magnífico del llano.


b) ENCINAS.


Ancladas en la hostil monotonía

de un paisaje sin alma y sin relieve

yerguen, romas, su copa endrina y breve,

las encinas en la ancha lejanía.


Son sonrisas que animan la atonía

del erial polvoriento con su leve

redondez soñolienta, insulto aleve

de los páramos llenos de acromía.


Son un signo de augusta reciedumbre

sobre el hielo y la nieve del invierno

largo y duro del llano o en la lumbre.


cegadora y ardiente de la siega.

Son el grito de libertad eterno

de la estepa desnuda y solaniega.


c) ALDEAS.


Abiertas a los vientos irascibles

de la árida llanura -unos caminos,

unas grises besanas, unos pinos-

dormitan las aldeas, apacibles.



Casonas encaladas, ostensibles

en medio de los campos blanquecinos,

contrastan con los ocres mortecinos,

sesgadas en el páramo, inasibles.


Triscar vivaz de inquietos animales,

revuelo de palomas, unos perros,

cigarras en las tardes estivales,


rumor de ábregos cierzos libertarios,

aromas de la tierra, mesetarios,

lejano azulear de yermos cerros.


3-8 AGOSTO, 82.


C A N C I O N E S

P L A Y E R A S .


Estas canciones fueron escritas durante una estancia en Benidorm. 22-30 JULIO,1982


LA NÓRDICA.


Revuelta la melena

dorada, yace,

mimada de las olas,

la luz y el aire.


Tiene lechosa carne,

pechos de nieve,

como una Galatea

del siglo veinte.


Tendida así en la arena,

desnuda y lasa,

semeja una valquiria

dispuesta al ara.

Y el sol fuerte de julio,

que se lo sabe,

la besa y la acaricia

con gula suave.


¡Ay, que la estoy mirando

sin que lo sepa!

¡Ay, que mis ojos quieren

hollarla entera!


¿QUIERES DECIRME...


¿Quién te ha dado, chiquilla

-¡son tan preciosos!-

esos trozos de cielo

que son tus ojos?


¿Quién te ha puesto esas rosas

de sangre y fuego

palpitando en el nácar

de tus dos pechos?


Dime, ¿quién ha podido

ser artesano

de esas breves palomas

que son tus manos?


¿Quién, reina, ha modelado

la maravilla

de tu desnudo cuerpo

de diosa altiva?


¿Quieres decirme, niña

bella y graciosa,

nereida de los mares,

quién te hizo toda?




¿QUÉ SOÑARÁ?


Arriba un cielo limpio,

delante, el mar...

la miro y no me mira...

¿Qué soñará?


Diademas en los bucles

rubios de mies,

ajorcas en los lindos,

menudos pies.


Un bloc en las rodillas,

abierto. Un sí

y un no en sus hojas blancas.

Vuelve a escribir.


La miro y no me mira.

¿Qué oculto amor

le roba el pensamiento

y el corazón?...


Delante, el mar, preñado

de infinitud.

Encima, la tersura

del cielo azul.





QUISIERA SER...


Quisiera ser un sátiro

lascivo y fiero

para obtener la ansiada

miel de tu cuerpo,


amarte sin fronteras,

besar tus labios

resecos por la brisa,

morboso y zafio,


posar sin represiones

la mano, aleve,

sobre tus incitantes

pechos turgentes,


sentir las convulsiones

de tus orgasmos,

gozarme en tus latidos,

beber tus hálitos...


Saberte mía, toda,

sin trabas, mía,

mía todas las horas,

todos los días...


LA NUDISTA.


Sólo te vi un instante,

mujer, o ninfa, o diosa.

Ya no podré olvidarte.


Te vi, sube que sube,

desnuda, caminante,

por las agrestes cumbres


que llevan a Trevélez.

Tus carnes contrastaban

con las laderas verdes.


Te vi sólo un momento:

cabellos destellantes,

blancos y erectos pechos.


Te vi. Me hirvió la sangre.

Te me metiste dentro.

Ya no podré olvidarte.

Granada


LA RONDALLA.


El son de una tonada

gentil me ha desvelado.

Las dos de la mañana.


Hasta mi lecho llegan

cien risas rebotadas

en la íntima calleja.


Postigos entreabiertos.

Batir de celosías.

Palabras. Cuchicheos...


Detrás de las ventanas

- hervor de camisones -

están las colegialas.


Y bajo los balcones

- hervor de terciopelos -

están los rondadores.


Torremolinos


TRES BILBAINAS.


La tarde, declinada.

Desde las cumbres bajo,

camino de Granada.


Sobre un verde ribazo

recortan su silueta.

