Excerpt for Anya by , available in its entirety at Smashwords















Anya









Laura Flanagan













©Lauren Morán, 2013

ISBN-13: 978-1511605786

ISBN-10: 1511605782

Registro: 1412032668209

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©Portada: Alexia Jorques













A los lectores de Wattpad, pues esta historia se forjó allí.









“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo,

dos corazones en un mismo ataúd”.


Alphonse de Lamartine (1790-1869)

Historiador, político y poeta francés.







“Cuando las personas que amamos nos son arrebatadas,

la mejor manera de mantenerlas con vida es no dejar de amarlas.

Los edificios se incendian, la gente muere

pero el amor verdadero es para siempre”. 

El Cuervo. 1994. Película estadounidense dirigida por Alex Proyas.

CAPÍTULO 1

La vida de Anya había girado siempre en torno a un solo tema. La muerte. La muerte había sido una constante diaria en su vida. Desde pequeña había sido entrenada para superar cualquier obstáculo por difícil que pareciera. La vida de las personas no era para ella sino un minúsculo grano en el desierto para conseguir un objetivo más grande e importante. Así se lo había enseñado la Madre Rusia. Sin embargo, todo eso cambió cuando su familia pereció en un accidente de tráfico.

Ese fatídico día había sido el punto de partida de todos sus miedos. A todo aquel que le preguntaba le respondía que un sexto sentido le hacía estar alerta constantemente del peligro que acechaba en cada esquina y su existencia se había convertido en una pesada carga que transportar día tras día.

Diez años después, la muerte de su tutor legal, amigo íntimo de sus padres y un segundo padre para ella, había derribado todas sus defensas. No era de extrañar que Anya decidiera entonces poner fin a todo aquello.

La noche elegida para ello, la gran esfera redonda, que era la luna llena, iluminaba por completo el páramo y se reflejaba fielmente en medio del lago. Anya se movía, lenta y cadenciosamente, por el paseo que rodeaba el pantano y terminaba en un cruce de caminos. En sus manos, un cofre con un mechón de sus cabellos y una nota escrita de su puño y letra.

Al llegar al cruce, la muchacha se agachó y comenzó a escarbar en la tierra. No tardó mucho en hacer un pequeño y profundo hoyo, lo suficientemente ancho para que el cofre cupiera. Una vez dentro, extendió la tierra hasta allanarla por completo. Nadie podría decir que algo tan valioso como la vida de Anya se encontraba enterrado a unos centímetros bajo tierra.

La muchacha se recogió la falda y se sentó, dispuesta a esperar lo que hiciera falta. Minutos, horas, días.

La noche transcurrió extrañamente silenciosa hasta que un ruido irrumpió en el lugar y la despertó. Se había quedado dormida de lado, acurrucada entre los helechos. Notó algo tumbado a su lado y giró la cabeza curiosa. La áspera lengua de un tierno gatito moteado de ojos azules le lamió el rostro. Sobresaltada, lo apartó rápidamente de su lado y se incorporó hasta ponerse de pie. Se sacudió la tierra de la ropa y miró a ambos lados. Sabía que los demonios anhelaban cualquier alma que se les pusiera a tiro y el que Anya hubiera invocado a uno y este no se hubiera presentado, le hacía plantearse serias dudas de si habría realizado bien el llamamiento.

Volvió sobre sus pasos y retomó el camino que horas antes había atravesado. El gato había desaparecido y en su lugar una espesa bruma comenzó a invadir el lugar. Los pies de Anya se detuvieron y giraron sobre sí, buscando el origen de aquel súbito cambio. Supo, entonces, que algo sobrenatural estaba teniendo lugar y tembló al descubrir que la invocación había tenido éxito.

-Me has llamado, entonces, ¿por qué no te atreves siquiera a mirarme mujer? ¿Acaso te recuerdo a alguien? –preguntó con falsa inocencia el ser astuto y ambicioso que se encontraba bajo la piel de Ian.

Anya alzó la cabeza y miró a los ojos al demonio. Aquel ser era una réplica exacta de su hermano, pero el parecido terminaba ahí. Su voz había sonado diferente, baja, sutil y atrayente, casi como si la estuviera hablando al oído. Sus ojos negros parpadearon mostrando por un segundo la oscuridad que albergaba aquel caparazón. La mirada de él recorrió de arriba abajo cada centímetro del cuerpo de la joven, haciendo que Anya sintiera escalofríos. Casi podía sentir sus manos acariciando su piel. Notaba como aquel monstruo comenzaba a seducirla bajo su influjo.

-Sabes por qué te he invocado. Enterré el cofre con mi deseo –la muchacha iba directa al grano. Deseaba terminar con aquello cuanto antes.

-Sí. Lo has hecho todo muy bien, pero has olvidado dos cosas. Una, que todavía no hemos pactado nada. Y dos, que no deberías fiarte de mí –el demonio estaba diciéndole la verdad y eso era lo que más le hacía sospechar a Anya. ¡Y pensar que debajo de toda esa fachada de sinceridad, pudiera ocultarse algo más! Más aterrador y diabólico. Algo que no podría imaginarse hasta que estuviera implicada y sin forma de huir posible.

-Empecemos cuanto antes –trató de acelerar las cosas ella, nerviosa como se encontraba. Era la primera vez que trataba con un ser como aquel y no sabía si sería capaz de controlar la situación.

-Está bien. Si es así como quieres que vayan las cosas, nos centraremos en el pacto –y diciendo esto, dio un chasquido con sus dedos pulgar y corazón y una gran hoja apareció en sus manos. Leyó meditando en profundidad algo que a ella se le escapaba. Ella tosió, esperando que él volviera a la realidad. –Sí, perdona. Estaba revisando todos tus antecedentes-. Está bien –pronunció, alzando la voz y mirándola a los ojos, mientras que con otro chasquido la lista se esfumó en el aire–. No puedo concederte lo que me pides. Es imposible. Tu futuro está sellado y nadie, ni siquiera yo, puede intervenir en él –se dio media vuelta dispuesto a irse. Anya trató de retenerle desesperada-. ¡Espera! –gritó–. Por favor, ¿a qué te refieres con que mi destino está sellado? ¿Moriré pronto? Al menos concédeme saber eso -el demonio contempló cómo los finos rasgos de su cara se arrugaban en una lánguida expresión y aceptó su petición.


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