Excerpt for R.E.M. (Rapid Existence Metensomatosis) by , available in its entirety at Smashwords

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R.E.M.

(Rapid Existence Mentensomatosis)

David Corrales




David Corrales Rodas

(Medellín, Colombia, 1976).


Estudió Comunicación y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana en donde también se especializó en Periodismo Electrónico en el 2010.


Actualmente trabaja como consultor independiente en la generación de contenidos web, periodísticos, audiovisuales, blogging, copywriting y storytelling para marcas y medios digitales.


R.E.M. es la tercera de sus cinco publicaciones hasta ahora (UniVersos – 2005, Malditos Versos Malditos Besos – 2008, 11 – El otro Lado del Fútbol – 2014, La prosa, el verso y los demás - 2014 ) y la primera que publicó en el género de narrativa/cuento.


Se dice que su gato Leonardo es el verdadero autor intelectual de todas las obras que David clama como suyas; pero eso nunca se ha comprobado ya que Leo nunca ha querido hablar al respecto.


Cuando se le interroga sobre el tema, simplemente suspira, agacha la cabeza… y se aleja triste como el viento.


©Derechos reservados. Ninguna parte de este libro deberá ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabado o mediante cualquier forma de almacenamiento de información o sistema de recuperación, sin permiso expreso del autor (quien generalmente no tiene problemas con esto pero por favor escríbale antes para evitar malentendidos).


David Corrales Rodas

Periodista/Escritor



Información de contacto:

E-mail: davidcorralesrodas@gmail.com

Facebook: https://www.facebook.com/Davo-49745269759/

Videos: https://www.youtube.com/user/DaveKorr


Apreciado Lector.


Gracias por permitirme entrar por un rato a tus ojos y a tu mente mediante estas letras.


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Gracias… mis letras y yo te mandamos un fuerte abrazo literario.

 

 

“La literatura es una extraña máquina que traga,

que absorbe todos los placeres,

todos los acontecimientos de la vida.

Los escritores son vampiros”.

George Bernard Shaw



Índice


Sopa de agradecimientos

Prólogo R.E.M

Arriba/Abajo

En la banca

Thinieblas

¿Who´s the boss?

¡Hang in there baby!

Cirugía para volverse feo

Get yours now

Instrucciones para un beso

El viejo este

Perfecta para mí”

4 A.M.

FUNeral

De conservar la materia y otras leyes

We are all made of “putas”… not of stars

Cromotomía

Abajo/Arriba

Créditos







Sopa de agradecimientos


Agradecimientos a todos aquellos rostros y almas con los cuales he tenido la fortuna de intercambiar cortos o largos momentos. Cada uno de ellos (sin ellos y quizás sin yo saberlo) han sido y son parte de las inquietas letras e historias en mi mente. Me quedan faltando hojas para darle gracias a tantos nombres… espero hacerles honor a todos alguna vez en algún otro futuro cercano.


Prólogo R.E.M


Por Jaime Espinal

♪ Salvation is reserved for those who pass the tests

If you survive, an elevated existence awaits

Initiate phase one: Power up the bass cannon ♪

"Existence VIP", Knife Party


RAPID

Un man sentado en la ventana de su casa, dormido casi, examina en el universo mental contenido en su cráneo casi 200 historias en simultánea. No es un número al azar. Casi todas están rotuladas.


Un leve cabeceo barre las primeras veinte. Otro, cuarenta. Otro otras cuarenta y van cien.


Mientras cae del 9no al 8vo piensa en un final para una hipotética historia sobre feos. Es consciente de que lo debería anotar en alguna parte.


En el aire no hay bolígrafos.


Sueña que se despierta en el viento y cree ser viento él también.


Ciento diez historias fuera.


Desliza el 8vo piso rápidamente. Aparecen los amigos diciéndole Compadre, 8 pisos son 8 pisos.


Chamorro? Gracias Rivas. Zuluaga, Peña, Henao y Santamaría. Y otros más. Todos mirándolo volar pa’ abajo. Metiendo un pique pa’ hacer el gol. Severo gol. Contra la tierra.


De cabeza?


El 7 es número de números. Clásico. ¡Get yours now!, escribe. Escribe? En el aire no hay bolígrafos.

Nota mental: ¡Get yours now!


Mientras progresa hacia el 6to sueña que cae. Caen otras veinte historias trascendentales con él. Van ciento treinta. Gana velocidad. <<Ganar es perder un poco>>. ¿Quién dijo eso? ¿Él? Sí. ¿A quién se lo atribuye entonces?