Son tres. Me dan el alto.


Sierra Nevada al fondo,

contra un cielo sangriento

y hermoso. Las recojo.


Son tres. Son bilbaínas.

El coche se me llena

de voces y de risas.


La tarde, declinada.

Sierra Nevada al fondo,

camino de Granada.


Granada.




SERRANIA DE RONDA.


No hay sol aún. Detrás

de mí se va quedando

la línea de la mar.


Delante, el rosicler

incierto y circunfuso

del lento amanecer.


Ya está vistiendo abril

de malvas y amarillos

la serranía gris.


Me va alegrando el sol

que asciende hacia la cumbre

conforme asciendo yo.


Sesgada, en la quietud

de la mañana, Ronda,

como un caudal de luz.


Marbella


DAMA DE LA TARDE


La brisa de la tarde

me trae, con los aromas

del mar, tu aroma suave.

La brisa, juguetona,

remueve el oro fino

de tu melena blonda


y hace que se entrevelen

tus ojos luminosos,

inmensamente verdes.


La brisa, veleidosa,

dibuja y contonea

tu cuerpo ágil de diosa.


Sirena de los mares:

¡Ay, quién pudiera ser

la brisa de la tarde!


Nerja


S E G U I D I L L A S V I A J E R A S


Las presentes seguidillas fueron escritas durante un viaje que realicé por tierras de Aragón con objeto de obtener un reportaje fílmico, en la primera quincena de julio de 1982, cuando una ola de calor invadía España y las gentes vivían pendientes del televisor que les mostraba imágenes del Campeonato Mundial de

Fútbol

ALBARRACÍN


Umbrías confortantes

del olmedal.

Verdiamarillas cumbres.

Guadalaviar.

Arriba, gris,

trepando por los riscos,

Albarracín.


BARRIO DE LA MORERÍA


Plazuelas recoletas,

calles angostas,

donde se hacinan viejas,

sucias casonas.

Quizás reposa,

sepulta entre sus mohos,

el alma mora.


CALATAYUD


EL RÍO PIEDRA.


Milagro de la estepa,

glorioso grito

de la naturaleza,

canción de siglos,

rumor del agua

rompiéndose en las peñas

en cien cascadas.


MONASTERIO DE PIEDRA


MONASTERIO DE VERUELA


Los vientos del Moncayo

le dan su beso

de altezas a los muros

del Monasterio.




Acaso vele,

sobre sus sombras, la alta

sombra de Bécquer.


TARAZONA


ALCAÑIZ.


La abraza el Guadalope

que busca el llano.

La orean suaves vientos

del Somontano.

Sobre las mil

roquedas de su historia

se alza Alcañiz.


CASPE


MONEGROS.


Eriales sin final,

parajes yertos.

De vez en vez grisea,

lejos, un pueblo.

Quiero pasar

que el alma se me llena

de soledad.


SARIÑENA.


SOS.


Plaza frontera, cuña

que, de Aragón,

avanza hasta Navarra,

se yergue Sos,

sobre un peñasco,

de cara a los desnudos,

dorados campos.


TUDELA.






LEYRE.


Criptas umbrosas, claustros

de hondos silencios...

Siempre me han producido

mudo respeto.

Tengo en la piedra

de tantos capiteles

el alma presa.


HUESCA


EFIGIES.


Esas efigies pétreas,

ya desgastadas,

que, ocultas en el atrio,

velan hieráticas,

y los helores

de sus vacíos ojos,

me sobrecogen.


JACA


ORDESA.


Silencios de la altura,

solemnes calmas,

que vais llenando de hondo

sosiego el alma.

Roquedas, pinos,

laderas, arroyuelos,

monte Perdido.


SABIÑÁNIGO
















BENASQUE.


Sesgada, en las laderas

exuberantes,

cabe la Maladeta,

surge Benasque.

Blanco requiebro

contra la mole parda

del monte Aneto.


SABIÑÁNIGO


REGRESANDO.


Van doliéndome adentro

cien ilusiones

marchitadas y rotas

en cien adioses.

Llevo en el cuerpo

todo el sol del estío.

Voy de regreso.


LÉRIDA


MAR.


En alas de la brisa

suave del mar

se van todos mis sueños

sin voluntad.

Y yo me quedo

sobre la arena, solo,

laso y pequeño...


BENICASIM














S E R V E N T E S I O S V I A J E R O S



Las siguientes composiciones fueron escritas los días 27 a 30 de Octubre y 1 de Noviembre de 1982, en un viaje realizado por tierras de Jaén.


DESDE EL CASTILLO DE SANTA CATALINA.


