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El Legado de los Cátaros







Oscar Luis Rigiroli


Copyright © 2017 por Oscar Luis Rigiroli
Todos los derechos reservados. Ni este libro ni ninguna parte del mismo pueden ser reproducidos o usados en forma alguna sin el permiso expreso por escrito del editor excepto por el uso de breves citas en una reseña del libro.
Publicado en 2017 en los Estados Unidos de América


  Se trata de una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, lugares, eventos e incidentes son o bien los productos de la imaginación del autor o se utilizan de una manera ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales es pura coincidencia.


Índice


Elenco de personajes

Introducción

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Epílogo

Del Autor

Sobre el Autor

Obras de O.L.Rigiroli

Coordenadas del Autor


Elenco de Personajes


Alisha Shankar Chand: Joven mujer india de casta elevada.

Vijai Anand Chand: Padre de Alisha, descendiente de los Rajas de Bilaspur.

Romain Mercier: Geólogo de origen canadiense.

Jack Brody: Millonario estadounidense, skipper del yate Etoile.

Gaurika: Novia india de Jack Brody.

Charuni y Bashira: Muchachas sudanesas a bordo del yate de Jack Brody .

Zhang Wei: Supuesto comerciante chino en maderas.

Yashodar Virendra: Amigo de Romain Mercier, establecido como sastre en Mumbai.

Berthe Gabriac: Madre de Romain Mercier.

Bertran Rostanh: Dueño de una tabaquería en Carcasona.

Adhemar Trencavel: Anticuario en Carcasona. Gran Maestre de la Santa y Venerable Cofradía de Perfectos y Bons Hommes Cathares.

Berengar Monferrier: Canciller de la Cofradía.

Aulric de Terrailh: Senescal de la Cofradía.

Michel Dupont: Capitán de la Policía Nacional de Francia.

Roger Maysonet: Capitán de la Gendarmería Nacional Francesa

Olivier Chenier: Comandante de la Policía Nacional Francesa.

Davide Bressan: Teniente del Arma dei Carabinieri en Venecia.

Giuseppe Bertone: Capitán de los Carabinieri, jefe de Bressan.

Andarbek: Ex coronel del ejército checheno.


Introducción


Montsegur, Occitania, Francia. Marzo 1244

Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius.

(Mátenlos a todos. Dios separará a los suyos)


El Caballero Arnaud des Casses entró en la vasta sala donde las mujeres estaban llevando a cabo sus labores de costura, aunque el nerviosismo era evidente y predecible culminando un período de dos semanas en los que el cerco se estaba estrechando sobre la asediada ciudadela y las nubes se cernían sobre los remanentes de la nobleza cátara que se resistían a abjurar de su fe y sus tradiciones. El humo de las hogueras ya se había enseñoreado de los campos del sur de Francia. La cruzada contra los cátaros comenzada años antes bajo la dirección del brutal Simón de Montfort estaba ya concluyendo con la caída de los últimos bastiones. El Senescal de Carcasona y el Arzobispo de Narbona habían sitiado a la ciudad de Montsegur con un ejército de diez mil soldados y no había poder que pudiera enfrentarlos.

El Caballero des Casses impuso su vozarrón sobre los murmullos de las mujeres de modo que el silencio se apoderó del salón. Des Casses fue directo al grano.

-El Consejo de Perfectos has dispuesto que todos los niños y niñas de hasta doce años de edad sean evacuados de la ciudad con efecto inmediato. Las madres que están amamantando deberán acompañar a sus críos y seleccionaremos a otras treinta madres para acompañar a los infantes. Sé que esta separación será terriblemente dolorosa pero debemos salvaguardar a nuestra simiente y nuestros linajes para que nuestra fe no se pierda en los días terribles que seguirán. También sabemos que aquellas mujeres que sean seleccionadas serán renuentes a abandonar a sus maridos pero deben cumplir el encargo que se les encomienda pues los niños necesitan la guía de adultos.

De Casses caminó hasta el centro del salón y debió vencer sus emociones para proseguir su discurso.

-Treinta carretones saldrán esta noche de la ciudad escoltados cada uno por un caballero y seis soldados. En ellos viajarán los niños y las madres.

Las lágrimas y los suspiros se habían convertido en alaridos al hacerse cargo las damas de que tendrían que abandonar a sus hijos para salvarlos de un destino horrendo que anticipaba la hoguera.