Nota mental: "Anónimo".


EXISTENCE


En el 5to decide hacer un cuento a cuatro manos. Cuatro manos de prostitutas. Cada cuento es una existencia.


Caen veinte cuentos más. Ciento cincuenta existencias.


El 4to pasa sin pena ni gloria, como tantas cosas que pasan sin pena ni gloria en asombroso desorden.


El 3ro lo pone trascendental y le entra la misma duda –que le entra a cada persona en su situación– de "si existió. O si va a existir. A pesar de estar existiendo".


Del 3 al 2 <<cae por un vacío no sólo mental, sino ataviado de un acelerado pulso cardiaco, una inexorable apatía, y la inevitable visión de los seres que abajo, al final de la calle, retroceden sorprendidos por aquel intruso que amenaza con entorpecer el tráfico>>. ¿Cuáles seres? Abajo no hay nadie.


Para el 2do ya se ha ensañado con él la atracción de la gravedad, representada en el instante por: ge igual a nueve coma ocho metros sobre segundo cuadrado... Aunque él la confunde —lo sabemos— con la inexorable... y encantadora... pero abominable... tanto como irresistible... atracción medio suicida de arremeter all-in el abordaje de una bella y exótica desconocida.


Después de pasar el 1ro solo queda la mínima fracción medible del instante antes de aterrizar, pero la mínima fracción puede serlo todo para el que va por la vida manejando en el highway a casi 200 por hora:


Fume, tinto, trabaje, trasnoche.

Fume, tinto, trabaje, trasnoche.

Fume, tinto, trabaje, trasnoche.

Frena.


Se quita el cinturón. Se baja un momento. Se fuma el cigarrillo. Mira el atardecer. Porque esto va sin control. Y él quiere otra cosa.


Primera Metensomatosis... O Reencarnación.


METENSOMATOSIS


En la matriz universal escribe: R.E.M.


Con palabras sucias de glóbulos rojos, tejidos y órganos, pronuncia: Papá, yo no me suicidé, es un libro de cuentos.


—Sí, claro— dice el padre en la oficina.


Mamá: voy a renunciar.


—Hace años deberías haberlo hecho.


Ciento ochenta y cuatro existencias fuera. Quedan 16. Son éstas:

Arriba/Abajo



♪un barco sin tripulación…

Un mal de amores sin amor,

un sí peleando con un no,

un rey que llora a su bufón,

un ciego que sueña en color ♪

Miguel Bocanegra




Esto de crear mundos y de dar vida a personajes es un asunto que se ha vuelto cada vez más difícil - pensaba Él mientras repasaba unas cuantas notas frente a su escritorio-.


Luego de invertir 6 días en varias líneas, luego de juguetear incesantemente haciendo girar el índice de su mano derecha sobre su sien como en una oscura e inconsciente representación de lo único que podría sacarle de ese monumental letargo creativo decide, en un arranque de ira, darle «control + E» a los estúpidos conceptos plasmados en su mente y, acto seguido, los exilia con un rápido «Delete» ante la mirada impávida y pigmentada de Rafael, Miguel y Gabriel que, cual si estuvieran tomando el sol, parecían reposar en una nube de témpera enmarcada por Botticini.


Un frenético movimiento de su ser acompañado con el mecánico y soso chasquear de los cinco soldados que conforman sus otras extremidades le hacen comprender la inevitable realidad con la que se enfrentan la mayoría de aquellos que crean formas y seres para ganarse la vida.


Zeus, Dante, Aquiles, Lucifer, Capitalismo, Aliens, Mayas y demás personajes e historias del universo ¿Se habrán materializado éstos una y otra vez entre distraídos pensamientos, manos inquietas y masajeadas sienes? – murmuró como queriendo ser escuchado pero al instante se dio cuenta de que nadie se encontraba allí con Él. Recordó que la fiel soledad era la única audiencia para seres como Él-.


Fuera como fuera, estaba acabado. Al menos por ese día.


Tratando de buscar la esquiva inspiración, pensó en la particularidad de todo lo estático, en el caos y en el “más acá”.


Pero era todo en vano, nada surgía en su mente. Sólo cuadros etéreos y algunos pensamientos e imágenes de viejos juegos y ayeres que se habían vuelto sosos y obsoletos.


Necesitaba darle vida a otros personajes y mundos, precisaba concebirles, urgía de la creación de un efecto para calmar su hambre creativa y su razón de existir.


Requería imperiosamente salir de la nada y de su agobiante rutina… transformar la monotonía de su mundo azul solitario. La idea de un poco de caos parecía ahora más justificada que nunca.