Piropo blanco al pie de Jabalcuz,

la tarde melancólica, se ven,

bañados en la suave y dulce luz

de octubre, las callejas de Jaén.


Perdidos, ondulados horizontes,

celajes luminosos, dormilentos,

un sol halagador sobre los montes

pletóricos de olivos cenicientos.


De pie, sobre las rocas, atalaya

de alturas, se ve todo como un sueño...

Arriba, frente a mí, está la muralla.

Abajo, la ciudad, en un ensueño.


EN LA SIERRA DE CAZORLA.


Contrasta fuertemente entre la gama

de verdes matizados, como una orla

de rubia lumbre, la dorada llama

del luminoso otoño de Cazorla.



Aromas montaraces se deslizan

desde la cima al valle en suaves ondas,

llevados de las brisas que tamizan

su eterna cantinela entre las frondas.


Acá no llega el ruido de la urbe.

Todo es quietud y paz. Todo está en calma.

Y no puedo evitar que se conturbe

de amor el corazón y de fe el alma.

















EN LAS RUINAS DE SANTA MARÍA


Joyel de la roqueda y de la planta,

jalón de las alturas, celical

requiebro de las cumbres, se levanta,

brillante y pulcra, Alcalá la Real.


Altiva soberana de las sierras

que miran a Granada, prez y gloria

del reino de Jaén, bastión de guerras,

voz esculpida en piedra de la Historia.


Compone el viento rudo todavía

su canto secular, pleno de alteza,

contra la torre de Santa María,

junto a las ruinas de la fortaleza.


ÚBEDA.


El sol mimoso, blando y otoñal

de un mediodía lánguido se abraza

suave a la piedra añosa y señorial,

dorando la estructura de la plaza.





Allí se ven escudos y blasones,

garbosas espadañas, nobiliarios

palacios, mayestáticas mansiones,

solares de otro tiempo, suntuarios.


Y allí se ven, durmiendo todavía,

sumidos en un sueño evocador,

los muros viejos de Santa María

y los relieves de San Salvador.




EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA.


Sierra Morena late en la mañana

templada del otoño. Lejanía

de azules ondulados. Brisa sana

que va dulcificando mi atonía.





Flor en el páramo inhospitalario,

pardusco roquedal, acre maleza...

De súbito aparece el Santuario

en medio de la hostil naturaleza.


En él descansan ya, cripta y memoria,

sus muertos, en hermético quietismo,

sus héroes, que escribieron en la Historia

cien páginas de honor y de heroísmo







LOS CREPÚSCULOS

DEL ALMA

1983










Existen varios versos viajeros en el libro “Los crepúsculos del alma”, escrito en 1983. Hago una selección de varios de ellos para VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA.









DÉCIMAS VIAJERAS.


Estas décimas fueron escritas entre los días 2 y 20 de julio de 1983, durante un viaje realizado por la Andalucía occidental, con motivo de la obtención de unos reportajes de vídeo que realicé por aquellas fechas.


RIO GENIL.


Nacido altivo y montés,

señor de Sierra Nevada,

se hace piropo en Granada,

cantar en Loja y, después,

en Córdoba, cordobés,

y en Écija, sevillano,

para entregarse, en el llano

de Palma del Río, al río

Guadalquivir.¡Oh, bravío

río Genil soberano!


MEDINA AZAHARA.


Córdoba a lo lejos, clara,

castigada por la impía

luz del sol de Andalucía.

Y entre el rastrojo y la jara,

lo que fue Medina Azahara,

lo que queda de la gloria

de Al Andalus. Sólo historia,

sólo piedras maltratadas

por los siglos, arrasadas.

Sólo ruinas y memoria.


CÓRDOBA


Duerme su sueño romano,

judío, cristiano y moro,

la insigne Córdoba de oro



la de Séneca, el humano,

la de Góngora y Lucano,

la Córdoba que hace honor

de su pasado esplendor:

la de Osio y Abderramán,

Averroes, Ibn Hazam,

Maimónides y Almanzor.


ÉCIJA.


En las parvas amarillas,

desparramada en los llanos

infinitos sevillanos,

ciega de soles y arcillas,

alza sus cien giraldillas

la antigua Astigi romana,

la Écija musulmana,

la que guarda en la angostura

de las calles su estructura

setecentista y galana.


PARQUE DE MARIA LUISA.


Unos ojos soñadores

de mujer en la glorieta

sola, umbrosa y recoleta.

Sinfonía de rumores

en el parque. Surtidores.

Cien caballos. Cien profusas

galopadas circunfusas.

Bécquer duerme entre la yedra

su níveo sueño de piedra,

rodeado por las musas.