Esa noche la caravana de carretas se puso en marcha. El Caballero Arnaud des Casses supervisaba el éxodo acompañado del Perfecto Raymond Agulher y del Perfecto Guilleme Aicard. Las lágrimas bañaban las mejillas de los rudos hombres al ver a los niños ascender a los siniestros carromatos con dirección desconocida.

Con su habitual sagacidad Aicard preguntó.

-¿Qué contienen aquellos tres carros que van al final de la caravana? No veo niños ni mujeres en ellos.

-No me han informado.- Respondió des Casses.- Ni tampoco quiero preguntar.

Las sombras de padres y madres que saludaban a sus hijos por última vez se proyectaban sobre las escasas antorchas que arrojaban un mínimo de luz para no advertir a los sitiadores de la maniobra.

Y así, silenciosamente y con gran congoja se puso en marcha el tren de carros para transportar su valiosa carga humana por toda Aquitania y el Languedoc, hacia el sur hacia Navarra y Cataluña y hacia el este hacia el Piamonte y la Lombardía hasta Milán. Sin saberlo los niños eran portadores no de una teología sino de las simientes de la libertad religiosa y política.


Prólogo


Islas Seychelles- Océano Índico

Sus pies se arrastraban penosamente por la arena mojada ya que sus piernas se negaban a dar el próximo paso, agotados sus músculos por el esfuerzo representado por la lucha por mantenerse sobre el agua del mar, nadar hacia la orilla que apenas había entrevisto lejanamente, y por fin caminar por la playa interminable simplemente guiado por la evanescente luz del sol que se ocultaba tras una bajas colinas ubicadas a occidente. Sus ojos enrojecidos por la sal marina apenas distinguían formas confusas en la oscuridad creciente y su cerebro apenas conseguía procesar la información que aquellos le enviaban.

No vio en gran caracol marino delante de sus pies y tropezó con el mismo rodando por la arena. Por fin su cerebro se desconectó de sus sentidos y cayó en una bruma profunda. El perder el sentido fue un mecanismo automático de autodefensa del organismo en esa situación de agotamiento total. Había caído en el borde de la orilla mojado por el océano pero a esa hora había comenzado ya la bajamar de modo que su cuerpo quedó a salvo de las aguas y la arena a su alrededor comenzó a secarse. La suerte que le había permitido salvarse del naufragio y le había acompañado hasta allí estaba empecinada en no abandonarlo totalmente.




Capítulo 1


Caminó hasta la playa donde ya se hallaba preparada la balsa Zodiac de cinco metros de eslora, la empujó varios metros dentro del mar hasta asegurarse que tenía suficiente agua bajo el casco semirrígido, trepó a bordo, remó unos metros más dentro del mar y luego puso en marcha el motor Yamaha con una facilidad que la sorprendía cada vez que lo hacía.

Una vez navegados unos cien metros alejándose de la costa enderezó hacia el norte y recién entonces, establecido el rumbo miró hacia atrás. El casco blanco del lujoso yate en el que había arribado a Banc de Sable, uno de los atolones coralinos deshabitado que formaban parte del Grupo de Almirantes, parte de las islas Seychelles aunque bastante distantes de la isla principal Mahé y de la ciudad de Victoria, capital del archipiélago.

El yate, denominado Etoile, pertenecía a un millonario americano llamado Jack Brody, un personaje de pasado oscuro amante del lujo, los yates y la navegación, y las mujeres bellas de orígenes étnicos exóticos y variados. En ese viaje en particular llevaba consigo a su novia india Gaurika, de una singular belleza a pesar de su origen humilde procedente de su casta baja; además Jack había incluido a dos jóvenes sudanesas, de piel renegrida y temperamento volcánico , las que nominalmente eran miembros del personal de cocina de la Etoile, aunque Alisha tenía sus sospechas sobre sus verdaderas funciones. Tenía que agradecer que toda esa tripulación femenina había mantenido a Jack alejado de ella, a pesar de ciertas miradas sugestivas que le había dirigido. Esto no resultaba sorprendente para Alisha pues se sabía dueña de una belleza notable. Además, la presencia a bordo de su padre mantendría al americano lejos de todo intento de propasarse con ella.

Sonrió mientras reflexionaba sobre todo esto, y sobre las circunstancias que los había llevado a ella y a su progenitor a encontrarse en esa playa desértica e idílica del Océano Índico, alejados de los sitios donde eran conocidos. Alisha Chand había tenido bastante actividad de viajes y aventuras. Nacida en Bombay, hoy Mumbai veintidós años atrás, sus padres pertenecían a las castas elevadas de la India; en efecto su padre Vijai Anand Chand era nominalmente Raja de Bilaspur, en el Punjab, aunque dicho título nobiliario era ya solamente honorífico, ya que el poder principesco asociado con el mismo se había extinguido en 1948, con el décimo octavo Raja, tío de Vijai.