Aislado en su perenne abandono, le parecía que habían pasado eones desde la última vez que alguien le había logrado leer y comprender entre líneas sus historias y argumentos… millones de vueltas del reloj desde que alguna desprevenida alma se había topado con su obra y susurrado una palabra u oración al respecto.


Seres imperfectos y frágiles, evolucionados y condenados, solitarios y amordazados, infelices o creyentes… algo o alguien con quien compartir su frustración universal, cualquiera que aplaudiera sus imágenes y semejanzas.


Estaba experimentando un «Writer´s Block» y el día de finalización que previamente se había prometido estaba ya a la vuelta de la esquina. Definitivamente no era tarea fácil crear seres y mundos que lograran distraer sus días.


Pero de nada servían ya las lamentaciones ni el gigante muro con el que parecía haberse topado para finalizar su obra. Las vidas de aquellos en su pensar dependían de Él y ciertamente no los iba a decepcionar, al menos no de entrada - meditó para sus adentros-.


No obstante (en un momentáneo cambio de parecer), pensó que su invención podía esperar un poco por el resto de ese día. Ser creador no era algo fácil y ciertamente era una actividad bastante desgastante. Indudablemente era mucho más sencillo crear a alguien más para que creara por uno - recordó que alguien, alguna vez, le dijo tal cosa-.


Así pues, batallando contra su propia conciencia, se decidió por un rato de cómodo embrutecimiento frente a la gran pantalla universal. Se arrellanó perezosamente en su suave trono de la flojera; en su sedante altar de la ociosidad… se acostó en medio de la nada con el control remoto a su diestra.


Por un momento observó incontables mundos y distantes historias ajenas en las cuales la mitad de ellas mostraban seres embarcados en cosas bastante extrañas… algunas llenas de miseria y olvido.


Y precisamente a Él algo se le estaba olvidando ese día, algo lentamente se escapaba de su mente. Podía sentirlo.


¿Pero qué?


«Debe ser la falta de sueño quizás» – pensó mientras intentaba recordar cuándo había sido la última vez que sus ojos habían logrado descansar por largo tiempo (aunque tampoco recordaba haber descansado alguna vez en su existencia ni de haberlo necesitado antes)-.


En fin, postuló disipar cualquier preocupación en su ser y una vez más se aferró al raído control remoto a su derecha.


Sus ojos comenzaron a entrecerrarse… las notas y garabatos en sus manos se arrugaron asfixiando los conceptos hasta ahora allí plasmados.


Con sus últimos asomos de conciencia observó con gracia y curiosidad atisbos de unas cuantas batallas, epopeyas y romances allá en la pantalla de la vida. Estiró las piernas, se arrellanó en su esencia y permeablemente recibió las ondas de la existencia… convirtiéndose finalmente en un comfortably numb.


«Allá abajo parece ser un buen lugar para poner en marcha algunas historias y seres» - pensó antes de empezar a caer en un profundo y enigmático sueño en el borde de su lecho, después de todo, el mundo y sus almas aún podían esperar-.


Aquello fue lo último que pasó por su conciencia. Su pluma y su tinta terminaron derramándose sobre todo su alrededor... justo en ese entonces se empezó a formar una inesperada tormenta y un ensordecedor big bang reverberó en medio de toda la nada.


En la banca


“Ganar es perder un poco”

Anónimo



Desde el cielo se oyen trompetas y una ensordecedora algarabía anuncia el comienzo del juego.


El eterno desafío del hombre contra el hombre trascurre mientras espero ansioso mi turno en la banca para saltar al escenario de batalla.


La sangre, el llanto y el sudor se mezclan a medida que los participantes se disputan un pedazo de gloria.


Aquel que dirige esta orquestal reunión me mira y me hace saber que debo alistarme, ya que pronto entraré en escena.


Patadas, puños, golpes, codazos, tristezas y desilusiones confluyen en aquel terreno de contienda.


Uno a uno, los allí presentes vemos con ansiedad los constantes giros y desenlaces de esta lid y muchos nos preguntamos cuándo será nuestro momento de participar.


Viejos conocidos rasgan sus esencias y dan todo de sí hasta quedar completamente enlodados de miserias en unas ocasiones y ungidos de triunfos en otras.


Parece que pasa una eternidad y nuevamente miro como suplicándole a los dioses que me permitan ser parte de ello.


El omnipotente director reparte instrucciones a diestra y siniestra esperando contrarrestar a su par en el otro banquillo.