LA TORRE DEL ORO


La tarde se va a morir

con un desmayo indoloro

sobre la Torre del Oro.

Y el río Guadalquivir

no quiere ya proseguir

su camino hacia la mar



que se ha venido a prendar

de la torre, que sonríe

y en cien bronces se deslíe,

coqueta, al verlo pasar.


CARMONA.


Refulge el sol en los muros

y en las torres de Carmona

que trepa y que se amontona

por los escarpes oscuros

que la cercan. Intramuros,

se retuercen las callejas

blancas, típicas y viejas,

cargadas de evocadores

silencios, llenas de flores,

alardeadas de rejas.


MOGUER.


No imagino ver correr

por este soleado estero

la figura de Platero,

ni es el campo de Moguer

el mismo campo de ayer,

pero aún late el corazón

juvenil de Juan Ramón

en la iglesia de la plaza,

en las calles y en la traza

sutil de cada rincón.


PUNTA DEL SEBO.


Allí donde el río Odiel

y el río Tinto se funden

en uno sólo, confunden,

en suavísimo oropel,

mar y cielo su papel

-Huelva, Palos, monumento

de Colón, blanco convento

de la Rábida, marismas...-

están las esencias mismas,

la raíz del Descubrimiento.


AYAMONTE.


En la radiante mañana

de julio, surge Ayamonte,

dormida en un horizonte

brumoso: Puerto. Aduana.

Bullicio. Río Guadiana.

Atlántico. Sol y sal.

El pueblo, ciego de cal,

asentado en una loma,

asciende a lo alto y se asoma,

diáfano, a Portugal.


DESDE LA CALETA.


Sobre el espejo del mar

se deshace en resplandores

un sol denso. Pescadores

del ocio hacen tremolar

sus mil cañas de pescar

a lo largo del rompiente.

Se escucha el mar. Se presiente

la excelsitud del misterio

que vive en el cautiverio

de su seno inmarcescente.


ARCOS DE LA FRONTERA.


Está declinando el día,

duro, denso de calor,

activo y agotador.

El cuerpo, cansado, ansía

descanso. En la lejanía,

recortada en un barranco

se vislumbra Arcos, a un flanco

su roquero Parador

y al otro, deslumbrador,

el pueblo, empinado y blanco.


EL PASO DEL ESTRECHO.


A un lado, la milenaria

Tarifa, al otro, Algeciras,

y, al fondo, en un mar sin iras,

encalmado, África, varia,

misteriosa y legendaria,

difusa en la oscura bruma

de la mañana. Me abruma

ver a los barcos cruzar

el estrecho y dibujar

blancas estelas de espuma.


SIERRA DE GRAZALEMA


Repite su eterno tema

de inaccesibles barrancos.

de cumbres, de pueblos blancos,

la sierra de Grazalema,

brusco y roquero poema

que, desde los pedestales

de sus cimas celestiales

hacia la tierra se asoma:

Zahara y Benamahoma,

Ubrique y Algodonales.


ATARDECER EN EL MAR


La tarde se está acostando

sobre el espejo del mar.

La tarde se va a acabar,

se acaba, se está acabando.

Y yo, que la estoy mirando,

de regreso ya al hogar,

cansado de tanto errar,

quisiera irme abandonando,

como la tarde, soñando

con la tarde y con el mar.


OCTAVILLAS VIAJERAS


Compuse estas octavillas durante los días 1 a 6 de agosto de 1983, durante un viaje realizado por tierras almerienses

VÉLEZ BLANCO.


Pulcra y tersa, Vélez Blanco

reverbera en la calima

de agosto, sobre la cima

rocosa, ciega de luz,

como una flor solitaria,

cercada por los breñales

resecos de los eriales

y bajo el cielo andaluz.


SIERRA DE FILABRES.


Alza su mole desnuda,

desértica, obsesionante,

blanquecina, alucinante,

como un paisaje lunar,

la sierra de los Filabres,

dejando al alma que pasa

nostálgica, sola y lasa,

más solitaria al pasar.


MOJÁCAR OJÁCAR.


Al sesgo de los aromas

montaraces, espontáneos,

y de los mediterráneos

del mar como un arrebol.

arrullos, bajo el azul

desvanecido del cielo,

se yergue, blanca, Mojácar,

como una joya de nácar,

como un torrente de luz.












ADRA.


Extiende Adra, entre la caña

de azúcar y la pitera,

su presencia marinera,

su raigambre secular,

perdida en la noche antigua

de la andadura fenicia,

mecida por la caricia

bracitendida del mar.