Separado de su mujer, cuya familia aun conservaba posesiones en el norte de la India, Vijai había regresado años antes a Bombay con su pequeña hija, llevando consigo su patrimonio personal. En esa ciudad, que en 1955 había pasado a llamarse Mumbai, el hombre se había dedicado a actividades financieras, crecientemente lucrativas a la vez que turbias, lo que había causado que tres años antes abandonaran la ciudad, la más poblada de la India y su más importante centro económico, mientras Alisha completaba su educación media y superior en Suiza y luego brevemente en Estados Unidos. En este país el período más grato había sido los meses transcurridos con su prima Lakshmi Dhawan, nacida también en la India pero que actuaba desde hacía algunos años como agente del FBI.

Rememorando todas estas alternativas en su joven vida la muchacha suspiró. Aunque no había estado exenta de algunos apuros le había permitido tener una juventud infinitamente más libre y plena de satisfacciones que la inmensa mayoría de las jóvenes indias, aun las de casta elevada de Punjab.

Alisha puso proa a una pequeña playa de arenas blancas que se divisaba rodeada de manglares cuya vegetación se balanceaba con las suaves olas del mar. Al llegar a la misma apagó el motor y condujo suavemente a la embarcación a la orilla, dejándola sobre arena firme. La joven estaba ocupada en las maniobras y la descarga de los elementos de buceo que había traído en la balsa, pero su mente la alertaba sobre algo que su retina había captado cuando se acercaba a la playa. Cuando estuvo conforme con las actividades náuticas se encaminó hacia la parte donde había percibido algo que su instinto le había marcado como extraño. Por las dudas apretó en su mano un cuchillo que llevaba al cinto aunque no sabía bien para que le pudiera servir en esa ocasión.

Cuando trepó sobre una de las dunas que las mareas producían y transportaban de un lado a otro en la arena lo vio. Un bulto oscuro sobre la playa blanca, antes de llegar a unas rocas de coral que emergían del agua y de los manglares que se hallaban detrás de las mismas. El estómago se le estrujó ante lo que suponía se trataba de un cadáver, sin duda alguna de un náufrago arrojado luego a la playa por las mareas. Dudó sobre si volver sobre sus pasos para evitar el desagradable espectáculo, ya que las aves marinas que revoloteaban en el aire tenían sin duda intenciones de participar en un festival de carroña, pero luego un sentimiento piadoso la forzó a seguir adelante y por lo menos constatar que el cuerpo no tenía vida y estaba más allá de cualquier socorro que le pudiera prestar.

Llegó hasta el cuerpo con grandes prevenciones; a simple vista no había movimiento alguno en él, que hiciera suponer una respiración u otro sigo de vida. No había olores fétidos ni el cuerpo evidenciaba heridas debidas a las aves marinas, por lo que Alisha concluyó que no se hallaría allí desde mucho tiempo antes. Las ropas estaban desgarradas y dejaban ver que debajo de los jirones la piel era blanca. Se trataba sin duda de un hombre de considerable estatura y yacía sobre la arena sobre su pecho, con sus brazos formando un curioso arco. Si se había arrastrado antes sobre la arena mojada las mareas habían borrado todas las huellas.

Ya sin esperanzas de encontrar rastros de vida en el cuerpo Alisha extendió su pie derecho dando vuelta el cuerpo hacia arriba, y en ese momento oyó un leve gemido apenas audible sobre el ruido de las olas. Con gran temor se agachó y acercó su rostro a la cara del hombre; luego de unos instantes percibió signos que podían ser movimientos internos. La mujer meditó unos instantes, se sacó el reloj marino que usaba para sus actividades bajo el agua, secó el cristal con la superficie de su traje de látex y lo acercó a la boca del hombre. Luego de unos tensos momentos constató que el cristal se empañaba indudablemente por efectos de un hálito casi imperceptible.

¡El hombre estaba aun vivo!

Sin vacilar Alisha se quitó el traje de material sintético que servía para sus actividades de buceo pero dificultaba los movimientos que necesitaba ahora realizar, quedando cubierta solamente por un minúsculo bikini.