Más soldados del juego son enviados a que pisen la tierra y otros más regresan de ésta, acabados y agotados.


Es difícil saber quién va ganando.


El glorioso y omnisciente manager se olvida de mí y me deja allí esperando.


Busco su mirada y éste me susurra las temidas palabras:


«En otra ocasión será».


Y yo sólo atino a pensar:


«Maldita sea, esta vez no me tocó nacer… yo que quería bajar a ese lugar que llaman Tierra».

Thinieblas


A nadie



Mucho de lo que estaba sucediendo aquella noche Sergio ya lo había oído en cadenas radiales, la TV y en casi todos los medios; incluso en 16 películas de cine.


Finalmente había sucedido y ahora el mundo se hallaba en tinieblas.


Siempre había pensado qué haría en momentos como este, mas una incertidumbre y una inmensa soledad lo envolvían ahora que se encontraba solo y en medio de una gran penumbra.


De repente recordó a varios de sus amigos que constantemente le habían advertido al respecto e igualmente en su mente se coló la constante cantaleta de aquella monja de su colegio que una y mil veces le había reprochado su falta de animosidad por aquel que reinaba en los cielos y del que se decía que sólo Él daría la última palabra al terminar los días.


«Y el Señor te guiará continuamente, y satisfacerá tu alma en lugares secos, y hará fuertes tus huesos, y serás como huerto regado, como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan» Isaías 58:11.


Serenidad... serenidad… habían sido siempre las palabras de su padre, aquel mentor que hoy más que nunca extrañaba en su vida.


Sergio no había sido él el mayor de los cobardes, sobre todo a la hora de aventurarse en rincones desconocidos con sólo la luz de la luna como compañía, pero esta vez sentía el temor colándose por sus poros.


Qué hacer ahora en un momento como estos ¿Salir corriendo? Para qué y hacia dónde, ya nada tenía sentido, se sentía tan solitario como aquel personaje de cabellos rubios de Exupéry.


Mientras tanteaba con sus manos el camino hacia la despensa en busca de fósforos o algo que proveyera algún destello, recordaba poco a poco aquellas palabras del sacerdote en el sermón de la misa dominical.

«Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio. Si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes» Apocalipsis 2:5:


Siempre había visto con gracia aquella pompa y sobriedad de aquellos hombres que se enfundaban en atavíos y ornamentales vestidos blancos y púrpuras, pero ahora le parecía que no tenía gracia alguna tal exageración y pompa de aquellos que decíanse llamar mensajeros del reino esperado.


¿Pero… y si en realidad tuvieran razón?


Su cuerpo tropezó con algo sólido y macizo. Quizás era el baúl de la vieja abuela, aquel donde guardaba todos sus títeres… la abuela siempre le regañaba diciéndole que él siempre andaba dejando algo tras de si. Con dolor en su rodilla, trató de enfocar sus ojos para intentar vislumbrar alguna silueta, alguna forma amable o reconocible, algo que le indicara un camino de salida, al menos para llegar a una puerta al exterior… ¿O quizás a un purgatorio?


«Es, pues, un pensamiento santo y saludable rogar por los difuntos, a fin de que sean libres de las penas de sus pecados» Macabeos 12:46.


¿Será posible que en verdad fuera cierto todo aquello que alguna vez el viejo profe Ismael que, con sus pequeñas gafas y pantalones hasta los pectorales, les había dicho acerca del fin de los tiempos?


«Y bien jóvenes… tanto Nostradamus como los Mayas lo han anticipado. La oscuridad total algún día se abalanzará sobre cada uno de nosotros y eso será todo… ahora hablaremos de educación sexual y preservativos».


¿Qué significaba todo ello realmente?


No TV, no internet, no amigos, no carros ni motos ni fincas ni aventuras, ni bellas mujeres, ni viajes a Egipto o al Mediterráneo (como siempre lo había soñado), no más árboles de navidad ni regalos ni bellos sicomoros para contemplar… nada.


Lamentaba el no haber escuchado un poco más a su madre cuando ésta le había invitado a seguirla a un viaje que ella denominaba como «de gran paz y tranquilidad», de «familia y reunión», pero no, él como siempre la había desafiado y, en tono burlesco, le había manifestado que le dejaran solo.


Cuánto hubiera ahora deseado decirle en ese entonces que quizás él se había equivocado, que ella tenía razón, que extrañaba su dulce abrazo, que al fin y al cabo la familia lo era todo.


«Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». Hechos 16:31.


Todos los proyectos que tenía o había soñado parecían escapársele de las manos.