REGRESANDO


Águilas, en el camino

de regreso. Es mediodía.

La plaza, sola y umbría.

Las calles, llenas de sol.

El calor lastra mi cuerpo

y va llenando de calma,

sediciosamente, el alma,

y de abulia, el corazón.


EN LA PLAYA


Es mediodía. Roquetas

Me tiene preso el sentido

su pecho joven y erguido

blanquísimo, de coral,

que contrasta fuertemente

con su figura morena,

tendida sobre la arena

de la playa, angelical l






DESDE LA TERRAZA


Escribí estos poemas desde la terraza de mi habitación, en la séptima planta de un hotel de Benidorm, durante una estancia en la ciudad cosmopolita y aprovechando mis horas de descanso en el sol fuerte de la siesta


NOCTURNO


Por la amplia y generosa

ventana abierta

se entra la noche amiga,

la luna llena.

Llegan hasta mi lecho

suaves y fúgidos,

los dedos inasibles

del plenilunio.

Traviesos y volubles

duendes de plata

pueblan de misteriosas

danzas la estancia.

Afuera se confunden

luces y estrellas,

en la radiante noche

benidormeña.

La amable madrugada

lastra de plomo

mi cuerpo y mis sentidos.

Cierro los ojos.

La noche, redentora,

me va poniendo

cegueras en el alma.,

seda en el sueño.


¿QUIÉN DE LAS DOS?













Las dos tienen cautivo

mi corazón.



Las dos me tienen loco.

Quiero a las dos.


La del segundo es rubia.

vivaz e inquieta;

morena la del cuarto,

delgada y seria.


A la hora de la siesta

posan al sol,

tendidas en el suelo

de su balcón













La rubia tiene pechos

voluminosos,

esféricos, flotantes,

suaves, lechosos.


Y la morena tiene

pechos menudos,

erectos , prietos, cónicos

y puntiagudos.


¿La rubia o la morena?

¿Quién de las dos?

Las dos llenan de gozo

mi corazón.








INFINITA VOZ

1983 - 1984























Hay algo que hemos hecho nuestro. Es como una impronta que nació con nosotros y que morirá con nosotros. Algo eterno e inmutable que no cambia nunca, que es como un manantial que fluye infinito dentro de nuestro limitado poder de hombres extraviados y desvalidos.


Para mí, ese ALGO es la llamada poderosa, sugestiva, imprescindible y eterna de la poesía, ese ALGO que no cambia, que fluye eternamente de dentro de mí. Ese ALGO es mi voz infinita. Así escribo en el prefacio del libro-manuscrito “Infinita voz”, del que he seleccionado los siguientes títulos.




SEGUIDILLAS MARINERAS


La ola que, naciendo

cabe las rocas,

viene a morir conmigo

ya es otra ola.


Ola que llegas:

Llévate las palabras,

deja la idea.


8888888888888888888888888888888


La luna está tan alta

y el mar tan lejos...

¿A dónde se habrán ido

los sentimientos?...


La luna, el mar...

¿En dónde tendré puesta

la voluntad?...


8888888888888888888888888888888



Por la dorada estela

con que el sol orna

la mar, los delicados

balandros flotan.


Son la sonrisa

de luz en la mañana

clara y tranquil


888888888888888888888888888


El alma, marinera,

se escapa, intáctil,

de mí, para perderse

mar adelante...


¿Retornará,

si no tiene caminos

el ancho mar?


8888888888888888888888888888

CANSANCIO


La abulia que produce en mí el cansancio

me llama a descansar.

Se embotan los sentidos.

Un fuerte sol fustiga sin piedad.

El monte se insinúa. Villarcayo.

Medina de Pomar.

Una umbrátil y acogedora olmeda

por el camino es el mejor lugar.

Me detengo. Me tiendo boca arriba,

con pesadez. Detrás

oigo un murmullo de aguas escondidas,

y un leve susurrar

del viento, en la frondosa

quietud del olmo que derrama paz.


Briviesca, 1 de agosto


EL TEMPLO DE LA SAGRADA FAMILIA


Las torres elegantes,

gaudianas, como cirios retorcidos,

se miran en la plata del estanque

romántico y tranquilo,


en la mañana gris barcelonesa.

De pronto un aguacero repentino

deshace en cien pedazos tembladores,

en cien reflejos gríseos y undívagos,

la tersa imagen de la iglesia noble,

la risa vertical del templo antiguo.