Se arrodilló cerca de la cabeza del hombre y comenzó con la maniobra de respiración forzada muchas veces practicada en sesiones de entrenamiento pero jamás puesta en práctica en serio. Alisha nunca supo cuanto tiempo estuvo insuflando aire en el cuerpo examine pero con enorme satisfacción vio que el naufrago comenzaba a respirar por sus propios medios, al comienzo dificultosamente. Sin saber muy bien porque puso la cabeza de costado con lo que el hombre vomitó un espumarajo de agua salobre.

La muchacha permaneció ansiosa al lado del cuerpo durante un largo rato observando que la respiración se iba normalizando progresivamente.

Finalmente el presunto náufrago abrió los ojos y encontró su pecho atrapado entre dos muslos femeninos y un par de senos colgando sobre su rostro. Alisha oyó que el hombre musitaba algo en un idioma que le parecía francés pero que resultaba casi inaudible.

-¿Qué dice?-Preguntó en el mismo idioma, que manejaba muy bien desde su pasaje por la escuela suiza.

El hombre carraspeó y repitió en voz más clara.

-¿Estoy en el paraíso?- Mientras su boca formaba una especie de sonrisa.

Alisha tomó repentinamente conciencia de su casi total desnudez y su posición sobre el hombre y se puso de pie de un salto mientras el rubor cubría su tez color caramelo.

Estuvo un rato dudando que hacer en esta situación totalmente inesperada y para la cual no tenía soluciones preconcebidas. Una posibilidad era dejar al hombre en la playa e ir hasta el yate a buscar ayuda para cargarlo a un lugar seguro, pero reflexionó que en el estado de inconsciencia el cuerpo podía ser arrastrado por la marea o atacado por aves marinas o animales que pudieran existir en la espesa vegetación del manglar próximo. Alisha tomó consciencia que había salvado la vida del presunto náufrago y se sentía de alguna manera responsable de su seguridad hasta que pudiera defenderse por sí mismo. Acercó la balsa semirrígida lo más que pudo a la posición del cuerpo pero asegurándose que luego podría hacerla a la mar nuevamente y a duras penas intentó cargar el cuerpo a bordo de la misma. Tuvo que emplear sus fuerzas a fondo para subir una pierna y luego la otra a la embarcación y luego intentó subir el tronco. Luego de casi media hora de esfuerzos consiguió su propósito sintiendo el sudor que le resbalaba por toda su piel y oyendo los gemidos apagados del hombre al ser manipulado su cuerpo, por momentos en forma no totalmente suave. Finalmente apoyó la cabeza del desconocido en la borda y se sentó a esperar sobre la misma. Sabía que no podría arrastrar la balsa hasta el agua de modo que la solución era esperar que la pleamar hiciera el trabajo.

Luego de un par de horas el agua ascendente puso a flote la embarcación y Alisha aguardó hasta que tuviese suficiente profundidad y puso el motor en marcha. Con el mecer de las olas el cuerpo del desconocido rodó hasta el fondo rígido y la mujer se limitó a enderezarle la cabeza y acomodar los miembros. Mientras gobernaba el timón Alisha observó al hombre; tendría unos treinta años, era sin duda un europeo o australiano, su talla era elevada y el cabello de la cabeza era rojizo, lo mismo que la barba de varios días y el vello del cuerpo; no era excesivamente fornido y su cuerpo era más bien delgado. En total un conjunto bastante atractivo a pesar de la suciedad, la arena que lo cubría y el hedor a mar que emanaba. A continuación la joven miró hacia la playa que se estaba alejando y se preguntó cómo habría llegado el hombre hasta allí.

En ese momento el hombre, aún completamente desvanecido movió su cuerpo y su mano derecha quedó posada sobre el muslo de Alisha; el primer instinto de la joven fue retirarla de su cuerpo pero un suave y agradable cosquilleo recorrió su pierna. Alisha constató una vez más que el hombre estaba dormido y decidió mantener la situación de la que sólo ella era testigo.

Al cabo de una hora de viaje distinguió la bahía donde había comenzado su viaje a la mañana y la blanca silueta del casco del Etoile.

Desde el yate ya habían divisado su balsa, y otra embarcación similar se había desprendido del mismo y venía a toda velocidad a su encuentro. Sólo en ese momento Alisha miró su reloj y se percató de que había salido de la bahía diez horas antes y concluyó que en el yate todos, empezando por su padre, debían estar desesperados.


Capítulo 2


Vijai Chand había estado retando a su hija ya por espacio de veinte minutos; había logrado descargar sus nervios pero percibía claramente el aburrimiento en los ojos y la actitud de la muchacha.