Sonia, la bella Sonia. No había podido nunca decirle la verdad. Que desde el primer momento de ella se había enamorado como sólo lo podría hacer un niño de su más preciado juguete.


Si sólo pudiera correr a abrazarla una vez más.


Otro tropezón, sólo que este fue a acomodarse en su pecho y el borde evidentemente afilado había logrado dejarle sin aliento por un instante.


¿Qué sentirá el mundo en una situación de éstas, qué estarían pensando otros como él en este aciago momento de soledad e inanición, en esta infame y eterna espera?


Finalmente logró llegar a donde sus dedos con beneplácito sabían que era indudablemente el armario en el que días atrás había visto una caja con exactamente dieciséis cerillas.


Pero... ¿De qué podrían servirle ahora dieciséis fósforos?


Estaba decidido. Lucharía por encontrar la forma de salir de estas sombras y al menos gritarle al cielo que él aún allí se encontraba.


Se acercó a lo que parecía ser una gran ventana, prendió uno de los fósforos y lentamente la luz fue iluminando el cuarto.


«Yo soy la Luz del Mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida» Juan 8:12.


Al principio no logró distinguir nada, pero poco a poco sus obnubilados ojos fueron distinguiendo los contornos de lo que parecía ser una ciudad muerta bajo el manto renegrido de las inevitables tinieblas.


De repente oyó un ruido, un golpe seco en la puerta y pensó:

«Ya es mi hora… ya vienen por mí».


Su corazón como un león salvaje intentó apaciguar los miedos en su cabeza pero ya una silueta asomaba cerniéndose sobre él.


«Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas». Juan 3.19


Dos figuras entraron sigilosas.


«Hágase la luz». Génesis.


Y la luz se hizo.


De repente vio una estela de destellos luminosos que cegaron sus ojos, sintió como volvía a nacer al encenderse todos los bombillos.


«!Mamá!» - dijo con gran alivio - «Se había ido la luz. No me vuelvas a dejar solo»-.


«Pero si tú ya eres todo un Señor y eso es lo que me dices a cada rato».

¿Who´s the boss?



its lonely at the top but you eat better

Anónimo



Las cosas no habían salido aquella mañana como yo hubiera querido.


Primero, la lujuriosa vecina y sus desafinados gritos de pasión orgásmica que retumbaban desde el piso de arriba. Luego, el desayuno quemado y finalmente el insoportable trancón que nuevamente me robaba una hora y quince minutos más de mi vida.


Pero finalmente había llegado a mi lugar de trabajo.


Como siempre, todos parecían bastante callados… aunque hoy se notaban más taciturnos que de costumbre.


Decido seguir derecho sin saludar.


Descargo mi maletín, me instalo en el escritorio y repasó algunas notas en mi vetusta agenda. Acto seguido, llevo a cabo algunos cálculos y tomo una que otra medida mientras miro por el rabillo del ojo a los demás allí presentes.


-Malditos zombis hipócritas- digo calladamente. A veces sentía un enorme deseo de destruirlos a todos… de gritarles en la cara que no eran más que peones en este mundo absurdo y descolorido.


Decido seguir trabajando un poco más y haciendo caso omiso a las miradas de reproche que caían sobre mi espalda.


- Imbéciles - susurré entre dientes – debería mandarlos a todos a la hoguera -.


Gracias a mí tenían ellos trabajo… no tenían derecho alguno a portarse de esa manera. El hecho de yo ser su jefe no les justificaba a que me tratasen con tal desdén y burla.


Hago un par de llamadas e intento concentrarme en el trabajo frente a mí. Planos, notas, clips, medidas, palitos y más palitos… cientos de ellos.


Sigo molesto, casi que alcanzo a oír su corrillo afuera en el pasillo.


- ¡Perros asquerosos malagradecidos! - opino a la par que fantaseo con la idea de descuartizarlos a todos… de echarlos a la calle a merced del frío y la lluvia. - ¿Y quién si no yo el que les había dado una mano para que fueran alguien en la vida? ¿Gracias a quién tenían ahora ellos un empleo? - Ingratos bastardos. Era mejor que no me tentaran, no sabían de lo que yo era realmente capaz. No era mi culpa ser allí el líder. ¿En últimas no había sido yo quien a lo largo de mi vida había sufrido más que todos ellos, partiéndome las uñas y lacerándome las manos para llegar hasta donde estaba hoy?


No era justo… mi niñez había sido bastante complicada, oscura y turbulenta, probablemente no como la de estos bon vivants.



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