Barcelona




AMPURIAS GERONA


Brillan, al mortecino y suave sol Resaltan en el plomo de la tarde

de la reciente lluvia, las torres de argentán

las piedras milenarias, clavadas en el cielo de Gerona.

gastadas y vetustas, De un lado está

cubiertas por el musgo de los siglos, la iglesia de San Félix,

de la ciudad de Ampurias. del otro, Galligáns

Detrás de las colinas y, allá, soñando alturas,

al sesgo del pinar, el mar susurra la crestería de la Catedral.

su sinfonía eterna, Enfrente, en el espejo que improvisa

su cantilena antigua. el Oñar, al pasar,

simétrica, serena, variopinta,

El corazón, entristecido y ñoño. se mira la ciudad.

El alma, como siempre, vagabunda.

Gerona. Gerona.


SALOU


Mediodía. Salou.

Un alto en el camino. Restaurante.

Golpetea la lluvia

la luna de los amplios ventanales,

furiosamente, caracoleando,

vivaz, en los cristales.

Miro, detrás, el mar, desdibujado

la playa sola y grande,

y oigo el rumor del agua,

monótono y distante,

sobre la verde yedra, en el jardín,

sobre el cemento duro de las calles,

sobre los tensos toldos...

Una pereza dulce, indomeñable,

me va invadiendo el alma...

No quisiera irme aún...y he de marcharme.







PUERTO DEL PICO.


Altas sierras de Gredos,

columna vertebral donde se asientan

los requemados campos abulenses.

Es la hora de la siesta.

El fuerte sol de julio

calienta sin piedad. La carretera

se va abriendo camino hacia las cumbres

y asciende y serpentea

ciñéndose al escarpe

abrupto y vertical de la ladera.

¡Qué inmensa soledad la de los montes!

¡Qué inmensa soledad la de la sierra!


FONTIVEROS


Besanas requemadas,

campiñas soñolientas

y parvas cenicientas,

ciegas de tanta luz.

A un lado, Fontiveros.

Quizás está en la calma,

sutil, velando, el alma

del santo de la cruz.


Arévalo




PAJARES


La bruma gris y fría

de la mañana

trepa vertiente arriba,

por la montaña.


Por la ladera

serpea hacia Pajares

la carretera.


Villamanín




TORMENTA


Los cúmulos oscuros

visten de gris la tarde leonesa,

de plata satinada

las aguas del Bernesga.

Retumban roncos truenos,

relámpagos azules zigzaguean.

Gotas de lluvia, recias y calientes,

rasgando el aire denso, se revientan

contra las hojas, componiendo un sordo

murmullo en la alameda.

Revuelan en la fronda los gorriones.

Y el alma se conmueve y se retrepa

cruzada por un suave escalofrío,

llena de soledad, por la tormenta.


León


CHUBASCO


La lluvia espesa oscurece

la mañana. Villablino.

Restaurante en el camino.

Me detengo. Recrudece

la lluvia afuera. Parece

como si cien infernales

cataratas torrenciales

se desbocaran. Suspiro,

resignado, mientras miro

llover tras de los cristales.


Villablino


LOS PICOS DE EUROPA


Por el camino adelante

voy, con un sol que trastorna.

Los contornos están solos.

También el alma está sola...

Boñar, Riaño, y, enfrente

-gigantesca y dura roca,

cima desnuda- se yerguen,

hoscos, los Picos de Europa.


Me siento pequeño en medio

de belleza tan grandiosa.


Riaño


TIERRAS DE SAHAGÚN


Dormitando, perezosa,

sobre la estepa, Sahagún.

Dorados de piedras viejas,

caliginosas de luz,

inhóspitas vaciedades,

ocres alcores, algún

caserío de románica

torre en la tensa quietud

de los Páramos. Y un cielo

sin nubes, puro y azul.


Sahagún



EL BIERZO


Campiñas melancólicas,

suaves y verdes lomas onduladas,

un caserío y otro,

de calles empinadas,

solanas de madera carcomida,

tejados de pizarra,

rumor de agua escondida,

románica espadaña

que emerge en una vuelta del camino,

rientes praderías donde pastan,

pacíficas, serenas,

rubias y orondas vacas.

Ponferrada


HOSTAL


Los pájaros cantores

de la alborada

me han dado con sus trinos

su mejor diana.

Ya hay luz. Afuera,

los campos zamoranos

se desperezan.

Tábara (Zamora)

RIBADELAGO


Algunas casas tristes

y pizarrosas.

Quietud. Dos epitafios

entre las sombras.

De cara al lago,

duerme su larga noche

Ribadelago.


Puebla de Sanabria


LAGO DE SANABRIA


Es mediodía. Desciendo

sin prisa. Arriba se queda

San Pedro de Castañeda,

descansando en la quietud

de la altura. Abajo duerme,

retrepado en el halago

de sus riberas, el lago,

su sueño de infinitud .