-Te has expuesto a mil peligros para traer a bordo de este yate a alguien de quien no conoces su identidad ni tampoco sabes cómo llegó a esa playa. – La discusión tenía lugar en hindi.- Esta aguas están llenas de piratas, traficantes de todo tipo, contrabandistas de drogas, de armas y de personas. Las posibilidades de que sea un malhechor son mayores que las que sea un pobre náufrago.

-Papá, si no lo hubiera socorrido y traído aquí el hombre estaría con toda probabilidad muerto.

-¡No sabes en realidad si no hubiera sido mejor así!

-¡No puedo creer lo que estoy oyendo! ¿Qué queda de todos los preceptos de caridad que proclamas cuando vamos al templo?

-No estamos en el templo ahora. Esta es la vida real.

Alisha estalló de ira en un arranque absolutamente inesperado en una mujer india tradicional, pero se trataba de cualquier cosa menos una mujer india tradicional y Vijai lo sabía. Por un momento lamentó haberse separado de su esposa, ella sí una matrona india de gran carácter que hubiera puesto a su hija bajo control. Hombre práctico al fin disimuló su enojo y suavizó un poco su tono.

-Podrías haber dejado al …náufrago o lo que sea en tierra firme y venir en la balsa a buscar ayuda al yate. De esa manera Jack hubiera podido decidir si lo traía a bordo o no. Así, has introducido en su barco a alguien que puede resultar un peligro.

-¡Ese es tu verdadero problema!- A diferencia de su padre Alisha no bajaba el tono y seguía hablando en forma eruptiva.- Lo que verdaderamente te molesta es que tu compinche se pueda enojar contigo.

El padre iba a contestar en forma ejemplar lo que consideraba que era una total falta de respeto de su hija cuando sonaron unos golpes en la puerta del camarote. Vijai hizo un ademán a la muchacha que hiciera silencio y se dirigió a abrir. Del otro lado apareció la figura inmensa de Jack Brody, vestido con un pantalón oscuro, chaqueta blanca cruzada y gorra de capitán. Su aspecto era perfecto con excepción de ciertas venas en su nariz y rostro que delataban su afición por la bebida. Rápidamente posó su mirada sobre el espectacular cuerpo cobrizo de Alisha, que se hallaba aun en bikini dado que la discusión con su padre le había privado de bañarse y cambiarse. La muchacha se ruborizó una vez más, ya que conocía la otra afición notoria de Brody, las mujeres jóvenes y bellas.

-¿Interrumpo algo?-Preguntó descaradamente el irlandés, quien a pesar de no hablar hindi necesariamente debía haber oído las discusión en el interior del camarote. Sin esperar la respuesta a su pregunta retórica añadió de inmediato dirigiéndose a la mujer.

-El hombre a quien rescataste ha despertado. Tu padre y yo vamos a conversar con él.

-Demando estar presente en la reunión. Creo tener derechos.-Respondió Alisha ante la alarma de su padre.

Jack meditó unos instantes con aspecto contrariado y luego dijo.

-Bien, que sea así. Quizás puedas ayudar pues el náufrago tiene un cierto acento francés y tú hablas bien ese idioma.

El huésped involuntario se hallaba acostado en un sillón de la sala del yate, se encontraba consciente y estaba intentando sentarse en el diván realizando un esfuerzo visible. Gaurika, la novia de Brody y una de las muchachas sudanesas estaban atendiéndolo ayudándolo a incorporarse y sirviéndole una bebida fría.

El timonel del yate, un indonesio que oficiaba en caso de necesidad de paramédico, había determinado que el náufrago estaba en un grado de deshidratación elevado y debía sorber líquidos en forma paulatina. Ya había realizado curaciones en varias heridas en la cabeza y torso del desconocido con el objeto de prevenir infecciones.

Brody, Alisha y su padre Vijai entraron en la sala y permanecieron callados por un momento mientras el timonel terminaba con sus cuidados y cuando el mismo dio un paso atrás Brody se acercó y en voz neutra se dirigió al forastero.

-Me dicen que en sus delirios hablaba francés. ¿Habla Usted inglés?

El desconocido movió su cabeza afirmativamente, mientras carraspeaba para aclarar su voz.

-Bien, eso facilita las cosas.-Prosiguió el dueño del yate. ¿Podría usted por favor identificarse, es decir decirnos su nombre, su nacionalidad y su ocupación?

El hombre nuevamente asintió con la cabeza. Luego haciendo un evidente esfuerzo comenzó con su respuesta.

-Me llamo Romain Mercier. Soy canadiense, de la Provincia de Quebec.-Hablaba perfecto inglés aunque con un dejo francés apenas perceptible.


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