Zamora


POR LAS ARRIBES DEL DUERO


Silencio y soledumbre.

Caminos polvorientos, sin final,

inhóspitas estepas,

alguna encina añosa... Y nada más.

Abajo traza el Duero,

pasando hacia la mar,

mil curvas sinuosas.

Enfrente se adivina Portugal,

perdida en la calima del estío.

No tengo voluntad.

El pensamiento se detiene, lleno

de mansa acidia y no quiere pasar...

Silencio y soledumbre.

Silencio y soledad.


Aldeadávila de la Ribera,

EL CAMPO CHARRO


Mancilla de matorrales

en los suaves montezuelos,

serenos y puros cielos

sobre los anchos eriales.

Infinitos campos de oro

salpicados por espesas

y polvorientas dehesas

que son dominio del toro.


Salamanca


INSOMNIO


Un ancho cuarto creciente

Tierra de Campos

Tierra de Campos

cubre el campo con sus alas.

El Tormes murmura cerca.

Croan recónditas ranas.


Suspiro. Miro el reloj:

Las tres de la madrugada.

Y veo la negritud

del campo por la ventana.

Y escucho el rumor del viento

que se tamiza con rabia

por la persiana entreabierta

con un punto de nostalgia

doliéndome. Me levanto

para cerrar la ventana.


Alba de Tormes



TORDESILLAS


En las tierras amarillas

-torre de San Antolín,

piedras de Benamerín-

nadando en soles y arcillas,

se levanta Tordesillas.

Un cielo azul de alas puras

le da su beso de alturas.

Y abajo la cerca el Tormes

con sus anchuras enormes

y sus frondas verdioscuras.


Valladolid


VOY CREANDO ILUSIONES


Voy creando ilusiones

por el camino

para hacer aún más niña

mi alma de niño.

Andar...soñar...

¡Que no se duerma nunca

la voluntad!

Medina de Rioseco


TIERRA DE CAMPOS


Tierra de Campos. Tierra de Castilla,

salpicada de pueblos cenicientos.

Sinfonía de sol. Ola amarilla

de mieses. Horizontes dormilentos.


Una torre románica. Olmedales

que mancillan la luz de los barbechos.

Un otero grisáceo en los eriales.

Un castillo de muros ya maltrechos.


Roquedales. Encinas solitarias.

Cien caminos parduscos, rectos y ampos.

Cien historias. Cien sombras legendarias...

¡Tierra de Castilla! ¡Tierra de Campos!

Valladolid


BENDITA TU MIRADA


Me miras y me sientes.

Estamos los dos solos

en medio de la gente.


Tienes en tu mirada,

gemela de la mía,

la soledad del alma.

No apartes tu mirada

de mí, mujer sin nombre.

Mañana, cuando parta


por los interminables

caminos de Castilla

me llevaré la amable


dulzura de tus ojos,

y te amaré en mis sueños

cuando me encuentre solo.


¡Bendita tu mirada

que me hace menos sola

la soledad del alma


Aguilar de Campoo (Palencia)

CASTILLO DE PEÑAFIEL


Feudos de Sancho García,

dominios del río Duero,

paisaje sobrio y austero,

tierras de don Juan Manuel,

bastión de la Reconquista,

señera torre que trepa

roquedo arriba, en la estepa...

¡Castillo de Peñafiel!

Palencia


LA HORA DE LA COMIDA


Es la hora de la comida.

Un sol fuerte y pegadizo

se tamiza entre las cañas

del rústico cobertizo

que da sombra a la terraza


que se aboca sobre el río.

Delante, en un contraluz,

se divisan, mortecinos,

los barandales del puente

y abajo se escuchan, íntimos,

los chapoteos del Duero

que pasa manso y tranquilo.


Aranda de Duero

CASTILLO DE PEÑAFIEL


CANSANCIO


La abulia que produce en mí el cansancio

me llama a descansar.

Se embotan los sentidos.

Un fuerte sol fustiga sin piedad.

El monte se insinúa. Villarcayo.

Medina de Pomar.

Una umbrátil y acogedora olmeda

por el camino es el mejor lugar.

Me detengo. Me tiendo boca arriba,

con pesadez. Detrás

oigo un murmullo de aguas escondidas,

y un leve susurrar

del viento, en la frondosa

quietud del olmo que derrama paz.


Briviesca


TUS OJOS


Tus ojos están llenando

de amor mi melancolía,

tus ojos, que hablan mirando,

que acarician la atonía

mortal en que se está ahogando

sin remedio el alma mía,

tus ojos claros que son

la luz de mi corazón

Miranda de Ebro


MONASTERIO DE SUSO


Cenobio de San Millán,

nimbado de anchos silencios,

en la paz de los Cogollos,

que fueron voz de Berceo:

Claustro oscuro y recatado,

milenario cementerio

de los parcos y apacibles

eremitas que vivieron

en las cuevas que aún rezuman

efluvios de hondo misterio,

visigóticas arcadas,

románicos mausoleos

de los Infantes de Lara,

sombríos sepulcros regios...

Aún llenáis mi corazón

de almo sobrecogimiento.


MONASTERIO DE VALVANERA


Extraviado en el erio

de la sierra pinariega,

lleno de paz asperiega,

celícola, austero, serio,

se levanta el Monasterio

de Valvanera. La lumbre

de agosto dora la cumbre.

Más abajo, el Najerilla

recita su tonadilla

secular de reciedumbre.


Logroño


DE MAÑANA


Colegiata. Ayuntamiento.

Calle Grande. Ando despacio.

Es temprano todavía


y el comercio está cerrado.

Algunas gentes caminan

deprisa. Van al trabajo.

Travesías solitarias.

Estatua de Quintiliano.

Hay poco tráfico aún.

Cafetería. Hago un alto.

Desayuno. La mañana,

fresca, me da nuevos ánimos

para la brega del día,

me redime del cansancio

que va poniendo en mis carnes

el periplo duro y largo.

Calahorra


CALATAÑAZOR


Calles empedradas,

tristes, silenciosas,

de casas terrosas,

sol demoledor,

rústicas solanas,

viejos soportales,

aires medievales...

Calatañazor.

Soria


CANCIÓN DEL BOSQUE


Sobre la yerba,

la niña que me roba el pensamiento,

descansa y sueña.


Tiene ojos suaves,

la piel morena, la melena de oro,

juncal el talle.


Como una ninfa

brotada del frescor de los pinares,

yace tendida.


¡Ay, si yo fuera

la brisa que la mece, el sol lascivo

que la corteja!


¡Ay, si pudiera

ser fauno de los bosques y besarla

y holgar con ella!



Rumor de frondas,

frescor de las riberas. Estoy solo

Y ella está sola.

Covaleda


4 NOCTURNOS MARINEROS


I

Sin yo advertirlo,

el alma marinera

se me ha salido,


leve, de adentro,

buscando en la honda noche

no sé qué sueños.


Se marcha sola,

ligera, nocherniega,

por la anchurosa


senda del mar.

¿Qué oculto sentimiento

le hace soñar?


¿Qué nueva fe

la impulsa, que no quiere

volver a mí?


II


La niña está

jugando con el agua

negra del mar.


Siente placer

del flujo que acaricia

sus lindos pies.


Corza gentil

y joven, no se cansa

de ir y venir.


Onda y temblor,

recorta su silueta

contra el neón.


De plata azul

baña su rostro suave

la clara luz.


III


Me sobrecogen

el grito secular,

las roncas voces


del mar eterno.

Quisiera conocer

los mil secretos


de sus abismos,

dormir en él,

sentir su escalofrío


filogenético

sobre mi corazón

aventurero


y amar mi muerte

en su ancha celsitud

inmarcescente.


IV


Una ola tras otra,

crestadas de alta espuma,

mueren las olas.


Plañen, con ritmo

monótono, su recio

cantar de siglos.


Leves, se acunan

voz y alma en la inasible

noche sin luna.


Delante está

la negritud inmensa

del ancho mar.


Detrás, palpita,

llena de luces, la urbe

cosmopolita.









CASTILLOS DE SORIA


Procrípticas fortalezas,

castillos de la alta Soria,

envejecidos de historia:

Berlanga, Rello, Gormaz...

Ayer realidades vivas

de luchas y de contiendas,

hoy, moradas de leyendas,

ruinas llenas de paz.

Burgo de Osma


MEDINACELI


Medinaceli, vacía.

Su soledad y su calma

ponen pavor en el alma

saturada de atonía

por el sol de mediodía.

Sólo se escucha el lamento

ronco y lúgubre del viento

tamizándose en las viejas

paredes de sus callejas,

helándome el sentimiento.


Arganda


REGRESO.


Regreso a casa. Otro regreso más

u otro regreso menos,

porque la vida, acaso,

¿no está hecha de regresos?


Mañana, con la noche aún en los ojos,

he de partir de nuevo.

Pero, ¿y a dónde?,

¿cómo empezar de nuevo otro regreso?

Albacete




















Continúa en VIAJE LÍRICO POR ESPAÑA III


































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